El Comercio
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Fecha: diciembre 7, 2017
Matrimonio, tareas del hogar, compartir… ¿qué dicen nuestras leyes?
Cuervo Alfageme Abogados 07-12-2017 | 5:42 | 0

blogHablamos, y mucho, y normalmente para bien, de la igualdad, del reparto de tareas en las parejas en el hogar, en el cuidado de los hijos, en la atención a los mayores… pero, al margen de opiniones, ¿nuestras leyes dicen algo al respecto?

Pues sí. La respuesta es positiva. Desde el año 2005 nuestro Código Civil incorpora, en la regulación del matrimonio y entre las obligaciones de los cónyuges, la de compartir las responsabilidades domésticas y el cuidado y atención de ascendientes y descendientes y otras personas dependientes a su cargo, obligación que se contiene en el artículo 68, que también se refiere a la clásica obligación de fidelidad, convivencia y socorro mutuo. Este precepto se lee durante las ceremonias civiles y es de aplicación con independencia de cual sea la forma de celebración del matrimonio elegida.

Es una de esas obligaciones legales que tienen muy difícil exigencia cuando no se quiere llevar a cabo de forma voluntaria. Sin embargo, son muchos los divorcios que se han llegado a producir por desacuerdos continuos en este tipo de cuestiones, entre otras muchas.

Hoy en día no hace falta alegar causa alguna para divorciarse. Cualquiera de los dos cónyuges puede instar el divorcio con tan solo tres meses de matrimonio (incluso menos si existe una situación de maltrato). Tampoco el hecho de que se produzcan o no este tipo de situaciones tiene relevancia alguna para las medidas que van a adoptarse como consecuencia del divorcio, salvo cuando hay hijos menores, en cuyo caso se valorará la atención que cada cual venía prestando a su cuidado para determinar el sistema de custodia.

Es por ello que aunque a veces nos consulta alguna persona sobre este particular, entendemos que si lo que quiere es mantener su matrimonio y lograr la colaboración del otro en las tareas domésticas y en el cuidado de los hijos, el camino judicial no es el más adecuado. Quizás el diálogo o una terapia de pareja dirigida por un psicólogo puedan encaminar la situación que, si llega a hacerse insostenible, terminará con la ruptura de la pareja. Lo ideal buscar el acuerdo que facilite la convivencia.

 

 

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