El Comercio
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Al campo con… Aurora Astudillo
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Miguel Mingotes | 11-12-2013 | 10:11| 2

La tarde es fría. Escribo esto con el gatu (‘felis domesticus’) a la derecha. De vez en cuando, estira la patuca y toca les tecles… Voy a tener que enseñalu a escribir.

La tarde es fría. Como escribe Chema Castañón (Librería Paradiso), «fría y húmeda como una
casa de renta antigua». Sé lo que es eso.

Los estorninos (‘Sturnus vulgaris’), que vienen a refugiarse en los árboles del parque, y Aurora Astudillo (Homo –Mulier– sapiens), que viene conmigo a El Molinón, también lo saben.

–Aurora, ¿la humedad, el frío, la renta antigua y, un poco más allá, la pobreza misma con todas
sus habitaciones, son males pa la salud?

–¡Hombre, ya lo creo!

–¿Sirven como experiencia, son formativas?

–Sí, claro. La vida de cada uno forma el cuerpo y el espíritu, los forma y los deforma…

Aurora investiga la enfermedad y lamuerte, lucha por la vida. Tal vez por eso es alegre y conversadora; la fuerza la acompaña.

–Miguel, ¿tú no crees que la muerte forma parte de la vida?

–Glub…

Según entramos, va diciendo «Qué emoción, qué emoción…» Le llama la atención un banderón que pone «Fondo cerril»; «Fondo cerril, qué fuerte»…

Llenos de salud, los jugadores y los árbitros salen al campo prácticamente en calzoncillos.

–Aurora, ¿no van poco abrigaos?

–Sí, pero son jóvenes y fuertes, y además deben llevar un pantolonucu debajo del otru; mira, hay muchos que lleven camiseta de manga larga por debajo… El porteru va más abrigáu.

Además, con el ejercicio… Los chavales del Alcorcón tienen más el balón.

–¿Tú sabes lo que ye la posesión del balón?

–Sí, eso.
¡Gol del Sporting!

–Aurora, ¿gritamos?

–Sí.

–(Los dos): ¡Gool!

–Fue guapa la jugada, ¿eh?

–¡Muy guapa!

Dura poco la victoria y menos el empate: dos goles seguidos.

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Argenta
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Miguel Mingotes | 07-12-2013 | 08:30| 2
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Reseta
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Miguel Mingotes | 30-11-2013 | 08:30| 2
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Al campo con… Germán Heredia
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Miguel Mingotes | 29-11-2013 | 11:42| 2

Llegabes a la playa, y preguntabes: -Oye, ¿puedo jugar? -¡Sí, pero busca otru, que somos pares! ¡Pares!…
Germán era uno de los pares: Acis, Gachu, Mateo, Maribona… (en los puntos suspensivos van todos los demás). Teníen un equipo que jugaba en prao, con botes: el Juventus (ellos decíen “Iubentus”); un entrenador, Tino (Germán, podemos saludar: «¡Hola, Tino!»), y un pisu en la Plazuela en donde se cambiaben y estudiaben la táctica, con un póster de Pelé, cerca de Leuman, cada vez más lejos en el tiempo.
-¡Ya llovió!, ¿eh?
-Sí?; llovió, llovió.
-¿Mojástete?
-Yo me mojo siempre en todo.
“Real Sporting, equipo famoso?”.
El padre de Germán era Luis Heredia, médicu y rey mago; la madre?
-Germán, no me acuerdo, ¿cómo se llamaba tu madre?
-Pepita.
Pepita era hermana de Casimiro el de la radio. Cuando murió, escribí esto: «Llama la primavera desde el mes de abril. Dice: Murió la madre de los Heredia; no tengo flores bastantes».
-Germán, ¿tú yes sociu?
-Sí, desde el 70, recién ascendidos. Mira, traigo el carné.
«Luego empezaron a recordar cosas antiguas de fútbol» (Julián Ayesta, “Helena o el mar del verano”, Acantilado, 10 euros): Castro; Echevarría, Alonso, Herrero I; Puente, José Manuel; Herrero II, Quini, Marañón o Paquito, Valdés y Churruca.
“De rancia solera, de gran historial?”
De niño, a Germán le gustaba cómo paraba García Cuervo: «¡Hacía unes palomites!?».
-¿Viste a Cruyff en El Molinón?
-Sí. El mejor.
-¿Ya los Rolling?
-No, a los Rolling no.
-Pero cortastei el pelo a Garfunkel?
-Sí, eso sí.
Canturreo “El boxeador”; la gente, el himno.
Salen los jugadores y los árbitros. La camiseta del Sabadell, amarilla y negra, es arlequinada; parecen yoqueis del Grand National. El Sporting, con medies azules (a mí gustábenme más les negres con vuelta rojiblanca). El referee y los linieres, de sport. La afición, de calle.
Empieza el partido. Hablamos. Hablamos de fútbol; de lo que vimos, de lo que vemos, de lo que tal vez veamos. A Germán, como a Cruyff, le gusta el fútbol, es decir, el yo sometido al equipo, la creación, el ataque, el juego limpio? Cree, como Cruyff, que es fundamental jugar con extremos (¡Ferrero, baja!) (Megido, salud)?
Seguimos hablando. Hablando, hablando, llegamos al descanso. Sin goles.
Alguien dice:
-¡Ye lo que hay, amigu!
Amigos, muchos: Nacho, Rafa, Antonio el de Marisol, Jose el de Maru, Ramón sin el perru, Amador de lejos?
El segundo tiempo no me da tiempo: gol del Sabadell, penalti claro, bronca al árbitro, bronca al coach, cambios, otra vez bronca y, entonces:
¡Penalti!
Scepovic: ¡Gol! Se persigna (respetémoslo). Unos minutos después, bajo a hacer pis: ¡Gol! Hostia, perdilu, pero, justo cuando asomo, ¡gol otra vez! ¡Ganamos!, ¡Piii!
No volvemos por la playa, pero se lo pregunto igual:
-Oye, ¿puedo jugar?

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Kennedy
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Miguel Mingotes | 23-11-2013 | 08:30| 0
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Café
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Miguel Mingotes | 16-11-2013 | 12:33| 6
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Al campo con: Gonzalo Gil Madrera
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Miguel Mingotes | 12-11-2013 | 18:35| 2

Biólogo, dibujante y naturalista, viene Gonzalo Gil de Villaviciosa por la autovía y, al llegar, dice dos cosas. La primera, que nunca fue al fútbol (como Darwin). La segunda, que trae unos prismáticos por si hubiese pájaros.

Entramos a la vez que Enzo Ferrero. No puedo perder esta ocasión. Me presento, le doy la mano, me la devuelve. Lástima que el tiempo pase.

Al asomar al campo, Gonzalo se sobrecoge.

-Es impresionante -dice-.

-Vaya práu, ¿eh?

-Guapísimu.

-Oye, ¿cuál ye el nombre científicu de la hierba?

-La hierba de los campos de fútbol es un césped natural que viene en tepes, rollos de 25 metros, formados por tres especies de gramíneas. Suelen tener una composición de un 40% de ‘Lolium perennis’, aquí llamada ‘ballicu’, que se plantó mucho en los años setenta para dar de comer a las vacas lecheras; un 35 de ‘Festuca rubra’, y un 25 de ‘Poa pratensis’. Las tres muy conocidas. Se emplean estas porque enraízan en pocos días y soportan muy bien el pisoteo.

Biológicamente, un campo de fútbol es más pobre que un práu común y corriente, donde hay más vida, más hierbas, flores, insectos…

Salen los jugadores. La afición, dividida.

-¿Y qué animales puede haber?

-Seguro que hay lavanderas, que son amantes de los prados abiertos y zonas húmedas.

‘Triunfador por los campos de España.’

-.Y murciélagos al oscurecer, más por semana que en los partidos, ya que son muy sensibles a los ruidos.

-A mí también me afecten mucho (los ruidos, no los murciélagos.)

-Un amigo me dijo que cuando paseaba el perro por El Molinón veía una comadreja que se ‘colaba’.

-Será socia…

-Bueno, es fácil que haya ratones que se alimenten de los restos de comida de los días de partido y que sea eso lo que la atraiga.

-¿Habrá golondrines?

-No creo. Es una especie más bien rural.

Volverán las oscuras golondrinas, de El Molinón sus nidos a colgar.

Pita el árbitro.

-Ellos están más morenos.

-Claro, el sol.

Salimos fuerte, dominamos. ¡Uyy! Al poco, gol de Las Palmas.

Seguimos dominando. A las cinco y veinte, otra vez gol de Las Palmas.

-Vale más que dejemos de dominar.

Poco después saca una falta Cases -¡qué bien!- y marca Mandi, canario, del Sporting. ¡Gol!

Intensidad. Como diría Baroja, los acontecimientos se suceden al galope. A las seis menos veinticinco empata el Sporting. Preciosu gol de Scepovic (de Candás).

Llegamos al descanso. Gonzalo me pregunta por unos guajes que jueguen al balón:

-Son recogepelotas.

Va oscureciendo. A las seis y diez ve unas lavanderas que van hacia los dormideros. Las reconoce por el vuelo. Doce minutos después, desempata Las Palmas y vemos un cuervo.

-En tiempos de César, sería un mal augurio. Oye, ¿hay fútbol en la Villa?

-¡Síí! El Lealtad…

-El Lealtad, ye verdá. Recuerdo el Café Colón con fotos de futbolistas y esa ‘L’ tan guapa en la camiseta.

Oscurece del todo. El ‘referee’ señala los vestuarios. La gente silba.

Al salir, nos despedimos con un abrazo.

-¡Cómo me prestó venir!

-Me alegro mucho.

Son las siete, una menos en Canarias.

 

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Club de regatas
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Miguel Mingotes | 09-11-2013 | 08:30| 6
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Flores
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Miguel Mingotes | 02-11-2013 | 12:36| 2
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Al campo con: Amalia María González
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Miguel Mingotes | 28-10-2013 | 18:29| 4

Sábado, 12 de julio de 1794. Jovellanos. Diarios: «Por la tarde al Instituto a la lección de dibujo. A paseo por el molino de la Arena. [?] El día pardo y bueno».
En ese molino, luego Molinón, ahora Molino Viejo, quedo a las cuatro con María, la de La Orquídea: ¡Vamos al fútbol!
María tiene una tienda de flores (Casimiro Velasco, 18). En El Molinón, cuando yo era pequeñu, había margarites (“Bellis perennis”, ¿perennis?) en les esquines y en el Sporting jugaba uno que se llamaba Florín; ¡Florín!…
Entramos. No hay ascensor. Sin ascensor, ¿cómo vamos a subir? Por les escaleres (antes había gente que subía por les paredes), María se encuentra con Eloy, que la saluda:
-¡Hola, reina!
-¡Hola! Es Eloy -me dice-. ¡Ye más ricu!…
Al asomar por el vomitorio (del latín “vomitorium”, de “vomeo”, vomitar), recuerdo lo que me dijo mi padre ante el práu del Evaristo Valle: «Vaya un campu pa jugar al balón». 105 x 70 metros, 7.350 metros cuadrados, casi seis días de bueyes.
Nos sentamos. Gente, megafonía, gritos, cánticos constantes. Tribus. A María le encantan los ultras (!): «Probinos. Animen y animen».
Salen los jugadores y los árbitros. Los jugadores, de blanco, los del Jaén; rojiblancos, los del Sporting. Los árbitros, de azul y negro.
-Oye, ¿no te gustaría que arbitrasen les mujeres?
-¡Claro!
-A mí también.
Empieza el partido. Sol, fútbol, la inteligencia individual aplicada al equipo, la asociación, la repartición del juego, la trigonometría? Mientras pienso en Cruyff, María canta «¡Aúpa Real Sporting!».
-María, ¿tú das patades en la vida?
-Sí, claro que les doy, alguna que otra. Les doy y les recibo.
-¿Y cómo vas de cabeza?
-Pues como el Sporting: unes veces mejor, otres peor.
Sobre las cinco y veinte, el portero del Jaén mete un gol en su puerta:
-Me da una pena? Imagino ser la madre del chaval.
No le gustan las botas de algunos futbolistas: «Eses naranja? fosforito. Son más guapes les de ellos, más discretes».
A las ocho y poco empata el Jaén: «¡Meca!» Pitos. Poco después, el árbitro anula un gol del Sporting por fuera de juego:
-María, ¿tú sabes cuándo ye “orsai”?»
-Yo no.
-Yo tampoco.
Entre sustos y poco fútbol, pasan los minutos.
-¿Firmes el empate?
-Sí. ¡No, no! No te había entendido. Qué va, ya verás, ganamos.
Quedan cuatro minutos. Tres. Uno. Se acabó. Más pitos. Desilusión. Como diríen en Eurovisión: «Sporting of Gijón, one point».
-¿Qué, contenta con el puntín?
-Sí, ho. Qué remediu.
María, que también encajó un gol en propia puerta -la pérdida de un hijo, su “Capi”- sale silbando el himno.
Volviendo a Jovellanos y a la vida de cada uno, «en Gijón a la oración».

 

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