El Comercio
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Día 40: Cuestión de sentimientos
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Juan Höfer | 14-02-2018 | 10:19

Como prometía el parte hace un tiempo de perros y llevamos más de 48 horas encerrados en la base con rachas de viento por encima de los 70 km/h. El tiempo se nos va agotando y las cosas pendientes no menguan, lo que hace que mi agobio se incremente por momentos. Sólo quedan 7 días hasta que nos saquen de aquí y hay 3 muestreos y una serie de experimentos que quiero hacer. Además, a consecuencia de las bajas temperaturas (entre -3 y +0 ˚C) hemos tenido un problema con la traída de agua dulce.

Foto 1

Foto 1

Así que ahora mismo estamos en régimen de alarma. Sin duchas, sin lavadoras, fregando los platos en tres cubos secuencialmente (¡campamento style baby!) y teniendo que sacar el agua para tirar de la cisterna con un cubo y una cuerda. Un resort de lujo 😉 La cabeza empieza a picar, el cuerpo se “lava” como podemos con toallitas húmedas y para cepillarnos los dientes usamos un vasito de agua mineral. Una buena cosa que bajásemos esas dos toneladas del conteiner al llegar aquí. Ahora que estamos así, y sin poder salir al mar, me pregunto qué me ha empujado a volver aquí. Muchas horas de trabajo, horarios horribles, bastantes incomodidades, espacio escaso, climatología adversa y mucho desgaste físico. ¿Con estas bondades porque me presentaría voluntario a regresar otros dos meses? Y lo que es peor, ¿porque me he comprometido a regresar otros dos meses durante los próximos dos años con mi propio proyecto? No se me ocurre ningún argumento racional para querer regresar y menos esperarlo ansioso.

Foto 2

Foto 2

La primera vez puede ser una aventura, algo que contar, una experiencia vital…, pero cuales serían las razones para regresar. Siendo sincero creo que no se regresa, ni se anhela regresar, racionalmente. Es algo más primario, irracional, interno y que te revuelve las entrañas. Para mí es cuestión de sentimientos. Los que me provoca vivir sin atascos, sin esperar colas en el supermercado y sin contaminación acústica. Dejar de lado las cosas superfluas, disfrutando y siendo feliz con lo hay, aunque uno esté deseando poder ducharse 😛 Existen dos clases de persona aquí: las que se adaptan y disfrutan su estancia antártica, no pensando en esa cerveza que no se pueden beber si no que se ríen mientras comparten con tres personas más el último chicle que queda en toda la base, o las que poco a poco se van amargando por esas cervezas que no pueden beber, por no poder dormir sólo, por no poder ducharse a diario…. Esta segunda clase de persona no disfruta aquí abajo y si su estancia llega a alargarse pueden llegar a pasarlo verdaderamente mal. Es posible que los que disfrutamos aquí estemos mal cableados por dentro, pero me da igual. Es cuestión de sentimientos y los míos, como los de otros, son más felices cuando uno se despierta y ve esto por la ventana (foto 2) o pasa las horas observando a una familia de pingüinos compartiendo la cena (ver foto 1).

 

Suena de fondo ¨Ex-factor¨ de Lauryn Hill.

Sobre el autor Juan Höfer
Mi nombre es Juan Höfer, y como otros muchos soy un ¨refugiado¨ económico-científico que tuvo que abandonar la tierrina en busca de oportunidades. Nacido en Gijón y doctor en Biología por la Universidad de Oviedo, ahora tengo la fortuna de ejercer como investigador dentro del centro de Investigación Dinámica de Ecosistemas marinos de Altas Latitudes (IDEAL), el mayor proyecto de investigación antártica jamás desarrollado en Chile. País, que me ha acogido con los brazos abiertos brindándome la posibilidad de cumplir uno de mis sueños de infancia. Viajar a la Antártida. El centro IDEAL investiga el funcionamiento de los ecosistemas marinos antárticos y sub-antárticos, así como los efectos que el cambio global tendrá sobre ellos. Por ello pasó muchos meses al año en terreno, bien embarcado bien en las bases chilenas, disfrutando de los increíbles paisajes helados de la Patagonia más austral o la península antártica. Y ahora, durante los próximos dos meses voy a intentar transmitir en ¨tiempo real¨ la experiencia que supone pasar un verano en el continente blanco. Pónganse su mejor polar, y a ¡disfrutar!