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José María Urbano | 06-02-2017 | 12:52

El informe de la Consejería de Medio Ambiente sobre Avilés nos deja numerosos apuntes para la reflexión general

Nunca es tarde para el conocimiento, así que bienvenidos al club todos aquellos que acaban de descubrir hace un cuarto de hora que en Asturias hay contaminación, que es la conclusión que se saca cuando uno observa estas cruzadas repentinas a mitad de camino entre la sorpresa que produce el descubrimiento de algo nuevo –o mejor, el desconocimiento de la realidad– y el aprovechamiento político habitual.

Estamos ante un problema serio y de difícil solución. La contaminación nunca va a desaparecer, al menos una parte, mientras haya industrias y actividad en unos puertos como el de Gijón y Avilés, que son fundamentamente graneleros para atender las demandas de las grandes multinacionales en petróleo, carbón y otros minerales para su funcionamiento.

Estas cosas nadie las tiene que explicar en Avilés, la ciudad más contaminada de España en otro tiempo, que no en el actual, y por eso no deja de sorprender que para algunos el problema de la contaminación haya empezado ahora.

Avilés ha librado una batalla de años contra la contaminación. Foto Marieta

Seguramente existe una mayor conciencia del problema en la sociedad, pero hay una serie de hechos irrefutables que colaboran a esa mayor visibilidad. Algunos ejemplos. El Colectivo Ecologista decidió, por fin, dejar de dedicarse en exclusiva a Avilés –una ciudad abonada para su trabajo, ya que es la que más estaciones de control tiene posiblemente de España– y darse «un paseo por el exterior». Y, oh sorpresa, resulta que hay otros puntos en Asturias en donde desgraciadamente se baten récords. En Trubia sin ir más lejos, con el benceno. Gijón comprueba también ahora que una cabecera siderúrgica acarrea una mayor contaminación, y eso que aun le falta añadir las baterías de cok. Y su alcaldesa descubre que un puerto granelero como El Musel puede provocar nubes de polvo en días en que el viento juegue a la contra. Y en Oviedo ven lo que se vio siempre: que el tráfico y las calefacciones le ponen una boina en los meses de invierno que ríase usted de Santiago de Chile, capital en la que hace «siglos» que saben lo que es circular sólo las matrículas pares un día y al siguiente las impares, porque allí tienen los cerros y la Cordillera como tapón y en Vetusta el Naranco y el Aramo.

Volvamos a Avilés, sin necesidad de ir a los datos técnicos todavía. En los últimos años esta ciudad ha vivido una auténtica revolución medioambiental gracias al esfuerzo compartido de administraciones, empresas, puerto y la sociedad civil, que han conseguido avances extraordinarios gracias a apuestas claras en la calidad del aire, saneamiento integral, tratamiento de las aguas, recuperación de la ría, atención a los humedales, cierre total del puerto y dotación de zonas verdes y parques urbanos que sitúan a Avilés entre las ciudades con mayor densidad de zonas verdes por habitante, con más de 1,2 millones de metros cuadrados, más de 14 metros cuadrados por vecino, cuando la Organización Mundial de la Salud recomienda entre 10 y 15.

Y ahora sí, vayamos a los datos que nos ofrecen los técnicos, que en principio son los que cuentan con una mayor solvencia. La Consejería de Medio Ambiente presentó el pasado día 26 de enero el ‘Plan de mejora de la calidad del aire de la Zona de Avilés’, que en 392 páginas recoge datos relativos a la situación actual, actuaciones desde 2014, superficies afectadas, inspecciones, sanciones, proyectos realizados y propuestas.

Y de las conclusiones observadas tras la lectura de esas 392 páginas merece la pena detenerse en cuatro aspectos concretos.

Uno. Todas las empresas, como norma general, cumplen la normativa que se les exige a través de la Autorización Ambiental Integrada, basada en las reglas españolas y comunitarias. En 2016 se dice que hubo 79 inspecciones (20 en 2015 y solo 5 en 2014) y se impusieron sanciones por 260.000 euros, luego parece que los incumplimientos se conocen y se sancionan.

Dos. Llama la atención el tono imperativo que utiliza la Consejería para exigir nuevas inversiones en empresas como Asturiana de Zinc, ArcelorMittal o el Puerto, que han hecho desembolsos millonarios para satisfacer las peticiones de una Consejería perteneciente a un Gobierno regional que debería conocer el significado del concepto de la flexibilidad cuando tratamos con generadores de empleo y de riqueza.

Tres. Cuando Avilés ha abierto los telediarios para decir que es la ciudad más contaminada de España se ofrecen los datos basados en la estación conocida como la del Matadero, la única que incumple los valores límite normativos desde el año 2011. Pues bien, dice el informe técnico que la ubicación de esa estación no se ajusta a los criterios de la Unión Europea y que incumple la Directiva 2008/50/CE, por encontrarse dentro del parking de la ITV, por tener zonas de almacenamiento y manipulación de graneles a menos de 200 metros y por no existir viviendas permanentes a su alrededor.

Y cuatro. Dice el informe técnico que el 50 por ciento de la contaminación en Avilés-ciudad la produce el tráfico y el otro 50 la industria. Pues bien, el departamento que dirige Belén Fernández se llama Consejería de Infraestructuras, Ordenación del Territorio y Medio Ambiente. Es decir, el mismo que no es capaz de resolver el grave problema de tráfico pesado de Avilés: la Ronda Norte y el enlace de la Y con el PEPA y la margen derecha de la ría. Si el tono imperativo que utiliza la Consejería con las empresas y el puerto se lo aplicara a ella misma, a lo mejor resolvíamos ese 50 por ciento de contaminación que, por ejemplo, en modo de 100 camiones diarios llega todos los días de Castrillón en dirección al almacén de jarofix de El Estrellín (Avilés), desde Asturiana de Zinc, aunque su alcaldesa, que es de IU –los matices son importantes cuando alguno se pone en modo reivindicación exigente con los demás– asegure que «Avilés no puede trasladar sus problemas de tráfico pesado a Castrillón». (Ver LA VOZ, de 15 de enero). Asturiana de Zinc paga íntegramente en Castrillón sus impuestos, los directos y también los indirectos.

Tenemos un problema con la contaminación en Asturias y en Avilés y su comarca. Y mantener la industria abierta va a exigir un peaje indeseable en ese sentido. Está en la mano de todos paliar en todo lo que se pueda sus efectos sobre las personas desde el conocimiento, el cumplimiento de las normas y la colaboración. Pero deberíamos exigir también una cierta prudencia y responsabilidad para no aumentar los daños colaterales de un asunto complejo como éste.

 

Publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el día 5 de febrero de 2017

Sobre el autor José María Urbano
José María Urbano. Periodista. Jefe de Redacción de La Voz de Avilés-El Comercio. El relato de los hechos y los fundamentos de la opinión sólo pueden tener su base en el poder de los datos. En un mundo en el que imperan los clics, los shares, las notas teledirigidas, las ruedas de prensa sin preguntas y las declaraciones huecas en busca de un titular, hay que reivindicar el periodismo hecho por profesionales. Política, economía, cultura, deportes... la vida en general, tienen cabida en este espacio que pretende ir más allá de la inmediatez, la ficción y el ruido que impera apoyado en las redes sociales. El periodismo es otra cosa.