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Categoría: Anecdotario
Barbarie tecnológica

El mundo no se lo cargará ningún volcán, ningún terremoto, ningún platillo volante atiborrado de marcianos asesinos. Será la tecnología la que termine con nosotros. De forma lenta, pero absolutamente segura e implacable. El fin del mundo llegará

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Putos cachopos

“Putos cachopos. Jodidos cachopos. Estúpidos cachopos” (Einstein)

“El cachopo es una burda copia del sandwich” (Conde Sandwich)

“Qué katxopo ni que hostias pues” (Arguiñano)

(ficción)

 

Woody Allen explica con prodigiosa gracia en su libro ‘Cómo acabar de una vez por todas con la cultura’ el descubrimiento del sandwich. Recrea sobre el papel nuestro geniecillo del cine cómo el cuarto conde Sandwich, John Montagu (1718-1792), fue acercándose al invento progresivamente hasta hacer diana de forma definitiva. Cómo un día puso un trozo de longaniza sobre una tapa de pan de molde. Cómo otro día puso dos trozos de longaniza. Cómo decidió ampliar su juego gastronómico con una segunda tapa. Y cómo un buen día alcanzó, como por arte de magia, la secuencia tapa/comida/tapa. Casi tres siglos después de aquello, uno llega a pensar que el Conde Cachopo habita entre nosotros. Que la gastrología estaba huérfana hasta que alcanzó gloria nacional la secuencia carne/relleno/carne. Que nada hay que merezca la pena a izquierda y derecha de un cachopo cuanto-más-grande-mejor. Estos cachopos que siempre se han comido, que siempre han existido, que en su simplicidad siempre han sido en sus tallas menores comida fácil para niños, ahora resultan ser la quintaesencia de la alimentación del siglo XXI.

En realidad, fuera del imaginario de Woody Allen, el móvil de Montagu para inventar el sandwich fue tremendamente mundano. Quería comer sin mancharse mientras jugaba a las cartas, a las que era un aficionado empedernido y así, un día en que la partida se prolongó demasiado, pidió al servicio un poco de carne entre dos rebanadas de pan. ¡Eureka! En Gijón, entretanto, un fartón aficionado a la carne debió de pedir un día dos trozos de carne con el pan dentro, un pepito a la inversa y de ahí al cachopo… la cosa fue coser y cantar. Según reza en wikipedia, las primeras referencias históricas del tonto cachopo las recoge el doctor Casal a principios del siglo XVIII y en su origen sería una forma de dar salida a los filetes de escasa calidad, pues acompañados de jamón y queso ganan textura y sabor. O sea, que cachopo y sandwich son ambos dieciochescos, un par de clásicos como la copa de un pino, uno asturiano y otro británico, emparentados en el siglo de nacimiento, en la secuencia del entapamiento y en tratarse de alimentos básicos, sencillos, toscos y poco imaginativos. Quitapenas, vaya. Ambos, dicho sea todo, pueden llegar a ser deliciosos en un momento dado. Pero reducir la gastronomía al Teniente Cachopo es algo tremendamente simplista, pura dentellada carnívora. Amados gastrólogos del universo y de los masterchefes de los cullons, fuera del cachopo, recordaros solo, hay vida, hay día y noche, agua, azucarillos y aguardiente. Hay peces y arroces. Y gazpachos. Y cremas. Sin rebozaos. Sin aceitorros. Fuera del cachopo, señores y señoras del jurado, hay incluso comida.

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El trompetista alemán de los Picos de Europa


En la Vega de Ario, uno de los rincones más apartados y bellos de los Picos de Europa, a tres horas y media de marcha desde el Lago Ercina, se produjo ayer martes un pequeño milagro musical. A las tres de la tarde, con el sol y las brumas intercalándose, el silencio de la alta montaña se vio quebrado, de repente, por el sonido de una trompeta. Unos suaves acordes llegaron hasta el refugio desde la mitad de la majada. Un hombre había comenzado a tocar la trompeta y el ganado se le aproximaba como por ensalmo. Tras un maravilloso primer tema, vino el segundo. Las notas eran inconfundibles:

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Incidente (con móvil) en el Alvia

Cuando viajas en tren lo disfrutas desde que compras el billete. Solo imaginar una ventana, un paisaje, el periódico y/o un libro es lo suficientemente sugerente como para que resulte secundaria la duración. Es más, a veces hasta te da rabia llegar aunque lleves nueve horas en ruta. Todo es idílico en el tren. Todo es relajante. Todo, salvo la compañía. No te refieres a la propia, pues el viaje es en solitario. Te refieres a la accidental. A la del humano que te toca en suerte en el asiento vecino. Una semana de relax produce un estado de ánimo aún mejor en el retorno. Pero tras una persona educada se te adjunta otra que ya te da malas vibraciones desde el primer instante. Es un varón de unos 43 años, tez pálida, pelo negro y ropa azul marino y negra. Demasiada ropa para finales de abril. Y aspecto tristón.  

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Peces chiste

Una noche de acampada, a la vera del río Casasuertes, dos buenos amigos, como dos juglares urbanos inspirados por la naturaleza, se dieron a la composición de definiciones de peces en clave humorística. Ocurrió, digamos, entre las doce de la noche y las tres de la madrugada en una oscurecida de agosto de 1999. Los juglares urbanos, Adriansens y Cipriano, estaban acompañados de dos buenas amigas y mientras estas dormitaban, su combate dialéctico en clave pezuna (incluidos crustáceos y mariscos) dio lugar a una larga lista de ocurrencias. Intentaremos rememorar algunas, sin duda, con desigual resultado humorístico:

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Historia de una gallina

Ser gallina no implica necesariamente vivir de forma cobarde o pasar toda una vida entre rejas. A veces, ser gallina se convierte en una experiencia intensa, alucinante, en una auténtica lucha por la supervivencia. Nuestra heroica gallina, la gran protagonista de esta atípica historia, ha conseguido sobrevivir unos diez días en un amplio patio de luces del centro de Gijón alimentándose de lo que pudo y esquivando escobazos y ataques variopintos. Aunque el final no fue feliz. Pero empecemos por el principio. Un buen día de finales de agosto en un décimo

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Sobre el autor Adrián Ausín
Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes, se inició en la profesión en Bilbao, Sevilla y Granada. Sus aficiones apuntan en muchas direcciones: naturaleza, bricolaje, viajes, fotografía, cine y literatura. Todo ello con epicentro en Gijón.