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Categoría: Gijonadas
A pechu descubiertu (Igor Paskual, Rodrigo Cuevas y El Brujo)

Igor Paskual protagonizó la noche del viernes. Rodrigo Cuevas, la del sábado. Rafael Álvarez, El Brujo, la del domingo. El guitarra de Loquillo, a pecho descubierto. El de les madreñes, a pechu descubiertu. Y el Séneca cordobés, solo en un escenario durante cien minutos sin parar de hablar; o sea, totalmente desnudo ante 700 personas. Cuando dan ciclogénesis y no puedes huir de las Asturias monte a través, quedan los escenarios de los teatros y los garitos como refugio de invierno para buscar la ambrosía: la música, el folclore, la risa y el teatro, falsedad bien ensayada, estudiado simulacro; que dice la canción. Como nunca habías podido citarte ante ninguno de los tres mencionados artistas, el fin de semana, antipático celeste, se rebeló didáctico, divertido e incluso, por momentos, magistral.

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Mario, el nuevo Pelayo astur, se adentra en la selva colombiana

Hubo un tiempo en que los Astures se levantaban por la mañana y tomaban la decisión de invadir Galicia, Cantabria, el País Vasco, León e incluso Lisboa; atacaban, saqueaban y volvían cargados de tesoros. Eran los esplendorosos tiempos de Pelayo y de sus sucesores que dieron lustre a la llamada Monarquía asturiana. Algo ha debido quedarnos de todo aquello como para, varios siglos después, tomemos decisiones de tal calado como supervisar el proceso de paz en un país sudamericano, como si una poderosa nación, nuestro Principado, pudiera resultar determinante para el devenir existencial del otro lado del océano Atlántico. Ayer, en EL COMERCIO, se recibían comunicados del colectivo integrante de la XIII Visita Asturiana de Verificación del Estado de los Derechos Humanos de Colombia, con un heroico texto en el que daban cuenta nuestros representantes del contratiempo sufrido al ser retenidos durante tres horas por el Ejército colombiano cuando querían pasar a territorio comanche, el de las FARC, para entrevistarse con los comandantes Walter, Pacho González y Cauca, y tomar nota del cumplimiento del proceso de paz abierto hace un año. Nos consoló

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John (apetece llevalu pa casa) Mayall

Debe de estar harto John Mayall de que le hablen siempre de la edad, como a Robert Redford. “Yo me encuentro bien”, declaraba hace unos días en una entrevista digital. ¿Bien? Queridísimo John, estás que te sales. Basta ver un concierto tuyo para querer llevarte para casa a vivir. Ese toque pasota, ese look british alargado, esa armónica que se desliza a los lados entre la fauces mayallianas y el micrófono, único e inconfundible a los teclados, sobre los que se desliza dando a veces pequeños impulsos, el virtuosismo a la guitarra, los abalorios que le cuelgan del pecho, las bromas, las tablas sobre el escenario y, por supuesto, por encima de todo, su música. Por algo le llaman el padre blanco del blues. Tenías miedo, en tu tercer concierto de John Mayall, que hubiera poca gente en la Laboral y este dios de la historia de la música moderna se llevase un chasco. Pero al ver el aparcamiento lleno respiraste aliviado. La gente sigue sabiendo de lo bueno. Como cuando apenas fueron quinientos a ver a Eric Burdon al Niemeyer en un concierto memorable. Pero pese a los 83 años y a venir solo un trío -Mayall, un bajo y un batería- el público apostó por la veteranía. Y acertó. Vaya si acertó.

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¡Se acabó la miseria en este bar!

Aquello de tener un café y un pub de cabecera era tremendamente práctico. Salías de currar a una hora rara, tardía y si tenías cuerda te ibas para allá sin ningún problema. O tenías a un amigo detrás de la barra del Caracol  o tenías un montón detrás y delante de la barra del Escocia. Normalmente ibas acompañado tras una multitudinaria cena. Pero si te apetecía salir y no habías quedado con nadie el problema, el retraimiento era nulo. A los cinco minutos de poner un pie en el Escocia ya tenías tertulia. Dentro, fuera, en el fubolo… En cualquier rincón. Y si el dueño del Caracol, tu colega

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‘Muiles en el Piles’, el mejor hit de chigre desde ‘Quiero tocarte el timbre’

Cuatro años después del hit sidrero ‘Quiero tocarte el timbre’ ha llegado un dignísimo relevo: ‘Muiles en el Piles’. En la Nochebuena de 2012, cuatro treintañeros gijoneses cargados de sidra hasta las cachas dieron rienda suelta a su inspiración en El Tendido, frente al Bibio, donde cantaron reiteradamente al camarero, sufrido camarero, unas preciosistas estrofas cargadas de frescura y buen humor. El tema era breve, pero de composición propia, con fases de griterío, desfase, humor e incluso tierna melodía. Tal era la condensación de sensaciones que ‘Quiero tocarte el timbre’ se convirtió en un hit sidrero y su breve vídeo registró en la web de EL COMERCIO más de tres mil visitas. Ahora han llegado Los Desiempre, un grupo

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El Escocia, momificado

Afuera, sol. Adentro, sombras, telarañas, polvo, carcoma, herrumbre, vasos vacíos, astillas, ¿ratas? En apenas seis años de abandono, El Escocia se ha momificado. Entre los puntales que mantienen malherido al edificio (sin ellos todo se habría venido abajo hace tiempo), el pub más querido por varias generaciones de gijoneses mantiene intactas sus señas de identidad: la

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Sobre el autor Adrián Ausín
Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes, se inició en la profesión en Bilbao, Sevilla y Granada. Sus aficiones apuntan en muchas direcciones: naturaleza, bricolaje, viajes, fotografía, cine y literatura. Todo ello con epicentro en Gijón.