El Comercio
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El Real Oviedo en el corazón
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Eva Vélez | 15-03-2016 | 16:54

Son malos tiempos para la lírica, decían Golpes Bajos. Así que hay que tirar de épica y de garra.  De amor, historia, respeto y sentimientos. De colores. De deporte.

No recuerdo el día, porque no existe día como tal, en que fui consciente de que yo era del Real Oviedo. Supongo que me vino ya en el ADN. Nací en Buenavista. Me crié a la sombra del viejo Carlos Tartiere y en mi casa el Real Oviedo fue, es y será el club.  En casa de los Vélez se es del Real Oviedo. No había otra. Y tan a gusto. Domingo tras domingo mi padre se marchaba al campo y yo le veía desde la terraza cargado con sus bártulos de trabajo. Trípode, cámaras, peto y hasta una banqueta plegable. Hablo de los 80, hablo de los 90, hablo de los 2000. Pero ya mucho antes la fiebre azul nos había conquistado.

Desde mi terraza se veía un saque de córner y mis madrugones diarios para ir al cole transcurrían a la sombra del Tartiere. Mi colegio, el Baudilio, creció siendo un alumno más azul.

Negativos en blanco y negro, fotos a color. Históricos del club. Nombres que se iban metiendo en mi cabecita. Herrerita, Antón, Lángara, Óscar, Casuco, Gallart… nadie me obligaba a recitarlos, pero yo olisqueaba en las tertulias de puros y coñacs de los mayores. Paseaba por Oviedo y vivía fútbol. Como vivía puro amor por los domingos en los que íbamos a ver al Cibeles jugar al Palacio de los Deportes. Puro grito cuando nos colábamos en los entrenos, ya adolescentes, para ver a Bango, Luis Manuel, Gorriarán, Yankovic… puras hormonas cuando nos pintábamos la cara de azul y blanco a escondidas y sacábamos una bandera enorme en los derbys y emulábamos a William Wallace blandiendo banderazos a nuestros rivales rojiblancos. Tiempos de cultivo en el corazón y en la sangre.

Todavía hoy hay gente que no me entiende. Yo vivo los colores. Disfruto con cada triunfo. Soy feliz. Aunque al día siguiente tenga que madrugar y trabajar. El fútbol, el Real Oviedo, es mi niñez, es  un ascenso en Mallorca y una llamada de mi padre anunciando el ascenso, es Génova y un pudo ser. Es pura vida.

Por eso, ahora, cuando un terremoto sacude al club, yo me levanto y grito que VAAAAAAAMOS OVIEDO. Hoy más que nunca debemos remar todos en la misma dirección. Egea, señor, caballero, dale Argentina!