El Comercio
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Autor: Carlos Nores
Mortadelo y Filemón: Misión en Tractoria
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Carlos Ignacio Nores Quesada | 15-01-2018 | 11:44| 0

Cada vez que hay acontecimientos importantes: una oleada de secuestros aéreos, casos generalizados de corrupción política, un ataque terrorista masivo, F. Ibáñez saca un álbum de historietas de Mortadelo y Filemón para que nos echen una mano. En él los agentes de la TIA son enviados a una peligrosa misión de la que casi nunca nos salvan, pero nos hacen reír viendo las desgracias que les suceden, porque mientras se caen, les zurran o hacen el ridículo más espantoso, lo que les ocurre a ellos no nos sucede a nosotros y, de paso, sirve para hacer una crítica ácida de lo que sucede en nuestro entorno.

Supongo que es una cuestión de tiempo que el Súper les mande a defender Tabarnia de las asechanzas de la república de Tractoria. La situación que viven ambos territorios les es próxima, tal vez dolorosamente cercana, y en ellos se han vivido sucesos caóticos, surrealistas, contradictorios, absurdos, esperpénticos, paradójicos y enmarañados, característicos de las historietas de los agentes secretos más torpes de la ¿inteligencia? y ¿seguridad? gubernamental. ¿Es el Súper por su actitud despótica un infiltrado de Tractoria? ¿Envía a sus peores agentes a una misión que sabe que no podrán cumplir, de manera que su fracaso haga perder a Tabarnia toda esperanza? ¿La Agencia de Ciberseguridad de Tractoria absorberá a la TIA? ¿Se saldrá con la suya el taimado Pusdimony? ¿No le basta a Ibáñez con el guion que le han servido encima de la mesa o espera que nuevos y desquiciados gags le completen la historieta?

La forma en que se ha venido sucediendo los acontecimientos, que por sus excesos harían reír a un espectador alejado del teatro de operaciones, no hacen mucha gracia a la mayoría de los habitantes de Tabarnia, pero a lo mejor viéndolos en un papel lleno de onomatopeyas, bocadillos y de ¡¡¡§§@##*!!! les ayuda a digerirlos o a evadirse por un rato.

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Los lobos y el Procés
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Carlos Ignacio Nores Quesada | 22-11-2017 | 11:15| 0

No sé cuanta gente se habrá percatado de cuántos puntos tienen en común lo que se dice en Asturias de los lobos y el Procés de independencia de Cataluña. En ambos casos hay dos posturas aparentemente irreconciliables, exageraciones claras y un problema, latente a veces, violentamente manifestado otras, que lleva mucho tiempo sin resolver. Con el permiso de Plutarco podemos considerar ambas cuestiones como “vías paralelas” por las numerosas similitudes que presentan. Veamos algunas:

La pasión y la ley: los partidarios de ambas posturas son apasionados y a veces piden cosas que no tienen encaje legal: ni se puede dejar las manos libres a los afectados ni hay razones técnicas para que el lobo sea incluido en el catálogo de especies amenazadas, ni se pueden aceptar los lobos colgados de las señales. Como dijo Frans Timmermans, vicepresidente de la Comisión Europea: “Si alguien piensa que la pasión basta para permitirse ignorar las leyes está en un grave error”.

Mutismo gubernativo: Cuando una parte calla y se esconde detrás de la ley, sin hacer pedagogía de la misma, los medios buscan respuestas entre los que siempre están dispuestos a hablar y así ganan todas las jugadas mediáticas por incomparecencia del contrario. Las administraciones tienen criterios técnicos que sustentan sus decisiones, pero no los hacen llegar a la sociedad. Ignoro por qué. No sé si es que no saben, si es que no pueden, si es que no quieren o si no se atreven a hacerlo.

Dificultad de negociación: Ninguna de las posturas más extremas se ha aproximado lo suficiente como para ser capaces de compartir algo que se pueda negociar. El estado, a la defensiva, no osa hacer movimientos que remuevan aguas procelosas y la oposición está más pendiente de los votos que de solucionar los problemas. Esto atañe especialmente a los que caen en la tentación del populismo. ¡Algunos victimizan alternativamente al lobo y al paisano! Ningún partido político que siembre la discordia solucionará el problema del lobo.

Religión civil: El compromiso se adquiere como una imposición insoslayable que está por encima de la voluntad de quien lo asume. Hay un componente importante de fe, que se impone a la razón y a las razones de los demás.

Los mitos y las realidades: Los discursos que llegan a los ciudadanos están más cerca de la mitomanía que de la realidad. La representación de Lucifer es enfrentada a un franciscanismo absurdo. La primera piedra la pone el sentimiento, luego se retuerce la realidad hasta que coincida con él. Solo falta que también los lobos contribuyan a resucitar a Franco.

La posverdad rampante: El lobo no es una especie amenazada, ni estrictamente protegida, ni Europa ha prohibido nunca matar lobos al norte del Duero. Se ha dicho en la prensa que el Principado trampea informes o que decreta el exterminio de los lobos. Ni disminuyen los daños al ganado al aumentar los ungulados silvestres, ni hay matanzas indiscriminadas. Cualquier día nos enteraremos de que los cibertrolls rusos alimentan nuestras redes sociales.

Una parte usurpa la representación del todo: Es una práctica periodística poco aconsejable pedirle una solución a un ganadero que acaba de perder su ganado. La respuesta suele ser muy contundente, pero muy poco práctica. La parte del movimiento ecologista que exige la protección a ultranza dice hablar en nombre de la ciencia y del movimiento conservacionista, pero nunca han tenido el respaldo de los que más han hecho por la conservación de los grandes carnívoros ni de muchos de los científicos que trabajan en este problema.

Utilización de figuras populares: Conseguir que Dani Rovira pida desde Instagram el fin de la caza del lobo en Asturias garantiza la cobertura de la prensa, pero no demuestra que el control sea un despropósito.

Doble rasero: Los defensores del lobo acusan a la administración de falta de criterios científicos, pero sin aportar tampoco datos relevantes ni contrastados. Se proclaman como hechos científicos demostrados meras hipótesis u opiniones personales.

En las fiestas de la confusión, cada parte habla para soliviantar a sus convencidos y el resto de los mortales no aciertan a comprender qué está pasando.

 

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El urogallo, una lucha desesperada
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Carlos Ignacio Nores Quesada | 08-11-2017 | 6:03| 0

El autor aborda la caída poblacional de esta especie y las estrategias a desarrollar ante el riesgo de extinción

La fauna salvaje suele aparecer en los periódicos por dos razones fundamentales: porque es un problema social o porque está en peligro. El jabalí y el lobo son ejemplos típicos de lo primero, el urogallo por lo segundo y el oso por ambas razones.
Cuando la problemática es social suelen formarse dos bandos: los demonistas y los franciscanistas, que se enfrentan, a veces con notable agresividad verbal. Cuando el problema es de conservación, la polémica pueden protagonizarla grupos de científicos, que frecuentemente compiten por los escasos recursos de investigación o tienen diferentes puntos de vista sobre el asunto. Es como cuando uno sufre una hernia discal y no sabe si acudir al neurólogo o al traumatólogo; aunque ambos especialistas coincidan en el diagnóstico y en el interés por aliviar al paciente, seguramente diferirán en el tratamiento. Incluso es posible que en privado hagan chistes, como: ‘esos no son médicos, son mecánicos, mira el instrumental que usan’. Y cosas así.
La solución de un conflicto social, al fin y al cabo, depende de las personas, por complicado que resulte ponerlas de acuerdo. El apoyo social hacia el oso, cuando tras haber sido considerado una fiera durante siglos se convirtió en una fuente de ingresos, es un buen ejemplo de ello. Pero cuando el problema deriva de una circunstancia natural, que está por encima de nuestra voluntad, tiene mala solución y, en muchos casos, solo podemos aspirar a paliar sus efectos.
urogalloLa supervivencia del urogallo cantábrico encaja en este segundo caso. Es una víctima típica del calentamiento global. Se trata de una especie boreal que quedó arrinconada en los sistemas montañosos del sur de Europa y está sometida a unas condiciones climáticas que cada vez le resultan más adversas. Para un animal marino el calentamiento de las aguas es un problema menor si puede desplazarse hacia el norte o hacia el sur en busca de su clima óptimo. Incluso un animal de las montañas rocosas o de los Andes puede recurrir al mismo reajuste desplazándose a lo largo de las cordilleras hasta encontrar la latitud con el clima que más le convenga. Esto ha pasado multitud de veces entre los últimos períodos glaciares entreverados por otros más cálidos. El problema para las especies de montaña en Europa es que los sistemas montañosos están orientados de este a oeste y el único gradiente climático que se les ofrece es la altitud. Si las montañas son bajas las expectativas resultan mucho más limitadas que si son más elevadas. La cordillera Cantábrica, con sus modestas altitudes, se ha convertido en una trampa para estas especies y lo único que podemos hacer es ayudarlas a aguantar el tirón e intentar retardar el proceso de extinción, pero no deja de ser una lucha desesperada y con no muchas posibilidades de éxito. Al menos el Pirineo, con su mayor altitud, puede constituir un refugio más amplio que la cordillera Cantábrica, donde ahora pintan bastos.
Para colmo, por esas cosas de la evolución, las poblaciones cántabro-pirenaicas de urogallo, aisladas durante milenios de otras poblaciones, han evolucionado tratando de adaptarse a estas condiciones particulares, pero lo han conseguido solo a medias. La situación nos ha dejado un hermoso pastel: si dejamos que se extinga se perderá un genotipo exclusivo de la Península Ibérica y sobre nosotros recaerá la responsabilidad de no haber podido o no haber sabido conservar este patrimonio natural único.
¿Qué se puede hacer? Lo ideal sería mantener al urogallo en su propio medio, lo que se llama conservación ‘in situ’, tratando de reducir las causas de mortalidad y reforzar las que favorecen la natalidad. Sin embargo, la situación puede volverse tan insostenible en un plazo medio que es necesario un plan B, la llamada conservación ‘ex situ’, mantener ejemplares en cautividad para que no se pierda el linaje cántabro-pirenaico si desapareciesen todos los individuos salvajes, por si un día las condiciones se tornasen más favorables o se pudiesen reintegrar en otro lugar más adecuado. Incluso puede haber un plan C, conservar tejidos para intentar la clonación en el futuro. Pero conviene no dejarse cegar por el brillo tecnológico e ir mejor a reforzar el plan A, que aún estamos a tiempo.
Cuando las cosas se vuelven de verdad complicadas lo que hacen algunos es buscar un culpable a quien acusar de todas las acciones, inacciones, errores y esfuerzos fallidos. Así los críticos se desmarcan de la fea situación, lavan su mala conciencia y con acusaciones contundentes esperan parecer mejores de lo que son en realidad. Pero cuando un barco corre el riesgo de hundirse, el pánico es la mejor garantía para mandarlo a pique lo más rápidamente posible, así que lo más sensato es intentar mantenerlo a flote como sea hasta llegar a puerto. Por supuesto que la mayor responsabilidad en esa es tarea recae en el capitán, pero poco podrá hacer si la tripulación no se esfuerza en conseguirlo. Arriar un bote a la chita callando y gritar en la distancia ‘¡Ya lo sabía yo!’ no es la mejor estrategia.
Tras las alarmantes noticias de los últimos meses unos han recordado que el urogallo empezó a venirse abajo cuando se suspendió la caza allá por los años 70, pero la realidad es que ya entonces estaba de capa caída; un partido político ha denunciado «el despilfarro subvencionador» en la conservación del urogallo, sin tener en cuenta de que el dinero invertido no se lo embolsan los pájaros, sino que en su mayor parte se convierte en empleo rural para desarrollar la acciones pertinentes sobre el hábitat; algún investigador ha dicho que se han emprendido las tareas «sin saber cuál es el problema» y reclama un proyecto potente de investigación; los más impulsivos piensan que sobra ciencia y faltan acciones; y unos más sugieren que si hubiesen contado con ellos esto no hubiese pasado. De todo hemos escuchado y leído estos últimos años. Aprendí de una profesora que si hay muchas hipótesis para explicar un problema es que ninguna está clara y esto es lo que le sucede al urogallo. El conocimiento es la base sobre la que debe descansar toda acción, pero al paciente hay que intentar curarlo con lo que tenemos a mano en el momento en que se pone enfermo.
Es fácil criticar los proyectos LIFE y decir que son un fracaso, que no sirven para nada. No solo lo dicen los euroescépticos y los naturicidas, sino que de vez en cuando les hacen coro por aquí los que han sido incapaces de conseguirlos. Que no son un derroche lo sabe cualquiera que haya gestionado un proyecto de este tipo. Los que han trabajado en ellos saben lo que cuesta conseguirlos, porque la competencia es tremenda. También conocen las auditorías de gastos y de dedicación que las autoridades europeas hacen de cada euro que sale de sus arcas.
Recuerdo cómo en 1993 a las comunidades autónomas de Cantabria y Galicia se le retiraron los fondos concedidos para un proyecto LIFE por haberlos destinado a otros fines diferentes a los que se habían comprometido; incluso el Principado de Asturias tuvo que devolver la parte que no había podido invertir. Seguramente si nuestra comunidad autónoma controlase el dinero con el mismo celo que lo hace Bruselas habría sido bastante más difícil que se hubiese dado un ‘caso Renedo’.
Pero no todo es dinero. Ni la medicina tiene solución para todos los problemas de salud ni la ecología tiene solución para todos los problemas ambientales, lo que no implica que haya que sentarse de brazos cruzados a esperar el futuro. En ambos casos hay que luchar razonablemente por retrasar lo retrasable si eso nos brinda una oportunidad en el futuro. Mientras tanto, lo mejor será que mientras podamos todos rememos en la misma dirección y, si llega, estemos preparados para un fatal desenlace.

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Cuando hablen de la patria…
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Carlos Ignacio Nores Quesada | 09-10-2017 | 9:55| 0

Cuando asistí en la distancia a los acontecimientos del 1-O y del 3-O vinieron a mi mente dos imágenes: la del Anschluss, es decir, la anexión de Austria el III Reich y la de Víctor Manuel cantando Esto no es una canción (obvio poner el título completo).

Lo primero que hice fue acudir a YouTube para ver si de verdad las imágenes que recordaba se correspondían con la realidad y en efecto, allí estaba la gente exultante, gritando y cantando feliz por el inicio de una nueva era que se avecinaba y que lo cambiaría todo.

Lo segundo fue comprobar si la letra de la canción decía lo que recordaba y en efecto, también era así. Tres estrofas que se revelaban contra aquellos que querían imponer unilateralmente su voluntad a los demás. La canción fue inspirada por el 23 –F y pensé que al fin y al cabo aunque las armas eran diferentes el odio era el mismo. No tengo ni idea de lo que opina Víctor Manuel sobre el tema, pero como las canciones populares no son solo de su autor formal, sino también de la gente que las acoge y que las canta me siento libre para imaginar con ella lo que quiera. Nació como una especie de canto antimilitarista y ahora se puede ver como un canto anti militante o al menos como un canto contra las militancias excesivas y fagocitarias. Yo, en mi infinita inocencia no me di cuenta en un principio que ambas circunstancias pretendían imponer sociedades totalitarias.

La primera estrofa recuerda que nadie quiere saber nada de batallas ganadas cara al sol porque lo importante es que no importe el color, ni el sexo ni la raza o el bando en que luchó; la segunda nos dice que no se debe tachar de traidor al que lleva la patria dentro, pegada al corazón y no anda por la calle con ella en procesión. Qué visión con 36 años de adelanto.

La tercera no tiene desperdicio, toda entera:

Cuando hablen de la patria no olviden que es mejor,

sentirla a nuestro lado que ser su salvador,

por repetir su nombre no te armas de razón,

aquí cabemos todos o no cabe ni Dios.

Como resulta evidente se trata de un himno fascista, como los que cantaba su amigo Joan Manuel. Sería bonito que cuando unos canten La Estaca otros les recordaran que Esto no es una canción

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El deseo de hacer daño
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Carlos Ignacio Nores Quesada | 20-08-2017 | 9:55| 0

Estos días no hay otro tema, ni puede haberlo.

Las Ramblas son una metáfora del Mundo, buen escenario para un atentado propagandístico, la garantía de que en todos los países con compatriotas victimados tendrá la repercusión adecuada. Las víctimas pertenecían a 35 países de todos los continentes. ¿Por qué nos afecta tanto la proximidad? Por solidaridad vecinal, porque nos recuerda que lo mismo que ellos podíamos haber sido nosotros. Pudo haber sido en las fiestas de San Mateo o en Las Piraguas. No es una amenaza exclusiva de las grandes ciudades; hace apenas 10 meses fue detenido un reclutador de muyaidines en Gijón. ¿Quién conoce Saint-Etienne-du-Rouvray? una villa normanda que no alcanza los 30.000 habitantes, con todo, su párroco fue degollado hace un año por dos sujetos que se creían soldados de un califato que no llegó a existir. No hay lugar seguro en el mundo porque basta una furgoneta o un cuchillo de cocina para producir el caos.

Por desgracia, en España sabemos lo que es el terrorismo. Aunque pueda pensarse que Asturias ha estado lejos del escenario terrorista, no es así: hasta 18 asturianos murieron en atentados etarras y sumamos en nuestro territorio un atentado del GRAPO y tres de ETA. Cuando tras el 11-M las tropas fueron retiradas de Irak, donde se encontraban bajo mando polaco, en Polonia se tomó como un gesto de cobardía, una forma de escabullirse de la amenaza terrorista. Recuerdo cuando mi amiga Edyta, polaca retornada a su país por aquellas fechas, contaba que se esforzaba por explicar a sus compatriotas que tras tantos años de vivir bajo el terrorismo los españoles no iban a temer más a Al-Qaeda que a las organizaciones que desde dentro habían causado más de 900 muertos. Los polacos no lo entendían.

Es descorazonador, pero es más lúgubre reconocer que Occidente no parece ser el objetivo prioritario del terrorismo yihadista. O no se ha convertido en el escenario de la carnicería ambicionada gracias a la prevención. Al horror producido por la proximidad de la muerte se suma el de pensar en la catástrofe que cada día se produce en la lejanía. Las cifras son aterradoras; de los 15.818 atentados yihadistas que tuvieron lugar entre 2000 y 2014 solo tuvieron lugar en Europa 22; es decir, por cada atentado de este tipo que hubo en Europa hubo 719 en el resto del mundo, en su mayoría con víctimas musulmanas. Nuestras, entonces, 191 muertos de Madrid, siendo un balance terrible, palidece ante los 16.205 muertos que durante el mismo tiempo hubo en Irak, los 14.359 de Afganistán o los 10.035 de Nigeria. Siria con “solo” 3.727, aún no había entrado en la fase más terrible de su guerra y el DAESH acababa de comenzar su macabra andadura. No me he atrevido a actualizar las cifras, solo están en mi mente los recientes 13 asesinados en Barcelona y Cambrils.

Tengo presentes las palabras del arzobispo de Barcelona que recordaba lo hermoso que ha sido ver unidos a los hombres y mujeres de buena voluntad. Lamentablemente tienen que suceder estas cosas para volver a recordar lo que realmente es importante. A ver lo que dura.

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Profesor de la Universidad de Oviedo; zoólogo y por tanto observador de la vida en sus múltiples variantes