El Comercio
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De mayor quiero ser… playu
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Adrián Ausín | 21-04-2018 | 09:12

En aquellos colegios familiares de los años setenta solo había una actividad extraescolar:la fiesta de fin de curso en un merendero. Así era, al menos, en aquel entrañable colegio Eliska de la calle Padilla. Por estas fechas, las profesoras empezaban a decir aquello de «este año nos vamos a Canarias», una promesa que levantaba los bienes y hurras de los niños. Sin embargo, llegado el momento, el festejo se celebraba siempre en Los Maizales, en Santurio. Todos los años igual; de Canarias a Los Maizales, un recorte que suscribiría el mismísimo Montoro. Pero, pese a la merma viajera, era todo un éxito.

reduxEstos días preveraniegos puede verse desfilar por la arena de la playa a grupos de escolares de seis y siete años pertenecientes al colegio San Vicente de Paúl, que traslada la clase de Educación Física a cielo abierto aprovechando su vecindad, el buen tiempo y las bajamares. Comandados por José, los niños recorren el arenal desde el Piles hasta San Pedro recibiendo una clase magistral de gijonismo. Lo primero es la seguridad. Toca hablar de los colores de las banderas, de las funciones de la caseta de salvamento, de la protección solar… Y José intenta que sus alumnos acierten. ¿Qué tiene alguien que necesita a un socorrista? «Flato». ¿Qué suena por megafonía? «Tan, tan, tán…». ¿Cómo os estáis portando hoy? «Maaaal».

La preocupación del profesor es llevar a la tropa agrupada y eso, claro está, con los atractivos de la arena, los pozos y algún que otro tesoro, es misión imposible. A los niños, explica, les viene muy bien espoxigar al aire libre, pues quizá su jornada esté a caballo entre el aula y su casa. Así, mientras el tiempo acompañe y la playa no se masifique, el San Vicente traslada sus clases de gimnasia a pie de mar. Unas veces, para practicar deporte. Y otras, para dar un paseo didáctico que incluye la explicación práctica de la desembocadura de los ríos, el reciclaje de los diferentes tipos de basura o los peligros de las mareas.

Patear San Lorenzo también permite empezar a formar a los futuros playos. Hablarles del Piles, la Escalerona, San Pedro, Cimavilla… En la mente de José está el darles un adiestramiento explícito en este sentido, pero cuando mira a los renacuajos que tiene alrededor se corta un poco. «Quizá sea prematuro». Mejor ir introduciendo conceptos y completar el ADN local cuando estén en Secundaria, etapa en la que la salida a la playa está asimismo incluida en la atractiva ‘oferta’ del San Vicente, una buena cuna para ir formando al playu del mañana.

PD.-Próxima clase a pie de arena: conjugación adecuada de los algoritmos «qué ye ho» y «vas decime tú a mí». Cuanto antes, mejor.

(Publicado en EL COMERCIO el viernes 20 de abril de 2018)

Sobre el autor Adrián Ausín
Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes, se inició en la profesión en Bilbao, Sevilla y Granada. Sus aficiones apuntan en muchas direcciones: naturaleza, bricolaje, viajes, fotografía, cine y literatura. Todo ello con epicentro en Gijón.