El Comercio
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Autor: oquillas
Greystoke también fala
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Adrián Ausín | 05-05-2018 | 6:15| 0

La historia de la creación, faltaría más, también debería tener su versión asturiana. Como ‘Rambo’ o ‘El exorcista’. El primer homo sapiens asturis habría sido gestado en los árboles del Monte Deva, tras la unión de dos chimpancés que experimentaron una extraña deriva al combinar accidentalmente la sidra y los oricios. Esi primer playu miró al horizonte, vio la Campa Torres y dijo a los suyos:«Seguidme». Así empezaron los cilúrnigos, aquellos pioneros que al asentarse en la Campa fundaron sin saberlo la nación gijonesa y al decir «ye guapu» mientras contemplaban el horizonte alumbraron ese hablar que llamaron primero bable y lluego llingua.

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La maquinona de Cabueñes
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Adrián Ausín | 29-04-2018 | 10:13| 0

Una nave espacial, en cutreversión de cine sesentero, sufre un ataque. El enemigo le ha disparado un rayo láser que produce una explosión en la popa y sus mecanismos empiezan a fallar y a gritar. En la sala de mandos todas las luces se encienden y se apagan en sintonía con un infernal sonido intermitente, entrecortado por los extraños rugidos del motor de la aeronave, el chirriante destello de una especie de radial, los disparos con que replican los protagonistas y los martillazos de un tripulante negro, y bigotón, para desbloquear la puerta.

Esta jaula de grillos, con la que nos describían el futuro hace cincuenta años, se puede revivir de forma gratuita en pleno 2018 en el Hospital de Cabueñes. Basta con que la traumatóloga pida una resonancia para el paciente. La emoción, por llamarla de alguna forma, está servida. Un modernísimo aparato estrenado este año le someterá al cilúrnigo a veinte minutos de ruidos tan dispares, extraños y galácticos (lo de los martillazos es literal) que no dejará de mirar a uno y otro lado a ver dónde está la cámara oculta. ¿Es una broma? ¿Cómo es posible? ¿A qué viene este escándalo? Tal es la situación que, pese a dejar la cabeza fuera del cilindro torturador, las enfermeras dan unos tapones para los oídos a su sufrido, y último, paciente del día antes de iniciar la sesión. ¿Y la otra máquina, la más antigua, mete más ruido o menos? «Parecido», aclararán sonrientes al final.

resonancia-reduxSi los sonidos se asociasen a las correspondencias asimiladas por nuestro cerebro uno no saldría vivo de esta maquinona. La radial lo habría cortado en pedazos y el martillo pilón lo habría aplastado como una lata de Coca-Cola para ser reciclado a continuación al contenedor de orgánicos, con premio póstumo para la familia por la adecuada separación de residuos. Pero no. Cuando extraen al cilúrnigo del tubo futurista éste sigue entero, con sus calzas, sus calzoncillos y ese batín de Ágata Ruiz de la Prada abierto por detrás con el que más que ‘Star Trek’ le pondrían a rodar seguramente ‘Alguien voló sobre el nido del cuco’.

Cuando se corra la voz de la banda sonora de la ‘maquinona’ de Cabueñes quizá los pacientes en lista de espera renuncien a la rápida llamada del hospital, que la tiene al ingenio trabajando mañana y tarde (antes de que explote). Y acaso aparezca un nuevo público vestido de R2-D2, C-3PO, Darth Vader y Chewbacca. En vez de los Yelmo, los fans del cine aeroespacial ya pueden llevarse las palomitas al hospital.

(Publicado en EL COMERCIO el sábado 28 de abril de 2018)

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De mayor quiero ser… playu
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Adrián Ausín | 21-04-2018 | 11:12| 0

En aquellos colegios familiares de los años setenta solo había una actividad extraescolar:la fiesta de fin de curso en un merendero. Así era, al menos, en aquel entrañable colegio Eliska de la calle Padilla. Por estas fechas, las profesoras empezaban a decir aquello de «este año nos vamos a Canarias», una promesa que levantaba los bienes y hurras de los niños. Sin embargo, llegado el momento, el festejo se celebraba siempre en Los Maizales, en Santurio. Todos los años igual; de Canarias a Los Maizales, un recorte que suscribiría el mismísimo Montoro. Pero, pese a la merma viajera, era todo un éxito.

reduxEstos días preveraniegos puede verse desfilar por la arena de la playa a grupos de escolares de seis y siete años pertenecientes al colegio San Vicente de Paúl, que traslada la clase de Educación Física a cielo abierto aprovechando su vecindad, el buen tiempo y las bajamares. Comandados por José, los niños recorren el arenal desde el Piles hasta San Pedro recibiendo una clase magistral de gijonismo. Lo primero es la seguridad. Toca hablar de los colores de las banderas, de las funciones de la caseta de salvamento, de la protección solar… Y José intenta que sus alumnos acierten. ¿Qué tiene alguien que necesita a un socorrista? «Flato». ¿Qué suena por megafonía? «Tan, tan, tán…». ¿Cómo os estáis portando hoy? «Maaaal».

La preocupación del profesor es llevar a la tropa agrupada y eso, claro está, con los atractivos de la arena, los pozos y algún que otro tesoro, es misión imposible. A los niños, explica, les viene muy bien espoxigar al aire libre, pues quizá su jornada esté a caballo entre el aula y su casa. Así, mientras el tiempo acompañe y la playa no se masifique, el San Vicente traslada sus clases de gimnasia a pie de mar. Unas veces, para practicar deporte. Y otras, para dar un paseo didáctico que incluye la explicación práctica de la desembocadura de los ríos, el reciclaje de los diferentes tipos de basura o los peligros de las mareas.

Patear San Lorenzo también permite empezar a formar a los futuros playos. Hablarles del Piles, la Escalerona, San Pedro, Cimavilla… En la mente de José está el darles un adiestramiento explícito en este sentido, pero cuando mira a los renacuajos que tiene alrededor se corta un poco. «Quizá sea prematuro». Mejor ir introduciendo conceptos y completar el ADN local cuando estén en Secundaria, etapa en la que la salida a la playa está asimismo incluida en la atractiva ‘oferta’ del San Vicente, una buena cuna para ir formando al playu del mañana.

PD.-Próxima clase a pie de arena: conjugación adecuada de los algoritmos «qué ye ho» y «vas decime tú a mí». Cuanto antes, mejor.

(Publicado en EL COMERCIO el viernes 20 de abril de 2018)

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Jamie, un peligro para el hombre
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Adrián Ausín | 17-04-2018 | 9:58| 0

Ahora que vivimos inmersos en las series, debemos tener mucho cuidado con el material elegido. ¡Atención! Un título desacertado y podemos cavar nuestra propia fosa. El hombre, el home, el paisanu de toda la vida, el rudo machoman peludo ajeno a melindrosidades y depilaciones está en serio peligro. Un engañoso producto llamado ‘Outlander’ puede acabar definitivamente con lo poco que queda de nosotros. Bajo una atrayente capa de historia de época, de la rudeza de la Escocia del siglo XVIII, de castillos, espadas y brujas, se oculta el hombre perfecto. Ojo, el hombre perfecto a ojos de la mujer, de la escritora en concreto, que nos pinta un especimen totalmente irreal, inexistente y en absoluto creíble: Jamie.

385Este Julen Guerrero del siglo XXI trasvasado a 1745 presenta las siguientes características: pelirrojucu, ñocla, rudo guerrero depilau, tierno amante y tan tan tan comprensivo con su amada, venida del futuro, que la cosa acaba por chirriar tanto que mientras la muyer sigue por la tercera temporada embelesada el home corta por lo sano al empezar al segunda (demasiado lejos ha llegado). ¡Esto es intolerable! ¡Haga el favor autora! ¡Cómo se le ve que soñó despierta cuando escribía hasta dejar un pastelón infumable! La prota le dice un día que viene de 1945 y él la cree y la comprende. Ella le dice que a las mujeres no se les dan azotainas y él, un murlaco de las Highlands, le pide perdón y promete que nunca más le dará con la zapatilla. Ella le prohíbe matar a su enemigo total (al ser ascendiente de su futuro marido, toma ya) y él la comprende y no lo mata. Etc. Etc. Etc. Después de abandonar el culebrón, habrá un más difícil todavía. Ella le dice al ñoclón que está preñá y él le dice que ya lo sabía. ¡Le lleva las cuentas de la regla! Jajajajajaja.

outlander-avaSeñores guionistas, por favor, un poco de seriedad. Uno viene de ver ‘Vikingos’ y pasárselo bomba con Radnard y su tropa; de ver ‘The Crown’ y admirar una serie excelente con espectaculares actores, guiones, interiores y exteriores; y de sumergirse en las tinieblas de ‘The Fall’ (‘La caza’) con el terrorífico asesino en serie Spectorrrr; para caer de golpe y porrazo en los abismos de este subproducto que amenaza con poner el punto y final a la raza humana. Solo falta que nuestro Jamie viaje de las Highlands de 1745 al futuro y se nos presente con el pantalonucu prieto y el tobillo al aire bien depilau, unos piercings de futbolista, las sienes rapadas y colonia cara.

Hombres del mundo, no os dejéis engatusar por la parienta; no caigáis en las garras de ‘Outlander’ porque empezarán a miraros con lupa. “Pues Jamie esto…”, “Pues Jamie lo otro…”. Mucho cuidado. Esta serie es un material altamente inflamable que convierte a un guerrero escocés del XVIII en una marioneta hortera en manos de su amada. Protejamos nuestras esencias y hagamos el más absoluto vacío a este ñoclón que amenaza la civilización occidental tal como era hasta hace cuatro días. ¡Fuera panolis! Algarrobos del mundo, no vos dejar impresionar por dos espadazos y un castillo de época. En ‘Outlander’ se oculta la condena eterna. El exterminio del macho.

Si Saza levantara la cabeza…

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Esas pequeñas cosas
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Adrián Ausín | 13-04-2018 | 11:00| 0

Hay errores humanos muy comunes. Como comprarse un objeto caro que utilizaremos acaso una vez al año y descuidar lo cotidiano, aquello a lo que damos un uso diario. Es la diferencia entre tener un reloj de oro en un cajón o un buen cepillo de dientes. Quizá lo mejor sea lo segundo. Ahora mismo, en este aquí y ahora, procedería realizar una encuesta a los usuarios de la playa de San Lorenzo de año completo, varios cientos, y plantearles la siguiente cuestión: ‘Elija usted una de estas tres cosas; metrotrén, ZALIA o dos grifos nuevos para lavar los pies en las escaleras 2 y 15’. Es de prever que el playu entrevistado se quedaría un instante un tanto perplejo ante la disparidad de los ‘objetos’ a elegir. Sin embargo, una vez cotejados mentalmente los presupuestos, la practicidad diaria de cada uno de ellos e, importante, la esperanza de vida del interpelado y, por tanto, de poder disfrutarlos antes de que le llame el barquero, se quedara, sin dudar, con los dos grifos.

redux-1redux-2La sorpresa del playu vendría después cuando le dijeran: «Pues está usted de suerte, querido amigo. Le acaban de tocar… ‘¡estos grifos!’». Así. Sin más. Sin debates políticos ni prórrogas presupuestarias. Sin concurso de ideas ni comisiones informativas. Sin cambios de proyecto. Casi, casi casi, sin dinero. Atendiendo, eso sí, con años y paños de retraso una demanda ciudadana silenciosa, pero recogida numerosas veces por escrito en La Columna de EL COMERCIO.

Unos operarios municipales abrieron el tajo en marzo, enchufaron el agua, echaron un poco de cemento y dejaron en las escaleras 2 y 15 sendos grifos de botón para que el ciudadano pueda lavar sus pies a pie de rampa en ambos casos, un privilegio reservado hasta ahora a nuestra insigne Escalerona fuera de la temporada de baños. La situación era absurda, pues no a todo el mundo le cuadra bien abandonar la playa por El Náutico. Y la solución, tremendamente barata. No hacía falta un máster de esos que rifan en Madrid para resolverla. Pero bien está felicitarse por la buena nueva: poder darse un garbeo por la orilla y, de vuelta a casa, tener un grifo a mano para lavar los pinreles. Sin él, lo de quitar la arena ha sido un suplicio mayúsculo.

Ahora cabe esperar que no se abra un debate político sobre la idoneidad de los grifos, el coste o la ubicación. Déjenlo así, por favor. O instalen más si gustan. Ya pueden seguir llenando ríos de tinta con proyectos faraónicos que acaso vean nuestros biznietos. Nosotros, entretanto, con poder lavarnos los pies vamos que chutamos.

(Publicado en EL COMERCIO el viernes 13 de abril de 2018)

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Sobre el autor Adrián Ausín
Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes, se inició en la profesión en Bilbao, Sevilla y Granada. Sus aficiones apuntan en muchas direcciones: naturaleza, bricolaje, viajes, fotografía, cine y literatura. Todo ello con epicentro en Gijón.