El Comercio
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Día 33: ¡Por fin!
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Juan Höfer | 08-02-2018 | 10:43

Al haber llegado un día más tarde hemos tenido que organizar todas nuestras cosas contrarreloj, porque ha llegado la lancha Karpuj y sólo disponemos de unos 3 o 4 días para hacer con ella todo lo que necesitamos. Salir a la parte más oceánica del canal Bismarck, lanzar redes de gran tamaño y colocar unos equipos anclados en el fondo de nuestra bahía. Así que tras un sábado maratoniano toca madrugar para salir a la zona más expuesta y profunda del Bismarck (ver foto 1).

Foto 1

Foto 1

  Aquí no se descansa y el domingo a las 06:00 am ponemos rumbo a nuestro punto de muestreo más alejado. Nos lleva algo más de una hora de navegación, pero la mar está en buenas condiciones para trabajar y a veces brilla tanto el sol que incluso pasamos calor. Este primer punto nos lleva unas 5 o 6 horas de trabajo intenso, pero largar equipos a más de mil metros de profundad consume mucho tiempo. Además, hoy por fin hemos podido lanzar nuestra nueva bestia. La nueva IKMT (ver foto 2).

Foto 2 de Ricardo Giesecke

Foto 2 de Ricardo Giesecke

Es una red con una boca de 2 m2, pesada como un demonio y tan grande que no entra de alto por el pórtico de la popa por donde la largamos. Así que para echarla al agua y recuperarla hace falta un poco de esa tracción animal que tanto nos gusta, “nosotros”. Porque hacerlo sencillo si podemos hacerlo difícil y que duela 😛 Aunque suene ridículo ver como se abría al entrar al agua me emocionó. Traerla hasta aquí ha sido un parto largo y doloroso que empezó en septiembre de 2016. Primero tuve que cotizarla, luego reducir el tamaño estándar (4m2 de boca) con el fabricante para poder usarla en nuestras plataformas, algo más pequeñas de lo que se suele usar por estas latitudes, y finalmente todo el proceso de compra e importación, que no fue ni corto, ni sencillo ni mucho menos barato. Además, su gran volumen y su elevado peso han hecho que traerla hasta Yelcho haya sido toda una odisea. Pero todo eso se me olvidó una vez el monstruo entró al agua y se abrió su red elegantemente. Luego hubo que esperar, lo que me pareció una eternidad, hasta que el monstruo regresase de las profundidades antárticas. Y ahí ya se desbordo mi alegría. El color naranja de la cola de la red delataba que había funcionado bien y por fin habíamos colectado una cantidad considerable de krill. Ya era hora. Esos pequeñajos parecidos a una gamba (ver foto 3) llevan más de un año dando esquinazo a nuestras redes más pequeñas con su grácil y veloz nado.

Foto3 de Ricardo Giesecke

Foto3 de Ricardo Giesecke

Pero ahora ya no se nos escaparán más, lo que es una noticia genial para mí que tengo que hacer algunos experimentos con ellos. Al final del día se empezó a levantar el viento. Tras 14 horas de lancha no podíamos desembarcar por las rocas (acceso natural a la base) lo que suponía perder todas las muestras colectadas durante horas en la mar. Así que tras evaluar las posibilidades nos decidimos a intentar un plan alternativo del plan alternativo del plan C. La Karpuj fue al canal Peltier, que corre por la zona sur-este de la isla, y allí se nos abarloó la lancha de la base para poder pasar nosotros con las muestras y los equipos que necesitan mantenimiento diario. Luego con la lancha tuvimos que desembarcar por la playa de rocas que queda más protegida del viento en el otro lado de la isla. Al menos ya estábamos en tierra, más cerca del sistema de filtración que debe dar cuenta de esa agua de mar.

Foto 4 de Ricardo Giesecke

Foto 4 de Ricardo Giesecke

Por suerte Yelcho cuenta con una quadrimoto de nieve que llevó las cosas pesadas (ver foto 4) mientras nosotros caminábamos de vuelta a la base con las cosas ligeras a nuestras espaldas (ver foto 5).

Foto 5 de Rciardo Giesecke

Foto 5 de Rciardo Giesecke

Para trabajar en la Antártida hay que ser flexible como un junco, así que nos convertimos en “oceanógrafos de tierra” con tal de llevar nuestra preciada agua de mar hasta el laboratorio. Ahora toca dormir y recuperar los doloridos músculos porque mañana tocaremos la misma canción. ¡Duro y a la encía!

Suena de fondo ¨Lazy on a Sunday afternoon¨ de Queen.

Sobre el autor Juan Höfer
Mi nombre es Juan Höfer, y como otros muchos soy un ¨refugiado¨ económico-científico que tuvo que abandonar la tierrina en busca de oportunidades. Nacido en Gijón y doctor en Biología por la Universidad de Oviedo, ahora tengo la fortuna de ejercer como investigador dentro del centro de Investigación Dinámica de Ecosistemas marinos de Altas Latitudes (IDEAL), el mayor proyecto de investigación antártica jamás desarrollado en Chile. País, que me ha acogido con los brazos abiertos brindándome la posibilidad de cumplir uno de mis sueños de infancia. Viajar a la Antártida. El centro IDEAL investiga el funcionamiento de los ecosistemas marinos antárticos y sub-antárticos, así como los efectos que el cambio global tendrá sobre ellos. Por ello pasó muchos meses al año en terreno, bien embarcado bien en las bases chilenas, disfrutando de los increíbles paisajes helados de la Patagonia más austral o la península antártica. Y ahora, durante los próximos dos meses voy a intentar transmitir en ¨tiempo real¨ la experiencia que supone pasar un verano en el continente blanco. Pónganse su mejor polar, y a ¡disfrutar!