El Comercio
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La historia de Catalina
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Cuervo Alfageme Abogados | 21-11-2017 | 17:50

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La historia…

Una perrita desconocida de apenas seis meses de edad que vivía con una pareja en un edificio cualquiera de la ciudad de Lugo se cae desde la ventana de un edificio desde una altura  que le provoca lesiones muy graves.

El hecho en sí mismo es una desgracia pero los calificativos para describirlo cambian cuando se investiga que tal vez no ha sido un simple accidente sino que la perrita supuestamente pudo haber sido arrojada por sus dueños a la calle por esa ventana.

Para aquellos que nos gustan, queremos o simplemente respetamos a los animales una actuación así nos parece inconcebible. ¿Cómo un ser humano, se supone que racional, es capaz de comportarse así? Pero estos hechos ocurren, desgraciadamente, con demasiada frecuencia. De hecho, una situación muy similar la vivimos en una calle de Madrid tan solo hace unos meses. Un perro también fue arrojado a la calle desde una ventana. Y otros son arrastrados atados a un coche, o golpeados, o colgados… la lista de posibles maltratos es infinita.

La perrita de nuestra historia, no obstante, tuvo suerte. Tras su caída fue recogida por la Policía Local, está siendo tratada en un hospital veterinario y una protectora se encargará de ella hasta que se resuelva el procedimiento abierto por un posible delito de maltrato animal. Así nació de nuevo Catalina.

El auto judicial…

¿Por qué se producen hechos de este tipo? Por falta de educación en materia animal, por falta de sensibilización, por falta de valores… pero también por falta de una legislación que castigue de una forma mucho más contundente el maltrato animal. Tan solo hay que pensar que hoy en día, en nuestro derecho, cualquier animal, todos los animales, se consideran cosas. Considerar a los animales, jurídicamente hablando, entes sensibles y dotarlos de una mayor protección, por un lado, y contar con un sistema judicial que aplique con toda rotundidad sanciones y penas en situaciones como la de Catalina, empujaría un cambio que gran parte de la sociedad solicita desde hace tiempo.

Pero, a pesar de este panorama aparentemente desolador en nuestras normas, existe cada vez más una mayor concienciación en este sentido. Y así ha ocurrido con la historia de la pequeña Catalina. Los hechos aterrizaron en el Juzgado de Instrucción número 1 de Lugo y la jueza que está a su frente, Pilar de Lara, dictó un auto que no solo protege y ampara a Catalina sino que es un ejemplo de lo que puede ser un antes y un después en materia de protección animal en el ámbito judicial.

28 páginas dedica la jueza a justificar una medida sin precedentes: a los dueños se les retira, como medida cautelar y como posibles autores de un delito de maltrato animal, la custodia del animal, se les impide tener otras mascotas y se les prohíbe aproximarse a menos de 500 metros de la perrita.

Pilar de Lara critica también la actuación de la Policía Local que tardó en tomar medidas adecuadas para salvar la vida del animal y señala, entre otros muchos puntos muy interesantes, que la inclusión del bienestar animal es la gran asignatura pendiente de nuestra Constitución así como también la aprobación de una Ley Estatal de Protección Animal que profundice en sus derechos y supere la actual diversidad normativa entre las distintas comunidades autónomas. Hace una crítica de los espectáculos cruentos y festejos populares muchas veces patrocinados por entes públicos y de la mercantilización  y cosificación de los animales negándoles su cualidad de entes vivos y sintientes. Lamenta que no se hayan fomentado políticas públicas y administrativas dirigidas a hacer realmente efectivos los derechos de bienestar animal, especialmente en el ámbito de la concienciación social ya desde la infancia para lograr reconocer que los animales son seres capaces de sentir placer, miedo, dolor, ansiedad, estrés… y también de sufrir…

Pero tal vez la reflexión que más nos ha llamado la atención, la más resaltable desde nuestro punto de vista, es esta: “quien desprecia la vida hasta el punto de maltratar o abandonar a una mascota habitualmente también despliega su instinto agresivo contra una mujer, sus hijos, menores, ancianos, vecinos u otros ciudadanos a los que considere inferiores”. Aunque parezca una obviedad un maltratador es un maltratador. Por eso si vemos o conocemos un acto de maltrato contra cualquier ser, la única opción que tenemos es la denuncia.

Solo es un auto pero es un paso más… El sufrimiento de Catalina no ha sido en vano.

 

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