El Comercio
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Cero fichajes
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Adrián Ausín | 22-05-2017 | 17:28| 0

Cuando has perdido el Norte, no hay nada como volver al punto de partida del éxito. O, cuando menos, intentar desandar hacia lo más aproximado a aquella situación. El Sporting, está requetedicho, logró el ascenso hace dos años gracias a la piña armada por gente de casa, bien comandada por Abelardo. Y eso se produjo por imposición, no lo olvidemos. San Tebas prohibió fichar al Sporting y el castigo se convirtió,

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¿Doctor Zhivago en Noruega?
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Adrián Ausín | 22-05-2017 | 17:29| 0

(Doce días en Noruega 8)

¿A quién no le seduce montarse en un trineo tirado por diez huskys en un paisaje nevado? Lo primero que viene a la mente es ‘Doctor Zhivago’ y esas maravillosas escenas nevadas rodadas por cierto en España. Sin embargo, no usa Omar Sharif exactamente este tipo de transporte, más propio de las expediciones por el Polo Norte o el Polo Sur. La experiencia de montar en trineo te la ofertan en dos paradas del viaje: Tromso y Kirkenes. La decisión inicial es hacerlo al bajarte del barco en la última parada. Pero esto tiene un defecto: el paisaje es mucho menos espectacular. De forma que optas por Tromso, pese a que la experiencia trineo se solapa con el horario que te deja el barco para ver la ciudad. Elegir es renunciar. Te empapas de Tromso desde el barco a medida que avanza por el fiordo y una vez acabada la peripecia con los huskys te quedarán cuarenta minutos para hacer un rápido recorrido por el centro urbano. ¿Y los perros?

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Sancho Panza
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Adrián Ausín | 22-05-2017 | 17:29| 0

Hay en Gijón tres templos: San Pedro, la Iglesiona y Sancho. A los dos primeros se va a rezar. Al tercero, premeditadamente, a pecar. En Sancho se concentran sin excusas todos los pecados capitales. Las lujuriosas mollejas, los soberbios riñones, la gula en forma de chuletón, la avaricia del vino y la pereza de los comensales; que no de sus extraordinarios camareros. La ira y la envidia se quedan en la puerta envenenando la mente de quienes han debido cerrarla por fuera porque el mesón, una vez más, estaba lleno. Tanto en el altillo como en el piso de abajo como en la barra,pues en Sancho los fieles ávidos de saciar sus apetitos han tomado ya por costumbre hacerlo de pie, rozándose unos con otros, realizando unos incómodos escorzos de tenedor y cuchillo antes que quedarse sin comer. Eso nunca, pues entonces alimentarían los malos pensamientos referidos.

51-sancho-panzaEs miércoles, o sea anteayer, y han caído unos chaparrones tremendos, pero el cilúrnigo precavido tiene reserva para cenar. Y además con horario europeo. ¡Las nueve! Lleva una intención rompedora, algo nunca hecho hasta ahora. Son tres a la mesa y piensa proponer tres de mollejas y una ensalada. Pues eso de compartir las mollejas, como siempre ocurre, introduce un perverso elemento de tensión a la hora de deglutir. Es un clásico pedir dos raciones para cuatro antes del chuletón. Pero las mollejas, divinas mollejas, duran demasiado poco. Ytampoco es plan de tomar la delantera a los demás y rebasar con creces la cuota alícuota. Pidiendo tres para tres se acabó la rabia. Sin embargo, esta sabia medida se topa con un dato sorpresa. «Solo nos queda una ración», anota el amable camarero nada más preguntar. «¡Retenla!». La cata pasa entonces a ser variada. Una de mollejas, una de riñones y un chuletón;con una ensalada de contrapunto y tinto para enjugar los excesivos pecados de la carne.

Pese a ser miércoles, pese a reservar a las nueve, cuando los alimentos están en la mesa de esta entrañable covacha que es el Mesón Sancho ya hay gente cenando en la barra. Increíble, pero cierto. Así lleva cuarenta años, cumplidos en febrero, desde que aquel niño llamado José Antonio Aladro bajó de Caleao a Gijón a ver el mar, y a estudiar, y en vez de mesiar en la playa de San Lorenzo, como los niños Juan y Colás de la canción de Víctor Manuel, se curtió en el Imperial, el Auseva y el Rey de Copas hasta que decidió dar a su ciudad de acogida un templo-parrilla pequeño y cavernoso donde los gijoneses pudiesen pecar a gusto. Corría 1977.

Los excesos en Sancho se endulzaron muchos años con una colosal tarta al güisqui (pendiente está la creación de la cofradía de la molleja y la tarta al güisqui por el éxtasis que produce la fusión). La regaban incluso con alcohol recién quemado. Pero falló el proveedor. Murió más bien. Yen Sancho ahora el contrapunto lo aporta el bombón de la Ibense, que tampoco es mala cosa y se fabrica en La Arena.

Al acabar la bacanal queda el dolor de los pecados y el propósito de la enmienda. Pero tras los remordimientos que marca el termómetro del colesterol uno siempre vuelve, pues, además, de esa cocina tamaño llavero también salen unos espectaculares pescados. En dos templos de Gijón te ofrecen la vida eterna. En el otro, en el tercero, hay mollejas con ajo y perejil. Yeso, francamente, eso sí que es vida.

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¿Qué tal? ¿Todo bien?
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Adrián Ausín | 18-05-2017 | 08:28| 0

Encuentro fortuito en pleno centro, en concreto junto a la plaza del Seis de Agosto, entre dos gijoneses que se conocen de forma mediana y hace largo tiempo que no se ven. Él dice: «Ei». Y ella contesta: «¿Qué tal? ¿Todo bien?». Él replica: «Bien. Aquí endulzando el paladar» (pues están a las puertas de una pastelería). Al saludo convencional de ella, le sigue otra pregunta adicional: «Entonces, ¿qué tal? ¿todo bien?». Ha añadido ‘entonces’, pero la pregunta evidentemente es la misma. La repetición descoloca al varón, que no sabe muy bien cómo salir del trance. Balbucea algo inconexo cuando llega, por tercera vez, la misma pregunta con una contracción: «Entonces, ¿todo bien?». El desmoronamiento es total.

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Noruega desde el mar (las grandes paradas de Hurtigruten)
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Adrián Ausín | 07-05-2017 | 08:54| 0

(Doce días en Noruega, 7)

Alesund es la primera. Cuando lees las historias de cada ‘gran ciudad’ costera noruega (en realidad parecen pueblos grandes) siempre hay un incendio que lo cambió todo. Construir en madera es lo que tiene. En Alesund hubo incendio, por supuesto, en 1904. Y eso motivó una construcción homogénea que acabó por bautizarla como la ciudad del ‘art Nouveau’. Muy coqueta, muy señorial. Tiene 23.000 habitantes, pero aparenta menos, y posee la flota bacaladera mayor de Noruega. En Alesund procede subir unas empinadas escaleras (418) hasta el mirador de Kniven, desde donde se tiene una panorámica espectacular de la ciudad y del entorno marinero y montañoso. Hay dos islas frente a ella y están conectadas por túneles que, pese a su elevado coste, son gratuitos.

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Casas balneario
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Adrián Ausín | 22-05-2017 | 17:30| 0

(Doce días en Noruega 6)

Lo primero que llama la atención en medio del paisaje costero montañoso es la existencia de casas sueltas en todas partes. Entre dos moles rocosas se abre una pequeña llanura verde, o amarilla, frente al mar y ahí se dispersa un ramillete de casas de madera tipo Monopoly. Muy curiosinas. Muy limpinas. Siempre pintadas de colores. Rojo carruaje. Amarillo mostaza. Azul pálido. Negro café. Merengue. Con los prismáticos, en ocasiones no ves ni la carretera por la que se conectan con la civilización. Debe de haberla. Pero tal parece que viven solo mirando al mar y a la pesca. A veces es una casa sola a las faldas de un monte, la cual parece vulnerable a un rugido del Mar de Noruega. Con que se levante una ola encabritada parece, desde el barco, que la engullirá con suma facilidad. Ahí están. Sin estrés. Sin civilización a su alrededor. Como si habitaran en ellas descendientes directos de los vikingos, ya refinados por el paso de los siglos, pero que nunca hayan visto la ciudad. Otro dato curioso es que no hay ruinas. Ninguna. Como si una ruina fuese a contaminar este estado perfecto de pureza nórdica: aire puro, agua helada, monte, pinares, ríos que desembocan el océano y, alguna noche especial, una aurora boreal para completar este cuadro de absoluta irrealidad.

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Hurtigruten, un barco entre fiordos
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Adrián Ausín | 01-05-2017 | 07:10| 0

(Doce días en Noruega, 5)

Sin ninguna afición a los cruceros, la única experiencia de este tipo era la del Nilo, un viaje necesario y fascinante en una embarcación fluvial pequeña. En este caso, Hurtigruten te ofrece barcos de 120 metros (de jueguete respecto a los grandes cruceros) que en su día empezaron a funcionar como el ‘autobús’ de los

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El hombre del momento
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Adrián Ausín | 28-04-2017 | 18:56| 0

No va de broma. Rodrigo Cuevas, ese ovetense rural con bigote de Freddie Mercury y madreñes, es el hombre del momento. Su cotización en Bolsa sube como la espuma y su gira ‘El mundo por montera’ arrasa. La presentó en marzo en la Laboral ante un teatro repleto de fans que casi se viene abajo. Luego tocó en Bilbao, San Sebastián, Mieres y León. Y la próxima semana

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En tren a Bergen
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Adrián Ausín | 27-04-2017 | 08:11| 0

(Doce días en Noruega, 4)

Para llegar a Bergen hay que subirse al tren. Nadie te prohíbe ir por carretera, pero el Oslo-Bergen ferroviario, con NSB, es una de las once recomendaciones que hace Lonely Planet de Noruega y eso es por algo. El viaje dura seis horas y media, por ejemplo, de 8.25 a 14.55. Y se hace corto. El trazado es totalmente montañoso. Montes, lagos, pueblos, una estación de esquí, donde se bajan un montón de capitalinos que van incluso con las botas puestas (ojo, a tres horas y media, mucho para ir solo de sábado a domingo)… Es un viaje relajante. Esa noche, a las 10.30, zarparás en el barco

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Oslo fascinante. Oslo juro
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Adrián Ausín | 25-04-2017 | 08:43| 0

(Doce días en Noruega 3)

El adelanto del capítulo del centollo era necesario, aunque la ingesta tuviera lugar en la fase final del viaje. Los centollos, como les muyeres, siempre por delante. Si es que tienen un andar… Ahora volvemos al inicio. A la llegada a Oslo, al tren de NSB tomado en el aeropuerto tras perder y recuperar la mochila y a ese instante crítico en el que sales de la estación central de trenes y miras al entorno. Lo que ves no deslumbra, pero promete. A unos metros está la catedral y girando a la derecha, la anodina calle Storgata, por la cual llegas directo al hotel Anker, situado al lado de la bonita vereda, y paseo, de un río. Buena pinta. Oslo no es amor a primera vista, pues tiene dispersos (pero cercanos) sus atractivos. Sin embargo, cuando los has recorrido todos en los tres primeros y los dos últimos días de viaje el conjunto es espectacular.

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Sobre el autor Adrián Ausín
Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes, se inició en la profesión en Bilbao, Sevilla y Granada. Sus aficiones apuntan en muchas direcciones: naturaleza, bricolaje, viajes, fotografía, cine y literatura. Todo ello con epicentro en Gijón.