El Comercio
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El deseo de hacer daño
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Carlos Ignacio Nores Quesada | 22-08-2017 | 07:56| 0

Estos días no hay otro tema, ni puede haberlo.

Las Ramblas son una metáfora del Mundo, buen escenario para un atentado propagandístico, la garantía de que en todos los países con compatriotas victimados tendrá la repercusión adecuada. Las víctimas pertenecían a 35 países de todos los continentes. ¿Por qué nos afecta tanto la proximidad? Por solidaridad vecinal, porque nos recuerda que lo mismo que ellos podíamos haber sido nosotros. Pudo haber sido en las fiestas de San Mateo o en Las Piraguas. No es una amenaza exclusiva de las grandes ciudades; hace apenas 10 meses fue detenido un reclutador de muyaidines en Gijón. ¿Quién conoce Saint-Etienne-du-Rouvray? una villa normanda que no alcanza los 30.000 habitantes, con todo, su párroco fue degollado hace un año por dos sujetos que se creían soldados de un califato que no llegó a existir. No hay lugar seguro en el mundo porque basta una furgoneta o un cuchillo de cocina para producir el caos.

Por desgracia, en España sabemos lo que es el terrorismo. Aunque pueda pensarse que Asturias ha estado lejos del escenario terrorista, no es así: hasta 18 asturianos murieron en atentados etarras y sumamos en nuestro territorio un atentado del GRAPO y tres de ETA. Cuando tras el 11-M las tropas fueron retiradas de Irak, donde se encontraban bajo mando polaco, en Polonia se tomó como un gesto de cobardía, una forma de escabullirse de la amenaza terrorista. Recuerdo cuando mi amiga Edyta, polaca retornada a su país por aquellas fechas, contaba que se esforzaba por explicar a sus compatriotas que tras tantos años de vivir bajo el terrorismo los españoles no iban a temer más a Al-Qaeda que a las organizaciones que desde dentro habían causado más de 900 muertos. Los polacos no lo entendían.

Es descorazonador, pero es más lúgubre reconocer que Occidente no parece ser el objetivo prioritario del terrorismo yihadista. O no se ha convertido en el escenario de la carnicería ambicionada gracias a la prevención. Al horror producido por la proximidad de la muerte se suma el de pensar en la catástrofe que cada día se produce en la lejanía. Las cifras son aterradoras; de los 15.818 atentados yihadistas que tuvieron lugar entre 2000 y 2014 solo tuvieron lugar en Europa 22; es decir, por cada atentado de este tipo que hubo en Europa hubo 719 en el resto del mundo, en su mayoría con víctimas musulmanas. Nuestras, entonces, 191 muertos de Madrid, siendo un balance terrible, palidece ante los 16.205 muertos que durante el mismo tiempo hubo en Irak, los 14.359 de Afganistán o los 10.035 de Nigeria. Siria con “solo” 3.727, aún no había entrado en la fase más terrible de su guerra y el DAESH acababa de comenzar su macabra andadura. No me he atrevido a actualizar las cifras, solo están en mi mente los recientes 13 asesinados en Barcelona y Cambrils.

Tengo presentes las palabras del arzobispo de Barcelona que recordaba lo hermoso que ha sido ver unidos a los hombres y mujeres de buena voluntad. Lamentablemente tienen que suceder estas cosas para volver a recordar lo que realmente es importante. A ver lo que dura.

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Teorías e ideologías
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Carlos Ignacio Nores Quesada | 22-08-2017 | 07:55| 0

Según el DRAE, una teoría es una serie de las leyes que sirven para relacionar determinado orden de fenómenos. En una teoría se organizan las observaciones para explicar un fenómeno, siguiendo un razonamiento lógico. Las teorías forman parte del método científico y son imprescindibles para el avance de la ciencia. Las ideologías también organizan las ideas para caracterizar un pensamiento, una forma de ver el mundo y también son imprescindibles para el avance de la sociedad. En ambos casos, esa organización de las experiencias pasadas nos permite prever cómo será el futuro si se dan determinadas condiciones.

Ambas: teorías e ideologías, son muy útiles porque cuando no sabemos qué pensar, carecemos de información suficiente o nos vemos ante un lío que no sabemos cómo abordar, nuestra teoría y nuestra ideología nos muestra cómo debemos reaccionar, suponemos que sucederá lo que predice nuestra teoría o nuestra ideología en esas circunstancias. Esto resulta muy cómodo porque evita que perdamos el tiempo pensando inútilmente. La teoría y la ideología siempre nos marca el camino, si nosotros no sabemos por dónde tenemos que ir nos fiamos de otros que piensan como nosotros, y que piensan por nosotros, para indicárnoslo.

No entiendo mucho de ciencias sociales, pero por razones profesionales me he tenido que adscribir a diversas teorías, compaginando como pude las tendencias dominantes con mi propia experiencia. El conocimiento científico siempre es provisional, una teoría es válida mientras su predicciones encajan con la realidad observada y si no es así debemos, no simplemente rechazar la teoría que nos ha fallado, sino sustituirla por otra que encaje mejor con lo que se está viendo. Y aquí viene el problema; a los científicos a veces se les olvida que las cosas no son inmutables y no digamos lo que sucede con los seguidores de una determinada ideología. Con más frecuencia de la debida, cuando la situación no encaja con la teoría o la ideología que nos ampara, nos sentimos desvalidos, pero en vez de esforzarnos en buscar una alternativa que se adapte mejor a lo que estamos viendo, elegimos la posición más cómoda negando la realidad. Si esto sucede con las teorías, a las que habitualmente se llega por la vía del raciocinio, qué no pasará con las ideologías, a las cuales nos solemos incorporar por la vía de las emociones.

Las teorías y la ideologías son como el agua, en las cantidades adecuadas tonifican y vivifican, pero si nos excedemos con ellas nos pueden ahogar. Echen un vistazo a su alrededor y vean en cuántas ocasiones nuestros líderes, nuestros vecinos o nosotros mismos, preferimos ahogarnos antes de reconocer lo tozuda que es la realidad.

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Profesor de la Universidad de Oviedo; zoólogo y por tanto observador de la vida en sus múltiples variantes