El Comercio
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Susi, Josefa y Londres
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Adrián Ausín | 27-10-2017 | 18:55

Vivimos en una ciudad engañosa. Si nos asomamos al mar, uno de los grandes días de sol de octubre, la playa ofrece una estampa idílica, de paraíso natural en estado puro, con gente aún bañándose, como Luis, y gente paseando feliz por la orilla, como Susi y Josefa. Ahora bien, ese mismo día plácido, a solo tres kilómetros, la zona Oeste deja patente la cara oculta de Gijón. Basta con preguntarle a la nariz para olfatear, con desagrado, la city más contaminada de Europa. Quienes viven mirando a Arcelor bien lo saben. Los malos olores, el tráfico y, lo peor de todo, el aire contaminado son la moneda corriente de La Calzada, Jove, El Natahoyo… Ahora bien, el resto, seamos sinceros, no acabamos de ser plenamente conscientes de la magnitud del problema. Lo fuimos el lunes, el día que no amaneció en Gijón, esa mañana naranja con el aire quieto, sucio y quemado. Hubo entonces quienes fueron a la farmacia a comprar mascarillas y hubo quien se acordó de la ‘Niebla de Londres’ de 1952. Aquel año, del 5 al 9 de diciembre, una densa niebla que no permitía ver a un metro se adueñó de la ciudad y acabó provocando hasta 12.000 muertos y 100.000 enfermos. Unos por accidentes de tren, tranvía o coche. Yotros por enfermedades respiratorias. Los hogares de Londres se calentaban con carbón de baja calidad, rico en azufre, y la contaminación se disparó aquellos días hasta provocar todas aquellas muertes, una situación extrema que casi le cuesta el puesto a un ya senil Winston Churchill.

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Gijón, de momento, no es Londres. Pero cada vez se parece más. Vivir a la sombra de una acería con patente de corso y de unos políticos que valen su peso en carbón nos sume en la contradicción de habitar una ciudad de dos caras:la oculta, totalmente contaminada, y la idílica, que mira ociosa al mar. Bien saben los vecinos de La Calzada lo primero. Ybien conocen Susi y Josefa lo segundo. A sus 85 y 80 años, estas entusiastas vecinas de La Arena no perdonan sus paseos por la orilla hasta la entrada del invierno, cuando proyectan viajar a Benidorm con el Imserso. Todo, menos quedarse quietas.

También disfrutó siempre del mar, del nuestro y del gallego, un gijonés de pura cepa, popular y querido, Chano Castañón, faltamente desaparecido el miércoles en aguas de Ribadeo cuando pescaba y hallado ayer sin vida. Es la cara amarga de nuestro más preciado bien, cada día menos ajeno a la nube negra con la que convivimos. Cuando ésta llegue hasta San Lorenzo para quedarse el desastre será completo.

(Publicado en EL COMERCIO el viernes 20 de octubre de 2017)

Sobre el autor Adrián Ausín
Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes, se inició en la profesión en Bilbao, Sevilla y Granada. Sus aficiones apuntan en muchas direcciones: naturaleza, bricolaje, viajes, fotografía, cine y literatura. Todo ello con epicentro en Gijón.