El Comercio

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Categoría: Naturaleza
De Bilbao al Gorbea a pinrel

(Interrumpimos las crónicas sicilianas para dar una noticia de altura)

 

Para Héctor,
primus magníficus

En una vida hay un puñado de hitos vinculados a la superación de cada cual, en función de su medida de las cosas, que permanecen en la memoria como tesoros. El primero fue ir de Gijón a Covadonga caminando en el día: casi 80 kilómetros bastante llanos en trece horas y media. El segundo, subir el volcán Misti en Perú hasta sus 5.822 metros de altura en dos durísimas jornadas con taquicardias crecientes. El tercero, bajar de los miradores del Gran Cañón al río Colorado para bañarte en él y subir en el día, un mes de noviembre, superando un desnivel de 2.300 metros a 700. El cuarto, coronar el Torrecerredo. Y el quinto el pasado martes, antes de agotar las vacaciones de verano, resultó igualmente singular: salir caminado de Bilbao, atravesar Vizcaya entera por sus cordilleras, llegar al Gorbea, en la frontera con Álava, y subirlo. Y, claro, bajarlo hasta un pueblo de Álava, adonde te fue a buscar el primo Héctor,

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El trompetista alemán de los Picos de Europa


En la Vega de Ario, uno de los rincones más apartados y bellos de los Picos de Europa, a tres horas y media de marcha desde el Lago Ercina, se produjo ayer martes un pequeño milagro musical. A las tres de la tarde, con el sol y las brumas intercalándose, el silencio de la alta montaña se vio quebrado, de repente, por el sonido de una trompeta. Unos suaves acordes llegaron hasta el refugio desde la mitad de la majada. Un hombre había comenzado a tocar la trompeta y el ganado se le aproximaba como por ensalmo. Tras un maravilloso primer tema, vino el segundo. Las notas eran inconfundibles:

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¡¡¡¡Hay sidra d'Arroes!!!!

Hay dos días importantes al año. Uno llega cuando corchas la sidra; otro cuando pones la huerta. Son dos rituales que elevan el espíritu, poniéndolo en armonía con la tierra. Este año, ambos tendrán una separación de apenas cuatro días. El viernes, tras mil peripecias, cien litros de sidra quedaron empaquetados en ciento treinta botellas. El martes atacarás la huerta con el rotovátor para oxigenarla antes de llenarla de plantones. Hoy toca hablar de sidra. Y contar toda la verdad. Pues cada año es caprichoso respecto al anterior y nunca hasta ahora has igualado el producto. Por eso es sidra casera. Por eso varía. Porque vas adaptando pautas. Porque las manzanas combinan distinto. Porque no corchas el mismo día. Porque la naturaleza es azarosa. Y porque tu suegro así podrá seguir metiéndose contigo. 

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Maraña… ¡Y cierra España!

En los años 50, Maraña tenía 500 habitantes. En sus escuelas había 40 niños y 40 niñas. Y la ganadería alimentaba con holganza este coqueto rincón de la montaña leonesa situado en uno de esos valles laterales donde la carretera muere, a apenas diez minutos de coche del alto de Tarna. En Maraña, en invierno, viven ahora, en 2016, unos treinta vecinos, los tres niños del pueblo van a estudiar a Riaño y aquellas antiguas escuelas, aquel singular edificio de piedra, albergan en dos terceras partes el bar Mampodre, donde Acacio mantiene con vida la actividad social del pueblo, además de captar la atención del afamado montañero Jesús Calleja, quien ha encontrado en este pueblo y en este bar un escondite donde descansar de los focos y comer casero.

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Incomunicado

Mientras trabajas todo el fin de semana como pepeelhijoputa, vas escuchando los partes de Sotres. “Aislado”. “Solo se puede llegar hasta Tielve”. “Las casas están envueltas en la nieve”. No puedes evitar exclamar: ¡Quién estuviera incomunicado! ¡Qué maravilla quedar

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La barriga del rinoceronte

En el valle de los animales sobresale la presencia del rinoceronte, con sus lomos plateados. Parece construido a piezas de contrachapado en un taller medieval. Está quieto, con su poderoso cuerno apuntando al cielo. Quizá esté haciendo yoga. Yoga animal, claro está. En el valle de los animales hay peligrosas especies: leones, leopardos, búfalos, hipopótamos,

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Sobre el autor Adrián Ausín
Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes, se inició en la profesión en Bilbao, Sevilla y Granada. Sus aficiones apuntan en muchas direcciones: naturaleza, bricolaje, viajes, fotografía, cine y literatura. Todo ello con epicentro en Gijón.