El Comercio
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Glasgow-Edimburgo / Gijón-Oviedo
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Adrián Ausín | 09-12-2017 | 08:21

(Once días en Escocia 2)

Cuando te dispones a abandonar Edimburgo, el anfitrión del Bed & Breakfast pregunta educado si la pareja regresa a España. “No. We are going to Glasgow”, responde la muyer. “Glasgow?”, repite interrogante esta réplica de Anthony Hopkins a la escocesa. “What for?”. La flema británica se manifiesta in extremis en este hombre pulcro vestido con pantalón negro, camisa de manga corta negra, brazos blancos como la harina y un escaso pelo repeinado para atrás. “Glasgow, ¿para qué?”. La muyer, cortés, sin ánimo de meterse en líos, explica que hay dos sobrinas estudiando allí y Hopkins asiente como diciendo “ah, era eso”.

e1La pulla de Anthony Hopkins destapa la piquilla. Una piquilla que a dos gijoneses no les suena lejana. Edimburgo, capital señorial y elegante. 495.000 habitantes. Glasgow, ciudad industrial pasada por el fuego de la crisis, reconvertida en cultural, bulliciosa y vanguardista, 598.000. Distantes 78 kilómetros; 45 minutos de tren. La primera mira al mar del Norte, aunque desde el centro urbano éste no se ve; la segunda tiene un gran río, el Clyde, antaño escoltado por astilleros; y otros menores, muy bonitos, como el Kelvin, que serpentea un jardín botánico. El pique escocés está servido. Sin embargo, al igual que el pique asturiano, las apariencias engañan; sobre todo en el caso de Glasgow, como le puede ocurrir a un visitante que entra a Gijón por la avenida de Portugal. Una conquista a golpe de vista; la otra requiere ponerse las gafas de bucear, aunque rápidamente se encuentra petróleo.

El viaje arranca en Edimburgo. El aeropuerto está cerca, a apenas 13 kilómetros. Esto anima a coger un taxi hasta el B&B y a sentir en el minuto uno que se acaba de aterrizar en el país del revés. El votante a la derecha, las marchas a la izquierda; conduciendo por el lado contrario… Un esguince en el cerebro al que cuesta un mundo adaptarse. Es miércoles, 15 de noviembre de 2017. Hace un frío que pela, pero no llueve. El viaje pende del hilo del tiempo. ¿Cómo se puede viajar a Escocia en noviembre? ¿Y si diluvia once días seguidos? En noviembre anochece a las 4.30 y esto, lloviendo, puede convertirse en un infierno. El riesgo es elevado. Elevadísimo. Sin embargo, Escocia tiene mucha miga. Mucho castillo, mucho palacio, mucho lago, una naturaleza exuberante y el viaje de Ryanair desde Santander sale a 111 euros dos personas ida y vuelta. El vuelo es corto, apenas dos horas, y los atractivos más que suficientes para dar el salto.

e2¿Noviembre? Pues sí. Noviembre. Qué cojones. El mundo es para los valientes. Para William Wallace y Christopher Lambert. Irrumpes en Edimburgo espada en mano, vigilante, con la cara pintada de rojo y la falda escocesa, dispuesto para la batalla. Si llueve; museos, paseos bajo el paraguas y pubs. Si no, eso y dos huevos duros. Al final, habrá potra. Mucha potra. Tremenda potra. Diluviará un día, de e3la mañana a la noche; y otros dos caerá un leve orbayu un ratín. El resto, cielo despejado. Y frío. Mucho frío. Mientras en Gijón hay una fugaz ola de calor con bañistas en la playa, en Escocia el termómetro oscilará entre los cero y los tres grados, con algunas rachas de vientos gélidos. E incluso, allá por las Highlands amanecerá nevado un par de mañanas, tiñendo los montes de blanco. Precioso. Con una cerveza negra o un güsiqui, ¿quién dijo miedo?

Despegamos.

PD.-Solo una aclaración más. Basta una foto, la del cañón, para dejar patente la belleza de Edimburgo. Glasgow requiere más explicación visual. Es una ciudad de contrastes, canalla y universitaria a la vez, con mucho sabor, como el Gijón de ‘Volver a empezar’ negro negrísimo y auténtico, pero al mismo tiempo mucho más monumental. Una vista panorámica la hace fea. Pero en cuanto te metes por ella todo es guapo e interesante. Un lío de armas tomar.

Sobre el autor Adrián Ausín
Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes, se inició en la profesión en Bilbao, Sevilla y Granada. Sus aficiones apuntan en muchas direcciones: naturaleza, bricolaje, viajes, fotografía, cine y literatura. Todo ello con epicentro en Gijón.