No voy a hacer un chiste fácil. No debo. Ya se que estamos en época estival y que se llevan las crónicas ligeras (salvo en política) y que el título de este artículo es poco afín a unas páginas culturales y que mucha gente se apellida ‘Riesgo’. Pero no voy a hacerlo.
La prima de riesgo es un término económico que los medios de comunicación emplean unas ochocientas veces al día. Es, al parecer, el exceso de rendimiento que requiere un inversionista a medida que el riesgo crece. O sea que en esta crisis, y en Europa, es el sobreprecio que exigen los inversores por comprar la deuda de un país frente a la alemana, cuyo precio se utiliza como base porque se considera la deuda más segura.
La prima de riesgo española está alta. No debe ser español (mejor dicho, no debe pagar sus impuestos en España) el anónimo coleccionista que acaba de adquirir en Christie’s la obra ‘Faena de muletas’ de Miquel Barceló, vendida por casi 4,5 millones de euros. Un cuadro perteneciente a las series taurinas del mallorquín que le ha convertido en el artista español vivo más cotizado, superando a Antonio López y su ‘Madrid desde Torres Blancas’, que colgaba en las paredes de la galería Marlborough durante la pasada edición Arco y ahora exhibe el Museo Thyssen en la exposición antologica del veterano pintor de Tomelloso.
Hay una tremenda crisis en el mercado artístico, pero no parece afectar a las grandes fortunas, aunque se preocupen tanto por la prima de riesgo y por otras relaciones familiares. De hecho, en Christie’s han expresado su satisfacción por las ventas del citado lote: 88 millones de euros, incluyendo obras de Juan Muñoz, Freud, Bacon y Warhol, entre otros. Aquí no hay primas, ni déficit, ni bonos que valgan. Solo, quizás, algunos primos.
«El que vive de esperanzas corre el riesgo de morir de hambre» (Benjamin Franklin)

