Parece que la veterana Soledad Lorenzo cerrará su conocida galería madrileña el año que viene. La noticia ha servido para que los medios analicen estos días a las nuevas hornadas de galeristas, patentando que estos marchantes en versión moderna son, para bien o para mal, la base del negocio del arte.
La labor del galerista, tan necesaria como digna, está muy poco valorada. Los galeristas tienen una misión concreta pero ejercen muchas otras. Deben ser amigos del artista y consejeros de su familia. Ceder su espacio como entidad de ahorro. Servir de asesor fiscal y hacer de transportistas, comisarios o psicólogos. Son altos o bajos, feos o guapas (guapos, pocos), simpáticos o antipáticos, exacerbadamente educados o excesivamente groseros. En cualquier caso, salvo honrosas excepciones, todos reciben críticas con múltiples calificativos («mercaderes », «ladrones», «exprimidores », «ignorantes»…), a veces con razón, y por norma general, cuando la relación no fructica en buenas ventas. Con los críticos su relación también es complicada, entre peloteos o desprecios mutuos.
El verdadero problema del galerismo es que no demanda demasiada experiencia previa ni una gran inversión inicial para arrancar el negocio, y que sus mínimas normas contractuales de convivencia (hoy, manuales de buenas prácticas) apenas se respetan. Así, parece que cualquiera podrá ser galerista, cumpla o no cumpla, pague o no pague, trabaje o no trabaje. Si la cosa no funciona, se cierra el local. Sólo el tiempo juzga los méritos.
En Asturias hay numerosas galerías, jóvenes y veteranas. La mayoría coincidió la semana pasada en la primera feria de arte de Oviedo. La experiencia fue irregular, pero sirvió para comprobar de donde venimos y hacia donde vamos. Algunos, que conocemos bastante este ámbito, sabemos que hay de todo como en botica. Incluso seríamos capaces de adjudicar a las salas asturianas, una por una, todos los adjetivos factibles, diferenciando bien unas de otras. ¿y usted?
«El comercio es casi un arte; es la forma inferior, el primer grado, del arte» (Ferdinand Brunetière)

