El Comercio
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“Operación cansancio” en el PP de Avilés
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José María Urbano | 23-07-2017 | 09:57

La desautorización de Oviedo al grupo municipal popular con la perrera persigue la eliminación de los tres concejales incómodos de cara al futuro congreso local

Si uno de los principales objetivos de un periodista es que te lean, uno se siente bastante reconfortado al comprobar que al menos en el PP de Asturias y en el de Avilés ha conseguido un cierto seguimiento. Bastó con que la semana pasada recordara en este mismo espacio el celebrado invento de Ovidio Sánchez sobre los «chiringuitos socialistas» para que en tan solo 72 horas se viniera directamente desde Oviedo a hablar de otro «chiringuito», en este caso el del proyecto de la perrera municipal. Si lo sucedido el miércoles en la sede del PP de Avilés quedara en una anécdota, pues lo celebraríamos todos como un intercambio de pareceres entre políticos y periodistas, a veces saludable.

Lo malo es que no estamos ante una anécdota, sino ante la constatación de que el PP de Avilés no tiene remedio desde los lejanos tiempos del siempre recordado presidente Pedro Solís.zarazia-para-blog

Primero, los hechos. Aunque la Ley no está suficientemente desarrollada, siempre se ha dado por hecho que las ciudades con más de 50.000 habitantes están obligadas a disponer de un albergue de animales domésticos. Simplificando, una perrera municipal. En Avilés no existe ese servicio y desde hace más de veinte años se intenta una solución comarcal, incluso de ámbito territorial mayor, sin que hasta la fecha haya sido posible.

Por primera vez parece que hay un acuerdo presidido casi por la unanimidad: la creación de un consorcio para la apertura de un albergue de animales en una finca de La Lloba (Castrillón). El concejal socialista avilesino Miguel Ángel Balbuena ha sido felicitado hasta por sus oponentes políticos por la forma en que ha llevado este asunto y cómo ha logrado un extraño, por inhabitual, consenso entre ayuntamientos y partidos políticos. Entre estos últimos figuraba el PP de Avilés, que históricamente ha mantenido siempre la necesidad de tener cubierto ese servicio. En estas últimas semanas todo el mundo ha reconocido también la labor realizada por el concejal popular Francisco Zarracina, que llegó incluso a pedir a los vecinos de La Lloba comprensión, a la vez que les tranquilizaba sobre la ubicación de la futura perrera.

Y ahora, la clave política. Con el acuerdo unánime en la Corporación avilesina, el miércoles a mediodía se convoca una rueda de prensa que viene a dar desde Oviedo la diputada regional Emma Ramos, con la concejala avilesina Ana Bretón de asistente, para anunciar que el PP va a votar en contra de la perrera municipal porque la figura del consorcio que es la que se va a aprobar en el Pleno del día siguiente es un «chiringuito». La portavoz adjunta, Ana Bretón, se llevó escrito el discurso oficial de la dirección regional y así lo expuso en el Pleno. Sí a la perrera, pero no al consorcio porque es un «chiringuito». Asusta tanta profundidad de análisis.

Hombre, en el PP actual no están los tiempos como para que se hable con esa ligereza de los «chiringuitos» sin que produzca un poco de vergüenza ajena. Pero en todo caso, lo que demuestra la dirección regional y la concejala Bretón –que al día siguiente volvió a insistir en en este periódico sobre lo mismo– es un gran desconocimiento sobre los procedimientos administrativos. La figura del convenio, a la que se refirieron como alternativa, se contempla en acuerdos voluntarios, casi siempre en urbanismo, no en los de obligado cumplimiento como es el caso. La mancomunidad, que es otra posibilidad enunciada por el PP, está prácticamente prohibida por un ministro de Hacienda, de nombre Cristóbal Montoro, que es de un Gobierno del PP, que tiene atados de pies y manos a los ayuntamientos para que no se gasten ni un euro en lo que no sea amortización de deuda, inversiones sostenibles muy controladas por Hacienda o permanecer en depósitos, en el cumplimiento estricto de la Ley de Estabilidad Presupuestaria impuesta por él. Recomendando, por ejemplo, que nadie se meta en berenjenales de mancomunidades que difícilmente luego se pueden sostener económicamente.

Políticamente, la concejala Ana Bretón hace el ridículo cuando insiste en este periódico (ver LA VOZ de ayer, página 4) que la decisión de votar en contra no partió de la dirección regional del PP, sino de la junta local, que de forma nominal votó el sentido del voto en la reunión del miércoles por la tarde. Lo peor de un político es que se crea sus propias mentiras.

Enma Ramos y ella misma adelantaron el miércoles a mediodía que el PP, sorprendentemente en vista de los antecedentes negociadores del grupo municipal, iba a votar en contra. La noticia ya estaba publicada en la página web de este periódico horas antes de que se celebrara la reunión de la tarde de la junta local. Algún concejal se enteró de la decisión de la dirección regional por el digital de este periódico. Y quien avanza oficialmente el sentido negativo del voto no es el portavoz municipal –ausente estos días, al parecer–, ni el grupo municipal, ni siquiera el presidente de la junta gestora, Pedro de Rueda –también ausente, al parecer– sino una diputada regional que viene expresamente de Oviedo a explicar lo que hay que hacer.

Y ahora la explicación. La dirección regional del PP que preside Mercedes Fernández tiene un problema grave en Avilés. Ni sus afines –tres concejales, entre ellos un portavoz al que ya empiezan a criticar internamente en Oviedo a pesar de que lo nombraron a dedo desde esa misma instancia, sin contar para nada con la militancia avilesina–, ni el presidente de la junta gestora, ni la junta gestora al completo se ven capaces de liderar un proyecto en Avilés que dentro de unos meses logre imponerse en el congreso que obligatoriamente habrá que celebrar.

Bien al contrario, ven que cada día que pasa el único candidato serio que se vislumbra en el horizonte –y que él no se ha escondido en presentarse como tal en el futuro– es Alfonso Araujo, y que los otros dos concejales que le acompañan, Constantino Álvarez y Francisco Zarracina se llevan todo el reconocimiento interno y externo por su trabajo y por su seriedad política. Poco que ver con los errores de Carlos Rodríguez de la Torre, o el posicionamiento ‘borroka’ de Bretón, cuando esgrime que hay que «votar en contra por sistema de todo lo que plantee el PSOE», aunque sea un proyecto empresarial como el de la ampliación del Ferrera.

Lo de la perrera municipal, posicionarse en contra, rompiendo todos los consensos, dejando en evidencia al propio partido en Illas, que ya lo había aprobado, o en el mismo Castrillón, que se ve obligado a rectificar su posición, es simple y llanamente una provocación para los tres concejales avilesinos que busca solamente una cosa: cansarlos y que abandonen el partido vía Grupo Mixto en el Ayuntamiento. Y de esa forma, piensan en Oviedo, se verá despejado el camino para lograr «ganar» el futuro congreso.

De momento no se van a atrever a abrirle un expediente a Zarracina por sus declaraciones inmediatamente después del Pleno del jueves, cuando declaró que había votado en contra por imposición del partido, pero que estaba feliz porque se hubiese aprobado el consorcio. Y no lo harán porque el escándalo sería entonces mayúsculo. Pero atentos a lo que se avecina.

Publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el día 23 de julio de 2017

Sobre el autor José María Urbano
José María Urbano. Periodista. Jefe de Redacción de La Voz de Avilés-El Comercio. El relato de los hechos y los fundamentos de la opinión sólo pueden tener su base en el poder de los datos. En un mundo en el que imperan los clics, los shares, las notas teledirigidas, las ruedas de prensa sin preguntas y las declaraciones huecas en busca de un titular, hay que reivindicar el periodismo hecho por profesionales. Política, economía, cultura, deportes... la vida en general, tienen cabida en este espacio que pretende ir más allá de la inmediatez, la ficción y el ruido que impera apoyado en las redes sociales. El periodismo es otra cosa.