AUGE Y CAÍDA DE LAS CIVILIZACIONES

 

La historia de la humanidad es la historia de las sucesivas transculturizaciones, la historia es el relato del nacimiento de las culturas, su crecimiento, auge y decadencia de las mismas y su conquista por otras culturas más preparadas que las anteriores. La mayor parte de los relatos de la historia se ciñen a las más variopintas explicaciones de la decadencia de las culturas y de cuáles fueron los elementos determinantes de sus caídas y de sus extinciones. Y consideraremos cultura a lo que define el escritor y filósofo español, Santiago Alba Rico, al decir que una cultura es:

 “…un conjunto de valores, creencias y reglas idiosincrásicas (la paideia de un grupo social) por oposición a las de otros grupos o comunidades humanas”

 La historia de las culturas precolombinas es el gran libro abierto por el que podemos leer todas y cada una de las teorías históricas que explican el auge y caída de las civilizaciones. Se suele enaltecer en Hispanoamérica los grandes logros de la civilización incaica en contraposición de la destrucción efectuada por los españoles a partir de 1532. Un capítulo más de la famosa leyenda negra que no hay que desmayar en seguir desmintiendo

 Uno de los escritores más conocidos sobre el tema de la decadencia de las civilizaciones, Oswaldo Splenger, en su conocido libro “La decadencia de Occidente”, (Der Untergang des Abendlandes) vaticina el fin de la cultura occidental y de alguna manera cree que la siguiente civilización que la sustituirá será una civilización centrada en Latinoamerica. Si eso fuese así pareciera que se estaría cerrando un ciclo de casi tres mil años, si tomamos en cuenta que el auge de la civilización occidental nace en Grecia por los mismo años en que las grandes culturas americanas, precolombinas y más aún pre incas, auguraban en América una civilización que alcanzaría cotas similares a las de occidente, las grandes civilizaciones americanas de Caral, de Chavín de Huantar, Lima, Ismhay, Paracas, Wari, Chimú y Mochica que se extendería hasta el siglo XVI con los Incas.

 Sobre estas mismas ideas abundó el Conde de Keyserling y fueron muy debatidas por los intelectuales del siglo XX y usadas profusamente para darle un nuevo realce a las conquistas políticas y militares conseguidas en el siglo XIX por la emancipación de España de los antiguos Virreinatos. Cuando estas ideas son llevadas a su paroxismo nos encontramos con la excesiva exaltación de las ideas indigenistas, sobre todo en aquellos países que tenían una historia antigua de grandes civilizaciones desde los años 2000 AC hasta el 1532 DC y tratan de encontrar en esas civilizaciones las explicaciones a los problemas del presente y las soluciones de cara al futuro.

  Foto AEB

Ciudadela y Wayna Pichu

Civilización Inca

(1440 DC-1532 DC)

Oswaldo Spengler supone que las culturas, al igual que los seres vivos, nacen y se desarrollan obedeciendo a un destino, llegan a su plenitud, decaen y mueren. Los hombres no ponen para ello ninguna iniciativa inteligente de su parte. La cultura es una gracia que llega de manera inesperada, un privilegio que se da casi milagrosamente. No les toca a los pueblos sino aguardar su prodigioso advenimiento. Es posible que no haya un camino inductivo hacia el auge en una cultura, pero lo que sí es evidente es la directa influencia de los mismos pueblos en sus propias decadencias y destrucciones. Las culturas que las sustituyen solo aprovechan las debilidades ajenas en el ejercicio de las fortalezas propias. La convivencia forzada o amistosa, con otras culturas, hará el resto.

 La fase de “civilización” se caracteriza por drásticos conflictos sociales, movimientos de masas, continuas guerras y constantes crisis. Todo ello conjuntamente con el crecimiento de grandes “megalópolis”, vale decir: enormes centros urbanos y suburbanos que absorben la vitalidad, el intelecto, la fuerza y el espíritu de la periferia circundante. Los habitantes de estas aglomeraciones urbanas, comprendiendo al grueso de la población, se convierten en una masa desarraigada, desalmada, descreída y materialista, sin más apetitos que el pan y el circo instrumentados para mantenerla medianamente conforme.

Para Arnold Toynbee la cultura, o la civilización, es la totalidad de  relaciones entre individuos, conservando su capacidad de iniciativa y cierto grado de libertad. Una civilización no es más que el resultado de la respuesta que un grupo humano plantea a los desafíos a los que se enfrenta, bien sean ellos naturales o sociales. No se pueden reconocer factores que determinen necesariamente la génesis y desarrollo de las civilizaciones, pero esto no significa que la acción de los hombres en la historia sea absolutamente libre y cree firmemente en la gran influencia de la religión en el transcurso de las civilizaciones y no en el determinismo.

  

Foto AEB

Reconstrucción de un enterramiento

de la cultura Moche

 El crecimiento de una civilización exige sucesivas respuestas creativas por parte de personas o comunidades que ofrezcan soluciones a los problemas que surgen. Las civilizaciones evolucionan haciéndose cada vez más complejas en sí mismas, y diferentes del resto de sus compañeras, a medida que van superando los distintos desafíos que se le oponen durante su crecimiento. Sin embargo, la respuesta que le otorga una civilización a un problema determinado acarrea consigo una autosatisfacción que resulta peligrosa para la misma. De hecho, observa Toynbee, no se da el caso de que cada desafío sucesivo sea respondido por la misma minoría creadora que resolvió el anterior, debido a que la antigua minoría creadora sucumbe a su propia autosuficiencia.

 

 

Foto AEB

Chavín de Huántar

Cultura Chavín

 (2100 AC-200 AC)

 A este concepto de la evolución de las civilizaciones se le conoce como “némesis de la creatividad” y trata de explicar el por qué del colapso y muerte de las civilizaciones. Toynbee usa la palabra “némesis” extraída de la mitología griega. Némesis era la diosa Ramnussia, la diosa de la justicia retributiva, la venganza y la fortuna. También se considera que era la diosa griega que medía la felicidad y la desdicha de los mortales, a quienes solía ocasionar crueles pérdidas cuando habían sido favorecidos en demasía por la Fortuna. No es difícil entender por qué Toynbee uso el concepto de “némesis creativa”.

 Pero esta némesis creativa puede darse de dos formas, una pasiva o “hybris” (confianza desmedida en uno mismo), por la cual las civilizaciones, después de alcanzar sus máximos creativos se abandonan en la autoconfianza y se duermen en sus laureles provocando la hipertrofia de sus estructuras sociales cuando se suplantan las partes por el todo, también se la llama idolización de la solución obtenida.

 Se considera la existencia de una némesis creativa activa cuando, por el contrario de la pasiva en la que nada se hace, en esta es la hiperactividad llevada al frenesí. Por esta némesis, por ejemplo, el militarismo que ayudó a construir el Imperio Romano, fue la causa por la que el mismo colapsó, lo mismo que le ocurrió al Imperio Carolingio y al Asirio. Toynbee también nos propone el ejemplo de la Iglesia Católica que fue exitosa en la famosa querella de las Investiduras con el papa Gregorio VII pero que después de eso llevó a los excesos que desembocaron en la gran reforma protestante de Martín Lutero.

 De un modo u otro, el agotamiento del poder creador es el que determina la decadencia de una civilización, cuando un grupo minoritario no es capaz de ofrecer nuevas soluciones a los nuevos problemas planteados. Cuando esto se presenta, la civilización puede adoptar alguno de estos caminos: la adaptación gradual, la revolución o la monstruosidad social. Y muchas veces esto sucede en un cortísimo tiempo, digamos que el tiempo es menor cuanto más modernas son las “civilizaciones”.

 En la adaptación gradual una civilización se va adaptando a la nueva, solapándose con ella, tomando de ella lo que la satisface y abandonando de la propia lo que no le sirve. La civilización que podríamos llamar Hispanoamericana es un clásico ejemplo de adaptación pacífica, la transculturización se logró sin mayores luchas sociales. Recordemos la comparación entre los siglos XVI al XVIII por las guerras sucedidas en Europa y en América. No cabe ninguna duda que las guerras de religión en la Europa de los siglos XVI al XVIII o las guerras entre nacientes estados y consolidación de fronteras entre ellas desangró a Europa en luchas de las cuales aún se conservan consecuencias. Compárenlo con la vida apacible de la España Americana, que no otra cosa fue para nosotros, no colonia, sino extensión de la propia España como así después lo recogería la constitución gaditana de 1812.

 

Los árabes invaden el imperio visigodo de Rodrigo y lo derrotan y muere en la batalla del Río Guadalete en julio de 711. A partir de ahí avanzan sobre el resto de la península sin mayores enfrentamientos, ocupan todo el norte e incluso avanzan hacia el reino de los Francos atravesando los Pirineos y no se registran mayores enfrentamientos que la batalla de Covadonga, en Asturias, en el 718 que permite recuperar parte del dominio de las tierras del norte pero solo hasta León. En muchísimos casos hubo convivencia pacífica por adaptación o por sumisión con tratados como el que firmó del señor Todmir con  los árabes, pacto que recibía el nombre de “adh” por el que, a través de un tributo, se respetaba la autoridad feudal del señor. Este tipo de pacto fue muy usual en los primeros siglos de la presencia árabe en la península ibérica y permitía la convivencia pacífica de ambos pueblos.

 Casi trescientos años después la convivencia de ambas culturas, la astur-leonesa depositaria de la cultura visigótica y la musulmana en una convivencia mucho más honda de la que estamos acostumbrados a imaginar. Finalizando el siglo X, doscientos años después de la primera invasión árabe, los Reyes de León y de Navarra le conceden, al invicto Almanzor, a sus hijas como esposas. El Rey Alfonso VI, el Rey de quien “en buena hora ciñó espada”, Mío Cid, tuvo su único hijo varón, y descendiente legitimo, con Zaida, una princesa mora, a pesar de estar casado con Constanza de Francia. El rey de la dinastía abadita, y poeta, de Sevilla, Muhammad ibn Abbad Al Mutamid (Al Motamid) (paria de Alfonso VI) era un rubio que desmentía su pasado bereber por ser hijo de una esclava cristiana. El mestizaje árabe cristiano comenzó desde los primeros días del siglo VIII.

 

 

 

Alfonso VI

 La cultura árabe impregnaba toda la sociedad cristiana donde era común el leer y escribir el árabe. En el siglo XIII, un mallorquín, Ramon Llull, escribe su famoso “Libro del gentil y los tres sabios” en árabe; posteriormente sería traducido al catalán, al castellano y al latín.

 Toda esta transculturización se hizo de modo gradual y pacífico en su mayor parte. Los enfrentamientos y batallas tenían más que ver con disputas por tributos o por parias. La religión musulmana con su alto grado de tolerancia permitió la convivencia, más o menos pacífica, de las tres religiones, y por tanto las tres culturas, la cristiana, la árabe y la judía. Toledo será el ejemplo para la historia de la convivencia e interrelación pacífica de tres culturas, tres pueblos, tres poderes.

 ¿Fueron los árabes destructores de la cultura visigótica? No deja de ser una visión maniquea identificar, subjetivamente, a los malos y los buenos en las transculturizaciones por ser malas las culturas que se sobrepone a las buenas culturas que se dejan morir.

 El solapamiento de las civilizaciones americanas con la cultura occidental, liderizada por Castilla, se produjo en todos los campos de la acción del hombre, creando no solo un mestizaje de razas sino un mestizaje cultural que alumbraría obras maestras en todas las artes, la música, la pintura, la arquitectura, la literatura, etc. En religión también asistimos a un mestizaje curioso que denominamos sincretismo y del cual tenemos manifestaciones en todas las ramas del arte, como las bellísimas imágenes de las vírgenes cusqueñas, pintadas por anónimas manos mestizas o indias que pintaban mantos de vírgenes como si fuesen sus adorados “apus”, las montañas que albergaban a sus dioses tutelares. O esos famosísimos Niños Jesús Incas, ataviados con mantos de inspiración cristiana, pero coronados con un inconfundible signo del poder imperial del inca como la “mascaipacha”, la corona imperial del Inca. O como el haber sustituido la fiesta inca del Inti Raimi, del equinoccio de verano austral, por la fiesta del Corpus (aunque no coincida con la fiesta europea). En el Inti Raimi los incas paseaban en procesión a sus momias sagradas y en Corpus paseaban las estatuas de los santos de la nueva religión. Puro sincretismo.

  

Ntra. Sra. de Belén

(Escuela cusqueña, siglo XVII)

  

Niño Jesús con mascaipacha inca

Otra forma gradual de adaptación es la que se da en Inglaterra a partir del siglo XVII en su camino desde una monarquía autoritaria hacia un estado democrático y social, luchas por las que batalló Oliver Cronwell pero que, en general, podemos considerar de transición gradual y pacífica.

 Otro camino es el camino de la revolución. Es el camino por el que, por la vía de la fuerza, y de modo expedito, se transforman las estructuras sociales y culturales a las que se han opuesto el pequeño grupo que dirige la civilización. La Revolución Francesa de 1789 obtiene de modo sangriento los mismos resultados que obtuvo la inglesa con la adaptación gradual.

  

Santiago Mataindios

Retablo Cusqueño

El otro camino es el de la monstruosidad social por el cual la misma minoría dominante ha perdido su poder creador y además impide cualquier tipo de cambio social. Al perder el encanto de su poder creador, la minoría dirigente, no le queda más remedio que imponer el poder por métodos militares y policíacos. A este poder se le puede oponer una nueva minoría que al no poder dirigir sus esfuerzos a la sociedad general se dedica a la creación de salvadores de las sociedades, en forma de espadones, por ejemplo, o en forma de nuevos dioses encarnados.

 Podemos creer que estamos en presencia del crecimiento o del auge de una civilización, pero difícilmente visualizamos su etapa de decadencia.

 Suele manifestarse la decadencia por la presencia de limes, límites fronterizos, o fronteras. En estos limes de bulliciosa actividad social y económica en  que, si del otro lado había una sociedad amistosa, se favorecía el intercambio de todo tipo, social, económico, etc. Pero, si del otro lado había otra civilización competitiva, o no amistosa, esta va tomando de la civilización más avanzada todo lo bueno que ella tenga y que suma a su potencial creador, con lo cual del contacto de las dos se contribuye al agotamiento de una de ellas, la no creadora.

 Otras veces estas sociedades en decadencia producen una gran religión una religión ecuménica. Esta puede ser una consecuencia de ella que la mate como si fuese un cáncer o que trascienda de ella a un nivel superior por la que entonces las civilizaciones se consideren una regresión de estas religiones.

 Así han fluido las civilizaciones sudamericanas desde la cultura más antigua de América, Caral, a la más moderna, la Inca. En esas transiciones se conjugaron todos los elementos que produjeron sus auges y sus caídas. Nos deslumbran hoy las cotas alcanzadas en desarrollo humano y social, pero apenas estamos comenzando a entender sus decadencias, apenas estamos comprendiendo los muchos factores que actuaron en cada uno de los casos, apenas estamos comenzando a entender que factores internos y externos fueron significativos en sus destrucciones.

  Ciudadela de Caral

Cultura Caral

(2600 AC-2200 AC)

 

Pero lo que si podemos saber con certeza es que no existen civilizaciones ejecutoras de otras civilizaciones, como diversas leyendas negras se han usado en el pasado, y se siguen usando en el precario presente para justificar incoherencias e incompetencias actuales. No se puede transferir más al pasado los errores del presente y menos para denostar transferencias culturales que hoy son la base más importante de la civilización actual.

 Y así han fluido las civilizaciones de las cuales España, o las Españas, es uno de los más preclaros ejemplos. Mal podríamos hoy, a casi la misma distancia en el tiempo de la dominación árabe de Iberia, proferir barbaridades xenofóbicas por una civilización como la árabe que nos legó tantas palabras, usos, costumbres y oficios o conjuntos arquitectónicos, hitos de la humanidad, como la Alhambra de Granada.

 ¿Alguien podría hoy recordar con ira el paso de los árabes, por casi 800 años, por la península Ibérica? Pues de esos tiempos a los de la presencia hispana en América, sucedieron las mismas cosas y casi que por las mismas razones. Como dijo el historiador Eduardo Arcila Farías, citado por Elías Pino Iturrieta en un reciente y lúcido artículo titulado “La leyenda negra”, en su ensayo “La colonización comparada”:

 “…la hegemonía de los españoles en ultramar no consistió en la ejecución de un aplastamiento sin contemplaciones sino en la adaptación de una cultura provista de recursos sobre otra que carecía de elementos para salir airosa en la confrontación”

 O también, como bien escribe el arquitecto e historiador Ecuatoriano, Oswaldo Páez Barrera:

 “…consideramos que entre las grandes riquezas que aportó a la humanidad el Nuevo Mundo, están los mestizajes culturales que aquí se produjeron y continúan produciéndose. Las comunidades originarias de la región andina fueron impelidas, a partir del siglo XVI, a un proceso que en lo cultural dio y recibió información, proceso que no ha terminado y va en aumento. Por encima y por debajo de las violencias y exacciones terribles del coloniaje, del neocoloniaje y el imperialismo, dicho proceso permitió en nuestro caso que lo cultural indígena sobreviviera y hoy, se asome al mundo como parte de las subjetividades de los nuevos sujetos de la multitud mestizada y por tanto, con posibilidades de alcanzar una sociedad mundializada y humanizada.

…Es claro que la matriz fundamental de la sociedad ecuatoriana moderna, son las comunidades indígenas, andinas en primer lugar, las africanas, las costeñas y amazónicas originarias. Pero también, las “indígenas” andaluzas, castellanas, gallegas, vascas…, que trajeron sus raíces árabes, celtíberas y quién sabe qué otras más, dado que por las tierras del Quijote han pasado “indígenas” de toda Europa y no digamos, del Magreb. Pero, a partir de esas matrices y luego de siglos de contacto, nuestra sociedad actual no es ninguna de ellas y es todas ellas a la vez “

La historia de las civilizaciones, la historia misma es un continuo fluir. La historia de las civilizaciones, al igual que en la filosofía de Heráclito de Éfeso:

 Panta rei”

(πάντα ρει)

“Nada es, todo fluye”

 

 Evolución de las civilizaciones en Perú a lo largo de 4000 años

 

 

HISPANOAMÉRICA, UTOPÍA Y HÉROES

Paseando por el Gijonés muelle de Oriente diviso a lo lejos el superpuerto de El Musel y de inmediato me viene a la memoria tanta gente que salió por aquel puerto a la aventura, a la emigración o al exilio político. Y es precisamente el pensamiento sobre los motivos que impulsan a las personas a desterrarse voluntariamente las que me hacen hilar pensamientos sobre los destinos americanos. Cuantas utopías crearon mentes febriles siempre deseosas de ver realizados en la tierra los paraísos ideados o imaginados.

 

Y precisamente es América, para los hombres europeos del siglo XVI, uno de esos lugares que, tal vez, por alejados de sus tierras originarias, tal vez por los relatos desmesurados de cronistas y conquistadores, pusieron en América las mismas esperanzas que en un pasado debieron representar feraces Arcadias de felices pelasgos, o quiméricas Atlántidas de superiores atlantes.

 

Es ese mundo alternativo que queremos proyectar fuera de nosotros para corregir las imperfecciones como imagen crítica del mundo realmente existente. Una sociedad idealizada que ya había sido sugerida por Platón en su “República” y San Agustín en “La ciudad de Dios” pero que llega a su máxima relevancia durante el Renacimiento al ser incentivadas estas ideas por los relatos de Américo Vespuccio sobre la recientemente descubierta isla de Fernando de Noronha.

 

Pero será Tomás Moro quien, a través de su libro “Utopía” de 1515, marque un hito en las creaciones de mundos imaginados. “Utopía” se divide en dos partes: en la primera critica a la sociedad de su época, y en la segunda se dedica a describir una isla localizada en ninguna parte. En esta isla sus habitantes han logrado constituir una sociedad justa y, por tanto, feliz.

 

 

Tomás Moro en 1527

Óleo de Hans Holbein el joven

 

El secreto de la Utopía está basado en una organización política fundada en la preeminencia de la racionalidad, en la que aparece, una vez más en la constitución de algunas sociedades ideales, la abolición de la propiedad privada, causa que se considera  de todos los males e injusticias sociales. La ausencia de propiedad privada hace que prevalezca el interés del común frente a los deseos y los intereses personales que rigen en las sociedades reales. En Utopía, además, las personas se organizan jerárquicamente en la asignación de puestos y oficios, a los que se accede por méritos propios y por capacidades innatas. La  organización estratificada es, sin embargo, completamente compatible con la total igualdad económica y social de los habitantes de Utopía, pues todos acceden a los mismos bienes comunes, al margen de su posición y de su oficio en la sociedad.

 

Estas ideas darían paso, posteriormente, a las ideas socialistas de Saint Simón, de Charles Fourier con sus falansterios (comunidades rurales autosuficientes) y a las ideas de Owen con su “Nueva Armonía”, que en estadios superiores desembocarían en las ideas marxistas e incluso anarquistas.

 

 

Charles Fourier

 (Besanzon 1772- Paris1837)

Para indicar de alguna manera que esto era poco menos que irrealizable se ubicaban estas sociedades en lugares remotos y a partir de estas ideas del siglo XVI en adelante, la sociedad occidental no ha dejado de construir islas artificiales como Utopía.

 

 

Perspectiva de un Falansterio

 

 

Cuenta Mario Vargas Llosa, en su brillante ensayo “Sueño y realidad de América Latina” que, en el siglo XVII, el castellano Antonio León Pinelo escribió un libro titulado “El paraíso en el nuevo mundo” y que a través de dos prolijos libros llenos de citas bíblicas, mitológicas e históricas, demostraba que el Paraíso terrenal había estado ubicado en la Amazonía peruana, concretamente en la región de Iquitos. Casi se puede decir que este autor y su obra marcan la partida de una cantidad de relatos y de ficciones que hicieron de América el lugar preferido para construir las nuevas leyendas, las nuevas quimeras, las nuevas mitologías de la cultura occidental.

 

Para ello no solo contribuyó Antonio León Pinelo. Los relatos de Cristóbal Colón, aún sin saber de la novedad del mundo descubierto, están llenos de cosas maravillosas y sobrenaturales. Estos relatos deslumbraban las mentes de la época y aunados con las posibilidades de riquezas grandes y prontas y aventuras sin fin hacían que América fuese un destino, además de posible, deseado.

 

Este mismo Antonio León Pinelo, “Oydor de la Contratación de Seuilla y Cronista Mayor de las Indias” escribió además del citado libro sobre el paraíso en el nuevo mundo, tratados tan singulares como “Qvestion moral Si el chocolate quebranta el ayuno Eclesiástico”

 

 

Antonio León Pinelo

“Qvestion Moral” 1636

O un curioso tratado sobre “Velos antiguos y modernos en los rostros de los mujeres. Ilustración de la Real Pragmática de las tapadas”

América es colonizada en un principio por hombres sin mayores ideas de la labor que hacían, no los empujaba ningún sentimiento de construcción imperial ni de colonización idiomática, fundamentalmente era el afán de aventuras y el deseo del lucro y tal vez, si acaso, un sentimiento general de evangelización cristiana, que no fue tanto como se dice ni tan importante. Recordemos que en su primer viaje, Cristóbal Colón no lleva entre todos sus hombres ni a un solo clérigo, lo que contradice toda la imaginería romántica plasmada en cuadros sobre la llegada de Colón a tierras americanas acompañado de clérigos.

 

Y como muy bien dice el gran hispanista Salvador de Madariaga y Rojo en su libro “La cruz y la bandera; y las tres carabelas” (Buenos Aires 1966):

 

“Los hombres no pueden tomar posesión de la tierra sin que la tierra tome posesión de los hombres”

 

Las tierras americanas subyugaron a los conquistadores castellanos mucho antes de que ellos poseyeran las tierras americanas. Y no solo los subyugaron a ellos, subyugaron a todos cuantos leyeron los relatos maravillosos y deslumbrantes de las nuevas tierras, creando en los imaginarios de enfebrecidos lectores hispanos mitos y leyendas.

 

Y sobraban leyendas, las famosas Amazonas que Fray Gaspar de Carvajal dijo que había visto Francisco de Orellana. Bernal Díaz del Castillo nos dice que en México Hernán Cortés aseguraba que las cosas que vio eran propias del Amadís de Gaula. El mito del Dorado embelesó a un hermano de Santa Teresa, Agustín de Ahumada, que fue tras su búsqueda al igual que más tarde lo haría el tirano Aguirre y Gonzalo Pizarro que salió en busca del Dorado y del País de la canela, por tierras del actual Ecuador, en compañía de Francisco de Orellana en 1541.

 

 

 

Ruta de Francisco de Orellana

 

El Dorado había sido una leyenda de los indios muisca del altiplano llevada a Quito por Sebastián de Benalcazar. En ella el sumo sacerdote, en sus ritos, estaba cubierto por completo de polvo de oro. La búsqueda de esta mítica y dorada ciudad se extendió hasta nuestros días.

 

 

 

Francisco de Orellana

(Trujillo 1511-Amazonía 1546)

 

 

 

Sebastián de Benalcazar

(Belalcázar 1480-Cartagena de Indias 1551)

 

Todos estos relatos eran recibidos en Europa con mentes entusiasmadas con las fantasías descritas y las imaginadas y servirá de acicate para que Europa transfiera a América las utopías no realizadas en sus propias tierras y culturas. Y encontrará terreno abonado para ubicar en ellas todas las ideas que por revolucionarias o perseguidas en Europa, podían ser instaladas en América.

 

Y esto no ha cesado desde el siglo XVI hasta el presente. Sesudos pensadores políticos de la actualidad quieren imponer ideas en América que serían incapaces de recomendar para sus propios países de origen porque las saben inaplicables o porque saben que sus sociedades de origen no admitirían semejantes experimentos sociales. Cuanta política no ha sido escrita en cafés parisinos mientras América ponía los miles de muertos de sus consecuencias prácticas.

 

En nuestro siglo XX y XXI los muchísimos libros escritos por innumerables defensores de estas ideas extremas, irrealizables en Europa, pero que nos pretenden imponer en America, llevan firmas tan insignes como Louis Althusser, Jean  Paul Sartre, Josep Conrad, Regis Debray, Gunter Grass o Malcom Lowry.

 

Uno de los primeros movimientos libertarios en América fue promovido por Elisabeth Nietzsche, hermana de Friederich Nietzsche, quien fundó una colonia libertaria en el Paraguay. Pero la suma de todos los afanes se dio en la Cuba de la revolución castrista, donde todos los intelectuales europeos, encabezados por Debray y Sartre vieron la realización de la utopía socialista, que no se había logrado del todo en Europa, ser posible en Cuba. Y otras utopías más como las que se derivan de la Teología de la Liberación, que si bien sanas en sus conceptos basales, en sus aplicaciones han teñido de sangre toda nuestra América en el bendito nombre de una utopía social y religiosa.

 

Y esto no es más que la aplicación actual de las utopías que desde Platón excitan la mente y la fantasía de hombres y de pueblos. Utopías irrealizables experimentadas en las pobres sociedades de gentes y naciones que pagan las consecuencias.

 

Dos teóricos del culto revolucionario fueron Thomas Carlyle y Karl Marx coincidiendo ambos en que los movimientos revolucionarios son siempre promovidos por aquellos que se creen “Grandes Hombres” o “Héroes predestinados”  y en esa letal mezcla de Héroe con visiones revolucionarias nacerán lo que un lúcido escritor mexicano, Enrique Krauze, ha llamado “Los Redentores” en un esclarecedor artículo recientemente publicado y titulado “Tierra de redentores”.

 

E Hispanoamérica ha sido tierra fértil para generar estos monstruos históricos que protagonizaron las revoluciones mexicanas o las brasileñas e incluso las cubanas de los siglos XIX y XX. Los “Grandes Hombres” sobraban, nuestra historia los ha parido a montones, siempre empuñando las armas. Las ideologías fanáticas hicieron el resto. Llámense así el peruano José Carlos Mariátegui, o el mexicano José Vasconcelos o el cubano José Martí o el uruguayo José Enrique Rodó o un más moderno mexicano Octavio Paz e incluso, reuniéndolos a todos, un desaforado peruano como Abimael Guzmán.

 

 

 

Thomas Carlyle

(Ecclefechan-Escocia 1795-Londres 1881)

 

Cita Enrique Krauze en su artículo que:

 

“…Marx creía que  la apoteosis de la Revolución se concentraba en un solo protagonista colectivo: el proletariado, las masas. Y ese culto, con el tiempo, “equivalió” también a una nueva religión. El siglo XX probó que las simpatías entre Marx y Carlyle eran mayores que sus diferencias: solo se requería la aparición de un “héroe” carlyleano que asumiera la Sagrada Escritura de Marx. Ese personaje fue Lenin y tras él irrumpieron en la escena varios otros: “El Dios trascendente de los teólogos”, escribió Octavio Paz, “baja a la tierra y se vuelve ‘proceso histórico’; a su vez el ´proceso histórico´ encarna en este o aquel líder: Stalin, Mao, Fidel”

 

Los Redentores de Krauze han sido los que se han creído poseídos por el “thymos” propio para ejecutar las Utopías que el hombre insistentemente ha venido concibiendo desde el umbral de la humanidad. Tal vez nuestras democracias hispanoamericanas no sean más que la perenne búsqueda de la ejecutoria que una vez pensó el lúcido Thomas Carlyle:

 

“La democracia es la desesperación de no encontrar héroes que nos dirijan”

 

Patético pensamiento que parece que, en nuestra América, es una constante, la búsqueda y aplicación de Utopías y la creación de Héroes, magnificado todo desde las emancipaciones de comienzos del siglo XIX.

 

Lo que nos toca ver en estos lamentables tiempos históricos lo escribió Marx y también lo cita Krauze en su artículo:

 

“Todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces: una vez como tragedia y la otra como farsa”

 

En Venezuela la Emancipación se vivió como la época de la tragedia y ahora vivimos en tiempos de la farsa. Los Héroes están destruyendo las Utopías pero en modo de farsa y sin ninguna credibilidad inherente.

 

 

 

LOS ESCALERA Y LOS VIGIL-ESCALERA DE POLA DE SIERO


Por: Ing. Antonio R. Escalera Busto

antonio@aescalera.com

El domingo pasado, 3 de julio, se realizó en el Palacio de Meres, en Siero, el primer encuentro, 210 descendientes directos, de las diversas familias Escalera y Vigil-Escalera que dimanan del tronco común de un Escalera que, proveniente de los pagos originarios de Barcenillas de Cerezos, merindad de Sotoscueva en Burgos, en el siglo XVII, fundó casa y vínculo en Mudarri, La Carrera, Siero.

En el año 1600 el Caballero de Santiago y Aposentador Real, don Pedro Escalera se casa con Doña Catalina Fernández y Cascarón y para su hijo Rafael Escalera, Montero Mayor y Alcalde la Santa Hermandad, funda el Mayorazgo de la Casa de Escalera en Mudarri, San Martín de la Carrera, en Siero. De ahí arranca un tronco que se verá espectacularmente recrecido al llegar a través de diversas descendencias, y posterior unión con el apellido Vigil, un descendiente de los Vigil de Quiñones, a los descendientes de Joaquín Francisco Vigil-Escalera y Vigil (1769-1843) y de su esposa María Martínez y Gómez de Nava (1769-1835) que tuvieron ocho hijos. El mayor de ellos Ramón Phelipe Vigil-Escalera y Martínez (1795-1857) se casó tres veces, primero con Vicenta García-Barredo (1800-1834) con quien tuvo 17 hijos. Al enviudar de Vicenta se casa con Teresa Sánchez y Roces (1790-1836), en 1836, y con ella no tuvo descendientes. Al enviudar por segunda vez se casa, en 1839, con Concepción Crespo y Álvarez (1804-1882) y con ella tiene 15 hijos, seis de ellos provenientes de tres partos de gemelos. Del último parto de gemelos nacieron dos niñas, María (que murió muy joven) y Delfina Vigil-Escalera y Crespo (1855-1912) que era mi bisabuela.

A partir de tantos hijos, aunque no tuvieron descendencia 19 de ellos, en múltiples uniones de los 13 restantes, muchas veces endogámicas, hasta formarse familias que tenían tres veces consecutivas el apellido Vigil-Escalera, unido a los otros muchos descendientes de los siete hermanos de Ramón Phelipe Vigil-Escalera y Martínez entre los que se encuentran los descendientes de su hermano Francisco Vigil-Escalera y Martínez, de quien, de uno de sus hijos, Regino Vigil-Escalera y Suero-Carreño (más conocido por Regino Escalera) desciendo yo por vía directa paterna. Mis bisabuelos eran primos hermanos y consuegros, lo cual da una idea de la endogamia vigente en la época y que se entiende por ser la Pola de Siero y alrededores, de los siglos XVIII a comienzos del XX, una población pequeña y socialmente cerrada.

Los Escalera provenían de las tierras norteñas de Burgos, de cerca de Espinosa de los Monteros, Barcenillas de Cerezos, merindad de Sotoscueva, que son tierras colindantes con las tierras sureñas pasiegas. Allí residía y tenían solar y mayorazgo la casa de Escalera. La rama que se estableció en Asturias en el siglo XVII pertenecía a la baja nobleza de la época, los hidalgos.

Mucho se ha escrito sobre el origen de la palabra “hidalgo” y la exorbitante cantidad que la España medieval tenía de “hijosdalgo”. En la Edad Media se llamaba “fijodalgo” a quien era “hombre libre y exento por linaje”. También se usaba para señalar a la “última clase de la nobleza”, que se diferenciaba de los plebeyos porque no vivían de su trabajo sino de sus propiedades. En el Principado de Asturias entre un tercio y un quinto de la población llegó a ser de condición “hidalgo”. Un censo de fines del siglo XVIII, en Asturias, los cifra en sesenta mil “hidalgos”.

En el año 1140 se documenta “fijo d’algo” y en 1197 “hidalgo”, según Corominas en su “Diccionario Etimológico”. El mismo Corominas nos explica que “hidalgo” proviene de la composición de dos palabras: “ibn” que significa hijo y “algo” que equivale, en la Edad Media, a “hombre de dinero”, “persona acomodada”, en oposición a las palabras “villano” o “labriego”. La palabra “hidalguía” se documenta ya tardíamente en 1495. Alfonso X el Sabio en las Partidas nos habla de los “fijosdalgo” como:

“…fijos de bien, et porque estos fueron escogidos de buenos logares et algo, que quiere tanto decir en lenguaje de España como ‘bien’ ”

Están bien documentadas las propiedades que la Casa de Escalera tenía en el Concejo de Siero, a través de apeos (registros de propiedades del siglo XVIII) y libros de heredades de la época, y estas estaban compuestas por praderías y tierras de cultivo, ganado y hórreos.

A comienzos del siglo XIX se salía de la guerra de la Independencia que dejó al país en una ruina. La sociedad era fundamentalmente agraria y la propiedad de la tierra estaba en manos de unos pocos. La exportación no estimulaba la producción interior y todavía existía un claro desprecio a los trabajos manuales.

Dominique Besseron escribirá en 1869:

« Desde finales del siglo XVIII, Asturias fue objeto de un interés muy particular por impulso de Jovellanos quien, en 1782, fomentó la reforma industrial de Asturias en un discurso que pronunció en la So­ciedad Económica de Oviedo. Jovellanos fue también el instigador de la Carretera carbonera que debía desarrollar el transporte del carbón. En 1794, fundó el Real Instituto de Náutica y Mineralogía,donde se enseñaban las Ciencias Exactas, los idiomas modernos, pero también el diseño industrial y técnico »

A mediados del siglo XIX comienza cambiar la sociedad productiva y se comienza a desarrollar en mayor medida la actividad comercial y la que se deriva de ella como lo fueron las casas de dinero o bancos y la industrial que daría forma y carácter a esas tierras sierenses desde mediados del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, alcanzando su momento más importante en los años precedentes a la Primera Guerra Mundial y al período de entre guerras con la Segunda Guerra Mundial, donde la minería del carbón formó unas nuevas clases sociales vinculadas a la fortuna hecha con explotaciones mineras y actividades comerciales navieras o bancarias. La sociedad española de la época, la nueva burguesía española, no apostó por la industrialización, y por el cambio de los medios de producción, con lo que se quedó atrasada con respecto a las economías europeas más pujantes. La burguesía española prefirió invertir su dinero en la compra de tierras.

Precisamente la familia Vigil-Escalera no siguió este camino de las inversiones en tierras sino que apostó por la industrialización, la minería, (no en vano fue en el municipio sierense donde se realizaron las primeras labores minero-carboníferas de Asturias), el comercio y la banca, comenzando a formar un importante capitalismo local basado en la producción y los servicios y no en la tenencia de tierras. Los Vigil-Escalera supieron hacer, como pocos, la transición y adaptación de hijosdalgo a nueva burguesía.

“El proceso de reforma agraria y el inicio de la industrialización dieron lugar a la configuración de unas nuevas relaciones sociales que culminaron con la desaparición de los estamentos y el nacimiento de una nueva sociedad de clases. La estructura social se basaba en la existencia de individuos jurídicamente libres e iguales ante la ley.

La desaparición de los privilegios de los señores y de las categorías jurídicas dio lugar a que las diferencias de clase se manifestasen en el terreno económico. Es decir, las diferencias se establecían según la riqueza. Frente a los burgueses, los ricos o los propietarios aparece contrapuesto el grupo de los que carecen de riqueza, propiedad. Nace un nuevo tipo de conflicto social que pone énfasis en la lucha por la igualdad. La gran nobleza, no solo redujo su poder económico sino que lo incremento. Perdió los ingresos de sus derechos jurisdiccionales, pero conservó la mayoría de sus tierras, ahora en propiedad privada y se hizo con nuevas propiedades de la desamortización. La base de los ingresos nobiliarios continuó siendo la propiedad de la tierra y los bienes inmuebles urbanos. Hacia 1850, España continuaba siendo un país agrario y la nobleza la mayor poseedora de tierras, por lo que un alto porcentaje de la renta agraria y de la riqueza del país acababa en manos de nobles terratenientes.

….

Avanzaba el siglo, los patrimonios nobiliarios fueron decreciendo. El carácter rentista de la nobleza, desinterés por los negocios y sus enormes gastos, hicieron que se fueran endeudando y para hacer frente a los pagos consumieran parte de sus propiedades. Sus rentas estables, los precios aumentaban y dio lugar a una pérdida de su capacidad adquisitiva. A finales de siglo las fortunas de industriales y comerciantes eran superiores a las nobiliarias.”

En esta nueva sociedad también comenzaba a formarse otra derivada del alto funcionarado de la administración pública.

Así lo recoge la historia local de Pola de Siero:

“La vitalidad de las actividades comerciales, especialmente en la capital del concejo, y los talleres artesanales y pequeñas industrias que crecen en torno a la intensa vida mercantil de la Pola han permitido a lo largo de todo el siglo XIX el desarrollo de una clase media sin cuya presencia es imposible comprender la historia de la Pola. Comerciantes, artesanos e industriales conviven con un grupo importante de funcionarios y profesionales liberales y una burguesía minoritaria, formada dentro de las familias de la nobleza hidalga (los Vigil Escalera, García Bernardo, Celleruelo, Vigil Cavanilles, Bros, etc.), que participa en la administración local y en las empresas y negocios del comercio, la banca, las minas y los ferrocarriles del concejo.
Entre ellos destaca Gregorio Vigil-Escalera y Crespo, miembro de una familia de comerciantes de la Pola que, entre 1880 y 1925, fecha de su fallecimiento, consigue hacer de su negocio familiar una de las empresas más importantes de Siero.”

Los Escalera y los Vigil-Escalera descollaron como funcionarios públicos como Escribanos (Notarios después de la reforma de 1862), (Francisco Vigil-Escalera y Martínez), Oficiales Mayores de los Ministerios de Ultramar o de Hacienda, en la administración peninsular como en la de Colonias en nuestras antiguas posesiones de las Filipinas. Fueron Gobernadores de Provincia (en Alicante y Pontevedra), Diputados Provinciales, Delegados de Hacienda en Madrid (Regino Vigil-Escalera y Suero-Carreño) y en Oviedo (Mario Vigil-Escalera y Avello). Jurisconsultos que aportaron su ciencia jurídica a la elaboración de Códigos de Justicia (Justiniano Fernández-Campa y Vigil-Escalera) e incluso Alcaldes en Gijón (Justino Vigil-Escalera) y en Pola de Siero (Leandro Domínguez Vigil-Escalera).

Otros fueron escritores reconocidos en la prensa provincial y en la de Madrid, escribiendo algunos de ellos para diarios de Manila en Filipinas o de la Habana en Cuba y abudantes libros sobre Asturias (Evaristo Vigil-Escalera y Suero-Carreño). Uno de esos escritores fue también militar en las guerras de Cuba (Juan Vigil-Escalera y Suero-Carreño) y dejó plasmadas sus impresiones de tales guerras en sendos libros de interés histórico. Otros fueron escritores costumbristas (Luis Vigil-Escalera y Blanco-Hortiguera). Y escribieron obras teatrales y zarzuelas de ambiente costumbrista filipino (Regino Vigil-Escalera y Suero-Carreño) que fueron estrenadas en Manila y en Madrid.

Y otros más fueron artistas pintores reconocidos y catalogados hoy día (Eugenio Escalera y Avello, Pío Vigil-Escalera y Blanco-Hortiguera, Elíaz Díaz y Vigil-Escalera), aunque la mayor parte de sus obras permanezcan medio olvidadas en colecciones particulares de distintos miembros de la familia. El arte alcanzó a técnicas tan bellas como sofisticadas en la azulejería sevillana (Manuel Vigil-Escalera y Díaz).

La sociedad comercial, minera y naviera y de banca, se desarrolla a través de Gregorio Vigil-Escalera y Crespo, uno de los 32 hijos de Ramón Phelipe, que amplía las actividades comenzadas por su padre y las diversifica. El construyó como residencia familiar la casona de Pola de Siero, interesante obra del famoso Luis Bellido, instalando en sus bajos el Comercio y la Banca fundados por su padre D. Ramón Phelipe Vigil-Escalera y Martínez. La casona Vigil-Escalera era tan grande e intrincada que durante varios meses del año 1936 y 1937 sirvió de refugio para no menos de treinta personas perseguidas por sus ideas políticas, entre ellas varios sacerdotes y miembros de la Familia Escalera y Vigil-Escalera, y resistió, sin ser descubiertos los ocultos, por lo menos diecisiete registros generales

Gregorio también hizo fuertes inversiones en minería del carbón con la compra de un importante paquete accionario de las minas de Riosa y el manejo de las minas La Encarnada, en el Valle de la Hueria de Carrocera, que poseía línea propia de tren para su conexión con la de Langreo.

El conjunto de minas denominado La Encarnada se estableció como una “Sociedad en comandita Minas de la Encarnada” bajo la razón social de “Vigil-Escalera y compañía”, y estaba formada por las minas: Sultana, Pepes, Dorotea y Ventura, Las Minas “La Encarnada” llegaron a producir 35.000 Tm anuales de carbón. Posteriormente compró la mina La Generosa, situada en La Cabaña. La Banca Comercial que giraba como “Viuda de Escalera e hijos” fue liquidada a base de comprar a sus numerosos (31) hermanos su participación testamentaria. La administración de Minas La Encarnada quedó en manos de Gregorio Vigil-Escalera y Crespo y de su hijo Ramón Vigil-Escalera y Bros.

En este mismo establecimiento de Pola de Siero representaba a navieros y consignatarios de buques, especialmente los que se dedicaban a transportar a los emigrantes a la Habana. Los barcos propios ostentaban, en sus chimeneas, el anagrama de una V entrelazada en una Escalera de los Vigil-Escalera y la mayor parte eran de transporte mixto de mercancía y pasaje. Fue famoso el vapor llamado “Gaviota” de los Vigil-Escalera que hacía cabotaje en Gijón con destinos como El Ferrol, Puentedeume, Bilbao, San Sebastián y Burdeos. El “Gaviota” era un barco ingles de 320 Tm. botado en 1899 y que estuvo en servicio, para los Vigil-Escalera, desde 1921 hasta 1935. Así mismo tenían en propiedad el vapor “María Teresa”, de 110 Tm.

La actividad comercial con la aceptación de depósitos de dinero y el otorgamiento de préstamos, en una zona de tanta vida comercial, hace que sus operaciones se extiendan a Oviedo, Barcelona y Madrid en lo que ya es una actividad bancaria completa y que con el paso de los años, en 1953, acabará siendo el Banco de Siero, que siempre identificó a la Pola de Siero con la familia Vigil-Escalera.

También durante este período los giros procedentes de América experimentaron un importante incremento. Podían ser realizados y pagados a través de cualquier establecimiento comercial. Algunas de las primeras casas de banca se fueron transformando en bancos. Este fue el caso de Gregorio Vigil-Escalera, (Banco de Siero) y de otras firmas como Pedro Masavéu y Cía, Herrero y Cía. (Banco Herrero), Francisco Zaldívar, Florencio Rodríguez, (Banco de Gijón y promotor y primer consejero del Banco Hispano Americano). Gregorio Vigil-Escalera y Crespo perteneció al Consejo de Administración de Ferrocarriles Económicos y fue Alcalde de Siero.

A partir de 1880, y hasta su fallecimiento en 1925, se usa la firma comercial de “Viuda de Escalera e hijos” a partir de esa fecha se formaran dos sociedades: “Herederos de Gregorio Vigil-Escalera y esposa, S.L.” (Sección comercial) y “Herederos de Gregorio Vigil-Escalera y esposa, S.R.C.” (Banquero), que más tarde se convertiría en Sociedad Anónima Banco de Siero. En 1884 comienzan las transacciones con la sucursal en Oviedo del Banco de España pasando a ser corresponsal en la Pola de Siero y a continuación lo mismo con Madrid. En 1892 la mitad de las operaciones bancarias se realizaban como corresponsales del banco de España en Madrid.

Estas familias representaban entonces la nueva clase social en las que se mudaban hidalguías por nuevas burguesías. Se unieron con otras familias representativas de la sociedad asturiana de la época y así hoy encontramos descendientes en los que se entremezclan hasta el paroxismo los apellidos. Los descendientes de los 32 hijos de Ramón Phelipe Vigil-Escalera y Martínez se unirán con reconocidas familias Asturianas como los Caicoya, Ceñal, Castañón, Cienfuegos-Jovellanos, Valdés-Hevia, Bovio, Navia-Osorio, García-Conde, Fernández-Campa, Noriega de Llanos, Solís, Muñiz, Alvargonzález, García-Bernardo, Cueto-Felgueroso, Vallespín, e incluso con otros miembros de la propia familia Vigil-Escalera o Escalera como los descendientes del hermano de Ramón Phelipe, Francisco, encontrándose familias que reúnen entre ellos el Escalera y el Vigil-Escalera e incluso hasta tres veces el Vigil-Escalera. Algunas ramas de los Vigil-Escalera, por historias que más bien son ya leyendas, prescindieron del Vigil y son los actuales Escalera, si bien todos son, en realidad, Vigil-Escalera.

Los Escalera y los Vigil-Escalera también emigraron, por diversas razones y causas, y hoy tenemos familias Vigil-Escalera en diferentes provincias españolas y dos núcleos importantes de descendientes en México y en Venezuela. De la colonia mexicana de los Escalera y Vigil-Escalera aún hay mucho que escribir pues fueron notables las actividades comerciales e industriales en sus sociedades de adopción. Es curioso resaltar que los descendientes de la familia Escalera, residentes en Venezuela, casi todos ellos ejercieron las carreras de Contaduría, al igual que sus ancestros que trabajaron las mismas materias en el Ministerio de Hacienda Español y ya se cuentan más de seis generaciones seguidas dedicadas a Contaduría y las Finanzas Públicas.

No había en todo ese tiempo, en Pola de Siero, actividad que no estuviese ligada a estas familias. Desconocido, o interesadamente desconocido, fue el patronazgo que la familia Vigil-Escalera tuvo para la fundación, junto con Florencio Rodríguez, del Asilo de Ancianos de la Pola de Siero o los aportes para las edificaciones o conservaciones de los patrimonios religiosos y civiles en la comarca polesa.

De todas estas glorias y de todos estos fastos, de toda la riqueza que la familia Vigil-Escalera aportó al Concejo de Siero, de todos los nombres ilustres que aportaron su nombre a las artes, a las letras, al comercio y a la industria, a la banca, la minería, a la administración pública, nacional o local, solo quedan los recuerdos en las familias. Es tal la incuria que la mayor parte de las biografías familiares que estamos reconstruyendo, y escribiendo, provienen de la tradición oral, si bien depurándolas al máximo posible de mitos y leyendas. Mucho debe haber en los archivos familiares que no ha visto la luz, por eso, actos de reafirmación y de reencuentro familiar, como el de Meres del pasado domingo, sirven para que cada una de las familias aporten al acerbo común tanto sus tradiciones orales como los muchos y desvaídos papeles que deben reposar en olvidados cajones.

Sevilla rindió merecido recuerdo al artista Manuel Vigil-Escalera y Díaz, genial ceramista, con una calle con su nombre, la villa Condal de Noreña le puso Regino Escalera a una de sus más céntricas calles en recuerdo del alto funcionario y escritor reconocido. Estos pueblos recuerdan a sus próceres y tratan de no olvidar su herencia histórica.

Pola de Siero les debe una cosa mínima a las familias Escalera y Vigil-Escalera, les debe el recuerdo, solamente eso, recordar, porque, como bien decía la canción, “recordar es vivir”. Hay muchos ejemplos de vida ejemplar, no solo familiar sino social y comunitaria, en estos siglos de historia ligada a estas familias. Pola de Siero le debe a las familias Escalera y Vigil-Escalera al menos una placa donde solamente consten los nombres de las familias que hicieron parte de lo que es Pola de Siero entre los siglos XVIII al XXI. La historia escribirá lo que esos apellidos llevan ligado y de los curiosos lectores solo dependerá, sacar las lecciones de vida de quienes nos han preterido.

Pola de Siero está en deuda con los Escalera y los Vigil-Escalera.

Evaristo Vigil-Escalera y Suero-Carreño (1833-1896)

(Evaristo Escalera)

Regino Vigil-Escalera y Suero-Carreño (1849-1915)

(Regino Escalera)

Gregorio Vigil-Escalera y Crespo (1843-1925)

Luis Vigil-Escalera y Blanco-Hortiguera (1852-1923)

Justiniano Fernández-Campa y Vigil-Escalera (1855-1928)

Manuel Vigil-Escalera y Díaz (1885-1938)

Rodolfo Escalera y Avello (1890-1938)

Leandro Domínguez y Vigil-Escalera (1917-1965)

Casona de los Vigil-Escalera en Pola de Siero

Antigua casa solariega de los Vigil-Escalera

en Mudarri (Siero)

Capilla de la antigua casa solariega

de los Vigil-Escalera

en Mudarri (Siero)

EPÍLOGO SOBRE BOLÍVAR Y EL PERÚ

Epílogo sobre Bolívar y el Perú

Las valoraciones en el Perú sobre la actuación de Bolívar en el antiguo Virreinato del Perú dan para todos los gustos. Hay allí, en el Perú, un Bolívar enaltecido, pero también un Bolívar escarnecido. Hay, efectivamente, un Bolívar eximio Libertador, un Bolívar cínico Dictador y un Bolívar pragmático Seccionador.

El historiador peruano Jorge Basadre Groghmann (Tacna 1903-Lima 1980) dice que Simón Bolívar fue muchos Bolívar que sucesivamente se iban muriendo:


“Bolívar, un joven romántico en 1804, diplomático en 1810, jacobino en 1813, paladín de la libertad en 1819, genio de la guerra en 1824, imperator en 1825 y 1826”

Más contundente es el historiador Herbert Morote quien lo califica así:

“Ebrio de gloria, amo de los territorios que había independizado, legislador ahora de ellos, el Libertador se lanzó a una campaña para perpetuarse en el poder que culminó con su constitución vitalicia y su intento de seguir despedazando al Perú para seguir siendo fuerte él”

Para el escritor peruano Félix C. Calderón el juicio de valor sobre Bolívar es:

“El Bolívar que aparece con la lectura de sus propias cartas disponibles es un hombre ambicioso que comete el grave error de manchar su incuestionable trayectoria libertaria con los sueños de opio de una dictadura perpetua, aun a costa de volver a hipotecar la independencia de los pueblos que había supuestamente libertado. No es el santo varón desprendido y desinteresado, ni un demiurgo consumado que solo busca sembrar paz y concordia entre los pueblos; sino un habilísimo taumaturgo del lenguaje que ha descubierto en las palabras la mejor manera de ocultar sus non sanctas intenciones”
“Inteligente sin duda, aunque menos estratega que impetuoso guerrero (si se recuerda lo que pasó en Puerto Cabello, en La Puerta y casi ocurre en Junín), nadie discute su destreza diplomática, ni su arrojo y perseverancia, tampoco su voluptuosa proclividad por el adulterio, sin por ello dejar de ser implacable con el adversario cuando quería. Autoritario, calculador, contradictorio, intrigante, vengativo, impulsivo, lenguaraz, impaciente, resuelto, cínico o estudiadamente despectivo, todo eso era Bolívar, a veces y al mismo tiempo. Vale decir, profundamente humano, con defectos que suelen magnificarse en muchos, desgraciadamente, cuando el poder es virtualmente absoluto. Y él no fue la excepción”

El ya citado biógrafo John Lynch en la parte final de su biografía de Bolívar comenta la última herejía que se quiere implantar en la interpretación de su vida política, el Bolívar socialista:

“Aprovechando las tendencias autoritarias que ciertamente existían en las acciones e ideas de Bolívar, los regímenes de Cuba y Venezuela han convertido al Libertador en el patrón de sus políticas, distorsionando sus ideas en el proceso. De este modo un régimen marxista se ha apropiado de las ideas bolivarianas de libertad e igualdad y ha encontrado en ellas un sustituto útil al fracasado modelo soviético, pese a que en realidad no tiene en muy alta estima ninguna de las dos. Y en Venezuela un régimen populista del siglo XXI ha buscado legitimarse políticamente aferrándose a Bolívar como un imán, una víctima más del hechizo del Libertador”

No es la primera ni será la última interesada interpretación de la historia.

Hoy el Perú, esa pujante nación, emblema y paradigma de la cultura hispanoamericana, cima del arte barroco colonial y ejemplo del mestizaje castellano, no vive de las glorias pasadas, ni alimenta hueros discursos patrioteros del pasado para exorcizar problemas del presente. Excepto por el laudo a unas glorias militares del siglo XIX hace mucho que le echó tierra a los sucesos del pasado.


En Venezuela, el hombre, Bolívar, despojado de todo, hasta de sus glorias, que tuvo que ir a morir en casa de un viejo hidalgo español, gaditano, Joaquín de Mier y Benítez, y con camisa prestada como cumpliendo un cruel destino al tener que hacerlo en casa de un español. Bolívar, aunque descansa en un mausoleo caraqueño, pareciera que necesitase hoy, con toda urgencia que, como en aquel famoso dicho del “regeneracionista” Joaquín Costa que se usaba en la rancia España, una de las dos que nos helaba el corazón:


“hace falta echarle doble llave al sepulcro del Cid”


(En 1898, España había fracasado como Estado guerrero, y yo le echaba doble llave al sepulcro del Cid para que no volviese a cabalgar)(Joaquín Costa)

Que se eche llave, que se cierre definitivamente el sepulcro del Cid significa que encerremos dentro de él todos los discursos de alabanzas al pasado glorioso que poco aportan al prosaico presente sumido en el atraso y la decadencia, sobre todo cuando se quiere reinterpretar el pasado para justificar el presente.


Hace falta que le echen no solo llave, sino candado también, al sepulcro de Bolívar y que dentro de ese broncíneo sarcófago y ebúrneo monumento marmóreo, junto con sus restos, se entierren los discursos que aún quieren reavivar las heridas del pasado. Ninguno de los venezolanos de hoy, ninguno de los españoles de hoy, ni grancolombianos, ni quiteños o guayaquileños, ni peruanos ni bolivianos, ni blancos ni mestizos ni zambos, somos responsables de los hechos de la historia del siglo XIX. No se nos convoque para el recuerdo de odios y rencillas y baldones, no se nos convoque para denostar sobre el pasado que aún sigue marcando el presente. Convóquesenos para seguir trabajando, todos unidos, los de antes y los de ahora, pardos y mantuanos, blancos y negros, españoles y canarios, godos o vascones, por un futuro mejor para todos. De las glorias pasadas, de los fastos y nefastos, de orgullos y prejuicios, viven los pueblos y las naciones que solo tienen pasado y nosotros queremos vivir en naciones y con pueblos que solo ansíen la transformación del pasado para un inmejorable futuro.

Simón Bolívar y Palacios, 1819



Simonis Bolivar

Cineres

Grata atque memor patriahic

condit et honorat

BOLÍVAR, DICTADOR DEL PERÚ


El historiador peruano Ricardo Mariátegui Oliva lo expresó así de sucinto:


Bolívar siempre actuó dubitativamente: proclamó libertad y procedió como absolutista; sostuvo la soberanía del pueblo y trató de destruirla; invocó justicia y la proscribió; dimitió tres veces una autoridad temporal y electiva, procurando, en cambio, una perpetua y hereditaria”


El historiador, también peruano, Herbert Morote autor de un exitoso libro titulado “Bolívar, Libertador y enemigo Nº 1 del Perú” dice:

“… tras independizarnos en solo 15 meses, los 21 siguientes en vez de libertad sufrimos una brutal represión y la amputación de la mitad de nuestro antiguo territorio. Ninguna nación latinoamericana ha pagado tanto por su independencia”

¿Que ocurrió en Perú para que estos historiadores emitan tal opinión de Bolívar? Si este es el dicterio de unos historiadores, podemos imaginar cual es la opinión que quedó en la gente del común. Hablando con unos y otros, en Perú, cada cual tiene su opinión histórica, pero en todos es coincidente el criterio de la trayectoria dictatorial, e incluso tiránica, de quien primero los había emancipado.

El 20 de setiembre de 1822 se inaugura el Congreso Constituyente bajo la presidencia del cura Francisco Xavier Luna Pizarro. La mayor parte de los Congresistas eran abogados, 28, curas 26, médicos 8 y solamente 5 militares. El primer día se dedican a establecer la forma de gobierno, por un lado estaba la tesis de San Martín de una monarquía constitucional y por otro la de José Faustino Sánchez Carrión de una república constitucional. Al segundo día del Congreso los diputados se decidieron por la forma republicana compuesta por ciudadanos iguales todos ante la ley. Esta Constitución establece de que el Presidente de la República era elegido, por 4 años, por el Congreso (sin ser necesariamente congresista) a quien se sometía.

Otro dato interesante de esta Constitución es sobre la participación de la sociedad. Las corrientes del pensamiento filosófico-político de la época, no eran partidarias del voto universal, como ya lo había hecho la Constitución de Cádiz de 1812 al eliminar a los pardos y a los indígenas del derecho al voto. Pero la Constitución peruana de 1823 otorga el voto a todos, indígenas incluidos, menos a las mujeres y a los menores de edad.

El 2 de Setiembre de 1823 el Congreso Constituyente Peruano nombra a Bolívar “Suprema Autoridad” y el 11 de Noviembre, un día antes de proclamar la primera Constitución de la República Peruana, el Congreso Constituyente decreta la suspensión de todos los artículos de la Constitución que se opongan a los deseos de Bolívar. No podía tener la Constitución de 1823 menos vida propia, murió el día antes de nacer.

Hasta Marzo de 1824 Bolívar se dedica a la formación del ejército patriota junto con Sucre, Córdoba y Lara, con La Mar al mando de las tropas peruanas. El 6 de Agosto, en Junín, son derrotadas por primera vez las tropas españolas, que serán definitivamente derrotadas en la Pampa de la Quínua, en Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824. Un año y tres meses después de llegar Bolívar se termina el Virreinato del Perú.

Aquí termina, junto con el Virreinato, el Bolívar militar y Libertador sin cuyo genio militar y estratégico la emancipación peruana se hubiese alargado por sabe Dios cuantos años más, si es que acaso hubiese llegado a conseguirse. Pero a la par que termina el Bolívar militar comienza el Bolívar dictador del Perú.

Simón Bolívar y Palacios


Una vez completada la independencia peruana, Bolívar convoca de nuevo al Congreso Constituyente el 10 de febrero de 1825, al cual asisten 56 de los 79 diputados, la mayoría suplentes, de los cuales 9 era colombianos. Este Congreso nombra a Bolívar “Padre y Salvador de la Patria” y ordena que se erija la estatua ecuestre en la plaza del Congreso, donde está actualmente, así como el pago, como una “pequeña demostración de reconocimiento” de una recompensa al Libertador de 1.000.000 de pesos, cantidad que representaba, más o menos, la tercera parte del presupuesto anual del Perú de la época. Para poder entender la magnitud de esta cifra, estimen que es equivalente al monto total de todas las expropiaciones de tierras, casas, minas y haciendas hechas a todos los españoles que se habían refugiado en el Real Felipe de El Callao. Y este dato proviene de una fuente tan confiable como la del Ministro de Hacienda de Bolívar en 1826. Además de la recompensa en efectivo, que rechazó con poco ánimo varias veces para al final aceptarla “a nombre de su familia” y que fue efectivamente cobrada por sus herederos, el Congreso también le regaló una espada de oro con 1.374 piedras preciosas, diamantes, esmeraldas y rubíes

Un Congreso totalmente entregado a los encantos de Bolívar le otorga aún más poder que el militar que ya tenía. Logra para el ejército Grancolombiano, y para él mismo, recompensas desmesuradas, así como le otorga a Bolívar el poder decidir sobre la suerte del Alto Perú y, la casi exacción, de aportar el Perú 6.000 soldados peruanos al ejercito unido de la Gran Colombia.



Espada regalada por la Municipalidad de Lima
al Libertador Simón Bolívar

Satisfechas todas las peticiones de Bolívar, el Congreso Constituyente da por terminadas sus sesiones y a partir de ese momento toda la autoridad de la República recaía en Bolívar. Bolívar gobernará el Perú por tres largos años en los que se le conocieron 11 diferentes gabinetes ministeriales aunque después optó por un solo Ministro o Secretario General de los Negocios de la República, puesto que ocupó en una oportunidad el angostureño Tomás de Heres quien había sido anteriormente expulsado del Perú por San Martín.


Tomás de Heres (Angostura 1795-1842)


El poder ejecutivo lo dejó en manos de un Consejo de Gobierno y le pidió al General La Mar que lo presidiese, pero este se negó causando el disgusto de Bolívar que quería a Sucre en el Alto Perú y a La Mar en el Perú.

Las actuaciones en la sociedad peruana se consideran hoy totalmente equivocadas en algunas de ellas, tal vez por desconocimiento de la realidad social del Perú. La sociedad Peruana de comienzos del XIX era muy diferente de la de Venezuela, que Bolívar conocía tan bien. En esa época, la clase baja peruana tenía un componente indígena puro muchísimo más importante que en Venezuela donde la clase baja estaba conformada por pardos y esclavos. En Perú existía una grandísima población indígena, no totalmente integrada a la cultura e idiosincrasia hispana, y que mantenía mucha de su cultura ancestral, la quechua y la aymara. Este estamento social no era, ni bien comprendido, ni bien aceptado por Bolívar. El eminente historiador John Lynch en su biografía de Bolívar nos refiere:

Los indígenas del Perú, a diferencia de los pardos y los negros, no ocupaban un lugar central en las preocupaciones de Bolívar “


Sabemos que Bolívar, por sus correspondencias, emitía juicios racistas como este contenido en la carta que desde Pativilca le envía a Francisco de Paula Santander el 9 de enero de 1824:

“Yo creo que he dicho a usted antes de ahora que los quiteños son los peores colombianos. El hecho es que siempre lo he pensado, y que se necesita un vigor triple allí que el que se emplearía en otra parte. Los Venezolanos son unos santos en comparación de esos malvados. Los quiteños y los peruanos son la misma cosa; viciosos hasta la infamia y bajos hasta el extremo. Los blancos tienen el carácter de los indios y los indios son todos truchimanes, todos ladrones, todos embusteros, todos falsos, sin ningún principio de moral que los guíe. Los Guayaquileños son mil veces mejores”


Francisco de Paula Santander y Omaña
(Cúcuta 1792 – Bogotá 1840)


Este tipo de expresiones contrasta con el decreto de San Martin del 27 de agosto de 1821 en que se prohibía el uso de palabras como “aborigen”, “indio” o “natural” y ordenaba que, solamente, se usase para ellos el nombre de “peruanos”.

En Abril de 1825, Bolívar, en uso de sus plenos poderes, dispone la anulación de la emancipación de los esclavos que había decretado San Martín y legisla un punitivo reglamento de trabajo y de castigos en las haciendas del Perú.

No obstante, Bolívar, el 4 de julio de 1825 emite un decreto proclamando:

1º Que la igualdad entre todos los ciudadanos es la base de la Constitución de la República.
2º Que esa igualdad es incompatible con el servicio personal que se ha exigido por la fuerza a los naturales indígenas y con las exacciones y malos tratamientos que por su estado miserable han sufrido estos en todos tiempos por parte de los jefes civiles, curas, caciques y aún hacendados.

Sin embargo, el 11 de agosto de 1826, Bolívar implanta de nuevo el tributo del indígena, que ya había sido eliminado por los españoles a raíz de la Constitución de 1812, aunque después recuperado por el Fernando VII absolutista y definitivamente derogado por San Martín el 27 de agosto de 1821.

Algunos autores defienden el decreto de Bolívar por la justificación de proveer recursos a un Estado casi en estado de insolvencia. Que el Estado estaba casi en quiebra es cierto, pero no justifica que se recurriese a un tributo solo por la raza y no por la cuantía de la riqueza del ciudadano. Estos tributos indígenas llegaron a representar el 35% del presupuesto de la República.

Curiosamente este tributo durará hasta el año 1852 cuando la República, en cuya presidencia estaba Ramón Castilla y Marquesado, se vio beneficiada por las nuevas exportaciones del guano. Por las mismas fechas es abolida definitivamente la esclavitud.

Ramón Castilla y Marquesado
Presidente del Perú
(Tarapacá 1797 – Tiviliche 1867)

A pesar de eso, el ejercito Grancolombiano se vio reforzado con gran número de indígenas del Ecuador y del Perú. Las primeras tropas peruanas para el ejército unido son aportadas después de la conferencia de Guayaquil. Después, un nuevo pedido de tropas al Libertador, por parte del primer Presidente de la República del Perú, tras la salida de San Martín, José de la Riva Agüero, ante el ataque de los realistas a Lima, Bolívar concede las tropas pero bajo la condición de que todas las bajas del ejército grancolombiano fuesen suplidas por peruanos.

Esta condición de auxilio fue un gran fraude pues se le exigió al Perú que se supliesen les bajas del ejercito grancolombiano no solo por muerte en acciones de guerra, sino por cualquier otro motivo, enfermedad e incluso deserción. Y la mayor parte de las bajas fue por deserción ya que, en un solo mes, llegaron a contarse cerca de 3.000 deserciones, mientras que en batalla, entre las batallas de Junín y de Ayacucho, apenas se perdieron 345 muertos y 699 heridos.

Se supone que entre 5.000 y 6.500 peruanos fueron desplazados hacia Colombia y Venezuela por causa de este tratado, y vagaron por el norte de Sudamérica hasta mediados del siglo XIX. Hoy se piensa que el traslado de estos reemplazos al norte era para la defensa de la Gran Colombia que ya enfrentaba sus primeros problemas internos.

Podemos leer, en muchas correspondencias de Bolívar de 1825, las órdenes para llevar estos reemplazos peruanos a Panamá, Venezuela y Colombia y la discreción que pedía a sus jefes para que la tropa no supiese hacia donde iba por el temor de que desertasen. Muchos de estos soldados, procedentes de la sierra peruana se vieron desplazados a las cálidas tierras tropicales de Colombia y Venezuela donde padecieron todo tipo de penalidades. Todo esto era conocido en el alto gobierno peruano por lo que el Presidente, Jose Domingo La Mar Cortázar, inició reclamaciones para la repatriación de estas tropas, labor que no se lograría completa hasta tan tarde como 1857.


José de la Mar Cortázar
Primer Presidente del Perú
(Cuenca, Ecuador, 1778 – Cartago, Costa Rica, 1830)

Todas las campañas de guerra en el Perú fueron pagadas con tributos y con ventas de tierras del estado, en muchos de los casos hasta por un tercio de su verdadero valor, con lo que la primera gran reforma agraria devino en el acrecentamiento de nuevos latifundios. De este venta indiscriminada de tierras solo se salvaron las tierras confiscadas a los españoles y que estaban laboradas por indígenas “yanaconas” (yanaconas eran los esclavos de los incas y después los que ejercían la servidumbre a los españoles)

En otro orden de ideas suele considerarse a Bolívar el propulsor de una Ley de Imprenta. Si bien la Ley contenía importantes logros en libertad de expresión, no es menos cierto que esta Ley nunca funcionó y que Bolívar fue un celoso defensor de su imagen que lo llevaba al irrespeto no disimulado de las formas, cuando no de los fondos, y que, al mejor entendimiento de lo que ocurre actualmente en estas tierras de su heredad, se permitía escribir cosas como esta que aparece en una carta de Bolívar a Tomás de Heres:


“…bueno sería dar un artículo en la Gaceta de Gobierno combatiendo a “El Sol” a nombre de un colombiano, diciendo que los colombianos no quieren estar más tiempo sin mí; y que los señores argentinos se pueden componer como quieran sin mí, puesto que son tan ingratos, y que el Libertador no debe meterse en nada tocante a Río de la Plata. Haga Vd. que el general Salom dé el artículo para que lo firme un oficial como Alzuru….el artículo debe decir todo con moderación y gracia, a fin de que pueda entrar en la Gaceta como remitido por un colombiano”

Y para más seguridad de que los comentarios fuesen siempre halagadores, Bolívar decide fundar un periódico, El Observador de Lima, eso si, con los dineros del estado. Parece que el ejemplo de Bolívar aún permanece en nuestros días.

De la España Virreinal la República hereda las minas del Perú, que en el antiguo régimen eran propiedad del Rey quien las cedía en usufructo a españoles o criollos que diesen garantías de una explotación eficiente y de que se preservase el pago del quinto real. Para asegurarse de todo esto el Rey autorizaba el uso de las “mitas” (mita en quechua significa turno de trabajo) que era el trabajo obligatorio de los indígenas por una tercera parte del año.


El Libertador en su gloria

Bolívar, en vez de considerar que lo que está debajo de la tierra es de los peruanos y promover la explotación por parte de ellos, adopta la misma práctica española y ahora las minas son propiedad de la República, y en consecuencia, a disposición de quien mande en la República, a su bien parecer. Bolívar entrega las minas peruanas a los ingleses, haciendo valer los ofrecimientos que ya había hecho en la Carta de Jamaica:


“Los montes de la Nueva Granada son de oro y plata, un corto número de mineralogistas explorarían más minas que las de Perú y Nueva España;
¡Que inmensas esperanzas presenta esta pequeña parte del Nuevo Mundo a la industria británica!”


Las concesiones de estas minas estuvieron llenas de maniobras, ardides y corrupción en modos y maneras que nada desdice de las que aún siguen ocurriendo en nuestras repúblicas modernas. El propio Bolívar propició los proyectos de la compañía británica Cochrane, la misma compañía arrendataria de sus minas del Valle de Aroa y a quien en 1825 proponía la venta de Aroa, una propiedad de 260 mil hectáreas. Cuando esto trataba Bolívar, con John Dundas Cochrane, no sabía el pobre inglés que la propiedad de las minas de Aroa aún estaba en litigio con los señores Lazo y Estévez.

Dentro del Perú comenzó la oposición a Bolívar encabezada por el arequipeño Francisco Xavier Luna Pizarro, quien había sido primer Presidente del Congreso Constituyente y quien apoyó a La Mar para Presidente de la República. Bolívar intenta por todos los medios que Luna Pizarro no esté en el Congreso y así escribe una carta al prefecto de Arequipa, general La Fuente:


” ¡Qué malditos diputados ha mandado Arequipa!
…Si Vd. Ama a su patria debería empeñarse en que varíe esta maldita diputación. Luna Pizarro engañó a Rivera Agüero, Luna Pizarro echó a Monteagudo y a San Martín, Luna Pizarro perdió a la Junta de Gobierno, por culpa de Luna Pizarro entró Torre-Tagle, por Luna Pizarro se perdió el Perú eternamente y por Luna Pizarro se volverá a perder, pues tales son sus intenciones”

Con diputados tan poco proclives a Bolívar, Bolívar consigue que el propio Congreso General, por él convocado, suspenda sus funciones y entre en receso.

Arequipa no le era favorable al Libertador. En una carta que Bolívar le dirigió a Hipólito Unanue, eminente catedrático de anatomía de la Universidad San Marcos de Lima y Ministro de Hacienda en el gobierno de Bolívar, asevera:


“Arequipa está llena de godos y de egoístas: aseguro a Vd. que con toda prevención favorable que les tenía, no me han gustado. Es el pueblo que menos ha sufrido por la patria y el que menos la quiere”


Al no poder el gobierno eliminar a los diputados de oposición, entonces recurre a invalidar los poderes de los diputados de Cusco, Lima y Arequipa. De todos modos la mayoría bolivariana termina por anular el Congreso. Por esas mismas fechas el gobierno le retira a los municipios el derecho de elegir a sus autoridades centralizando el poder de decisión en el propio gobierno. Después de eso el gobierno decreta que los prefectos convoquen a los Colegios Electorales de las provincias y que aprueben directamente la Constitución Vitalicia y el nombramiento de Bolívar como Presidente Vitalicio

En Lima crecía el descontento contra Bolívar y Bolívar veía conspiradores por todas partes, entre los supuestos conspiradores padecieron persecución el general Mariano Necochea, a pesar de haber luchado por la Independencia de Argentina, Chile y Perú. El no ser colombiano fue el gran baldón que hizo que fuese expulsado del Perú. Antes de irse devolvió las condecoraciones al gobierno de Bolívar pues del Perú solo quería llevarse “las heridas de guerra”.

Otro perseguido fue el General Guisse, un militar con una larga tradición que lo lleva desde servir a las órdenes del almirante Nelson hasta servir a las órdenes de San Martín como contraalmirante de la escuadra peruana. Héroe de muchas batallas, participó en el sitio de El Callao. Con unas acusaciones falsas es detenido en Guayaquil. Bolívar ordena remitirlo, por tierra, a Lima para ser juzgado. Cuando iba a mitad de camino Bolívar ordena regresarlo a Cuenca, en Ecuador, así lo mantenía lejos de Lima y del contacto con el resto de los disidentes. 17 meses después de ser apresado comenzó su juicio bajo Consejo de Guerra. Este Consejo de Guerra, después de que Bolívar pierde el poder en Perú en 1827, lo declara inocente. Guisse moriría al año siguiente luchando en Guayaquil contra las fuerzas de Bolívar.

Juan Félix de Berindoaga y Palomares, vizconde de San Donás, había sido ministro de Torre-Tagle a quien siguió al refugiarse en el Real Felipe de El Callao. Apresado cuando escapaba de las malas condiciones de vida existentes en el Real Felipe, es juzgado por haber negociado secretamente la entrega del Perú a los españoles mientras fue Ministro de Guerra, y condenado a muerte y ejecutado en la Plaza de Armas de Lima, a pesar de las solicitudes que se le hicieron a Bolívar de conmutación de la pena. Al día siguiente Bolívar organizó, en su residencia de la Magdalena, una gran fiesta con numerosos invitados. Bolívar le había cobrado, al parecer, que Berindoaga hubiese firmado, junto con otras personas de Lima, un escrito de rechazo a la dictadura del Libertador.

Otros nombres se unirán a estos, cada uno con su historia de oposición o conspiración, nombres como Bernardo Monteagudo, Hipólito Unanue, Manuel Lorenzo de Vidaurre, Jose María Pando y Jose Faustino Sánchez Carrión.

En Setiembre de 1826 Bolívar enfrenta problemas internos en la Gran Colombia, la delicada unión está por romperse en tantos pedazos como intereses hay en las naciones que la componen. El sueño de Bolívar está a punto de estallar y Bolívar se dirige hacia Colombia a bordo del bergantín “Congreso” mientras deja en el Perú un Consejo de Gobierno encargado de llevar adelante la imposición de la Constitución Vitalicia. Aquí comienza el principio del fin que acabará en la casa de un español en Santa Marta un triste día, el 17 de diciembre de 1830

El último bastión inexpugnable, contra la Constitución Vitalicia, fue la Corte Suprema de Justicia donde se logró que los magistrados no aprobasen la Constitución Vitalicia. Ante este hecho Bolívar presiona al Cabildo de Lima para que declare la validez de las actas de los Colegios Electorales. Esta misma presión la ejerce el gobierno contra todas las autoridades Limeñas, civiles, militares e incluso eclesiásticas para que todos juren fidelidad a la Constitución y Presidente Vitalicio.


Andrés Santa Cruz Calahumana
Presidente del Perú
(La Paz, Bolivia, 1795 – Versalles, Francia, 1865)

Las tropas de Lima se sublevan el 26 de Enero de 1827, cae el Consejo de Gobierno dejado por Bolívar y ante el descontento general y de conformidad con la solicitud presentada por el pueblo de Lima, el Presidente del Consejo de Gobierno, Andrés Santa Cruz Villavicencio, convocó el 27 de enero de 1827, un Congreso Constituyente Extraordinario, desconociendo de facto la Constitución Vitalicia de Bolívar y se convocan unas nuevas elecciones para la presidencia de la República. La dictadura de Bolívar había concluido.

Simón José Antonio Antonio

de la Santísima Trinidad

Bolívar y Palacios

(Caracas 1783, Santa Marta 1830)

BOLÍVAR, LIBERTADOR DEL PERÚ


Simón José Antonio
de la Santísima Trinidad
Bolìvar y Palacios

En todas las andaduras por el Perú, paseando por las bellísimas plazas de armas de las distintas ciudades peruanas, voy pensando en toda esa imaginería de exaltación de las glorias patrias y, al mismo tiempo que me llama la atención la excesiva glorificación de las figuras militares sobre las civiles, voy notando como la imaginería responde más a las renombradas figuras de la República y de las luchas con Chile que a las figuras de la emancipación americana. Y más aún, acostumbrado al culto, cercano a la latría, que existe en Venezuela a la figura de Simón Bolívar, no deja de llamarme la atención la, prácticamente, ausencia de monumentos al recuerdo del Libertador. En Venezuela ya es poco lo que no hace referencia a Bolívar y al Libertador, y en Perú casi no hay nada.

En Lima he visto dos monumentos al Libertador, uno es la estatua ecuestre en la Plaza Bolívar o del Congreso, premonitorio lugar para Bolívar ya que la Plaza se llamaba anteriormente Plaza de la Inquisición por haber estado allí el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición. Curioso lugar donde los limeños han puesto a Bolívar. Esta estatua ecuestre de Lima (develada en 1859) es idéntica a la que está en la plaza Bolívar de Caracas (develada el 07-11-1874) ya que la estatua caraqueña fue hecha usando el mismo molde de yeso hecho por Adán Tadolini en Italia previo permiso de las autoridades peruanas.

El otro monumento, más reciente, esté en el poco frecuentado municipio limeño de Pueblo Libre, en la encantadora Plaza Bolívar que acoge a la Municipalidad y a un muy didáctico Museo de Arqueología, Antropología e Historia del Perú.

Ahondando la historia, alejado de las influencias interesadas de la historiografía venezolana y de los aún más tendenciosos discursos oficiales del papel emancipador de Bolívar, me propuse oír las versiones peruanas del común de la gente, al mismo tiempo que me documentaba con historiadores peruanos. Unos y otros coinciden en valorar de modo contradictorio los alcances de la actuación de Bolívar en la Emancipación del Virreinato del Perú y en los pasos que se dieron en la primera República Peruana.


Estatua ecuestre de Simón Bolívar en Lima


Tal vez tengan los peruanos, actualmente, una visión más correcta de los sucesos emancipadores de comienzos del siglo XIX. Estamos acostumbrados a oír las versiones del enfrentamiento entre naciones, España vs nacientes naciones americanas, cuando lo que ocurrió fue un desgajamiento en la sociedad americana, en las propias familias americanas, lo que bien puede ser hoy llamado como una “guerra civil” o como la revulsión interna destinada a corregir los males inherentes a cada sociedad en particular. Cada parte de Hispanoamérica, desde la alta California hasta el sur de la Argentina o de Chile han ido conformando, a lo largo de 300 años, sociedades o reinos, que van alcanzando la madurez y el sentido crítico, con voluntad decidida de introducir las reformas sociales y políticas que la historia evolutiva de los pueblos va haciendo necesarias.

Manuel Amat i Junyet
Virrey del Perú

En el Perú de finales del siglo XVIII sobrevive el poderío de la aristocracia colonial hispana: es la Lima frívola y mundana de Micaela Vargas, la Perricholi, y del jacarandoso Virrey Marqués Manuel Amat i Junyet, viejo rijoso y representante conspicuo del siglo dieciocho colonial, cliente de palio y jarana, jaleador en Acho de buenos toreros, paradigma de la Lima churrigueresca que goza alegremente de la servidumbre indígena. La Lima de los Marqueses de Torre-Tagle, serviles de la Revolución que pronto traicionarán. Porque, en realidad, en Lima toda o casi toda, la clase “decente” es goda o agodada. Una Lima que verá su esplendor en edificios civiles, religiosos y militares: La casa del Marqués de Torre-Tagle, el convento de las Nazarenas y el Real Felipe. La Lima virreinal, que celebra amancaes y baila en saraos con fandangos y zamacuecas, está por terminar.

Marqués de Torre-Tagle

Con la independencia o emancipación de las sociedades hispanoamericanas se fundaron, a veces artificialmente, las naciones americanas, pero las sociedades virreinales pervivieron en las nacientes repúblicas. Se cambiaron los estados nacionales, pero la sociedad tardó mucho más en adaptarse al cambio. La mayor parte de los cargos burocráticos del Virreinato permanecieron inalterados en la República. Nombres tan ilustres como Gamarra, La Mar, Vidaurre o Castilla fueron presidentes de la República del Perú habiendo sido antes oficiales del Rey de España. Incluso las leyes que rigieron la sociedad civil y militar, hasta bien entrado el siglo XIX, estuvieron fundadas en toda la legislación virreinal.

En la Emancipación se conjugaron múltiples circunstancias, unas intelectuales, otras sociales, otras políticas, y cohabitando con algunas de ellas los deseos personales, el especial “chauvinisme” de cada quién, ambiciones personales de poder o de posesiones. Una de las aproximaciones a las causas de la emancipación, y de las más importantes, es el conocimiento que cada sociedad tenía de ser una entidad geográfica, con una historia común, con unas circunstancias sociales y económicas, que la individualizan de las demás. Tal vez sea el caso peruano uno de los más claros ejemplos porque esta identidad ya es puesta de manifiesto tan temprano como en siglo XVII como para que sea recurrente en los escritos del Inca Garci Lasso de la Vega, nuestro inmortal Garcilaso de la Vega.

En el la Real Audiencia de Quito la revolución de 1809, la encabezan cuatro marqueses criollos: el Marqués de Selva Alegre, el Marqués de Solanda, el Marqués de Villa Orellana y el Marqués de Miraflores. Desconocían la autoridad local española y se revelaban para:


“la conservación de la verdadera religión, la defensa de nuestro legítimo monarca y la propiedad de la patria”


Como en otras regiones de la América Hispana, la revolución enfrentó la indiferencia y la hostilidad de la gente común. Más parecía una revolución de nombres en defensa de sus propios privilegios.

Después de conocidos en América los sucesos de Bayona (Abdicación de Carlos IV y de su hijo Fernando y nombramiento de José I Bonaparte como Rey de España) se forman las Juntas Americanas para defender los derechos que, sus pueblos y comunidades, tenían como depositarias de la soberanía que viene de Dios. En virtud de esa creencia tomista asumen su propio gobierno en tanto en cuanto el Rey legítimo estuviese preso en Bayona por los franceses.


La familia Real de Carlos IV por Francisco de Goya

El Cabildo de Lima mantuvo los derechos corporativos que le habían sido quitados por la corona de España y a cambio se sintió obligada a apoyar la monarquía borbónica a raíz de los sucesos en España de Mayo de 1808. Durante el lapso liberal que desemboca en las cortes de Cádiz de 1812 el Cabildo Limeño tiene que abandonar las prácticas absolutistas y plegarse al nuevo pacto social que representa la Constitución Española de 1812. El Cabildo Limeño antes que pensar en una emancipación lo que pretende es mantener una autonomía institucional respetando tanto a la monarquía como a las autoridades del Virreinato.

Estos sucesos en torno a la Constitución de 1812 nos indican cual era el ambiente en el Virreinato del Perú por los mismos años en que bullían los movimientos emancipadores, primero en Tacna en 1811, en Huánuco en 1812 y la más importante de todas, la de Cusco de 1814, que se extiende a buena parte del Virreinato por la confrontación entre el Cabildo Constitucional y la Real Audiencia de Cusco. Las luchas entre ambos se alargaron hasta 1815 con la victoria final de los realistas.

El bando proclamado por Francisco Antonio de Zela y Arizaga (Lima 1786-Panamá 1821), quien dirigió el levantamiento de Tacna en 1811, es sintomático de lo que ocurría. No tenemos documentos que demuestren el carácter político del alzamiento, ni tampoco el bando reflejó el deseo de cambio de cabildos o corporaciones ni las aspiraciones gremiales de nadie. Más bien el carácter general de la proclama es la fidelidad a la corona española. En la proclama, Zela, manifiesta ser:



“…el más fiel esclavo de nuestro señor don Fernando VII…”


Y declara en su proclama haberse levantado:


“… en virtud de la justa defensa que se hace para la conservación de estos justos dominios en beneficio de nuestro oprimido soberano, el señor don Fernando VII y de quien justo título tenga al trono español”

Es evidente la poco “emancipadora” voluntad que tenían estas insurrecciones.


Fernando VII por Francisco de Goya

La de Cusco de 1814 es una rebelión más contra el constitucionalismo nacido en Cádiz por parte de los partidarios del absolutismo de Fernando VII y el surgimiento de una tercera vía que proclamaba la restitución de las leyes naturales, abolir la autoridad real y unirse a los emancipadores de Buenos Aires.

Las pocas ambiciones emancipadoras de la sociedad peruana hacen que no sea hasta 1820 en que San Martín y O’Higgins logran organizar la expedición que sería el primer paso para la liberación del Perú de la Corona Española. Así se produce el desembarco del general José de San Martín, en la bahía de Paracas.

El 21 de agosto de 1820, se embarcó el Ejército Unido en Valparaíso a bordo de 11 barcos, bajo bandera chilena y mando de Thomas Cochrane. Contaba con un ejército de 4.118 soldados de los cuales la mitad eran negros libertos. El 7 de septiembre la expedición libertadora estuvo frente a la bahía de Paracas, en las costas de Pisco, actual región Ica en el Perú, y el día 8 de septiembre de 1820, desembarca y ocupa Pisco. Desembarcado, José de San Martín, dirigió una proclama a sus tropas y estableció un código de ética a sus tropas para el mejor comportamiento de las mismas durante la campaña que iba a iniciar.

José de San Martín y Matorras
(Yapeyú, Argentina, 1878 – Boulogne sur Mer, Francia, 1850
)


¿Representaba San Martin las ambiciones expansionistas del antiguo Virreinato de la Plata? ¿Representaba O`Higgins las ambiciones expansionistas de Chile? Sean cuales fueran las verdaderas causas que los movieron, estas operaciones militares sobre el Perú se conocen hoy como la “Corriente libertadora del Sur”

El 14 de septiembre de 1820, el virrey del Perú, Capitán General Joaquín de la Pezuela, que había jurado cumplir la Constitución Liberal de 1812, por orden de Fernando VII, envió una carta a José de San Martín ofreciéndole entrar en negociaciones. El día 15, San Martín aceptó entrar en negociaciones. A partir del día 25 de septiembre, los patriotas y realistas comienzan las primeras negociaciones en lo que se ha denominado las Conferencias de Miraflores y que concluyeron el 4 de octubre sin llegar a ninguna conclusión.

El ejército realista al mando del general José de Canterac, ya había dejado Lima, rumbo a la sierra, el 25 de junio de 1821. Álvarez de Arenales fue enviado en su persecución. El ejército patriota, estaba a punto de presentar una batalla frontal, cuando el general San Martín, lo impidió: era indudable que San Martín no deseaba un enfrentamiento frontal con las tropas españolas.

El 5 de junio de 1821, el nuevo virrey del Perú capitán general José de la Serna e Hinojosa, anunció a los limeños que abandonaba Lima para refugiarse en el Callao, al amparo de la fortaleza del Real Felipe. El sábado 28 de julio de 1821, en una ceremonia pública muy solemne, José de San Martín y Matorras, proclamó la independencia del Perú. Primero lo hizo en la Plaza de Armas, después en la plazuela de La Merced y, luego, frente al Convento de los Descalzos. Según testigos de la época, a la Plaza de Armas asistieron más de 16.000 personas. El libertador San Martín exclamó:

” el Perú es desde este momento libre e independiente por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa que dios defiende
viva la patria! ¡viva la libertad! ¡viva la independencia!”

Las fuerzas realistas abandonan Lima y se refugian en la sierra, el Virrey de la Serna y el General Canterac se encuentran en Jauja en Octubre de 1821. Este será el último bastión realista hasta la intervención de la “Corriente libertadora del Norte” la acción militar de la Gran Colombia que ya estaba libre desde Carabobo, el 24 de Junio de 1821.

Luego de la Batalla de Pichincha, la Gran Colombia había eliminado la mayoría de los contingentes realistas en su territorio y la amenaza mayor paso a ser el Perú, donde en la sierra se encontraba el último ejército realista superviviente y donde el gobierno del Protector José de San Martín había sentado las cimientos independizando Lima y el Norte Peruano.

Proclamación por San Martín de la Independencia del Perú
el 28 de julio de 1821

Simón Bolívar había logrado aprovechar la poderosa base de la Gran Colombia que le permitiría terminar con el largo proceso emancipador en el Perú que luego del impulso que significo las campañas de San Martin en Chile, lucia estancado en el Perú por los conflictos internos en que se sumergió el gobierno de la República del Perú, y más tarde por la inestabilidad del Protectorado tras la retirada de San Martín. Simón Bolívar sabía que el último reducto se encontraba en el Perú y que, si quería asegurarse la independencia, no podía ignorarse a los realistas acantonados en la sierra peruana y en el Alto Perú.

Simón Bolívar y Palacios
(Caracas1783 – San Marta 1830)

En la entrevista de Guayaquil los dos libertadores, Bolívar y San Martín, trataron el tema de a quien correspondía la soberanía sobre la Provincia Libre de Guayaquil, pero más importante aún, cual seria la solución para la independencia del Perú y cual seria el sistema político que se instalaría: uno monárquico constitucional, como deseaba San Martín, o Republicano como lo quería Bolívar. Pero siempre ambos sistemas independientes de España. Así mismo San Martín le ofrecía a Bolívar la unión de los dos ejércitos concediéndole, incluso, el mando de los ejércitos unidos.

La entrevista se saldó favorablemente para los intereses de la Gran Colombia que ratificó su anexión de Guayaquil. Ante el retiro del Protector y las desafortunadas derrotas militares durante el gobierno del presidente Riva Agüero, el congreso peruano decidió solicitar la intervención de Simón Bolívar. Bolívar ya había enviado antes al General Antonio José de Sucre, que mantuvo la autonomía de las agrupaciones militares de Colombia. Bolívar, se embarca para el Perú y arriba a Lima el 10 de septiembre. Los encuentros del año 1824 serían favorables para los grancolombianos, las tropas grancolombianas triunfaron en la Batalla de Junín a las órdenes de Bolívar, y en la Batalla de Ayacucho a las órdenes de Antonio José de Sucre. Finalizado el sitio del Callao en enero de 1826, termina el proceso independentista del Perú.

Conferencia de Guayaquil el 26 de julio de 1822
A la izquierda Bolívar, a la derecha San Martín

CUESTIONES HISTÓRICAS SOBRE FRANCISCO PIZARRO


Francisco Pizarro


Uno de los más entretenidos libros sobre el Perú, tanto el precolombino como el virreinal y el republicano, es el libro “Cien tradiciones Peruanas” de Manuel Ricardo Palma Soriano

Ricardo Palma fue hijo de Pedro Palma Castañeda y de doña Guillermina Soriano Carrillo; nieto paterno de Juan de Dios Palma y de Manuela Castañeda. Nació en Lima el 7 de febrero de 1833. Desde joven tiene escarceos con la política desde el bando de los liberales, lo cual le lleva a participar en una conjura fallida contra el presidente Ramón Castilla que termina con su destierro a Chile durante tres años. La política le deparará los cargos de Cónsul del Perú, Senador por Loreto y funcionario del Ministerio de Guerra y Marina. Pero fueron las letras la actividad en la que destacó. Desde temprano empieza a escribir poesía y piezas teatrales, asimismo a realizar colaboraciones en periódicos del país. Tiene una gran presencia en la prensa satírica, en la que es un prolífico columnista y uno de los baluartes de la sátira política peruana del XIX. Empieza colaborando en la hoja satírica El Burro para ser posteriormente uno de los principales redactores de La Campana. Más delante funda la revista La Broma.

También es un colaborador asiduo de publicaciones serias como El Mercurio, El Correo, La Patria, El Liberal, Revista del Pacífico y Revista de Sud América. También actúa como corresponsal de periódicos extranjeros durante la Guerra del Pacífico. En (1872), se ve publicada la primera serie de su obra capital Tradiciones Peruanas.

Ricardo Palma Soriano
Lima 1833 – Miraflores 1919


A lo largo de su vida va publicando artículos históricos, trabajos de investigación como Anales de la Inquisición de Lima e incluso estudios lexicográficos sobre la variedad peruana del español.

El éxito cosechado por sus Tradiciones, y su incansable quehacer intelectual, lo convierten en una figura reconocida en vida, no solamente en su país, sino en todo el mundo de habla hispana, que lo acoge como uno de los escritores clásicos de prosa más amena del continente americano. Es miembro correspondiente de la Real Academia Española, la Real Academia de la Historia y de la Academia Peruana de la Lengua así como miembro honorífico de la Hispanic Society de Nueva York. En 1881 participa en la defensa de Miraflores durante la batalla de Miraflores del 15 de enero de 1881, en el Reducto Nº 2, al mando del coronel Ramón Ribeyro, donde las tropas invasoras luego de la batalla, incendiaron la ciudad incluyendo su casa. En 1883, es nombrado director y restaurador de la Biblioteca Nacional del Perú.

Contrajo matrimonio con Cristina Román Olivier; siendo padre de varios hijos. Su hijo Clemente Palma fue un destacado escritor, autor de cuentos fantásticos, generalmente de terror, influidos por Edgar Allan Poe. Su hija Angélica Palma fue una de las fundadoras del movimiento feminista peruano. Muere en la localidad limeña de Miraflores, en 1919.

Encantador escritor, Haya de la Torre dijo de él que era “Tradicionista pero no tradicionalista”, para José Carlos Mariátegui (Moquegua 1894-Lima 1930), el gran autor de “7 ensayos de interpretación de la realidad peruana”, periodista, escritor y pensador socialista, Palma es “dueño de una burla que roe risueñamente el prestigio del Virreinato y el de la aristocracia”. Publicó entre 1872 y 1910 sucesivas series de “tradiciones peruanas”


José Carlos Mariátegui

Estas series nos hablan de relatos de la historia del Perú o relatos costumbristas muy al estilo de nuestro gran Mariano José de Larra, con mucho más valor literario que histórico dados los datos anecdóticos, las más de las veces, que llenan sus escritos y usando un lenguaje pletórico de refranes, proverbios y canciones y coplas.

En la cuarta serie, publicada en 1883,Ricardo Palma escribe “Tres cuestiones históricas sobre Pizarro”:


¿Supo o no supo escribir?
¿Fue o no fue Marqués de los Atavillos?
¿Cuál fue y dónde está su gonfalón de guerra?

I

¿SUPO O NO SUPO ESCRIBIR?


Casi todas las biografías, de mayor o menor extensión, lo mismo los opúsculos escritos sobre su vida, comienzan con los mismos juicios de valor sobre el analfabetismo de Francisco Pizarro. No podemos juzgar los niveles educativos de un castellano del siglo XV o del XVI a la luz de los conceptos que manejamos en el siglo XXI. Recordemos que a finales del siglo XV, cuando Cristóbal Colón comienza la larga andadura de convencer a alguien de que su empresa era factible, no hablaba ni portugués, ni castellano, su lengua materna era el genovés, que no era una lengua para ser escrita sino un dialecto hablado, lo cual dificultó enormemente la documentación escrita de sus requerimientos y explicaciones. Cuando Colón llega a Portugal era un, por decirlo de alguna manera, “analfabeto” en escritura. Será en Portugal, y posteriormente en Castilla, donde aprenderá a escribir los idiomas que aprendió a hablar, el portugués y el castellano, sobre todo este último pues el castellano estaba considerado como una “lengua educada”, incluso en el mismo Portugal. Su ortografía portuguesa, al escribir en castellano, hace presumir que aprendió primero el portugués que el castellano, si bien no nos han llegado manuscritos suyos en portugués. También aprendió a leer en latín porque era la lengua en la que estaban escritos la mayor parte de los manuscritos y este mismo idioma usaba para firmar los documentos cuando debajo de sus iniciales escribía “Xto Ferens”, que significa, traducido del latín, “el que lleva a Cristo”. Pero en la mayor parte de su vida fue un ágrafo completo.


Firma de Cristóbal Colón


Cristóbal Colón

En el siglo XV presenciaremos en Castilla el desarrollo de lo que se llamó Renacimiento en Italia y que nosotros, con nuestras propias particularidades llamaríamos Humanismo, que supuso un paso de gigante hacia la modernización de la sociedad en cuanto a la educación de las todas las clases sociales. Para 1450 ya existen en España 6 Universidades y ya se sabe que en todas las ciudades castellanas de más de dos mil habitantes ya había escuelas para la enseñanza del latín. La circunstancia histórica de la España Imperial condicionó la singularidad de un renacimiento cultural, de su desarrollo y evolución. Este periodo se caracteriza por un interés socio-político y económico de una burguesía incipiente. La cultura humanista preside la retórica de un discurso social en el que la felicidad del pueblo se supone debía provenir de la democratización cultural gracias a una lengua común, la lengua castellana.

Así nos describe, Antonio Martínez de Cala y Jarava (Lebrija, Sevilla 1441 — Alcalá de Henares, 5 de julio de 1522), más conocido como Elio Antonio de Nebrija, el nacimiento del castellano:


“La lengua castellana tuvo su niñez en los tiempos de los jueces y reyes de Castilla y León, y comenzó a mostrar sus fuerzas en tiempos del muy esclarecido y digno de toda la eternidad el rey Don Alfonso el Sabio, por cuyo mandato se escribieron las Siete palabras, la general Istoria, y fueron trasladados muchos libros del latín y arábigo en nuestra lengua castellana;… y así creció hasta la monarquía y paz de que gozamos”

Pero será en los tiempos del Humanismo en que, Elio Antonio de Nebrija, en el mismo año del descubrimiento de América, 1492, abre otro mundo de posibilidades al publicar la “Gramática de la Lengua Castellana” para el conocimiento de las letras entendidas estas como el arte de hablar y escribir correctamente. España vive un desarrollo cultural estrechamente unido a su evolución política. Queda reflejado que el desarrollo y evolución de una lengua implica y explica la historia cultural de los pueblos, su florecimiento o decadencia. Preguntado por Isabel la Católica sobre el sentido que tenía componer una gramática castellana, Nebrija destacó la importancia política de la lengua, y añadió:

“Una cosa hallo e saco por conclusión mui cierta: que siempre la lengua fue compañera del imperio”

Elio Antonio de Nebrija

El carácter unívoco de la lengua lo entendió perfectamente Elio Antonio de Nebrija al publicar en 1492 su famosísima “Gramática de la lengua castellana” (dividida en Ortografía, Prosodía, Etimología y Sintaxis). Este tratado tiene un contenido filosófico que llega mucho más allá de ser un sistema normativo para explicar las cosas con el mínimo de los recursos y principios. Dar cuenta de la realidad es una labor del lenguaje, así al fijar de modo uniforme las reglas de la comunicación verbal o escrita, en la diversidad de lenguas y modismos de la península es propender a la unión y a la cohesión. Esta será la argamasa que unirá a los pueblos hispanoamericanos y que forjará, al mismo tiempo, la fuerza política. Al mismo tiempo los trabajos de Francisco de Vitoria y de Luis Vives sentarán las bases humanísticas que serán el bagaje cultural que España transferirá a sus provincias americanas en un fenómeno de transculturización único en el mundo occidental.


Elio Antonio de Nebrija
explicando su Gramática

Pero no existía un sistema de educación popular de masas, solamente se educaba el que iba para letrado o para religioso. Estima el historiador e hispanista francés, Bernabé Bennassar, que entre 1540 y 1650 estaba alfabetizado un 90% de los nobles; y de las mujeres de la nobleza, aunque muchas sabían leer, no pocas no sabían escribir. Entre pequeños comerciantes, labradores y de otros oficios manuales estaba alfabetizado alrededor de un 40%. Y entre servidores domésticos, jornaleros y peones, prácticamente eran analfabetos el 100%, por lo que se puede estimar que a comienzos del siglo XVI eran analfabetos el 90% de la población. Tan es así que los primeros intentos de adoctrinamiento cristiano de la Iglesia con los catecismos del Padre Astete y del Padre Ripalda, a finales del XVI, contenían abecedarios para una primera ilustración y esta era práctica normal desde el siglo anterior.

Era de uso común, en la época de Isabel y Fernando, el nombramiento de ayudas de cámara con este encabezamiento:

«Y por cuanto vos, Hernándo Díaz de Rábaga, nos habéis probado no saber leer ni escribir y ser expedito en el manejo de la aguja, hemos venido en nombraros ayuda de nuestra real Cámara, …»

Lo cual demuestra que el analfabetismo era bastante común en la época y que en nada desmerecía para poder acceder a un título.

Durante el siglo XV tenemos indicios de que en países como España y Francia ya se enseñaba a leer y escribir en lengua vernácula y no en las lenguas cultas como se tenían al latín y al griego. El desplazamiento es significativo en tanto se dejó el aprendizaje del latín para los estudios avanzados y se empezó a enseñar la lectura y la escritura en la lengua materna. En la Europa del siglo XVI existían preceptores de escritura quienes recibían a los alumnos en su casa o bien, acudían al domicilio de éstos. En esencia eran “particulares” –aunque en ocasiones organizados en gremios– que tenían cierta autonomía con respecto a las autoridades municipales y religiosas. En algunas regiones hubo preceptores itinerantes que recorrían pueblos y pequeñas comunidades ofreciendo sus servicios, pero era esta una práctica que solo se usaba en las altas clases dominantes, no era propia de siervos ni de señores de la guerra, la instrucción general podemos decir que estaba en sus comienzos en el siglo XVI. Y esta práctica de la instrucción será llevada, posteriormente, a las provincias americanas, específicamente en la Nueva España y en la Nueva Granada, con la novedad introducida, sobre todo por los Jesuitas, de enseñar el catecismo en lengua nativa.


Madonna de los Reyes Católicos, c. 1495

No es de extrañar pues que, Francisco Pizarro, un porquerizo de Extremadura, hijo natural de un alférez de los Reyes de Castilla y Aragón, Gonzalo Pizarro apodado “el largo”, y de una campesina y doncella de servir de Beatriz Pizarro, Francisca González Mateos, y que después habría de dedicarse a la guerra siguiendo a Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, fuese analfabeto.

En el contrato que se firma en Panamá en Mayo de 1524 entre los capitanes Francisco Pizarro y Diego de Almagro y el clérigo Hernando de Luque (testaferro de Gaspar de Espinosa proveedor de los fondos de la expedición), se deja constancia del analfabetismo de Pizarro y de Almagro:


“Y porque no saben firmar el dicho capitán Francisco Pizarro y Diego de Almagro, firmaron por ellos en el registro de esta carta Juan del Panés y Álvaro del Quito”



El cronista vallisoletano Agustín de Zárate (1514-1560) fue durante quince años contador del Consejo de Castilla y en 1543 fue nombrado contador de mercedes para el Virreinato del Perú y Tierra Firme. En 1544 va con la expedición de Blasco Núñez de Vela al Virreinato del Perú. Estando en este puesto la Audiencia de Lima le nombró como negociador entre los encomenderos, que estaban al mando de Gonzalo Pizarro y el Virrey. En el transcurso de las negociaciones fue hecho preso por Gonzalo Pizarro. En 1545 volvió a Castilla donde tuvo que enfrentar cargos por traición. En la corte y por encargo del Príncipe de Asturias, el futuro Felipe II, escribió una historia y descubrimiento del Perú, que narraba tanto la conquista por parte española como acontecimientos anteriores, teniendo como límite cronológico la muerte de Gonzalo Pizarro.



Firma autógrafa de Agustín de Zárate

En ese texto, que recibió como primer título “Historia y descubrimiento del Perú”, afirma que Pizarro solo sabía hacer dos rúbricas y así lo constató Ricardo Palma en la Biblioteca de Lima donde vio varios manuscritos con estas dos rúbricas y en alguno de ellos también vio que entre las dos rúbricas alguien, tal vez el secretario, había escrito “El marques Francisco Pizarro”. La rúbrica escribía:



Supuesta firma de Francisco Pizarro


Hay otros textos rubricados en varios archivos limeños y en el Archivo General de Indias donde Ricardo Palma asegura que la rúbrica que aparece tiene las mismas características caligráficas que las del amanuense que escribió el documento. De todos modos la disquisición sobre la veracidad o no de la rúbrica no necesariamente nos atestigua que supiese escribir más allá de eso, y lo que sí es definitivo es que no disponemos de ningún texto escrito atribuido a su mano mas allá de las posibles rúbricas antes dichas.



Su firma autógrafa de puño y letra,
estampada en el Acta de Fundación de Lima,
fechada el lunes xviij del mes de henero de el dicho año (1535)

En una bula papal del siglo XVI que se conserva en el Archivo General de la Nación del Perú aparece una supuesta firma de Pizarro. Y en otro documento llamado Protocolo Ambulante de los Conquistadores”, que data de 1533, considerado como el más antiguo del que tengamos noticia se guardan todas las escrituras sobre la repartición de tierras, de ganado, y se detalla que fueron aprobadas por Francisco Pizarro, quien estampó su propia firma. Según versiones, el conquistador era considerado analfabeto, pero sin embargo su firma –para darle valor a las escrituras– permanece impresa en las adquisiciones que se hacían y que quedaban inscritas en dicho libro, como por ejemplo la compra-venta de ganado vacuno signada con el número 191, considerada la más antigua.

De todos los libros referidos a su biografía o referidos a la conquista y descripción del Perú, no hay ni uno solo que mencione algún escrito o que mencionase que Pizarro estuviese alfabetizado. El historiador francés Bernard Lavallé, que ha escrito la biografía definitiva de Francisco Pizarro, también certifica el analfabetismo de Pizarro. Como todos los historiadores anteriores se afirma solamente esto pero no se hace una evaluación del significado del analfabetismo en su época y a veces pareciera que se quisiese valorar este dato a los ojos del tiempo presente como minusvalorando al personaje. Otro escritor peruano, Roberto Barletta Villarán, en una reciente biografía del conquistador también afirma su analfabetismo pero en estos términos:


“Una de las grandes virtudes de Pizarro, fue la de aprender lo más destacado de todos aquellos que fueran sus jefes. A pesar que toda su vida fue un analfabeto, se mimetizaba con ellos”

LA CIUDAD DE LOS REYES DE LIMA Y PÍO BAROJA

A mi amigo limeño Pedro Otero Navarro

Tal vez fuese por los manuscritos de los artículos de mi bisabuelo, Regino Vigil-Escalera y Suero-Carreño, cuando escribía como corresponsal en Madrid para el “Diario de la Marina” de la Habana y para el “Diario de Manila” (decano de la prensa filipina), y para la revista “Asturias” de la Habana, artículos de corte costumbrista bajo los títulos de “Madrid a pie” y “Madrid pintoresco” que empecé a leer sobre las Filipinas y la ciudad de Manila. Mi bisabuelo, abogado, fue un alto funcionario del Ministerio de Hacienda en Manila, a solicitud del Ministerio de Ultramar, allá por los años de 1868 a 1873. De ambiente filipino escribió zarzuelas y obras de teatro como “República doméstica” (de ambiente popular y social filipino), “Un día de gloria” (que exalta los hechos de las fuerzas expedicionarias a Joló contra los piratas moros en 1876) y “Viaje redondo” (teatro de costumbrismo filipino). Algunas fueron traducidas al tagalo por el éxito obtenido.

Sus artículos están llenos de descripciones de Manila y de sus gentes y fue tan conocedor y divulgador de las costumbres e idiosincrasia de los filipinos, así como de la realidad socioeconómica de estas colonias, que fue nombrado Comisario de la Exposición General de las Islas Filipinas que se celebró en Madrid en 1887.


Regino Vigil-Escalera y Suero-Carreño

El siglo XIX vio proliferar los libros y artículos sobre viajes, sobre nuevas tierras, sobre tierras exóticas, y los artículos y las obras de Regino Vigil-Escalera están llenos de esas descripciones que, aún hoy, son perfectamente asimilables al siglo XXI.

Por esas casualidades de la vida en estos días viajeros, de nuevo por el Perú, me llevé para releer un libro que me iluminó los años mozos, ese, como todos los demás libros de Pío Baroja, nos habrían nuevos horizontes con sus relatos de viajes. Eran casi como el complemento literario para otros libros, otros autores, Emilio Salgari, Jules Verne o Joseph Conrad. Pero sus relatos eran mucho más profundos que los de los autores citados. La tipología de los personajes de sus obras trasciende el relato de una simple aventura y se adentran en la caracterización de los personajes volcando en ellos toda la filosofía contagiada del pesimismo de Schopenhauer, esa misma sensación de “neurosis pesimista” que arropó a todos los escritores de la generación del 98, de la cual nace el regeneracionismo que proclamaba Joaquín Costa o la redención por la acción. Muchos de los personajes de sus novelas recrean la España castiza, también la España pícara pero noble, no la cínica de Alfarache, y lleva ese mismo mundo también a la Lima del Capitán Chimista que hablará de “tapadas” y rabonas y de unos personajes marginales que le dan siempre al relato un tono lúgubre.

Pío Baroja y Nessi nació en Donosti el 28 de diciembre de 1872, estudió y la carrera de Medicina en Valencia y Madrid y ejerció en Cestona, en 1894, hasta que solo se dedicó a escribir al publicar su primer trabajo en 1900.


Don Pío Baroja y Nessi

Su obra literaria se puede resumir en 10 grupos de trilogías y tetralogías de los cuales los que siempre más me impactaron fueron:


  • Tierra vasca: agrupa La casa de Aitzgorri (1900), El mayorazgo de Labraz (1903) y Zalacaín el aventurero (1909)

  • La vida fantástica está formada por Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox (1901), Camino de perfección (pasión mística) (1901) y Paradox rey (1906)

  • El mar: Las inquietudes de Shanti Andía (1911); El laberinto de las sirenas (1923); Los pilotos de altura (1931); La estrella del capitán Chimista (1930)

Muchos jóvenes de mi época aprendieron a conocer el carácter de la tierra vasca leyendo la Casa de Aitzgorri y el Mayorazgo de Labraz y se entretuvieron admirados con el conspirador Aviraneta y las aventuras, inventos y mixtificaciones del excéntrico Silvestre Paradox o las aventuras de Zalacaín y muchísimo más con el inquieto Shanti Andía y el viajero y esclavista Capitán Chimista y aprendieron de lugares y gentes distantes con sus relatos.

La imaginación de Baroja, en estas descripciones de lugares lejanos, es la misma que desarrolló Emilio Salgari al describir tantas y tan disímiles tierras, pueblos o costumbres de países que jamás había pisado. Emilio Salgari nos llevó de su mano por la India hasta Mompracén y por el Amazonas hasta dar con los indios caribe y por el mar Caribe hasta la codiciada Maracaibo, por las lejanas praderas del Far-West o la Flor de las perlas de las Filipinas y las tormentosas aguas cubanas en la Capitana del Yucatán. En ninguno de esos sitios había estado Salgari, como tampoco estuvo Pío Baroja en la Habana, Panamá, Macao y la China, la Manila Filipina y la Ciudad de los Reyes de Lima que visitó el Capitán Chimista en su larga singladura por el Atlántico y el Pacífico.

La presencia vasca en Filipinas, por ejemplo, no se reduce a la fundación de Manila ni al tornaviaje del galeón de Acapulco, y a los nombres de Elcano, Legazpi y Urdaneta, añade Baroja, por boca del capitán Chimista, el del franciscano Melchor de Oyanguren, que fue el primero que hizo un estudio del tagalo comparado con otras lenguas y el de Lorenzo Ugalde, general guipuzcoano que luchó en el siglo XVII contra la Armada holandesa.

La estrella del Capitán Chimista es una novela que pertenece a la trilogía de “El mar” y viene a ser la segunda parte de “los Pilotos de altura”. Fue publicada en 1930 y narra las aventuras y desventuras de un capitán negrero, pirata de los mares del Pacífico sur, que lanzaba a su tripulación francesa al grito de “Eclair” “adelante” (Eclair significa lo mismo que “Tximista”, rayo)“ al abordar las naves enemigas. El Capitan Chimista, es un ser atrapado sin remedio en el círculo cerrado e indestructible de un oficio que determina la forma de ser y de pensar de quienes lo ejercen. El barco, la tripulación, el mar, el puerto del que ha salido y los puertos a los que ha llegado, su casa propia y los hoteluchos a los que arriba en sus singladuras forman un conjunto impermeable de personas y lugares muy unidas entre sí, pero aisladas del resto de los grupos sociales. Su lenguaje y sus evocaciones refuerzan esta impresión de hermetismo, de integración total en su grupo humano, de acomodo en una manera de vivir y forjar un ambiente especial. Y así, con esa misma fruición, nos describe los lugares visitados y las personas conocidas.

En la Habana, Chimista, tenía fama de haber sido marino, taumaturgo, charlatán, sacamuelas, prestidigitador y buscador de minas de oro; pasaba como médico homeópata y alquimista, tenía visos de masón y, en efecto, era pirata que merodeaba por Jamaica y Santo Domingo cual nuevo Barba Roja. Unos decían que era vasco, y otros que francés de apellido Leclercq, y que había fundado la “Sociedad del relámpago” y que navegó goletas y pailebotes y balandras raqueras con tripulaciones negras de las Islas Vígenes con una especial filosofía de vida que le hacía exclamar:





“No hay más que tres maneras de ganarse la vida, como dijo Mirabeau: o mendigo, o ladrón o asalariado. Yo casi prefiero ser ladrón: es la manera más noble de hacer una fortuna. No tiene más inconveniente que la posibilidad de la horca”

El Capitán Chimista, cansado de sus aventuras caribeñas navega hasta Panamá y atraviesa el istmo desde Colón y nos describe la ciudad de Panamá como un pueblo triste y pequeño que solo se veía colmado cuando llegaban los barcos americanos. Toda la gente que llegaba a Panamá, de América del Norte, era aventurera, jugadora y borracha, Chimista está describiendo, ni más ni menos, que a los “gambusinos” nombre que los mexicanos le habían puesto a los buscadores de oro de California o de Alaska en el siglo XIX y que ahora deberían ser los trabajadores del Canal de Panamá.

De Panamá, Chimista, se embarcó a San Francisco pero, al llegar, toda su tripulación lo abandonó: mozo de cámara, cocinero, contramaestre y toda la marinería se fueron tras “la fiebre del oro”. A la semana se hace cargo de la fragata “Adamante” para llevarla hasta Valparaíso, en Chile, donde carga de nuevo para hacer una singladura a Australia; pasa por la Isla de Juan Fernández, y, en vez de doblar el Cabo de Hornos y dirigirse a Australia por el Este como le recomendaban, se dirigió a cruzar el Pacífico con parada en Tahití. Terminado este periplo, de nuevo en Valparaíso, su armador, el chileno Vargas, le entrega un brick-barca con la que inicia la singladura al norte, toca puerto en Iquique, después Arica y más arriba las Islas Chinchas y Payta y de Payta a Panamá. De regreso entra en Guayaquil, a la vera del río Guayas, ciudad que describe como un pueblo pequeño donde la gente vivía cómoda y perezosa y donde resalta la presencia de “tapadas”.

El Capitán Chimista llega a Lima pero, como él dice:


“al no encontrar una buena plaza, cambié de postura, como los enfermos y fui a establecerme a el Callao”


El Callao lo describe como un pueblo pequeño pero que tenía cierto aire imponente por la presencia de los fuertes construidos por los españoles. Al sur, pegado al arenal se levantaba un castillo o casamata donde los españoles estuvieron bloqueados ocho meses sin querer rendirse. En medio del castillo había una torre redonda con caones de grueso calibre. El Callao vivía del comercio con los buques que recalaban en su viejo muelle de madera para hacer las aguadas.

En El Callao, a tres leguas de Lima, aunque estaba muchas veces nublado, siempre había una espesa neblina que mojaba mucho y a la que llamaban “rocío peruano”, Un ómnibus lo trasladó a la Plaza Mayor de Lima, por un peso, a través de una llanura árida, pelada y polvorienta en la que solo se encontró un convento arruinado y una taberna.



“La vida, entonces, de Lima era una vida holgazana y sensual. Por la calle las mujeres de mal vivir andaban constantemente, a todas horas de día y de noche, con la cara tapada, enseñando solamente un ojo y el brazo. Y contaban los marineros que era frecuente llevarse grandes chascos; veían por la calle una “tapada”, que andaba con la gracia de una andaluza, se arrimaban a hablarla y la invitaban, y como la “tapada” era de gustos finos pedía al mozo un buen Borgoña y cuando la mujer descubría la cara se veía que era una negra o una mulata más fea y desastrada que Carracuca”



Fuera de la ciudad había una Alameda con árboles y bancos donde se sentaban las “tapadas”, la mayoría mujeres de mal vivir y otras que, aunque no lo eran, iban camino de ello.

Tanto en el Callao como en Lima la vida era una pura diversión, los domingos el jaleo y las corridas de toros, los jueves y sábados el baile en el café.


“El peruano era intrigante, adulador y servil; las mujeres se mostraban muy libres, muy aficionadas al alcohol y muy jugadoras”


Sigue contando Chimista que en aquel país se bebía mucho y se bailaba el baile favorito, que llamaban “saguareña” que es como un fandango, como la zamacueca de Chile.

Un elemento importantísimo en la vida de Lima eran los frailes: se contaban treinta y ocho conventos. La mayor parte de los frailes eran del país, algunos eran mestizos de indio; otros medio mulatos y medio negros, feos como Barrabás.


“otra cosa bastante curiosa del Perú eran los soldados, a quienes llamaban cholos o cholitos. Los cholos casi todos mestizos de blancos y de indios, andaban seguidos de sus mujeres, de sus hermanas y de sus madres, que los seguían con la cesta de la comida. A estas mujeres soldadescas las llamaban las “rabonas”, no se por que”


En el Callao, como en Lima, había dos clases de policías de noche; la de los serenos con una linterna y una matraca en la mano; y la otra unos pájaros negros, como los zopilotes de México que se llevaban todas las inmundicias. Los serenos del Perú al cantar las horas a veces gritaban: “Viva la Virgen” o “Viva Santa Rosa de Lima”. Los serenos de Chile, sin duda más entusiastas de la Independencia, solían gritar: “Viva Chile Independiente”





Palacio de Gobierno en la Plaza de Armas de Lima


En las montañas áridas de los alrededores de Lima, hacia San Juan, cuando brotaban unas flores amarillas, “los amancaes”, se celebraba una fiesta. Allí en aquella fiesta el Capitán Chimista oyó hablar de la Perricholi, una bailarina y cómica, mestiza, que había llegado a conquistar al Virrey Manuel Amat i Junyet, en el siglo XVIII, y que había obligado a este a llevarla con él en el carruaje oficial a la procesión, el cual carruaje quedó después para viático de la catedral.




El Virrey Manuel Amat i Junyet



Chimista contó de sus aventuras cazando patos en el Lago Titicaca o de su viaje a las islas Chiloé donde desaparecieron varios marineros suyos, probablemente porque se los comieron los naturales. Y aún contó de una escaramuza con dos “tapadas” que había conocido en los “amancaes” y que terminó en fuga por la ventana al aparecer los maridos de las susodichas.

Dos años estuvo el Capitán Chimista en Lima y un día se monto en el “Busca vidas” y se embarcó rumbo a las Filipinas, pero esto ya es otra larga historia.



Epílogo de un enamorado del Perú


La obra publicada por Pío Baroja en 1930 es intemporal, en ningún momento refiere fecha alguna de las andanzas del Capitán Chimista en Lima. Las descripciones de los lugares como El Callao y el trayecto de El Callao a Lima parecen corresponder a un muy profundo siglo XIX, muy alejado de las fechas de su escritura y publicación. Lo mismo los personajes descritos. Las “rabonas” mencionadas florecieron en el Perú republicano del siglo XIX y la anécdota de la Perricholli es del siglo XVIII.

Conocí El Callao en mi primera visita al Perú. Este puerto está unido totalmente con la ciudad de Lima. Ya no existen las llanuras que menciona Baroja, la Iglesia derruida debe ser la actual del “Carmen de la Legua” numerosas veces reconstruida y la taberna debió haberse multiplicado en cientos de “botiquines”. Pero en El Callao sigue imponente la presencia del fuerte Real Felipe que tuvo papel relevante en la guerra Hispano-Peruana entre 1864 y 1866.


Torreón El Rey del Real Felipe de El Callao



Real Felipe de El Callao


Los orígenes del Real Felipe se remontan al siglo XVIII, cuando El Callao era el puerto más importante del Virreynato del Perú y España embarcaba a través de él todas las mercancías con rumbo a la península. Por este motivo los piratas y corsarios siempre merodeaban estos mares y, de cuando en cuando, atacaban el puerto, como las incursiones efectuadas en 1579 por Francis Drake, Tomas Cavendish en 1587, Hawkins en 1594, Jacobo Clerk, más conocido por “L’Hermite”, en 1624, y el corsario francés Anson en 1742; es por esto que El Callao siempre estuvo fortificado con murallas que rodeaban la ciudad. Los trabajos se inician en 1747 y se le bautiza Real Felipe en honor del Rey de España Felipe V. La construcción duró 27 años y tuvo un costo de tres millones de pesos, siendo culminada por el virrey Manuel Amat i Junyet.

Las “tapadas” que Chimista conoció en Guayaquil y en Lima, eran toda una tradición. Durante los siglos XVI y XVII, la costumbre de cubrirse el rostro y la cabeza las mujeres era habitual. Tirso de Molina lo cuenta en “El burlador de Sevilla”, lo mismo que Calderón de la Barca en “El escondido y la tapada”. No deja de ser curioso que en esos siglos se persiguiese a las moriscas que usaban de esta costumbre y sin embargo fuese algo de buen tono en la sociedad española de la época. La palabra “tapado” pasó a América, y en países como Chile, Argentina y Perú se usa la palabra “tapado” para designar un abrigo.

Un pueblo aficionadísimo a los toros y ahí está la limeña Plaza de Toros de Acho, que es la tercera plaza de toros más antigua que existe, detrás de las de Sevilla y Zaragoza, Acho fue construida en 1766 por iniciativa de nuestro conocido y jacarandoso Virrey Amat, quien presidió la primera corrida.




Grabado de la Plaza de Toros de Acho

La Lima de treinta y ocho conventos no se cuantos tendrá en la actualidad, pero sigue conservando la misma magnificencia el de San Francisco, con un claustro que mantiene casi incólume el azulejado sevillano del siglo XVII. No así un hermosísimo artesonado mudéjar en madera, en la subida al primer piso del claustro, que fue destruido por un terremoto hace pocos años y que fue vuelto a montar pieza por pieza. En el subsuelo de la Iglesia se conservan las catacumbas, primer cementerio en la colonia y lugar más seguro de Lima en caso de terremotos.


Iglesia del Convento de San Francisco en Lima

Y el convento y Basílica Menor de San Pedro, de la Compañía de Jesús, que tiene una de las sacristías más bellas e impresionantes del arte colonial barroco en América. Las naves laterales de la Iglesia tienen zócalos adornados con azulejos sevillanos, con una profusa decoración barroca de estofado al fuego, así como también hermosos lienzos con antiguos marcos tallados y bañados en pan de oro; todos ellos están siendo restaurados por el Estado Español a través del Ministerio de Exteriores y Cooperación Internacional.

Y más conventos: La Soledad, La Merced y Santa Rosa de Lima y las Nazarenas (donde está el Señor de los Milagros) y Santo Domingo y San Agustín y Los Descalzos, (orden menor de los franciscanos) y un largo etcétera.


Portada barroca de la iglesia del Convento de la Merced

La Plaza de Armas mantiene la misma distribución cuadriculada que dibujó Francisco Pizarro y que es el centro mismo de la fundación de la ciudad. En ella está la Catedral Primada de Lima y el Palacio Arzobispal con sus típicos balcones limeños. En otro de los lados está el Palacio Presidencial, en el terreno que fue la casa donde vivió y fue muerto Francisco Pizarro, y que hoy es una construcción de carácter moderno afrancesada. En otro de los lados de la plaza está la Municipalidad de Lima y el prestigioso Club de la Unión. En su centro hay un fuente de bronce de 1650. En esta misma plaza estuvo, hasta no hace mucho, una estatua ecuestre de Francisco Pizarro que fue eliminada por el alcalde Castañeda

Palacio Arzobispal en la Plaza de Armas de Lima

En realidad la estatua era, originalmente, una representación de Hernán Cortés encargada por México al escultor Charles Cary Rumsey, pero que, al rescindir México el contrato, los herederos del artista se la vendieron al Perú y pasó, sencillamente, de ser Hernán Cortés a ser Francisco Pizarro.

El Capitán Chimista menciona en su relato a las “rabonas” sin saber a que se debía el nombre (tal vez porque iban detrás, al rabo…). Efectivamente, las “rabonas”, novias, esposas o madres de la soldadesca, seguían a los ejércitos para suministrarles la comida y curarlos. Incluso guerreaban a su lado y a veces ella solas, como avanzadilla, incursionaban en los pueblos para poder garantizar la comida. Las “rabonas” aparecen ya mencionadas en los sucesos de la rebelión de Tupac Amaru entre los años 1781 y 1790 y están muy bien documentadas, históricamente, durante todo el siglo XIX, especialmente durante la guerra de Perú con Chile entre los años 1879-1883.


Soldado del Siglo XIX y una “rabona”
Acuarela de Pancho Fierro


Flora Tristán, hija del Coronel arequipeño de la armada española, Marino Tristán-Moscoso, quien fue una de las creadoras del feminismo moderno y abuela de Paul Gauguin, las describiría así en su libro “Peregrinaciones de una paria”:


Si no están muy alejadas de un sitio habitado, van en destacamento. Se arrojan sobre el pueblito como bestias hambrientas y piden a los habitantes víveres para el ejército… Si los pobladores se resisten, se baten como leonas y con valor salvaje triunfan siempre de la resistencia… llevan el botín al campamento y lo dividen entre ellas”


La leyenda sobre el personaje de la “Perrichola”, Micaela Villegas Hurtado, natural de Huánuco o Tomayquíchua, cuenta que este mote se lo puso el Virrey Manuel Amat i Junyet quien, en su idioma catalán, solía llamar a su amante, Micaela, en las peleas, como “Perra-Chola” y que, con su fuerte acento catalán, devino en “Perricholi”. Con el Virrey Amat la “Perricholi” tuvo un hijo, Manuel Amat y Villegas, que con el tiempo sería uno de los firmantes del acta de independencia del Perú. Interesante mujer que inspiró a Prosper Merimé una novela, “La Carroza del Santo Sacramento”, a Offenbach una conocida opera del mismo nombre, “La Périchole”, y a Jean Renoir la película “La carroza de oro”.

El Capitán Chimista menciona la Alameda, un placentero lugar de árboles y bancos para ver y ser vistas por las “tapadas” de entonces. Supongo que se refiere a la misma Alameda de Barranco, que inmortalizó Chabuca Granda en la canción “La flor de la canela”


Déjame que te cante limeña
Déjame que te diga la gloria
Del ensueño que evoca la memoria
Del viejo puente del río y la Alameda

Déjame que te cante limeña
Ahora que aún perdura el recuerdo
Ahora que aún se mece en un sueño
El viejo puente del río y la Alameda


Yo recorrí esa misma Alameda y crucé el viejo “puente de los suspiros” del río que ya es nuevo, pero la Alameda sigue siendo el mismo sitio apacible y evocador del relato. La inmejorable compañía de mi amigo Pedro Otero Navarro, limeño por los cuatro costados y un libro abierto de cultura peruana hizo más grato el recorrido por el recuerdo de antaño. En La Alameda hay una bella estatua de Chabuca Granda y un caballo de paso peruano, ambos evocan valses inmortales. Parece que desde su broncínea presencia aún le está cantando al “Puente de los suspiros” esa bella canción inspirada por el elegante caminar de una sencilla morena limeña de Abajo el Puente cuyo nombre era Victoria Angulo, aquella que “…airosa caminaba” derramando “…lisura y a su paso dejaba, aroma de mixtura que en el pecho llevaba”; a quien había conocido siendo niña.


Monumento a Chabuca Granda y al Caballo de Paso peruano en La Alameda

Pedro Otero Navarro me llevó por la historia del Perú, me inició en las culturas precolombinas, hablamos largamente de Caral, la primera ciudad de América, y de Cupisnique y de Chavín de Huantar, y de Nasca y Paracas y de Vicús y Cajamarcas, y Huari y Lambayeques y de los Moches y de los Chimús y del Señor de Sipán y las Huacas Trujillanas, y, como no, del Inca y su imperio; y hablamos largamente de la transculturización de los pueblos y la sucesión de las culturas. Y hablamos de Españoles antiguos y Peruanos modernos y siempre del castellano que fue la base de la cultura hispana. Conversamos sobre el carácter de los peruanos, sus clases sociales, los tres grandes grupos y sociedades de peruanos, los que viven en la zona de Selva del Amazonas, los de la alta y fría puna de la Sierra y los de la árida Costa. Y aprendí y comprendí el mestizaje nunca completado y de sus consecuencias modernas.

De las largas horas de conversación entendí que el relato de Pío Baroja, era tan inexacto en la descripción de sitios y lugares, como tan apartado de la realidad en cuanto a la caracterización del modo de ser peruano. En mi trato con los peruanos, de la Sierra y de la Costa encontré que no eran ni “intrigantes, ni aduladores ni serviles” y que sus mujeres, bellas limeñas, cusqueñas, trujillanas, arequipeñas o huaracinas, no eran tal como las describía el misógino Don Pío Baroja por boca del Capitán Chimista.

Gracias amigo Pedro, por ayudarme a comenzar a entender uno de los mayores hitos que ha tenido la hispanidad en América, el Virreinato del Perú.

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Op. Cit.
La estrella del Capitán Chimista
Pío Baroja y Nessi
Editorial Aguilar, Colección Crisol
Madrid 1959

CHAVÍN DE HUANTAR

No sé si por el potencial sonoro de su nombre, Chavín de Huántar, o por la fuerza de ser una de las culturas precolombinas más creativas, que Chavín de Huantar es una obsesión en mi cabeza entre los muchos nombres que obsesionan mi curiosidad precolombina: Recuay, Lambayeque, Chimú, Moche, Paracas, Nasca, Tihuanaco hasta los Incas.

La historia de la cultura, como la historia antropológica, puede perfectamente datarse y así seguir el hilo de continuidad que une los sucesivos estadios del avance cultural del hombre. Pero cuando la recorremos no siempre lo hacemos en el respectivo orden cronológico en el que se van sucediendo y que nos permite entender mejor la evolución continua y la interdependencia cultural entre las sucesivas etapas evolutivas del hombre. Quien quiere conocer las culturas precolombinas sudamericanas debería comenzar por la Cueva del Guitarrero donde se datan los casi trece mil años de los restos más antiguos del hombre sudamericano, y después seguir por las culturas, que en lógica sucesión, se han ido encontrando: Caral, Cupisnique, Chavín, Paracas, Vicús, Mochica, Nasca, Tiwanacu, Lima, Huari. Cajamarca, Lambayeque, Chachapoyas, Chimú, Pachacamac y por último Inca. Chavín de Huantar es de una las primeras culturas precolombinas y hoy es el centro de mi interés. Fui a Perú por primera vez para conocer la cultura colonial y poco a poco fui descubriendo, hacia atrás, las esplendorosas culturas que antecedieron a la colonia.

Pero la historia había comenzado no lejos de Chavín, en el callejón de Huaylas, saliendo al norte de Huaraz y más al norte de Carhuaz, en Tingua, en plena Cordillera Negra, está la cueva del Guitarrero donde se han hecho importantes excavaciones arqueológicas que produjeron asombrosos descubrimientos de pinturas rupestres, utensilios, res­tos de alimentos y evidencias óseas humanas. Tal vez lo yermo de esta cordillera, su bajísimo nivel de humedad y su perfecta orientación, a la salida del sol, han hecho de esta cueva un lugar para el desarrollo de la vida. En ella, los hombres que la habitaron, pasaron del estadio evolutivo del cazador al estadio del agricultor y recolector, pasaron del nomadismo al sedentarismo. Allí comenzaron los primeros pasos de la historia cultural del hombre andino.

La parte más antigua de esta cueva arrojó fechas de hace 12,500 años y la intermedia entre 10,000 a 7,500 años, con el hallazgo de frijoles (Phaseolus vulgaris) y pallares (judías peruanas) (Phaseolus lunatus) totalmente domes­ticados. Son casi los mismos años en que los hombres del paleolítico astur y cántabro pintaban las paredes, con limonitas y cinabrios, de El Buxu o Tito Bustillo en Asturias y de Altamira en Cantabria. No hay otro sitio más antiguo, en Sudamérica, por el momento, que la cueva “El Guitarrero” donde se hospedaron grupos humanos ocupados en la caza y recolecta, utilizando la piedra como elemento primordial para sus instrumentos. Luego practicaron la agricultura, tal vez como creación de ellos, hecho revolucionario para aquellos tiempos, sentando los inicios de la civilización andina, hace unos 5.000 años, al mismo tiempo que las civilizaciones de la tierra de Ur en Mesopotamia (mesopotamia = ciudad entre ríos) en el Neolítico. El hombre, aposentado en la agricultura, está libre para poder trabajar la piedra, y con la piedra, la arquitectura y el arte funerario. De la Cueva de El Guitarrero a Chavín de Huántar solo existe el salto del progreso del hombre.

El hombre evolucionado y adiestrado en las artes del trabajo de la piedra y de la construcción sale del Callejón de Huaylas y se interna en un callejón vecino, el Callejón de Conchucos.

Estoy recorriendo el Callejón de Huaylas, siguiendo la corriente del Río Santa, pero ahora en dirección sur, los pueblos se suceden por Huari, Chacas, LLamellín, San Lus, Pomabamba, Piscobamba y Sihuas, de las cuales se destacan Huari y Pomabamba. Voy siguiendo los mismos pasos que el hombre del cuaternario siguió cuando emigró desde Huaylas, desde El Guitarrero, hasta Conchucos. En Cátac se termina la parte apacible del viaje, las praderas van cambiando árboles por ichus, son las tierras donde reina la puna. La carretera se encabrita subiendo y las aguas de los arroyos enloquecen bajando la quebrada de Pachacoto hasta que, en un momento, todo se armoniza en la laguna de Querococha a 3.850 metros de altura. En esta típica laguna de glaciar los ojos se nos cansan de mirar el circo que acogió en su seno el glaciar que dio origen a la laguna, dominado por los nevados Pucaraju y Yanamarey. A partir de ahí la carretera trepa una quebrada hasta llegar a los 4.550 metros donde el túnel Kawasi atraviesa la cordillera y da lugar al comienzo de la quebrada Condi que se abre majestuosa desde este paso. No cabe duda que a estas alturas y con estas condiciones geográficas el valle que se abre ante mis ojos debió haber sido un reducto cerrado ideal para desarrollar en él una cultura soberbia.


Laguna de Quenococha a 3.850 m.s.n.m (foto A.E.B.)

La quebrada Condi se baja casi a riesgo de la vida. La estrecha carretera y los innumerables argayos hacen que la bajada sea más una imprecación a los hados que una visión mayestática de la quebrada. Pero de susto en susto llegamos ilesos al final y, tartajeante la camioneta y tartajeante yo, ámbos entramos animosos en el pueblo de Chavín de Huántar, uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de América. El pueblo está armoniosamente rodeado por los ríos Huacheqsa y Mosna, los cuales serán de gran importancia en el complejo religioso.

En 1622, el religioso español Antonio Vázquez de Espinoza, estuvo en Chavín y así describía en su “Viaje y navegación del año 1622 que hizo la flota de Nueva España y Honduras y Descripción de las Indias” lo que vio:

“Junto a este pueblo de Chavín hay un gran edificio de piedras muy labradas y de notable grandeza; era Guaca, y Santuario de los más famosos de los gentiles; como entre nosotros Roma y Jerusalen a donde venían los indios a ofrecer, y hacer sus sacrificios, por que le demonio de este lugar les declaraba muchos oráculos, y así acudían de todo el Reyno. Hay debajo de tierra grandes salas, y aposentos, tanto que hay cierta noticia que pasan debajo del río, junto a la guaca, o santuario antiguo…”.

Chavín es un punto de cruce donde se unen el este amazónico con el oeste de la sierra y la costa, es el cruce del norte y del sur, es el punto de transferencia de las influencias culturales de las cuatro regiones.


Plaza Cuadrada de Chavín de Huántar (Foto A.E.B.)

Chavín de Huantar se desarrolla entre el 2.100 A.C y el 200 A.C un largo caminar para la consolidación de una gran cultura. Al igual que ocurría con la civilización egipcia, el desarrollo de la cultura Chavín se realiza a través de la expansión de un movimiento religioso que tendrá, en las estructuras arquitectónicas de Chavín de Huántar, el centro de un complejo sistema regido por la religión, una teocracia, como lo fue Cusco o Machu Pichu. Probablemente, Chavìn de Huántar, fuese solamente un lugar de peregrinaje; pero lo que si era, definitivamente, un centro de poder político-religioso que unía a todos los pobladores de la región. Como centro mágico religioso, todas las construcciones están levantadas siguiendo herméticos criterios de selección del lugar y orientación de terrazas y edificios. El sitio debió ser, además de lugar de peregrinaje, centro de oráculos y depósito de ofrendas. La presencia de sistemas de cálculo, como calendarios, certifica el carácter de oráculo, pues la mejor profecía que se podía ofrecer era, precisamente, la predicción de ciclos climáticos. La voluntad de ejercer dominio, a fin de adecuar la producción de los alimentos al ritmo del aumento de la población, pudo ser la función que cumplía Chavín de Huántar, utilizando para el efecto la administración de prácticas agrícolas, respaldada en ampuloso ritual y en el culto a los poderes sobrenaturales que controlaban la producción, especialmente al Dios del Agua, del que dependían las lluvias benefactoras como las catastróficas sequías que destruían las sementeras.

El saber con anticipación como sería cada ciclo de lluvias es un trabajo que requiere especialización y que es fundamental para programar las campañas agrícolas de cada año. Para eso hay que combinar el calendario, con base en el sol y las estrellas, con otros indicadores del tiempo, tales como los de las costumbres de los animales. Esa era la tarea especializada y, según parece, muy acertada de los sacerdotes de Chavín de Huántar. El carácter de augures confería un poder especial al estamento religioso.

El rango de sacerdote era muy alto en la sociedad Chavín. Las manifestaciones externas de su poder serán el conjunto de atributos que se le conceden y que se expresan físicamente en vestidos muy elegantes y costosos adornos hechos con plumas (influencia de las culturas amazónicas), piedras exóticas, oro y joyas. Los miembros de la elite se distinguían por el uso de coronas, orejeras, narigueras y collares, elementos que distinguían la categoría de quien los utilizaba, encargados del culto “felínico”. Este culto era visual, el dios felino, probablemente un jaguar, estaba representado en imágenes aterradoras, que representaban creencias complejas, y vinculaban a los hombres con los animales, y a los miembros de los distintos grupos entre sí.

Y todo el poder derivaba del Dios al que se rendía culto en Chavín de Huántar, el cual ha llegado hasta nuestros días y que aún podemos ver en lo más interno del complejo Chavín, el famoso y emblemático Lanzón de Chavín. El Lanzón es una “Wanka” (piedra sagrada en quéchua), un monolito de cinco metros de altura, con forma y figura antropomorfa, monstruoso a la vista, y que pareciera representar a un enano de forma grotesca con una cabeza tres veces más grande que su cuerpo. Enormes dientes incisivos y colmillos de jaguar, o de puma, con los pies en forma de garras y cetros en las manos. Sobre la cabeza tiene adornos compuestos de quijadas con grandes colmillos y serpientes en vez de pelo. Sugiere la representación del hombre ideal, espiritual. En los dibujos grabados en la piedra hay muchos elementos semejantes y superpuestos representando a la divinidad adorada en sus templos. Puede tratarse de la imagen de un terrible dios castigador, bebedor de sangre. Su ubicación en el centro del templo, en un pequeñísimo reducto al que se llega por un estrecho corredor en penumbra, por el que solo cabe una persona, es como un camino iniciático al misterio. Al llegar al reducto donde está el Lanzón el ánimo del visitante, ya estremecido por la claustrofobia y la penumbra, llega en estado de terror, probablemente incrementado por un ruido abrumador procedente de las profundidades de la misma tierra. La vista del Dios lo sobrecoge hasta las entrañas. Todo un símbolo para el dualismo terror-poder.

El monolito Chavín reúne los tres elementos de la trilogía cosmogónica de Chavín: águila, serpiente y felino, (aire, agua y tierra) es decir, feroces deidades represivas que sirven como centinelas de cada mundo y ahuyentan el mal. Así, aire, agua y tierra confirman una armonía permanente con el Cosmos que se trasluce en todo el legado de Chavín y que aparecerá nuevamente en la cosmogonía Inca. La cosmovisión andina conoce tres niveles del mundo: uno es Hananpacha, el mundo de arriba; el Ukuypacha el mundo de abajo, o inframundo; y el Kaypacha, que es el mundo donde están los seres humanos.

Chavín de Huántar comienza a desarrollarse en el neolítico y a lo largo de cientos de años irá creciendo la estructura arquitectónica del centro religioso. Hoy apenas vislumbramos una parte pequeña de lo que fue Chavín de Huántar. El carácter monumental aún lo podemos contemplar en la pirámide que hoy llaman “El Castillo” o Viejo Templo, una pirámide de paredes inclinadas varios grados con el fin de dar estabilidad a la estructura en caso de terremotos. Pero no solamente la inclinación de sus paredes, en su construcción se pueden encontrar hasta nueve sistemas diferentes de protección antisísmica como muros compuestos de varias paredes rellenas de cascajo, zonas libres para la expansión y absorción de la energía sísmica.

El Castillo, la construcción en piedra más antigua de Perú, (la ciudad de Caral es 1500 años más antigua, pero es de barro) es un templo en forma de U, tiene una extensa red de pasajes y cámaras interiores que conforman un complejo íntegramente construido de piedra. En su interior en penumbra, hay mágicos haces de luz que entran por los estratégicos ductos que comunican con el mundo exterior. Dentro, todo es objeto de maravilla o de pavor. Resulta posible escuchar nítidamente la voz de una persona a muchos metros de distancia como si estuviera a nuestro costado.

El Viejo Templo consta de una plaza circular en el atrio sirviendo de ingreso. El Templo Nuevo, cuenta con una plaza cuadrada. Cada templo tenía un pórtico principal. El ingreso al Templo Nuevo se llama Pórtico de las Falcónidas, con grabados en las piedras y es precedido por un atrio y un conjunto de escalinatas que ascienden desde la plaza cuadrada, donde también hay litoesculturas únicas ejerciendo las funciones de dinteles, columnas o lápidas con grabados de personajes del estilo Chavín.

Casi la totalidad de sus edificios y anexos fueron laboriosamente construidos con columnas, cornisas, dinteles, lápidas, obeliscos y esculturas que se agregaban a los muros o plazas, convirtiendo los espacios ceremoniales en un hermoso escenario, adornado con las imágenes de los dioses y demonios que poblaban el panteón Chavín. Sus materiales eran constituidos por piedras de diversos colores, procedentes de distintos lugares de los Andes peruanos.

Un complejo sistema interno de cauces de agua, para el que no se ha conseguido más explicación que el aterrador efecto sonoro que producen los canales y los sifones en todo su entramado, tal vez sea ese el fin principal, un ruido aterrador que sobrecogía, aún más, a los cautos peregrinos de Chavín.

Posiblemente, en el centro de la plaza, estuviese situada la famosísima Estela de Raimondi, una losa de roca diorita labrada en bajorrelieve. La figura representada es la de un ser antropomorfo, de pie, visto de frente, con los brazos abiertos sosteniendo una especie de vara en cada mano. Tiene las comisuras de la boca vueltas hacia abajo y colmillos superiores e inferiores. Dos tercios de la piedra se ocupan con una elaborada complicación del cabello. Se identifica la figura con una divinidad llamada dios de las varas que se supone fue adorada en el Templo Nuevo, haciéndose más importante en un momento dado su culto que el de la Gran Imagen o dios sonriente, probablemente Wiracocha. Y esta estela debió ser la representación exterior, dedicada a un culto generalizado, de una imagen conservada en el interior del templo que se ha perdido.

En la plaza circular del Templo Nuevo debió estar el “Obelisco Tello”. En el obelisco está grabado un texto que se interpreta como un inmenso dragón que se presenta en dos versiones -masculina y femenina- una al lado de otra. Y lo que atino a ver es una enmarañada agrupación imágenes, unas dentro de otras, dentro de campos muy similares a los que tenían los “glifos” mayas o egipcios.


El Dragón está dispuesto a lo largo del obelisco, con la cabeza mirando hacia arriba, un largo cuerpo que tiene un vientre en forma de una inmensa boca, llena de grandes colmillos que se cruzan. La cola es como si fuera la de un pez y sus patas parecen las de un lagarto, con garras de cuatro dedos. Es curiosa la presencia también aquí del Spóndillus, una concha marina procedente de las costas del Ecuador. Los Spóndillus o “Mullus” son portadores del agua, algo así como mensajeros de los dioses del agua. El obelisco, ubicado en el centro de la plaza circular era un primitivo “Inti watana” (reloj solar) que servía para indicar los días del año, los meses y las estaciones. Era también el que guardaba los misterios de todo eso, en un texto hermético que sólo podían leer los iniciados.

En la fachada del Templo Nuevo me impresiona el “Pórtico de las Falcónidas”, primeras columnas cilíndricas que veo en las culturas precolombinas. Las dos columnas están exquisitamente grabadas con dos aves antropomorfas en bajorrelieve, una macho, la otra hembra; “falcónidas”, es decir, de la especie de los halcones o cernícalos, abundantes en la zona. Como en las demás piezas de la cultura Chavin, las falcónidas tienen, detrás del pico, unas fauces de felino, con grandes colmillos que se cruzan, sus plumas son serpientes o personajes con atributos de seres vivos. Además, su vientre es una gran boca llena de dientes con colmillos.

Las columnas falcónidas sostienen un dintel voladizo, a modo de cornisa, cuya mitad sur era de piedra blanca, en tanto que la del norte era de piedra negra. Hay tres escalones y una vereda que, igualmente, son de piedras blancas hacia el sur y negras hacia el norte. Siempre el dualismo presente.

Y para que al conjunto no le faltase nada, en la entrada principal, sobre la alta muralla que protegía el conjunto, debajo de las cornisas, había una hilera continua de cabezas talladas en piedra, lo suficientemente grandes como para que desde el suelo, entre 14 y 20 metros más abajo, se pudieran apreciar sus detalles. Estas cabezas tienen una especie de espiga que sale de la nuca con la que se incrustan o “clavan” en el muro, de ahí el nombre de “Cabezas Clavas”.

Las cabezas expuestas, todas diferentes, de rasgos felinos y bocas atigradas, agnáticas casi todas (sin mandíbula) y todas con gestos aterradores, se sugiere que pudieron haber sido puestas para infundir terror a los que se acercasen a este lugar sagrado o ser, simplemente, representaciones de los chamanes, aunque hay alguna interpretación que involucra representaciones finales de prácticas antropofágicas. Del total de 56 que debió haber, hoy solo hay una en su sitio, el resto fueron destruidas en desastres naturales o en sucesivas colonizaciones de la zona, sólo unas pocas se han salvado y se encuentran en el museo anexo al complejo cultural Chavín.

Recuerdo haber leído la opinión de Picasso sobre Chavín de Huántar:

“De todas las culturas antiguas que admiro es la de Chavín la que más me asombra. De hecho, en ella están inspiradas muchas de mis obras”

Aparte del interés histórico y estético del yacimiento arquelógico me impresionó la fuerza mágica del lugar, casi me produjo los mismos sentimientos que senti en Machu Pichu, esos íntimos impulsos que hacen a uno dudar hasta con el agnosticismo más ilustrado.

LA GOLETA COVADONGA


La norteña ciudad de Piura, en el Perú, se despereza con la galbana propia de una calurosa ciudad tropical. El calor se barrunta a pesar del frescor mañanero que se percibe en su Plaza de Armas, frondosa plaza rodeada de tamarindos y algarrobos. Piura está cercana al desierto de Sechura (el más grande del Perú) y por Piura se desliza con placidez un río que nunca llega al mar, ni a otro río, sino que se desvanece en las calientes arenas. En Piura llueve poco, o nada, y mal, dependiendo de los caprichos de la corriente de “El niño” cuando se enfrenta con la corriente de “Humboldt”. En Piura la lluvia es un arenal. Piura es tierra de las culturas Wari y Vicús y por esta tierra anduvo Francisco Pizarro cuando fundó San Miguel en 1532, primera ciudad hispana del Perú, y tal vez su nombre está asociado al propio del Perú. En “La “Crónica Anónima” Pedro Pizarro dice que Piura fue el primer poblado de estas provincias:

“de quien toda la tierra e imperio tomó nombre de Piura que los españoles dicen Perú o Pirú”

Los pasos perdidos, que me hacen deambular desde temprano, me llevan ante la fachada de la casa natal de uno los próceres más representados en la estatuaria peruana, el almirante Don Miguel Grau Seminario (Piura, 1834 – A bordo del monitor Huáscar, 1879), llamado “EL caballero de los mares”.



Almirante Miguel Grau Seminario

Con interés creciente visité la casa natal y me fui metiendo en las curiosidades de las guerras del Pacífico del siglo XIX. Yo recordaba aún las clases magistrales de historia de mi querido profesor el P. Nicolás R. Verástegui (S.J.), allá por aquellos años colegiales de los sesenta en los Jesuitas de la Inmaculada de Gijón. En la Historia Contemporánea que estudiábamos, se pasaba muy superficialmente por las guerras que mantuvimos en el Pacífico en el siglo XIX, muchísimos años después de la emancipación de comienzos del mismo siglo, y de modo somero se hablaba de la guerra que, en 1866, llevó a España a guerrear con Perú y Chile, siendo los ataques a los puertos de Valparaíso y El Callao, los más importantes de aquella guerra.

¿Qué había iniciado las hostilidades de España con Chile y Perú? El detonante aún es un misterio histórico, pero algunos autores mencionan los sucesos que, en 1863, cuentan que apareció en aguas del Pacífico una escuadra española cuya finalidad nominal fue la de ser una expedición científica. Su intención era llegar a Valparaíso, el Callao y luego llegar a California. Cuando estuvieron en el puerto peruano de Talambo hubo un incidente entre vascos y peruanos en la hacienda Talambo en la ciudad del mismo nombre, cerca de Pacasmayo (al norte del Perú en el departamento de la Libertad) dando como resultado la muerte de un español. Se cree que esta disputa se inició por los reclamos de los grupos vascongados frente a la condición de explotación en la que se encontraban en dicha hacienda y ante la pasividad del gobierno peruano.

En 1864 España, que todavía no había reconocido la independencia del Perú, enviaba un comisario al país andino para que resolviera las viejas cuentas pendientes desde el virreinato colonial. El gobierno peruano exigió la presencia de un plenipotenciario español, a lo que la escuadra española comandada por el almirante Luis Trasero Hernández Pinzón (descendiente directo de los Pinzones que acompañaron a Colón) respondía el 14 de abril de 1864 con la toma de las islas Chinchas, vitales por su producción de guano. El 27 de enero de 1865 surgía un amago de negociación favorable a España, desautorizada por la opinión pública peruana, y las islas eran devueltas, pero la declaración de guerra a España por parte de Chile, aliada con Perú el 5 de diciembre del mismo año, reavivaba las hostilidades. En septiembre de 1865. el almirante español José Manuel Pareja entregaba en Valparaíso un ultimátum al gobierno del presidente chileno Pérez Mascayano, al que exigía un saludo con 21 cañonazos al emblema español, indemnización de tres millones de reales por la negativa chilena a abastecer de carbón a la flota española y la petición de excusas a la agraviada reina Isabel II. Chile respondía con su declaración de guerra a España el 14 de septiembre de 1865. En la batalla de Papudo, La Esmeralda, buque chileno, capturaba la goleta española Covadonga lo que provocaba el suicidio del Almirante Pareja, que era sustituido por el Brigadier Casto Méndez Núñez al mando de la Fragata Numancia, primera fragata blindada de la armada española y primera fragata blindada que pasó el estrecho de Magallanes y circundó la tierra, exactamente en 2 años, 7 meses y 6 días. En honor a este hecho pudo ser merecedora de portar el siguiente lema:


“Enloricata navis que primo terram circuivit”


Del mismo tenor que la que se le concedió a Juan Sebastián Elcano por ser el primero en circundar el mundo: “Primus circumdedisti me”.

De estas acciones de la guerra del Pacífico con el Perú, específicamente en el asedio y bombardeo marítimo de el Callao, aún recuerdo la frase (muy bien modulada por Verástegui) que el comandante de la escuadra española Casto Méndez Núñez, con la clásica arrogancia española le dijese al general Hugh Judson Kirlpatrick, Ministro Norteamericano en Chile, ante una eventual intervención de la escuadra norteamericana en contra de España:


“Me veré obligado a hundirlos, porque inclusive así me quede un barco procederé con el bombardeo. España, la Reina y yo preferimos el honor sin barcos que barcos sin honor”

Para cumplir todas estas amenazas Casto Méndez Núñez disponía de la flota más grande organizada por España desde Trafalgar, la cual incluía cuatro fragatas a hélice, una fragata blindada y una corbeta, es decir, la Numancia, Blanca, Restauración, Berenguela, Villa de Madrid, Almansa y Vencedora, que en su conjunto contaba con casi 250 cañones de diferente calibre.


Casto Méndez Núñez herido en combate a bordo de la fragata Numancia
según un óleo de Muñoz Degrain

Casto Méndez Núñez bombardeó durante tres horas Valparaíso, hasta devastarlo el 31 de marzo de 1866, y luego, en mayo, el día, que resultó ser poco auspicioso, 2 de Mayo de 1866, El Callao, el puerto de Lima. A pesar de haber bombardeado el Real Felipe, una fortaleza imponente, y de haber volado la torre blindada del Real Felipe ante la fuerte defensa de El Callao, las naves españolas se retiraban sin esperar a recibir las indemnizaciones que habían reclamado. La derrota en Abtao en febrero 1866 y la retirada del 9 de mayo de El Callao fueron decisivas. El armisticio se firmó en 1876 y a España le quedaron, de todo ello, más glorias que beneficios.

En todos estos relatos y sucesos me llamó la atención la presencia de la goleta Covadonga en la batalla de Papudo (26-11-1865), que hizo que pasase a manos chilenas. Me interesó el hecho de que mantuviesen el nombre de Covadonga, de rancias evocaciones españolas y quise saber que había ocurrido después con la goleta. La historia guerrera para la Covadonga no termina con la captura por parte de los chilenos. En 1866 participa en la batalla de Abtao, enfrentando a la armada española al mando de Méndez Núñez, en las inmediaciones del archipiélago de las Chiloé, dentro de lo que fue la Guerra del Pacífico entre España y la entente Chile, Perú. En esta batalla tomó parte también el asturiano Don Claudio Alvargonzález Sánchez (Gijón 1816-1896), capitán de la fragata Villa de Madrid, el mismo marino que describió Don Benito Pérez Galdós como :


“… curtido y fosco, de barba erizada y ojos fulgurantes, el primer lobo de mar de España”
(La vuelta al mundo en la Numancia)

La goleta Covadonga otra vez surcará los mares protagonizando, nuevamente, en otra Guerra del Pacífico, esta vez entre Chile y Perú con Bolivia, entre los años de 1879 y 1884, también llamada “Guerra del salitre”

En 1874, Bolivia y Chile firmaron un tratado reconociendo la soberanía de Bolivia sobre el desierto de Atacama. En ese mismo tratado se exceptuaba a las compañías de nitrato de Chile, de pagar nuevos impuestos en los próximos 25 años. Cuando Bolivia demandó un nuevo impuesto en 1878, Chile ocupó el puerto de Antofagasta y Bolivia le declaró la guerra con el apoyo de Perú. La marina Chilena ganó una batalla decisiva en el cabo Angamos en 1879, y su ejército tomó Tacna y Arica en 1880. Bolivia se retiró de la guerra pero Chile prosiguió la guerra hasta ocupar Lima forzando al gobierno Peruano a trasladarse a las tierras altas. Después de dos años de ocupación, el Perú aceptó las condiciones de paz de Chile por el Tratado de Ancón (Lima), el 20 de octubre de 1883, que cedió a Chile las provincias de Tarapaca, de Tacna y de Arica, con la condición de que se llevara a cabo un referéndum dentro de los diez años siguientes, aunque, aún seis días después de la firma del tratado, los chilenos ocupan la ciudad de Arequipa. El referéndum nunca tuvo lugar pero un tratado finalmente concluido, y definitivamente ratificado el 3 de junio de 1929, tras la mediación del presidente norteamericano Hoover, devolvía Tacna para Perú y Arica para Chile, aceptando este último país pagar a Perú una indemnización de seis millones de dólares.

¿Y que ocurrió con la Covadonga? La goleta “Covadonga” había sido construida en el Ferrol en 1858, desplazaba 630 toneladas, tenía un poder de máquinas de 160 H.P. que le permitía un andar de 4 nudos, estaba armada con 2 cañones de 70 libras (31,7 kilos), 4 cañones de 30 libras (13.60 kilos) y 2 cañones de 9 lbs (4 kilos) y calaba 11 pies (3,35 metros) y tenía blindaje externo. Esta goleta participó en la expedición científica de 1862 (llamada Comisión Científica Española al Pacífico) que protagonizó en 1863 los sucesos que dieron inicio a la Guerra del Pacífico como relaté anteriormente. En 1866 toma parte en la batalla de Abtao donde también participa la corbeta Unión al mando de Miguel Grau Seminario

El 21 de mayo de 1879, se produjo el Combate Naval de Iquique, en la rada de ese puerto, donde inicialmente combatieron los buques peruanos, monitor “Huáscar” y la fragata blindada “Independencia”, contra los buques chilenos, corbeta “Esmeralda”, y goleta “Covadonga” , que se encontraban manteniendo el bloqueo de ese puerto.


Combate naval de Iquique entre El Huáscar y la Esmeralda

Transcurrida una hora de combate, el “Huáscar” se dedicó a combatir con la “Esmeralda” y la fragata blindada “Independencia” comenzó a perseguir a la goleta “Covadonga”, que abandonó el puerto y se dirigió al sur, manteniéndose navegando en aguas poco profundas. Así, el combate entre el “Huáscar” y la “Esmeralda” se denomina Combate Naval de Iquique, y ese entre la “Independencia” y la “Covadonga” se denomina Combate Naval de Punta Gruesa.
El 2 de Noviembre de 1879 participa en el asalto y toma de Pisagua, puerto chileno en la región del Tarapacá.

Al mando del monitor Huáscar estaba Don Míguel Grau Seminario quien pierde la vida el 8 de Noviembre de 1879 en la batalla de Angamos. Una granada del “Cochrane” estalló en la torre de mando del Huáscar destrozando al Almirante Grau y a su ayudante. Los pocos restos que se pudieron rescatar del Alamirante fueron enterrados en santiago de Chile hasta que en el año 1958 fueron devueltos a la nación peruana. A partir de 1879 el Huáscar perteneció a la armada chilena y hoy aún puede visitarse en el puerto chileno de Talcahuano.

La Covadonga tuvo peor destino. Al año siguiente, 1880, la Covadonga se presenta en la bahía de Chancay para cañonear una vía ferroviaria; cuando están anclando la goleta, la tripulación observa una lancha a la deriva, se aprestan a recogerla e izarla sobre su costado, cuando, en ese momento, estalla una poderosa carga explosiva que mata a más de 90 tripulantes y hunde la Covadonga en pocos minutos. Una perfecta trampa de bomba caza-bobos. Del desastre lograron salvarse 29 personas en el único bote que quedó de la goleta Covadonga, 12 de los cuales eran oficiales y el resto marineros. De los 109 hombres que tripulaban el buque enemigo 48 fueron hechos prisioneros y 32 murieron.

Aún hoy pueden encontrarse los restos de la Covadonga, bajo las tranquilas aguas del Pacífico, que ya forman parte de las reliquias históricas de la azarosa vida de un bajel español que, bajo la advocación de “La Santina”, la Virgen de Covadonga, patrona de los asturianos, primero fue goleta exploradora y científica y después guerrera bajo dos banderas, la española y la chilena después de su captura en 1865.

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