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Fecha: octubre, 2011
Hojas muertas
Adrián Ausín 27-10-2011 | 10:06 | 6

Caminas por la senda fluvial, junto al río Piles, testimoniando el cambio de estación, tras un agradabilísimo y prolongado veranillo de San Miguel. Bajas a la orilla, te arrodillas y comienzas a mover una sucesión de hojas muertas, solapadas las unas con las otras como papel de fumar. Las coges, las vas recolocando, las amontonas.

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El valle de los animales (VI)
Adrián Ausín 26-10-2011 | 9:40 | 1

Llevo una semana semiinconsciente. Tengo fiebre y me he recluido en una cueva de apenas tres metros de fondo y la mitad de altura. Encontré en ella hierba seca, llevada allí quizás por un habitante anterior de cuatro patas. Así llegué yo también a ella tras divisar la oquedad desde el camino. Trepé un poco y me cobijé, sudoroso. Pasé tres días quieto, en posición fetal. Comí lo poco que quedaba en mi mochila y dormí muchas, muchísimas horas. Vi de repente al pastor que me invitó a desayunar atrapado en la gran tela de araña del desfiladero. Estaba suspendido

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La barbarie
Adrián Ausín 25-10-2011 | 8:41 | 0

La fatalidad puede aparecer a la vuelta de la esquina. En una carrera de motos, cuando Simoncelli se la pega de una extraña manera y le pasan por encima sus compañeros e incluso amigos. O en la avenida Príncipe de Asturias cuando un gijonés de 16 años la atraviesa corriendo para llegar puntual al colegio y resulta arrollado por un coche. En ambas muertes hubo fatalidad, aunque también imprudencia. ¿Evitables? Quizá sí, posiblemente sí. Un

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Ayla y Jondalar
Adrián Ausín 24-10-2011 | 8:51 | 4

Quienes gustan de la prehistoria por necesidad han de sucumbir al serial literario de Jean M. Auel, bautizado como ‘Los hijos de la Tierra’. En mi caso, devoré cuatro de las seis entregas, con un interés decreciente. Apasionante ‘El clan del oso cavernario’, entretenidos ‘El valle de los caballos’ y ‘Los cazadores de mamuts’ y un tanto anodino ‘En las llanuras del tránsito’. Le siguieron dos entregas más, pero un servidor, tras más de tres mil páginas de alejamiento progresivo de lo verosímil, acabó por abandonar. Las habilidades de Ayla, gran protagonista de la historia, dejan estupefacto al más crédulo. Sólo le falta inventar la rueda. Entretanto, las descripciones de Jondalar, el chico de la película, tal parecen inspiradas en Brad Pitt. Con este par de actorazos, Auel se adentra allá por la página mil en territorios amorosos, otorgando a Jondalar unas sutilezas y habilidades recorriendo el cuerpo de su amada que parecen más la plasmación escrita de los sueños eróticos de la autora que una descripción aproximada de la realidad de entonces. En plena conviencia entre cromañones y neanderthales, no parece que las relaciones íntimas de nuestros antepasados estuvieran caracterizadas por el mimo; más que conjugar el verbo amar, el cromañón utilizaba más bien el emburriar; ataques rápidos y efectivos bastante aproximados a los de los animales que nos rodean. Auel hizo una excepción con sus protagonistas y se le llegó a ir la mano dos, tres y cuatro páginas describiendo masajes, calentamiento progresivo del ambiente, caricias, etc, etc, hasta llegar a consumar polvos celestiales dignos de ‘Nueve semanas y media’. Entretenidos, por supuesto, pero poco o nada encajables en el Paleolítico.

Por lo demás, hay cuevas, caza, hechizos, guerras de clanes, jerarquías… Todo un cóctel de prehistoria la mar de relajante. Desconozco la evolución de las entregas 5 y 6. Quizá de aquellos polvos estelares haya nacido una prole de niños de revista que inventen el carromato, el arco con flechas y el mechero siguiendo el aura de la madre. O igual se mete por medio Angelina Jolie y se arma la de Cristo. Divorcio millonario y, por supuesto, Ayla se queda con la cueva mientras Jondalar sigue pagando las letras. En los mundos fantásticos de Auel hay sitio para todo.

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Más majo que las pesetas
Adrián Ausín 21-10-2011 | 10:58 | 5

Sus playeros verde puñeta son la bomba. Su sonrisa tal parece un pasaporte a la eternidad. Pequeñuco, africano, humilde; Haile Gebrselassie comparte nombre y medio apellido con el último emperador etíope (Haile Selassie), un cabronazo considerado ‘el Mesías negro’ por el movimiento rastafari que tuvo a Etiopía bajo su bota entre 1931 y 1974. De sus andanzas da cuenta con su magistral estilo el Príncipe de Asturias Ryszard Kapuscinski, rey de reyes de la crónica viajera, en un libro imprescindible. Pero no nos desviemos del camino. El mejor fondista de la historia llegó ayer a Oviedo con sus playeros verde puñeta y la bondad pintada en el rostro. El Premio Príncipe de

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Sobre el autor Adrián Ausín
Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes, se inició en la profesión en Bilbao, Sevilla y Granada. Sus aficiones apuntan en muchas direcciones: naturaleza, bricolaje, viajes, fotografía, cine y literatura. Todo ello con epicentro en Gijón.