Pobre Villa

Lo que le ha ocurrido a David Villa es una de esas historias en las que, al final, todo el mundo opina “qué putada”. Y no es para menos. Máximo goleador de la Eurocopa, constatado depredador del área en la Liga y considerado uno de los mejores artilleros del mundo, lo tiene todo para triunfar. Halagado por la prensa internacional, querido por los aficionados al fútbol y codiciado por los mejores clubes del planeta, teóricamente podría jugar donde quisiera. Sin embargo, el año que viene volverá a vestirse de blanco. Y no con el Madrid.

La falta de consideración de los directivos del Valencia C.F. hacia este chaval es realmente insultante. Tanto Vicente Soriano en un primer momento, como Manuel Llorente después, han demostrado que no les importan las personas –que son las que hacen los clubes- sino ellos mismos, sus ideas, sus convicciones y su imagen de “aquí se hace lo que yo diga”. Es como si los acomodados presidentes de esta entidad histórica se dedicasen, ya por costumbre, a hacer lo que es peor para su club. Y, ya de paso, aprovechasen para amargar la vida a sus jugadores y cabrear de forma importante a sus aficionados.

Después de que un jugador como Villa lo haya dado todo por el conjunto de la ribera del Turia, no se entiende que se hagan verdaderos esfuerzos desde los despachos para cortarle las alas. ¿Es así como se pagan los años de trabajo y las alegrías que ha dado ‘el guaje´ a los valencianistas? ¿Es ésta la forma de reconocer su dedicación a una joven estrella que ha marcado goles incluso cuando los cimientos del club se desmoronaban y los aprendices de entrenador dejaban media plantilla apartada del equipo? Respóndanse ustedes mismos.

Es cierto que Villa es fundamental para el ataque del Valencia. Pero también lo es que en la vida hay etapas, y la del de Tuilla en el conjunto ‘che’ había llegado a su fin. Para el joven delantero era la oportunidad de entrar en un grande. Ya fuera en el Madrid o en el Barcelona, porque quería quedarse en España. Pero los de arriba truncaron sus sueños. Pidieron ofertas “escandalosamente escandalosas”, y más de 40 millones de euros simplemente no llegaban a sus pretensiones. Un dinero que habría venido muy bien para sanear las arcas valencianistas, que ahora acumulan deudas y telarañas. Pero no. No se vende. Se quedará en Valencia, sí o sí. Le guste o no. Grite, llore o patalee. Es joven y exitoso. Pero no le dejarán cumplir sus sueños. Pobre Villa.

www.miguelangelrodriguez.net

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El Comercio Digital

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