El Comercio
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Fecha: mayo, 2017
Retorno a Oslo
Adrián Ausín 31-05-2017 | 7:08 | 0

(Doce días en Noruega 9)

o1En el vuelo de regreso desde Kirkenes a Oslo; o sea, desde el más allá hasta el más acá, de la última población de Noruega, tocando ya el Polo Norte, a la capital; piensas: si se cae el avión, no es mal sitio para espichar. De todas formas, mejor que no caiga. Pero claro, al mirar por la ventanilla en el despegue, ver un paisaje blanco intercalado de pequeños lagos, fronterizo con Rusia y Finlandia a un lado y el Mar de Bering al otro, pues no puedes evitar pensar en la placidez del lugar, la paz celestial, el aire puro, la ausencia de ruido, la distancia respecto a los peores instintos del hombre ‘civilizado’, el hielo… Y todo eso, sumado a la experiencia inicial de Oslo durante tres días, el tren a Bergen y la semana embarcado en el ‘Polarlys’ de Hurtigruten, con el remate del centollo de Kirkenes, donde debería haberse rodado ‘Doctor en Alaska’… Pues la suma da como resultado una sensación de hasta aquí hemos llegado. Pero como el avión, felizmente, no cae, queda planificar dos días de propina en Oslo, origen y final de este inolvidable viaje.

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Ver crecer los tomates
Adrián Ausín 26-05-2017 | 5:08 | 0

Los soles de mayo están siendo la mejor vitamina para llenar de vida las huertas. Temerosos como estamos siempre de brumas, lluvias y temperaturas fofas, este mes los amantes de los cultivos caseros están (estamos) de enhorabuena. Basta darse una vuelta por las parroquias gijonesas para ver cientos de pequeños cuadriláteros con la tierra bien revuelta y bien cuchada poblados de embriones de lechugas, tomates, calabacines, cebollas, pimientos, perejiles y pepinos. Sanos y tiesos. Brillantes. Desafiando un espacio vertical que irán ganando poco a poco.

53-tomates-rrrEl recuerdo de 2016 es irregular. Aunque no fue digamos un buen año para las huertas, hay frutos que siempre se dan. En el capítulo de los agradecidos ahí están siempre el calabacín, el pepino o las lechugas. Los pimientos y los tomates son otro cantar. Los primeros son tardíos y quieren mucho sol. Si no lo hay, vas jodido. Los segundos son tan delicados que solo falta contratarles asistencia psicológica. Si se mojan, ahí está la botritis o el mildiu. Si les falta calor o nutriente apenas llegan a la cuarta floración y desarrollan unos tomates tamaño pelota de ping-pong. El hombre precavido, a falta de un prau que restalle de sol, mete a ambos a cubierto. 20170525_114722Basta un invernadero contra un muro que tenga una visera y una caída al otro lado. Por los laterales, según recomiendan los que saben, mejor dejarlos respirar para no desarrollar hongos. «Pa que no cuezan», dicen. Ahora bien, si el tomate no creció como debía el pasado año quizá sea que la tierra esté falta de nutriente pues al plantarlos de año en año en el mismo sitio la comida se va agotando. El plan de choque de primeros de mayo fue total. Para tener en cien días un tomate Mariñán de exposición, cada unidad recibió en su círculo vital lo siguiente: dos palas pequeñas de ceniza, otras dos de humus de lombriz y, revuelto en el agua de cada día, triple quince (nitrógeno, fósforo y potasio) y un pelín de cucho fresco (es mejor cuchar en invierno pero cuando no se hicieron los deberes siempre hay remedios de urgencia). El resultado quince días después son unos tomates sanos, hermosos, sin llegar aún a los dos palmos, pero con una pinta que da gusto verlos. Como todo lo demás. No registrar ni una sola baja tras plantar dieciséis tomates mariñanes, dos cherris, doce padrones, cuatro morrones, diez pepinos, catorce lechugas, cuatro calabacines y un tiestín de perejil es toda una proeza no recordada.

Pinta bien 2017. El hombre, en su huerta, es un ser feliz ajeno a todo lo demás. Inclina la jarra del agua sobre un tomate y siente casi en su interior cómo la planta empieza a beber y a espigarse. Se sienta en la tayuela y contempla a su alrededor el ritmo pausado de la naturaleza. Cuando en verano esa huerta le alimente recibirá el premio. Entretanto, quizá sea mayor satisfacción la expectativa. El sol de mayo lo ha llenado todo de alegría.

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Raphael, ¡¡¡yes un gallu!!!
Adrián Ausín 20-05-2017 | 12:34 | 0

Sale al escenario de riguroso negro, con el pelo lacado, los papitos de antaño y una nariz afilada. Es Raphael. Esa eterna asignatura pendiente que cobra forma en el teatro de la Laboral este viernes de mayo, día 19, a las 9 de la noche. Tiene 74 años. Has esperado mucho para verlo. Pero, ya se sabe, nunca es tarde. Menos aún para nuestro Rapha, con sus posos y poses de divo venido a más con la edad. Una vez colocados sus siete extraordinarios músicos, nuestro hombre se arrima al borde del escenario, mira al coliseo lleno a reventar y sonríe como solo él sabe hacerlo. En su radiante sonrisa de hombre feliz, en sus gestos, en sus giros repentinos está condensada la Historia de España; una parte al menos. Sin Lola, sin Rocío, sin tantos, Raphael es una pieza de museo que está ahí, ante ti, para no defraudar un ápice las expectativas alimentadas.

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Cero fichajes
Adrián Ausín 19-05-2017 | 7:24 | 0

Cuando has perdido el Norte, no hay nada como volver al punto de partida del éxito. O, cuando menos, intentar desandar hacia lo más aproximado a aquella situación. El Sporting, está requetedicho, logró el ascenso hace dos años gracias a la piña armada por gente de casa, bien comandada por Abelardo. Y eso se produjo por imposición, no lo olvidemos. San Tebas prohibió fichar al Sporting y el castigo se convirtió,

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¿Doctor Zhivago en Noruega?
Adrián Ausín 14-05-2017 | 10:27 | 0

(Doce días en Noruega 8)

¿A quién no le seduce montarse en un trineo tirado por diez huskys en un paisaje nevado? Lo primero que viene a la mente es ‘Doctor Zhivago’ y esas maravillosas escenas nevadas rodadas por cierto en España. Sin embargo, no usa Omar Sharif exactamente este tipo de transporte, más propio de las expediciones por el Polo Norte o el Polo Sur. La experiencia de montar en trineo te la ofertan en dos paradas del viaje: Tromso y Kirkenes. La decisión inicial es hacerlo al bajarte del barco en la última parada. Pero esto tiene un defecto: el paisaje es mucho menos espectacular. De forma que optas por Tromso, pese a que la experiencia trineo se solapa con el horario que te deja el barco para ver la ciudad. Elegir es renunciar. Te empapas de Tromso desde el barco a medida que avanza por el fiordo y una vez acabada la peripecia con los huskys te quedarán cuarenta minutos para hacer un rápido recorrido por el centro urbano. ¿Y los perros?

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Sobre el autor Adrián Ausín
Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes, se inició en la profesión en Bilbao, Sevilla y Granada. Sus aficiones apuntan en muchas direcciones: naturaleza, bricolaje, viajes, fotografía, cine y literatura. Todo ello con epicentro en Gijón.