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¿A quién molesta la música del Ewan?
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José María Urbano | 11-07-2017 | 09:52

Un concierto intimista y familiar se ve envuelto en una polémica en la que se echa en falta respeto, tolerancia y comprensión

Hace apenas unas horas, un concejal de Podemos en el Ayuntamiento valenciano de Paiporta intervenía en un debate sobre el maltrato animal y para reforzar su argumentación ante unos contendientes políticos que restaban importancia a la cuestión tiró de ironía y pronunció –es posible que de forma no muy afortunada– la siguiente frase: «Maltratar a los animales es como pegar a la mujer. Hay que hacerlo lo suficiente, no mucho». Los que vimos la escena por televisión entendimos el contexto de esa frase, que posteriormente él mismo atribuyó a los mensajes que se ofrecen en algunas mezquitas y por parte de algunas religiones.

Con lo que no contaba el concejal era con que en el mismo salón de plenos algún portavoz iba a saltar como un resorte, descontextualizando la frase, y acusándole de mezclar el maltrato animal con el de las mujeres y hasta de una cierta complacencia con la violencia machista. Por supuesto, nada que ver con lo que había dicho el concejal de Podemos.ewan-para-blog
Pero ya era tarde. El ‘incendio’ de las redes sociales –qué forma tan tonta de definir la coincidencia de una serie de comentarios, en muchas ocasiones siguiendo consignas de estrategias políticas que están más que demostradas– se juntó con la cruzada montada por el programa de la tarde de La Sexta, que quiso colarnos a todos una polémica inexistente con una argumentación que sus propias imágenes, con la intervención del concejal en el Pleno, desmontaban. Incluso un poco más tarde le tocó pasar por el mismo calvario, ante la aguerrida e indignadísima presentadora, a la alcaldesa de Paiporta, por defender al concejal tratando de contextualizar en sus justos términos su frase, absolutamente alejada de lo que unos y otros, en el salón de plenos y en la cadena de televisión, trataban de imputarle al edil.
Hemos llegado a un punto en el que las redes sociales se han convertido en ese estercolero en el que cada uno puede soltar las barbaridades que desee, aunque con ello se esté cargando la reputación y el buen nombre de una persona, aún a costa de retorcer los argumentos ‘ad nauseam’.
Dicho lo anterior, soy consciente de que lo que sigue a continuación corre el riesgo de convertirse en un elemento más de polémica e incluso de pretexto para el insulto –el ‘incendio’ de las redes– que desde luego uno no pretende, aunque ya esté curado de espantos. Bien al contrario, uno desearía que se hiciera una reflexión serena sobre algo que debería servirnos a todos como un elemento más de orgullo por algo que se hace en nuestro entorno.
Me refiero al festival Ewan, esa cita musical que en 2014 Juan Luis Suárez –El Sueño de Morfeo– puso en marcha en el pinar de Salinas y que se convirtió desde el primer momento en un éxito inesperado. Un festival de música original que nos acercaba la obra de artistas muy interesantes, bastante alejados de los circuitos comerciales que inundan otros espacios. Carmen Boza, Neuman o Belize, por ejemplo, se descubren en Radio 3, no en las operaciones triunfo televisivas.
El éxito del primer año sorprendió a todo el mundo, consiguiendo crear una atmósfera intimista de la que participaron familias enteras, abuelos, padres e hijos, muchos de ellos llevando sus mantas para sentarse y participar de un concierto tranquilo, especial, en el agosto de Salinas. Aquello distaba mucho de ser un botellón o una cita musical cargada de decibelios.
Bastó con que algunas personas, en nombre de asociaciones de Memoria Histórica expresaran su rechazo a este festival, por entender que se celebraba en un área en donde se ubica posiblemente una fosa común de víctimas del franquismo, para que finalmente el festival, tras una serie de contactos y negociaciones, abandone el recinto y se plantease renunciar a su celebración.
En esta historia hay que hablar en primer lugar de la hipocresía de IU de Castrillón, que por boca de su alcaldesa, poco menos que llegó a señalar que casi desconocía la ubicación de esa fosa común, cuando fue la propia alcaldesa, y la anterior, junto con compañeros de su formación política, los que más actos realizaron en ese recinto. Uno de los pocos en los que se instaló uno de los monolitos que provocaron la condena por prevaricación del viceconsejero de Bienestar Social, Ángel González, de IU, precisamente por el fraccionamiento ilegal de contratos para instalar monolitos que señalizaran las fosas comunes de las víctimas del franquismo, en cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica. Para casi desconocerlo, las dos alcaldesas e IU aprovecharon bien las oportunidades para ponerse delante de las cámaras que recogieron con profusión sus actos en esa zona.
Nadie va a quitar la razón a quien reclame su derecho a que se señalice y se respete esa fosa común, independientemente de que sean muchas más las personas que aún contando en sus familias con dramas inexplicables de aquella Guerra Civil, hayan optado por pasar página, que fue lo que se hizo mayoritariamente cuando se inició una Transición que sólo los que la vivimos en primera persona sabemos lo que supuso en la tarea de reconciliación en este país, aunque ahora la nueva política sume a su desfachatez la ignorancia de referirse a ella como el Régimen.
En todo caso, no creo que un concierto intimista y familiar como el Ewan suponga una falta de respeto ni a las posibles víctimas que estén en esa fosa común ni a sus familias. Al revés, incluso no creo que los organizadores del festival tuvieran inconveniente en hacer durante los conciertos una referencia histórica al lugar en el que se desarrolla.
Ya sé que alguien va a decir que se trata de otro tipo de música, pero nadie debería olvidar que los conciertos son cada vez más habituales en los cementerios religiosos y civiles, en España y en Europa, siendo especialmente reconocidos los actos que se hacen en los de Madrid, Barcelona, Granada, Cuenca, Torrelavega, Reus, Vitoria, Palma de Mallorca o Vigo. O los que impulsa la Asociación de Cementerios Significativos de Europa, por no hablar de los 67 que forman parte de la Ruta Europea de los Cementerios que se reparten en cincuenta y cuatro ciudades de veinte países. Ya sé que no es lo mismo y que a algunos les va a parecer una comparación fuera de lugar ésta de los cementerios con las fosas comunes. En todo caso sólo cabe el respeto por el pensamiento libre de cada uno.
Y desde luego, uno defendería siempre la celebración en ese espacio de Salinas de un festival familiar como el Ewan mucho antes que la utilización por cientos de familias de un área recreativa en la que se han preparado miles de comidas sin que nadie, hasta el día de hoy, reclamase su clausura por la existencia de una fosa común que ni siquiera está delimitada.
¿Por qué no se hace un esfuerzo conjunto de respeto, de comprensión y de tolerancia antes de embarcarnos en polémicas que no nos llevan a ninguna parte? Dejemos los ‘incendios’, por favor.
Nota.¿A qué espera la alcaldesa de Avilés para intervenir personalmente en el Conservatorio Julián Orbón para poner orden de una vez en un centro en el que su concejala de Cultura y el «ilegal» director están mofándose literalmente de las sentencias judiciales?

 

Publicado en La Voz de Avilés el día 9 de julio de 2017

Sobre el autor José María Urbano
José María Urbano. Periodista. Jefe de Redacción de La Voz de Avilés-El Comercio. El relato de los hechos y los fundamentos de la opinión sólo pueden tener su base en el poder de los datos. En un mundo en el que imperan los clics, los shares, las notas teledirigidas, las ruedas de prensa sin preguntas y las declaraciones huecas en busca de un titular, hay que reivindicar el periodismo hecho por profesionales. Política, economía, cultura, deportes... la vida en general, tienen cabida en este espacio que pretende ir más allá de la inmediatez, la ficción y el ruido que impera apoyado en las redes sociales. El periodismo es otra cosa.