El Comercio
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Un ajedrez mirando al mar
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Adrián Ausín | 03-07-2017 | 14:16| 0

Un niño que crezca con el ajedrez como uno de sus juguetes favoritos ejercitará la mente hacia parámetros de innegable interés: estrategia, orden, cálculo, concentración… El Corazón de María lo ha entendido bien y hace dos años incluyó el ajedrez pedagógico dentro de la asignatura Matemáticas para los alumnos de 2º, 3º y 4º de Primaria, a lo que sumará el próximo curso el ‘preajedrez’ en Infantil. Según destaca su profesor de cabecera, el colaborador de EL COMERCIO Enrique Iglesias, es el único colegio asturiano que dedica una hora lectiva a la semana al ajedrez y esto, precisa, constituye «una herramienta muy útil» para el desarrollo mental de los alumnos, a los que pone pruebas, insta a hacer cálculos aplicados a las piezas del tablero y, por supuesto, deja echar partidas rápidas.


54-peon-cuatro-reyNo es necesario abundar en la oportunidad de la medida;más bien cabe preguntarse por qué no la han adoptado aún otros colegios. Quien tiene la fortuna de iniciarse en el ajedrez de niño ya no lo abandonará nunca. Ese cuadrilátero donde cada pieza tiene su función guarda claras equivalencias con la estrategia bélica y la futbolística, o de cualquier otro deporte, solo que en el caso del tablero enmarcada en un halo más pacífico e intelectual. Ojo, salvo cuando una pieza se ‘come’ a la otra, lo cual no deja de tener un componente fagocitador.

En Gijón, con la remodelación del Dindurra los que pasaban las horas sobre un ajedrez emigraron a la cafetería del Alcomar y es allí donde hay ahora un nutrido grupo de aficionados. Otros se desperdigan por la city donde pueden. Destaca especialmente el pequeño grupo que aprovechó un saliente de una roca, en el Cervigón, para incrustarle un tablero, donde uno puede echar la partida mientras contempla las olas batiendo en la bahía gijonesa, un lujo difícilmente superable en esti Xixón en cuestiones ajedrecísticas. Solo es necesario meter las piezas en la mochila junto a la toalla y el bañador.

Cuando los indios crearon el embrión del ajedrez para partidas ‘a cuatro’ quizá no sabían muy bien el juguete que nos estaban regalando. Ahora, mira tú por dónde, nos anuncian viajes de fin de semana a la Luna para dentro de diez años. Pues es un indio, Naveen Jain, quien está detrás del proyecto ‘Moon Express’.

El Codema ha puesto el granito de arena para que mientras unos niños juegan en solitario con su móvil otros se relajen y concentren a partes iguales ante un tablero de ajedrez, donde todo lleva varios siglos exactamente igual, aunque luego no se den nunca dos partidas iguales. Si a alguien le parece un deporte demasiado estático, los indios, una vez más los indios, nos ofertarán enseguida el más difícil todavía. Tras acabar un viernes de verano la partida en el Cervigón, podremos ponernos en órbita para pasar el fin de semana en la Luna contemplando el Universo. Así de fácil. Si ponen la lanzadera en El Rinconín, mejor que mejor.

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Retorno a Oslo
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Adrián Ausín | 01-06-2017 | 17:07| 0

(Doce días en Noruega 9)

o1En el vuelo de regreso desde Kirkenes a Oslo; o sea, desde el más allá hasta el más acá, de la última población de Noruega, tocando ya el Polo Norte, a la capital; piensas: si se cae el avión, no es mal sitio para espichar. De todas formas, mejor que no caiga. Pero claro, al mirar por la ventanilla en el despegue, ver un paisaje blanco intercalado de pequeños lagos, fronterizo con Rusia y Finlandia a un lado y el Mar de Bering al otro, pues no puedes evitar pensar en la placidez del lugar, la paz celestial, el aire puro, la ausencia de ruido, la distancia respecto a los peores instintos del hombre ‘civilizado’, el hielo… Y todo eso, sumado a la experiencia inicial de Oslo durante tres días, el tren a Bergen y la semana embarcado en el ‘Polarlys’ de Hurtigruten, con el remate del centollo de Kirkenes, donde debería haberse rodado ‘Doctor en Alaska’… Pues la suma da como resultado una sensación de hasta aquí hemos llegado. Pero como el avión, felizmente, no cae, queda planificar dos días de propina en Oslo, origen y final de este inolvidable viaje.

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Ver crecer los tomates
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Adrián Ausín | 03-07-2017 | 14:17| 0

Los soles de mayo están siendo la mejor vitamina para llenar de vida las huertas. Temerosos como estamos siempre de brumas, lluvias y temperaturas fofas, este mes los amantes de los cultivos caseros están (estamos) de enhorabuena. Basta darse una vuelta por las parroquias gijonesas para ver cientos de pequeños cuadriláteros con la tierra bien revuelta y bien cuchada poblados de embriones de lechugas, tomates, calabacines, cebollas, pimientos, perejiles y pepinos. Sanos y tiesos. Brillantes. Desafiando un espacio vertical que irán ganando poco a poco

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Raphael, ¡¡¡yes un gallu!!!
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Adrián Ausín | 22-05-2017 | 17:26| 0

Sale al escenario de riguroso negro, con el pelo lacado, los papitos de antaño y una nariz afilada. Es Raphael. Esa eterna asignatura pendiente que cobra forma en el teatro de la Laboral este viernes de mayo, día 19, a las 9 de la noche. Tiene 74 años. Has esperado mucho para verlo. Pero, ya se sabe, nunca es tarde. Menos aún para nuestro Rapha, con sus posos y poses de divo venido a más con la edad. Una vez colocados sus siete extraordinarios músicos, nuestro hombre se arrima al borde del escenario, mira al coliseo lleno a reventar y sonríe como solo él sabe hacerlo. En su radiante sonrisa de hombre feliz, en sus gestos, en sus giros repentinos está condensada la Historia de España; una parte al menos. Sin Lola, sin Rocío, sin tantos, Raphael es una pieza de museo que está ahí, ante ti, para no defraudar un ápice las expectativas alimentadas.

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Cero fichajes
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Adrián Ausín | 22-05-2017 | 17:28| 0

Cuando has perdido el Norte, no hay nada como volver al punto de partida del éxito. O, cuando menos, intentar desandar hacia lo más aproximado a aquella situación. El Sporting, está requetedicho, logró el ascenso hace dos años gracias a la piña armada por gente de casa, bien comandada por Abelardo. Y eso se produjo por imposición, no lo olvidemos. San Tebas prohibió fichar al Sporting y el castigo se convirtió,

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¿Doctor Zhivago en Noruega?
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Adrián Ausín | 22-05-2017 | 17:29| 0

(Doce días en Noruega 8)

¿A quién no le seduce montarse en un trineo tirado por diez huskys en un paisaje nevado? Lo primero que viene a la mente es ‘Doctor Zhivago’ y esas maravillosas escenas nevadas rodadas por cierto en España. Sin embargo, no usa Omar Sharif exactamente este tipo de transporte, más propio de las expediciones por el Polo Norte o el Polo Sur. La experiencia de montar en trineo te la ofertan en dos paradas del viaje: Tromso y Kirkenes. La decisión inicial es hacerlo al bajarte del barco en la última parada. Pero esto tiene un defecto: el paisaje es mucho menos espectacular. De forma que optas por Tromso, pese a que la experiencia trineo se solapa con el horario que te deja el barco para ver la ciudad. Elegir es renunciar. Te empapas de Tromso desde el barco a medida que avanza por el fiordo y una vez acabada la peripecia con los huskys te quedarán cuarenta minutos para hacer un rápido recorrido por el centro urbano. ¿Y los perros?

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Sancho Panza
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Adrián Ausín | 22-05-2017 | 17:29| 0

Hay en Gijón tres templos: San Pedro, la Iglesiona y Sancho. A los dos primeros se va a rezar. Al tercero, premeditadamente, a pecar. En Sancho se concentran sin excusas todos los pecados capitales. Las lujuriosas mollejas, los soberbios riñones, la gula en forma de chuletón, la avaricia del vino y la pereza de los comensales; que no de sus extraordinarios camareros. La ira y la envidia se quedan en la puerta envenenando la mente de quienes han debido cerrarla por fuera porque el mesón, una vez más, estaba lleno. Tanto en el altillo como en el piso de abajo como en la barra,pues en Sancho los fieles ávidos de saciar sus apetitos han tomado ya por costumbre hacerlo de pie, rozándose unos con otros, realizando unos incómodos escorzos de tenedor y cuchillo antes que quedarse sin comer. Eso nunca, pues entonces alimentarían los malos pensamientos referidos.

51-sancho-panzaEs miércoles, o sea anteayer, y han caído unos chaparrones tremendos, pero el cilúrnigo precavido tiene reserva para cenar. Y además con horario europeo. ¡Las nueve! Lleva una intención rompedora, algo nunca hecho hasta ahora. Son tres a la mesa y piensa proponer tres de mollejas y una ensalada. Pues eso de compartir las mollejas, como siempre ocurre, introduce un perverso elemento de tensión a la hora de deglutir. Es un clásico pedir dos raciones para cuatro antes del chuletón. Pero las mollejas, divinas mollejas, duran demasiado poco. Ytampoco es plan de tomar la delantera a los demás y rebasar con creces la cuota alícuota. Pidiendo tres para tres se acabó la rabia. Sin embargo, esta sabia medida se topa con un dato sorpresa. «Solo nos queda una ración», anota el amable camarero nada más preguntar. «¡Retenla!». La cata pasa entonces a ser variada. Una de mollejas, una de riñones y un chuletón;con una ensalada de contrapunto y tinto para enjugar los excesivos pecados de la carne.

Pese a ser miércoles, pese a reservar a las nueve, cuando los alimentos están en la mesa de esta entrañable covacha que es el Mesón Sancho ya hay gente cenando en la barra. Increíble, pero cierto. Así lleva cuarenta años, cumplidos en febrero, desde que aquel niño llamado José Antonio Aladro bajó de Caleao a Gijón a ver el mar, y a estudiar, y en vez de mesiar en la playa de San Lorenzo, como los niños Juan y Colás de la canción de Víctor Manuel, se curtió en el Imperial, el Auseva y el Rey de Copas hasta que decidió dar a su ciudad de acogida un templo-parrilla pequeño y cavernoso donde los gijoneses pudiesen pecar a gusto. Corría 1977.

Los excesos en Sancho se endulzaron muchos años con una colosal tarta al güisqui (pendiente está la creación de la cofradía de la molleja y la tarta al güisqui por el éxtasis que produce la fusión). La regaban incluso con alcohol recién quemado. Pero falló el proveedor. Murió más bien. Yen Sancho ahora el contrapunto lo aporta el bombón de la Ibense, que tampoco es mala cosa y se fabrica en La Arena.

Al acabar la bacanal queda el dolor de los pecados y el propósito de la enmienda. Pero tras los remordimientos que marca el termómetro del colesterol uno siempre vuelve, pues, además, de esa cocina tamaño llavero también salen unos espectaculares pescados. En dos templos de Gijón te ofrecen la vida eterna. En el otro, en el tercero, hay mollejas con ajo y perejil. Yeso, francamente, eso sí que es vida.

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¿Qué tal? ¿Todo bien?
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Adrián Ausín | 18-05-2017 | 08:28| 0

Encuentro fortuito en pleno centro, en concreto junto a la plaza del Seis de Agosto, entre dos gijoneses que se conocen de forma mediana y hace largo tiempo que no se ven. Él dice: «Ei». Y ella contesta: «¿Qué tal? ¿Todo bien?». Él replica: «Bien. Aquí endulzando el paladar» (pues están a las puertas de una pastelería). Al saludo convencional de ella, le sigue otra pregunta adicional: «Entonces, ¿qué tal? ¿todo bien?». Ha añadido ‘entonces’, pero la pregunta evidentemente es la misma. La repetición descoloca al varón, que no sabe muy bien cómo salir del trance. Balbucea algo inconexo cuando llega, por tercera vez, la misma pregunta con una contracción: «Entonces, ¿todo bien?». El desmoronamiento es total.

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Noruega desde el mar (las grandes paradas de Hurtigruten)
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Adrián Ausín | 07-05-2017 | 08:54| 0

(Doce días en Noruega, 7)

Alesund es la primera. Cuando lees las historias de cada ‘gran ciudad’ costera noruega (en realidad parecen pueblos grandes) siempre hay un incendio que lo cambió todo. Construir en madera es lo que tiene. En Alesund hubo incendio, por supuesto, en 1904. Y eso motivó una construcción homogénea que acabó por bautizarla como la ciudad del ‘art Nouveau’. Muy coqueta, muy señorial. Tiene 23.000 habitantes, pero aparenta menos, y posee la flota bacaladera mayor de Noruega. En Alesund procede subir unas empinadas escaleras (418) hasta el mirador de Kniven, desde donde se tiene una panorámica espectacular de la ciudad y del entorno marinero y montañoso. Hay dos islas frente a ella y están conectadas por túneles que, pese a su elevado coste, son gratuitos.

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Casas balneario
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Adrián Ausín | 22-05-2017 | 17:30| 0

(Doce días en Noruega 6)

Lo primero que llama la atención en medio del paisaje costero montañoso es la existencia de casas sueltas en todas partes. Entre dos moles rocosas se abre una pequeña llanura verde, o amarilla, frente al mar y ahí se dispersa un ramillete de casas de madera tipo Monopoly. Muy curiosinas. Muy limpinas. Siempre pintadas de colores. Rojo carruaje. Amarillo mostaza. Azul pálido. Negro café. Merengue. Con los prismáticos, en ocasiones no ves ni la carretera por la que se conectan con la civilización. Debe de haberla. Pero tal parece que viven solo mirando al mar y a la pesca. A veces es una casa sola a las faldas de un monte, la cual parece vulnerable a un rugido del Mar de Noruega. Con que se levante una ola encabritada parece, desde el barco, que la engullirá con suma facilidad. Ahí están. Sin estrés. Sin civilización a su alrededor. Como si habitaran en ellas descendientes directos de los vikingos, ya refinados por el paso de los siglos, pero que nunca hayan visto la ciudad. Otro dato curioso es que no hay ruinas. Ninguna. Como si una ruina fuese a contaminar este estado perfecto de pureza nórdica: aire puro, agua helada, monte, pinares, ríos que desembocan el océano y, alguna noche especial, una aurora boreal para completar este cuadro de absoluta irrealidad.

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Sobre el autor Adrián Ausín
Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes, se inició en la profesión en Bilbao, Sevilla y Granada. Sus aficiones apuntan en muchas direcciones: naturaleza, bricolaje, viajes, fotografía, cine y literatura. Todo ello con epicentro en Gijón.