El Comercio
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Fecha: marzo, 2018
El bautismo de Rufino
Adrián Ausín 24-03-2018 | 8:03 | 0

Los ciclos vitales también se miden por bares. Cuando el cilúrnigo con complejo de Peter Pan se hunde en los confortables sofás de El Café de La Arena y acaricia con la mano izquierda un gin-tonic de aromas cítricos, magistralmente servido por Rufino en una copa de balón, es consciente de haber atravesado su particular Rubicón. Cuatro amigos recién asomados a la cincuentena acaban de celebrar una de esas cenas nostálgicas de los viernes y en vez de alejarse hasta los ritmos del Savoy, siempre bullicioso, deciden quedarse a dos pasos de la sidrería r1donde han oriciado a placer. ¿Dónde? Uno sugiere, en plena calle Manso, un sitio adonde acude a veces con su madre. Mal empezamos. Desde el exterior se aprecian cortinonas, lámparas de mesa, butacas… Un aspecto que veinte años atrás sería a lo sumo objeto de burla. Sin embargo, apetece hablar, no ligar, y tras una lógica indecisión, estos cuatro carrozas en ciernes deciden franquear la puerta. Ahí está Rufino, atildado, vetusto, suave en las formas y profesional en el trato. «¿Qué desean?». La pregunta en este Gijón chigrero chirría un tanto. Hasta el punto de crearse una cierta confusión en estos clientes que acaban de colgar su juventud en el perchero y se entregan, resignados, al nuevo estatus dictado por el DNI. ¿Dónde quedaron el Tik y el Jardín? ¿La Ruta de los Vinos? ¿El Players y El Parlamento? ¿Y los merenderos de Somió? ¿Dónde está el Escocia? ¿Y el Café Caracol, el Varsovia o r2el Kitch (última víctima del reloj de arena)? Mejor no pensar en las ánimas del pasado. El presente es Rufino. Sus confortables sofás, un jazz amable, dos copazos de gin-tonic y dos irlandeses. Toda la vida bromeando con el Nelson y el Trafalgar, haciendo cábalas de cuándo tocaría franquear esas puertas, y ahí están estos cuatro cincuentones plácidos, risueños y cómodos entregados con gusto a las amables garras de un encorbatado señor con nombre de época. De la una a las cuatro de la mañana pasa el tiempo, como canta Sabina, hora a hora, entre sorbos de ginebra cara, frutos secos, gominolas y carcajadas al más puro estilo de animoso carcamal. Se está a gusto en El Café de La Arena. La música acompaña pero no molesta y en este salón milanés donde no falta detalle las sensaciones se aproximan mucho a las de un balneario alpino.

Asumida la edad, toca intimar un poco con Rufino, que abrió el negocio allá por 1980 y vio pasar por él a un divo conocido como Arturo Fernández, una hermosísima mujer vestida toda de blanco llamada Sara Montiel, con su marido Pepe Tous. O tres futbolistas guipuches –Zamora, Satrústegui y López Ufarte– que al día siguiente, 26 de abril de 1981, iban a ganar la Liga en El Molinón. Paredes con historia las del Café de La Arena. Esta vez, el anfitrión despliega sus buenas artes con cuatro gijoneses nostálgicos de los tiempos del Escocia. Y funciona. El nuevo ciclo vital recibe un exitoso bautismo. No queda otra.

(Publicado en EL COMERCIO el sábado 24 de marzo de 2018)

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Mirando al Cosmos
Adrián Ausín 19-03-2018 | 11:15 | 0

En el Muro la reflexión cosmológica brinda hitos tales como ver aparecer por la Escalerona al mismísimo Stephen Hawking en su silla de ruedas. Ocurrió en 2005 y hubo playos que intuyeron que algo grande estaba pasando, aunque no atinaron bien el disparo. «¿Esti qué ye el de ‘Harry Potter’?», preguntó una de las muyeres que hacían bulto entre la masa mientras Hawking se asomaba a la incomparable playa de San Lorenzo.

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Aquellas tardes
Adrián Ausín 03-03-2018 | 7:58 | 0

En los años setenta, hace ya casi medio siglo, los gijoneses tuvimos un privilegio que acaso solo hayamos sabido valorar una vez perdido. Aquel Sporting de entonces era oro puro. Jugaba como los ángeles y goleaba casi con la facilidad que lo hacen hoy el Madrid y el Barça. Castro, el entrañable maizón, era una garantía bajo los palos. Redondo, pura sobriedad; Maceda y Doria

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Una volea para la inmortalidad recogida por la cámara de Puche
Adrián Ausín 03-03-2018 | 7:36 | 0

Novena jornada de la temporada 1976-77 en Segunda División. El Sporting recibe al Rayo Vallecano. Está practicando un fútbol total y es líder de la categoría. En el minuto 2, Quini adelanta a los locales. Pero en el 93 empatará Alvarito in extremis. El partido acaba 1-1. Entremedias se produce un lance espectacular sin mayores consecuencias. En la raya de gol de la portería del fondo sur, Enrique Castro Quini atrapa una pelota en el aire con un escorzo inverosímil. No logra perforar la meta de Alcázar. Sin embargo, su volea queda retratada en la cámara de Ubaldo Puche Mulero, quien no será consciente de su gesta hasta llegar al cuarto oscuro de revelado, donde descubre un tesoro oculto entre sus negativos.

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Sobre el autor Adrián Ausín
Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes, se inició en la profesión en Bilbao, Sevilla y Granada. Sus aficiones apuntan en muchas direcciones: naturaleza, bricolaje, viajes, fotografía, cine y literatura. Todo ello con epicentro en Gijón.