El Comercio
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Noche de Reyes
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Eva Vélez | 05-01-2016 | 15:26

Todas las noches del 5 de enero vuelvo a ser niña. Todas. Sin excepción. No falto a esta cita mágica. Y la emoción me puede y la emoción me trae en modo avalancha toneladas de recuerdos de aquella infancia ya lejana. Y la recupero. Y vivo las cabalgatas desde el balcón de la calle Fruela. Y los caramelos y las serpentinas. Y el suelo ‘ajedrezado’ de aquella casa. La calle Fruela y enfrente el banco Herrero. Y aquellas barandillas de hierro, antiguas, añosas. Vuelvo a la calle Fruela. Apretujados en sus balcones. Aquella casa que me daba mucho respeto. El ascensor. Las puertas dobles. Las escaleras. Y yo, apenas cinco, seis y siete años. Los ojos de una niña contemplando aquella maravilla. Aquellas carrozas hasta arriba de regalos. Imaginar mis cliks de famobil. Sí, de famobil. Años 70. Principios de los 80.
Y la noche. La ceremonia de los zapatos. Sembrar zapatos por tooooda la casa. La ilusión contagiosa de mi padre. La bronca de mi madre por el exceso de zapatos.

Y dormir. O intentarlo. Y amanecer. Las siete de la mañana. Mi padre abriendo puertas exaltado al grito de ‘llegaron los reyeeeeeees’.
Buscar tus paquetes. Cliks. Montarlos. Jugar, jugar y jugar. Juntar en una montañita lo que te habían traído y esperar la llamada de tus abuelos. Contarlo. Ser feliz.Eso es. Felicidad.
Han pasado años. Muchos. Ya no soy una niña. O sí. Sigo poniéndome muy nerviosa. Siguen mis ojos humedeciéndose cuando veo a los reyes. No se gestionar bien ese torrente de emociones que me bailan dentro. Sigo escuchando ese ‘llegaron los Reyes’. Emocionada. Y lo repetiré. Ahora hay dos pequeñines en casa que viven por mí esa emoción que tengo. Es, sin dudas, una noche mágica.
Y sí, oye, te echo de menos una brutalidad. Hoy en especial.