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Los cazadores riosellanos festejan el fin de temporada
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Guillermo Fernández y Dani Busto | 21-03-2017 | 04:44

En la fiesta, celebrada en el Mesón La Fuente, estuvo presente Artemio Alonso, el cazador más veterano del coto local

Invitados por Roberto Capín Sánchez, propietario del Mesón La Fuente, en la localidad de L’Alisal, los cazadores de Ribadesella daban carpetazo a la temporada 2016-2017 con una concurrida espicha de confraternización cinegética. Entre los presentes se encontraba Artemio Alonso Quesada, que, a sus 84 años, integrado en la palomilla que capitanea Josín Granda Cabrales, es el cazador más veterano de los discípulos riosellanos de San Huberto. Asistieron cazadores de las cinco cuadrillas que operan en el territorio.

Carlos Callejón, Roberto Capín y Artemio Alonso, en el centro y rodeados por sus colegas. :: J. Llaca

Carlos Callejón, Roberto Capín y Artemio Alonso, en el centro y rodeados por sus colegas. :: J. Llaca

El concejo de Ribadesella ocupa 6.900 hectáreas y casi todas ellas son susceptibles de aprovechamiento cinegético, con la excepción de los núcleos de población; el Refugio de Caza de La Mediana, en las parroquias de Xuncu y L’Alisal, y una parte de los terrenos de Linares y Alea, que están integrados en la Reserva del Sueve. A efectos cinegéticos, el coto de Ribadesella se divide en cinco cuarteles: Santianes, Llovio, Moru, Barréu y Collera, en los que a lo largo de la temporada operan cinco cuadrillas gestionadas por Toto Peón, Benito Cibrián, Víctor Caravia, Josín Granda y Juan Carlos García.

El coto está controlado desde hace más de una década, y de forma muy eficiente, por el guarda Carlos Callejón y en la temporada que acaba de finalizar se cobraron 114 jabalíes, 14 corzos, cuatro gamos y dos venados. Las palomillas más certeras fueron las que capitanean Josín Granda y Toto Peón al haber pasaportado 28 macarenos, cada una de ellas. Por detrás quedaban los grupos de Víctor Caravia (23 verracos); Benito Cibrián (19) y Juan Carlos García (11).
Además de la caza mayor (jabalí, corzo, venado y gamo), los cazadores riosellanos son apasionados de la arcea, una volátil que se adapta de forma homogénea al territorio que cuenta con zonas altas y otras próximas al litoral, un hábitat perfecto para la diferente meteorología del invierno. Ya nadie quiere cazar el zorro, no queda ninguna liebre y la presencia de perdiz roja es puramente testimonial. Desde hace una semana, el coto cuenta con un nuevo presidente, Javier García Santiago, y los socios rondan los 120. La cuota social es de 300 euros para los de caza mayor y 150 para los de menor.

La cuadrilla que gestiona Josín Granda Cabrales abatió 28 jabalíes en la temporada. :: J. LL.

La cuadrilla que gestiona Josín Granda Cabrales abatió 28 jabalíes en la temporada. :: J. LL.

Los cinco lotes de caza

Desde tiempo inmemorial, los cazadores riosellanos, de pelo y pluma, gozaron de gran fama, al igual que sus diferentes lotes de caza mayor. Collera es un terreno llano, atravesado por infinidad de carreteras y caminos. Al norte es una zona virgen a orillas del Cantábrico, repleta de prados abandonados y fincas de matorral. Llovio, espacio paralelo a la autovía, es una zona atractiva con lugares tan exclusivos como las vegas de Peme, Llames y Lledales. Santianes, el gran santuario y la joya de la corona hasta hace un par de décadas, cuenta en la actualidad con mucho matorral y poca caza. Los cuarteles más prolíficos hoy día son Moru y Barréu, espacios poblados de eucalipto, riegas de castaños y pradería.

El grupo que dirige Benito Cibrián Pubillones tumbó 19 macarenos. :: J. Ll.

El grupo que dirige Benito Cibrián Pubillones tumbó 19 macarenos. :: J. Ll.

En el coto de Ribadesella se reflejan perfectamente los nuevos hábitos del jabalí: abandonan las tradicionales tierras altas y boscosas por lugares próximos al caserío y el litoral, lugares en los que encuentran con facilidad pradería, huertas, frutales y tubérculos, y, además, se ponen a salvo de la incómoda y preocupante presencia del lobo, el más eficaz depredador de suidos.