El Comercio
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Autor: oquillas
Zhivago en Soria
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Adrián Ausín | 10-04-2018 | 11:30| 0

No es ánimo de fastidiar. Pero cuando vemos embelesados ‘Dr. Zhivago’, ese peliculón de siempre, creyendo encontrarnos en las fascinantes estepas rusas nevadas muchos hemos ignorado durante años y paños que en realidad estamos contemplando Soria. Sí, Soria. La bella, majestuosa, oxigenante y aún desconocida Soria. Así como suena. En Soria, señores y señoras del jurado, se rodó allá por 1965 el 80% de la película y 53 años después de aquello esta preciosa región castellana sigue sin promocionar debidamente el hito de haber tenido viviendo en su tierra a Omar Shariff, Julie Christie y Geraldine Chaplin, un triángulo amoroso en toda regla; acaso el más famoso de la historia del cine.

doctor-zhivago-y-casa-de-candilichera¿Por qué Soria?, se preguntará el escéptico lector. Pues, en 1964, cuando empezaron los preparativos, parece que la Metro Goldwyn Mayer eligió a los sorianos por tres motivos una vez descartada la propia Unión Soviética, doctor-zhivago-5donde se consideraba irreverente la obra de Boris Pasternak. Una vez elegida España, acaso por ser un país barato por entonces, Soria se impuso por tres motivos: tenía paisajes nevados en invierno que se asemejaban a los de la estepa rusa, aún circulaban por su territorio las locomotoras de vapor, que tienen un protagonismo importante en la película, y estaba a una distancia razonable de Madrid. 

doctor-zhivago-7Sin embargo, cuando todo estuvo preparado, los hoteles llenos a reventar, la población ensimismada con aquel desembarco comandado por el director David Lean, ocurrió lo inesperado: no nevó. Aquel invierno de 1965 Soria se quedó sin nieve cuando más necesidad tenía de ella y el rodaje debió llevarse a cabo con un sinfín de doctorzhivago_23_matamalaefectos especiales: polvo de mármol, plásticos blancos, cera blanca… Los trucos en algún caso no dieron el resultado apetecido y ciertas escenas debieron rodarse de nuevo posteriormente en Finlandia. Curiosamente, de la bellísima Soria no se rodó nada precisamente en sus lugares más señeros. Se hizo en especial en la estación de Cañuelo de Soria capital, el pueblo de Candilichera, Ólvega de Moncayo, Villar del Campo y el embalse de la Cuerda del Pozo. Unos enclaves que no figuran en absoluto en el ‘top ten’ de lo que debe verse en esta región y acaso el motivo de que no se haya hecho nunca una promoción como es debido del rodaje de ‘Dr. Zhivago’, con zh1imagesseguridad una de las diez películas más importantes de la historia del cine.

Si uno se quiere perder en Soria ahí tiene el Cañón del Río Lobos, la Laguna Negra, las Fuentes del Duero, Castroviejo, el monumental Burgo de Osma, Ucero, Calatañazor, Vinuesa, Almanza, Berlanga del Duero, la ermita de San Baudelio, Caracena y su cañón y su románico, Soria capital, Numancia y un mar de pinares por donde perderse por carreteras secundarias. Sin embargo, los lugares del rodaje, centrados al sureste de la capital, son parajes más esteparios, menos bonitos. Ahí se ambientó el pueblo de Yuriatin (la estación doctor_zhivago_candilichera_soria1es en realidad la de Soria-Cañuelo y el pueblo Candilichera) y Barykino, con aquella casa helada en mitad de un páramo donde Zhivago sube corriendo a la primera planta para romper de un golpe el cristal de la ventana para poder images-1contemplar a su amada alejándose, una vez más, acaso la imagen más bella de la película. Pues sí, ahí, Omar Shariff está en Soria. Y Julie Christie está en Soria. Y Geraldine Chapin y su camada de nenos (uno de ellos hijo real de Shariff) están en Soria, por donde pasean a diario tras el rodaje. No en aquella Rusia atacada por la Revolución Bolchevique de 1917. Y los extras, un elevado número de ellos no son rusos sino sorianos que se ganaron unas buenas pesetas de la época por convertirse en revolucionarios.

Si añadimos que los Urales rusos son en realidad el Moncayo o que ese pueblo quemado que contemplan los Zhivago desde el tren en realidad es Villar del Campo esperamos no decepcionar a nadie. La mujer que corre para entregarles un bebé (que en realidad está muerto) quedó atrapada por el tren en el rodaje y perdería ambas piernas, pero el director no mandó parar al producirse la tragedia.

zhivago1Finalizado el rodaje, la Metro dejó un regalo: el primer parque de columpios de la provincia, que instaló en La Dehesa y alguno de sus trabajadores, tras casi dos años de estancia, se casó en Soria. En 1965, la película se estrena en EE UU. En 1966, en España. Y en 1967, en Soria, en el cine Rex, todo un acontecimiento. El autor, Boris Pasternak, escribió la obra en 1957, ésta se publicó en Italia y le reportó en 7c2dabc1f6c8d5db39f10c4032925e16-david-lean-doctor-zhivagoNobel de Literatura al año siguiente, que no se atrevió a ir a recoger al ser considerado en su país “una oveja sarnosa” cuyos escritos estaban “llenos de calumnias”. No se publicó en Rusia, en formato de fascículos, por una revista que logró una suscripción millonaria, hasta 1988. Había llegado la Perestroika; mientras en Soria seguían aún ensimismados con Streinlikov parado en aquel tren en mitad de sus pinares.

PD.1 Aquel histórico 1965 ocurrió otro hecho totalmente desconocido: se rodó en Soria ‘Campanas a medianoche’, de Orson Wells. ¡¡¡¡Casun Soria!!!! Joer con la desconocida. Y nosotros viajando a la República Dominicana.

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Aprender a mirar
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Adrián Ausín | 07-04-2018 | 3:07| 0

En la inauguración de ‘La lloca’, allá por 1970, Ramón Muriedas fue el gran ausente. Una inoportuna gripe impidió su asistencia. Sin embargo, la lluvia inmediata de críticas a su ‘Monumento a la madre del emigrante’ desanimó al cántabro siquiera a visitarla. Llegó incluso chapones-reduixa estar en Gijón para su únicaexposición propia en esta ciudad unos años después sin reservar siquiera media hora para contemplar su desgarradora pieza mirando al mar. Jamás se retrató con ella.
Veinte años después, Eduardo Chillida asistió en directo a una nueva crisis artística. En plena puesta de largo de su ‘Elogio’, en 1990, un tal Eusebio propinó un puñetazo al alcalde, Areces, en protesta por los cien millones de pesetas que había costado la hoy emblemática pieza, bautizada enseguida como «el water de King Kong». ¿Qué decir de ‘Sombras de luz’? En 1998, por no haber no hubo ni acto inaugural. Pero sí un azote de críticas y un rápido bautismo: ‘las chaponas’. Al autor, Fernando Alba, no se le pudo retratar con su obra hasta cuatro años después, por iniciativa de este periódico.

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El bautismo de Rufino
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Adrián Ausín | 24-03-2018 | 8:03| 0

Los ciclos vitales también se miden por bares. Cuando el cilúrnigo con complejo de Peter Pan se hunde en los confortables sofás de El Café de La Arena y acaricia con la mano izquierda un gin-tonic de aromas cítricos, magistralmente servido por Rufino en una copa de balón, es consciente de haber atravesado su particular Rubicón. Cuatro amigos recién asomados a la cincuentena acaban de celebrar una de esas cenas nostálgicas de los viernes y en vez de alejarse hasta los ritmos del Savoy, siempre bullicioso, deciden quedarse a dos pasos de la sidrería r1donde han oriciado a placer. ¿Dónde? Uno sugiere, en plena calle Manso, un sitio adonde acude a veces con su madre. Mal empezamos. Desde el exterior se aprecian cortinonas, lámparas de mesa, butacas… Un aspecto que veinte años atrás sería a lo sumo objeto de burla. Sin embargo, apetece hablar, no ligar, y tras una lógica indecisión, estos cuatro carrozas en ciernes deciden franquear la puerta. Ahí está Rufino, atildado, vetusto, suave en las formas y profesional en el trato. «¿Qué desean?». La pregunta en este Gijón chigrero chirría un tanto. Hasta el punto de crearse una cierta confusión en estos clientes que acaban de colgar su juventud en el perchero y se entregan, resignados, al nuevo estatus dictado por el DNI. ¿Dónde quedaron el Tik y el Jardín? ¿La Ruta de los Vinos? ¿El Players y El Parlamento? ¿Y los merenderos de Somió? ¿Dónde está el Escocia? ¿Y el Café Caracol, el Varsovia o r2el Kitch (última víctima del reloj de arena)? Mejor no pensar en las ánimas del pasado. El presente es Rufino. Sus confortables sofás, un jazz amable, dos copazos de gin-tonic y dos irlandeses. Toda la vida bromeando con el Nelson y el Trafalgar, haciendo cábalas de cuándo tocaría franquear esas puertas, y ahí están estos cuatro cincuentones plácidos, risueños y cómodos entregados con gusto a las amables garras de un encorbatado señor con nombre de época. De la una a las cuatro de la mañana pasa el tiempo, como canta Sabina, hora a hora, entre sorbos de ginebra cara, frutos secos, gominolas y carcajadas al más puro estilo de animoso carcamal. Se está a gusto en El Café de La Arena. La música acompaña pero no molesta y en este salón milanés donde no falta detalle las sensaciones se aproximan mucho a las de un balneario alpino.

Asumida la edad, toca intimar un poco con Rufino, que abrió el negocio allá por 1980 y vio pasar por él a un divo conocido como Arturo Fernández, una hermosísima mujer vestida toda de blanco llamada Sara Montiel, con su marido Pepe Tous. O tres futbolistas guipuches –Zamora, Satrústegui y López Ufarte– que al día siguiente, 26 de abril de 1981, iban a ganar la Liga en El Molinón. Paredes con historia las del Café de La Arena. Esta vez, el anfitrión despliega sus buenas artes con cuatro gijoneses nostálgicos de los tiempos del Escocia. Y funciona. El nuevo ciclo vital recibe un exitoso bautismo. No queda otra.

(Publicado en EL COMERCIO el sábado 24 de marzo de 2018)

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Mirando al Cosmos
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Adrián Ausín | 19-03-2018 | 11:15| 0

En el Muro la reflexión cosmológica brinda hitos tales como ver aparecer por la Escalerona al mismísimo Stephen Hawking en su silla de ruedas. Ocurrió en 2005 y hubo playos que intuyeron que algo grande estaba pasando, aunque no atinaron bien el disparo. «¿Esti qué ye el de ‘Harry Potter’?», preguntó una de las muyeres que hacían bulto entre la masa mientras Hawking se asomaba a la incomparable playa de San Lorenzo.

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Aquellas tardes
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Adrián Ausín | 03-03-2018 | 7:58| 0

En los años setenta, hace ya casi medio siglo, los gijoneses tuvimos un privilegio que acaso solo hayamos sabido valorar una vez perdido. Aquel Sporting de entonces era oro puro. Jugaba como los ángeles y goleaba casi con la facilidad que lo hacen hoy el Madrid y el Barça. Castro, el entrañable maizón, era una garantía bajo los palos. Redondo, pura sobriedad; Maceda y Doria

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Sobre el autor Adrián Ausín
Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes, se inició en la profesión en Bilbao, Sevilla y Granada. Sus aficiones apuntan en muchas direcciones: naturaleza, bricolaje, viajes, fotografía, cine y literatura. Todo ello con epicentro en Gijón.