El Comercio
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Categoría: Sporting
Un equipo fundido

Debemos agradecer a Baraja haber cogido al Sporting décimo y llevarlo hasta la primera plaza. Muchos nos frotábamos los ojos viendo una clasificación que parecía más bien un buen sueño. Luego acabamos cuartos y sucumbimos al play off por la vía rápida. Así, en esta liga de rachas como toboganes (primero arriba, luego una caída libre, luego arriba, luego otra caída final…) acabamos esta noche decepcionados, pues el equipo, en su mejor versión, era carne de Primera. Pero también tenía otra versión, la mala, esa que enseñó en las últimas cinco jornadas y en estos dos terribles partidos. Y, como el final es lo que cuenta, acabamos con las orejas gachas.

red-spDebemos agradecer a Baraja el arreón que le metió al equipo. Pero en esta terrorífica fase final debemos reprocharle igualmente su falta de vista, su nula reacción, su ceguera para buscar alternativas a un equipo fundido. Dio rápido con el once tipo; una alineación titular que ofrece poquísimas dudas. Pero el derroche físico de las ocho victorias seguidas, más todo lo anterior, sin hacer más cambios que los ‘protocolarios’ acabaron por pesar demasiado en este equipo con un montón de jugadores en el umbral de los tres mil minutos jugados.

En esa tesitura, erró Baraja saliendo alocadamente al ataque contra el Barça B, un equipo que venía al Molinón jugándose la vida y al que debíamos haber esperado en nuestro campo. Erró, de qué manera, viajando a Córdoba con titulares, cuando el bajón físico pedía a gritos dejar en Gijón al once de gala al completo. Eso nos hubiera dado un respiro y permitiría coger aire para la promoción. Pero no. Aferrado a su once, apenas hizo tres cambios y acabó por cansarlos a todos otro poco más.

Sin Álex Pérez la defensa perdió altura, y seguridad, en Valladolid. Y hoy, pese al agotamiento generalizado, apenas se le ocurre cambiar a los laterales. Pasable la idea de poner a Lora (acaso el mejor) por el alocado Calavera (con la mente quizá ya en Éibar); incomprensible que la frescura la aporte Isma López, en este momento el peor jugador de la plantilla, una nulidad que lleva dos años sin dar una a derechas. Mantener a Sergio en el equipo titular, tras cinco semanas horroroso, ha sido un pecado mortal, cuando Álex López está mostrando su saber futbolístico en los pocos minutos que le da. Y poner a Carmona y Rubén, más que fundidos las últimas semanas, ha sido otro despropósito.

Ha demostrado Baraja en este tramo final de Liga muy poca imaginación, muy poca intuición, muy pocas tablas, muy pocos recursos para estar a la altura de las circunstancias. Una pena. Puede decir que no confía en los reservas. Pero el fútbol, en primer lugar, es físico. Y cuando un jugador no puede con las pelotas hay que cambiarlo por quien sea. Igual también se pierde el partido. Pero al menos se intenta. Sin frescura no hay ideas. En lo poco que estuvo, Álex López demostró que debía haber sido titular desde que salió de su lesión. Pero Baraja es hombre de ideas fijas, fiel, como tantos místers, a esa estupidez de no cambiar a nadie al descanso aunque el equipo lo pida a gritos. Su torpeza en la fase final de la liga deja una gran incógnita de cara al próximo año.

¿Otros diez fichajes? ¿Otros ocho cedidos? Los sportinguistas queremos cantera. No exigimos ascensos exprés. Nos vale hacer un equipo que sienta los colores, juegue solidario y tenga vocación de continuidad. Ocho cedidos son propios de equipinos que están de paso en Segunda; no de históricos como el Sporting. Señor Torrecilla, por muy buenos futbolistas que sean los cedidos de este año (todos ciertamente interesantes, ninguno malo) lo normal es que el próximo apenas quede uno aquí y eso no es hacer equipo. Suba usted a siete jugadores del Sporting B y haga un par de fichajes de calidad. Y a jugar. Y a hacer lo que se pueda. Sin jugadores en tránsito, por favor. Eso es planificar el futuro de un equipo con una gran cantera. Lo otro es ir a salto de mata.

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Aquellas tardes

En los años setenta, hace ya casi medio siglo, los gijoneses tuvimos un privilegio que acaso solo hayamos sabido valorar una vez perdido. Aquel Sporting de entonces era oro puro. Jugaba como los ángeles y goleaba casi con la facilidad que lo hacen hoy el Madrid y el Barça. Castro, el entrañable maizón, era una garantía bajo los palos. Redondo, pura sobriedad; Maceda y Doria

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Una volea para la inmortalidad recogida por la cámara de Puche

Novena jornada de la temporada 1976-77 en Segunda División. El Sporting recibe al Rayo Vallecano. Está practicando un fútbol total y es líder de la categoría. En el minuto 2, Quini adelanta a los locales. Pero en el 93 empatará Alvarito in extremis. El partido acaba 1-1. Entremedias se produce un lance espectacular sin mayores consecuencias. En la raya de gol de la portería del fondo sur, Enrique Castro Quini atrapa una pelota en el aire con un escorzo inverosímil. No logra perforar la meta de Alcázar. Sin embargo, su volea queda retratada en la cámara de Ubaldo Puche Mulero, quien no será consciente de su gesta hasta llegar al cuarto oscuro de revelado, donde descubre un tesoro oculto entre sus negativos.

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Los errores de Paco Herrera

Triste desenlace. Como el de toda destitución. Paco Herrera, una vez fichado el pasado verano, generó una ola de entusiasmo en el sportinguismo que se tradujo en el logro histórico de rebasar los 24.000 abonados pese al descenso. Parecía el entrenador idóneo. Veterano en Segunda, con un

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Cero fichajes

Cuando has perdido el Norte, no hay nada como volver al punto de partida del éxito. O, cuando menos, intentar desandar hacia lo más aproximado a aquella situación. El Sporting, está requetedicho, logró el ascenso hace dos años gracias a la piña armada por gente de casa, bien comandada por Abelardo. Y eso se produjo por imposición, no lo olvidemos. San Tebas prohibió fichar al Sporting y el castigo se convirtió,

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El Sporting no tiene cura (¿o sí?)

Cuando un entrenador ficha por un equipo de Primera División es de suponer que tiene todo el derecho del mundo a aplicar sus métodos y ser la máxima autoridad en el día a día de la plantilla. Dicho esto, parece normal por tanto que Rubi quiera elegir banquillo en El Molinón y parece normal también que no quiera curas en el vestuario. Es más, no deja de resultar sorprendente que hasta ahora los hubiera. ¿Qué pinta un cura rezando con los jugadores antes de empezar un partido?

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Sobre el autor Adrián Ausín
Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes, se inició en la profesión en Bilbao, Sevilla y Granada. Sus aficiones apuntan en muchas direcciones: naturaleza, bricolaje, viajes, fotografía, cine y literatura. Todo ello con epicentro en Gijón.