El Comercio

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Fecha: febrero, 2011
La locura de Gadafi
marodriguez 23-02-2011 | 11:36 | 0

La situación en Libia es verdaderamente preocupante. Si bien los medios de comunicación prestaron en principio mucha más atención a las recientes revueltas en Egipto -por su cercanía a Europa y por su mayor repercusión internacional como país- lo cierto es que las que se están viviendo en la actualidad son mucho más sangrientas, y sus consecuencias pueden ser holocáusticas.

El loco Muamar el Gadafi lo ha dejado claro: piensa limpiar su país de las “ratas que siembran la revolución” aunque tenga que hacerlo “casas por casa”. En una amenaza directa contra quienes piden que se retire del poder, ha animado a sus partidarios a salir a la calle para enfrentarse con los manifestantes y a ponerse un brazalete verde como identificación. Una afirmación que implica la posibilidad de distinguir entre “amigos” y “enemigos” cuando llegue su anunciada hora de abrir fuego contra la población.

El ejército va a jugar un importante papel en la revuelta, pues son los soldados quienes tendrán la complicada decisión de apoyar finalmente a uno u otro bando. Si bien en Egipto la comandancia militar acordó desde el principio no abrir fuego contra los civiles, esta declaración no se ha producido en Libia, donde los más pesimistas prevén un baño de sangre difícil de evitar. Con un dictador totalmente enajenado que justifica las revueltas como “grupos de jóvenes que toman drogas” y un pueblo volcado a la lucha contra un gobierno absolutista y cruel, las consecuencias del conflicto dependerán en gran medida de la actuación de las fuerzas de seguridad. Hasta el momento, éstas parecen fieles a su desequilibrado líder.

Gadafi ha advertido sin tapujos que a partir del miércoles el Ejército tomará las calles y los opositores serán “ejecutados sin piedad”. Esperemos que los militares tengan la cordura que le falta a su líder y den un paso adelante para evitar una auténtica masacre de consecuencias históricas.

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De la libertad de expresión al mal gusto
marodriguez 03-02-2011 | 4:59 | 0

La última portada de la revista “El Jueves” ha logrado exactamente lo que buscaba: llamar la atención. Y lo ha hecho con su enésima expresión de mal gusto y falta de respeto por las instituciones y, peor aún, por las personas.

En España tendemos a confundir la libertad con el libertinaje: la libertad de expresión se mezcla con el derecho al insulto impune, y la de imprenta se asocia con la posibilidad de poner en los kioscos de todo el país una caricatura del Rey con sus testículos sobre una bandeja. Así de bajo ha caído esta publicación, cuya obsesión con la Familia Real es ya digna de estudio. Y, probablemente, de tribunales.

Los españoles disfrutamos de muchas libertades sin las cuales se nos antoja imposible existir, pero que en muchos lugares del planeta son auténticos privilegios. No obstante hay quienes, en lugar de valorarlas, las utilizan para atacar y ofender impunemente a los demás. Es el caso que nos ocupa. El valor informativo de la portada de “El Jueves” es inexistente. Como caricatura, es mediocre. Y el valor humorístico, nulo. Injustificable.

Ni siquiera los lectores habituales de la revista apoyan la ocurrencia. Comentaba un famoso periodista de marcada tendencia republicana que para que ese tipo de canallada haga gracia, sin duda habría que ser antimonárquico. Pero añadía que también se debería tener un destacado mal gusto. Porque, de lo contrario, difícilmente se podría entender el apoyo a semejante esperpento, de carácter puramente vejatorio. Algo que no sólo ofende al retratado sino también a sus familiares, amigos y a todos quienes admiran y apoyan su persona y la Institución a la que representa.

Este tipo de publicaciones nunca debería ver la luz. En el siglo XXI, para insultar sin sentido ni motivo ya está la tele. Deberían saberlo. ¿O acaso no ven Telecinco

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