El Comercio
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El encanto de St Andrews y el centollo fallido

(Once días en Escocia y 11)

Queda un último día en Escocia. El viaje ha cundido. El avión despega por la tarde desde Edimburgo y tú despiertas a las afueras de Dundee, donde exhiben orgullosos el famoso barco del explorador Robert Falcon Scott (unos meses atrás, en abril has visto el de Amundsen en Oslo). Dundee tiene 147.000 habitantes y dista unos cien kilómetros costeros de la capital escocesa. Habrá aún tela que cortar. La primera, St. Andrews, la preciosa ciudad universitaria famosa por ser la cuna del golf, tener una singular catedral en ruinas frente al mar y haber acogido a un tiempo al príncipe Guillermo, fíu de Lady Di, y Kate Middleton, que tomaron su primer café en la calle central, frente al complejo universitario. 

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Isla de Skye, fama merecida

(Once días en Escocia 7)

Cuando miras el mapamundi te sorpende lo cerca que está el Norte de Escocia del Sur de Noruega. De ahí que el paisaje costero escocés prolongue los fiordos noruegos. Y de ahí que la isla de Skye fuera bautizada así por los vikingos (significa isla de las nubes). Hoy, esta isla conectada al país por un puente es uno de los grandes atractivos turísticos de las Highlands y lo cobra.

Fuera de temporada resulta casi imposible encontrar un hotel por debajo de cien euros la noche. Pero la visita es obligada. Tiene 70 kilómetros de largo y los paisajes son espectaculares. Al estilo de Glen Coe pero en versión isla, con los contrapuntos que ofrecen el mar, la tierra firme de enfrente (en realidad otra isla) y los rebaños de ovejas. Portree está a la mitad y de ahí hacia arriba un paseo en coche haciendo todo el perímetro de Skye es obligado. Hay dos miradores fundamentales: Old Man Of Storr y Quiraing. El primero requiere una fácil caminata de una hora, aunque a veces el suelo mojado por le diluvio de la víspera resbala un poco. En el segundo, mal señalizado, llegas a un alto en coche y desde ahí recorres lo que quieras.

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Gdansk

Anda la Selección Española de Fútbol por Gdansk, la mayor ciudad portuaria polaca. Yo no creo que vayamos a ganar esta Eurocopa 2012; más bien pienso en Alemania. Pero no quería hablar de fútbol, sino de escritores y de libros; así como de la curiosa cantera de grandes autores polacos que nacieron en un país, pero luego la Historia se lo cambió por otro. Hay tres casos muy singulares. A Günter Grass, el único vivo de los tres, todo el mundo lo toma por alemán. Sin embargo, nació en Gdansk,

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El Chino

El Chino soy yo. De pequeño, mi padre mi rebautizó como El Chino e incluso a veces China (país), practicando ese recurso literario que utiliza la parte por el todo y viceversa; esa bonita sinécdoque. Simplemente tenía los ojos rasgados, en ocasiones dos rayas, con las que él se cebó a saco. Mi nombre no existía la mayor parte de las veces. Si oía decir ‘China’ en la distancia, sabía que me llamaban a mí.

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Tensión en el ambiente

Salgo de trabajar agotado, pero necesito aire fresco. Pongo rumbo a una sidrería donde está acabando un cumpleaños. La protagonista, un cachu pan, cumple 40. Brindo por sus 40. Los míos casi acaban conmigo. Fue durísimo el trance. Le animo a ella a no ser tan idiota como yo. Entonces un viejo conocido empieza a atacarme verbalmente.

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Subió princesa, bajó reina

Tenía 25 años. Estaba de viaje en Kenia. Cuando subió a aquel descomunal árbol convertido en casa en el Aberdare National Park era una princesa. Cuando bajó era la reina de Inglaterra. Su padre, Jorge VI (el tartaja de ‘El discurso del rey’), había muerto. Esta es la historia real de Isabel II, de quien se habla estos días por haber alcanzado los sesenta años de reinado, un hito al alcance de pocos monarcas. Ser

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Sobre el autor Adrián Ausín
Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes, se inició en la profesión en Bilbao, Sevilla y Granada. Sus aficiones apuntan en muchas direcciones: naturaleza, bricolaje, viajes, fotografía, cine y literatura. Todo ello con epicentro en Gijón.