El Comercio
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Raphael, ¡¡¡yes un gallu!!!
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Adrián Ausín | 22-05-2017 | 17:26

Sale al escenario de riguroso negro, con el pelo lacado, los papitos de antaño y una nariz afilada. Es Raphael. Esa eterna asignatura pendiente que cobra forma en el teatro de la Laboral este viernes de mayo, día 19, a las 9 de la noche. Tiene 74 años. Has esperado mucho para verlo. Pero, ya se sabe, nunca es tarde. Menos aún para nuestro Rapha, con sus posos y poses de divo venido a más con la edad. Una vez colocados sus siete extraordinarios músicos, nuestro hombre se arrima al borde del escenario, mira al coliseo lleno a reventar y sonríe como solo él sabe hacerlo. En su radiante sonrisa de hombre feliz, en sus gestos, en sus giros repentinos está condensada la Historia de España; una parte al menos. Sin Lola, sin Rocío, sin tantos, Raphael es una pieza de museo que está ahí, ante ti, para no defraudar un ápice las expectativas alimentadas.

RAPHAEL.-GIJON 18.5.2016 FOTO DE P. CITOULA

RAPHAEL.-GIJON 18.5.2016 FOTO DE P. CITOULA

Cuando cante ‘Ámame’, bastante avanzado el concierto, el público alcanzará el éxtasis, levantado, gritando a coro “Rafael, Rafael, Rafael”. Las dos horas y media van de menos a más. Pues empieza con los temas nuevos. Regulín. Pero poco a poco va soltando su gran batería de éxitos: ‘Mi gran noche’, ‘Qué Escándalo’, ‘En carne viva’, ‘Yo soy aquel’, ‘Como yo te amo’, ‘Yo sigo siendo aquel’, ‘Cuando tú no estás’, ‘A que no te vas’… Se disfruta con las canciones. Se disfruta con la cuidada puesta en escena (juegos de luces, imágenes, efectos, solos de los músicos). Y se disfruta especialmente con el trato que nuestro Rapha va dando a las canciones. Cómo las arranca, cómo berrea cuando toca, cómo guarda silencios (que piden aplausos), cómo invita al público a corear, cómo baila sobre el escenario, a veces torero, a veces gitano, a veces cupletero; cómo corta las canciones con un gesto final. Tablas, tablas y más tablas. Y cómo agradece el aplauso continuo reclinándose y aplaudiendo él mismo al público.

RAPHAEL.-GIJON 18.5.2016 FOTO DE P. CITOULA

RAPHAEL.-GIJON 18.5.2016 FOTO DE P. CITOULA

Dos horas y media intensas a los 74 años no son moco de pavo. Pero Miguel Rafael Martos Sánchez (Linares, Jaén, 5 de mayo de 1943) no da muestra alguna de cansancio. Nuestro hombre parece, al contrario, en su salsa, rebosante de energía positiva, esa que siempre ha lucido, aderezada de un gesto feliz y de una autocomplacencia que a unos empalaga y a otros estimula. Aunque, pensándolo bien, también puede empalagar y estimular a la vez. No es normal la actitud vital de Raphael. Pocos artistas o gentes mundanas conectan con tanta intensidad, sin ninguna vergüenza, con un punto hortera hispano que, a estas alturas, solo le ves cosas buenas. Además, con el correr de los lustros los gestos afectados de antaño, pasados por el tamiz de los años, destilan ahora un refinamiento que emula la mejor faena de Curro Romero.

Esta noche, en Gijón, a Raphael le llamaron “monstruo”, “guapu” y “torero” entre otras lindezas. Él agradeció todo. Incluso tras la propina, ‘Como yo te amo’, con el escenario ya vacío, la gente siguió aplaudiendo, pidiendo otra más. Pero el reloj marcaba las once y media de la noche. Tanto insistió la gente que Miguel Rafael Martos Sánchez asomó de nuevo al escenario e hizo dos simples gestos: una mano a la boca (insinuando quiero cenar), una mano en un papo (insinuando quiero dormir) y un saludo final al respetable.

No hemos hablado de la voz, por la que podía temerse tras el concierto de la víspera en el mismo escenario. Empezó algo afónico. Pero fue calendando y pudo con todo. No es la voz de un chaval. Sin embargo, sigue pudiendo con todo. Prometió en la despedida que vendría a Gijón muchísimas veces más. Sea. Rafael en Italia es un extraordinario pintor. Raphael en España es un inigualable cantante que sigue siendo aquel.  Un ser único en su especie. Hay que verlo para creerlo.

PD.-La próxima vez, RAPHA, presenta a los músicos. ¡Se lo merecen!

Sobre el autor Adrián Ausín
Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes, se inició en la profesión en Bilbao, Sevilla y Granada. Sus aficiones apuntan en muchas direcciones: naturaleza, bricolaje, viajes, fotografía, cine y literatura. Todo ello con epicentro en Gijón.