El Comercio
img
Fecha: julio, 2018
El Yordas, 25 años después
Adrián Ausín 10-07-2018 | 10:08 | 0

Subir el Yordas es una de esas cosas que no deben hacerse una vez en la vida, sino varias. En el viejo Riaño, las subidas al Yordas organizadas en el ámbito familiar, desde la Villalona, en plena plaza del pueblo, tenían siempre un problema añadido a la ascensión: levantarse de la cama. Siempre se hacía propósito de madrugar y nunca se lograba. Así, cuando la comitiva se adentraba en el bosque de Tendeña (¿quedarán urogallos?), tras atravesar el Campamento, el sol pegaba ya de lo lindo. Subir al Yordas siempre fue un hito, una costumbre, el gran ritual de la montaña riañesa, no solo porque la foto del Yordas figure en los tarros de miel, sino porque este es el gran emblema calizo del valle, su más fiel y elegante guardián.

y1Tiraron Riaño (1987), pasaron los años y muchos que solo concebían subir al Yordas por su cara frontal dejaron en el limbo de los sueños la reedición de esta conquista por la cara trasera, a través del valle de San Pelayo, pese a ser una ruta fácil, bonita y con idéntico destino. Hace unas semanas, consciente de que hacía 25 años de que no subía el Yordas y y2de que ya había cumplido 50; este gijonés que escribe se fue tres días en solitario a Boca de Huérgano (la esposa trabajaba) en los que se fue poniendo deberes crecientes. Primer día, la Canalina hasta Barniedo. Segundo, Hormas. Y tercero, a las nueve, rompiendo la tradición familiar, el coche aparcado en Liegos. Hasta la desviación media una hora de ruta, un precioso tramo con visita incluida de una bandada de buitres que acaso vieron una oportunidad en el caminante solitario. Luego, el bosque, precioso y silencioso, la oportuna fuente y el giro a la izquierda en la curva siguiente. Cuando asomas a la luz tras dejar atrás la foresta ya despunta al final inconfundible la cima del Yordas y no tienes más que mirar hacia ella y caminar libremente, si bien y4hay una senda marcada por hitos. Un par de venaos en tierra y otro par de águilas en el cielo acompañan el tramo final pedregoso, salpicado aún por algún nevero, que en la ascensión va dejando asomarse un grandioso espectáculo en 360 grados a la redonda. La cima deja a la vista La Uña, Acebedo, Lario, Polvoredo, Liegos, Burón, Vegacerneja y y10Riaño. Quedan ocultos por poco Boca y Carande. Y sepultados bajo el agua los desparecidos Viejo Riaño, Pedrosa, Huelde, La Puerta, Anciles, Salio y Éscaro, además de dos suculentos trozos de Burón y Vegacerneja.

El sentimiento de volver a la cima del Yordas 25 años después es extraño. Las vistas no han dejado de ser espectaculares. Pero la historia personal, los recuerdos, la infancia… no pueden más que permanecer sumergidos bajo las aguas del pantano; y ese ayer que no volverá, con pantano o sin él, supone una caída libre ineludible hacia la nostalgia. Quizá sea mejor no detener la mente demasiado y bajar rápido tras 1 hora y 40 minutos de ascensión desde el puente. E intentar dejar en primer plano el ejercicio físico, la montaña, así como el hito facilón por otro lado de volver al Yordas. 

y5y6

 

 

 

 

 

y8

 

 

La última vez fue en 1993, con salida en kayak desde Riaño, remando con David Alvarado, subida y remada de nuevo a media tarde con un inoportuno viento en contra que hizo más dura la ruta acuática que la propia ascensión. Pasa la vida y de repente te plantas en  2018 sin haber rendido culto al gigante del valle durante un cuarto de siglo. Al regresar a Gijón, la familia se contagia del deseo volver a sentirse en la cima del Yordas, algo así como volver a conquistar la infancia… y no acabará este verano sin que la subida en solitario se reedite con una colectiva que incluya tortilla de patata, filetes empanados y ensalada, como en aquellos inolvidables días de julio y agosto en el río; cantimploras, varas de avellano y algún que otro cántico de montaña. Una equipación completa para combatir el vértigo del recuerdo.

Ver Post >
Sobre el autor Adrián Ausín
Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes, se inició en la profesión en Bilbao, Sevilla y Granada. Sus aficiones apuntan en muchas direcciones: naturaleza, bricolaje, viajes, fotografía, cine y literatura. Todo ello con epicentro en Gijón.