El Comercio
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Acusaciones sin datos
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José María Urbano | 21-08-2017 | 17:50

La propuesta de IU de retirar del callejero el nombre de ‘alcaldes franquistas’ no ha sido acompañada de un solo apunte documental 

 

Para Izquierda Unida, al menos para una de sus portavoces en el grupo municipal del Ayuntamiento de Avilés, Carmen Conde, algunos alcaldes que presidieron las corporaciones municipales durante la etapa franquista son «nombres de la vergüenza». Y de ahí su propuesta, presentada el jueves en el Pleno, de que se quiten del callejero los nombres de José López-Ocaña, Francisco Orejas Sierra, se cambie el del estadio Román Suárez Puerta, que fue otro alcalde, y finalmente la de Sabino Álvarez Gendín.

Nadie en su sano juicio le daría el nombre de una calle a persona alguna que se hubiese significado por haber cometido cualquier crimen de guerra o participado o colaborado directamente en alguno de los horrores de la Guerra Civil. Para eso no se necesita ningún recordatorio por parte de la Ley de Memoria Histórica. Basta el sentido común de la ciudadanía.

España vivió una guerra, un régimen franquista que se prolongó hasta 1975, fecha de la muerte del dictador, y abrió un proceso, el de la Transición, que sirvió, entre otras cosas, para que este país asombrara al mundo por su capacidad para alumbrar una democracia a través de una transición modélica, no exenta de graves dificultades, como sabemos los que vivimos esa etapa, sin necesidad de que nadie nos la quiera contar ahora. Ni los que llaman despectivamente el ‘Régimen’ a la Transición, ni los que quieren reescribir la historia a base de descontextualizar las etapas en las que este país, esta ciudad, fue construyendo su futuro hasta el día de hoy.

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La concejala de IU no ha aportado más datos que los de esa generalidad de ‘dirigentes franquistas’ y ‘nombres de la vergüenza’ para reclamar que se les retire del callejero avilesino a las personas ya citadas. Si ella dispone de datos reveladores que comprometieran el buen nombre de esas personas, por haber sido protagonistas de cualquier hecho rechazable, y ya no digamos autores directos de algunos de ellos, debería haberlos aportado en el momento de presentar su moción. El que no lo haya hecho nos deja a todos con la duda de si no estamos ante una petición demagógica más o el olvido intencionado de la misma Transición ya aludida y hasta de la primera Corporación democrática de nuestro Ayuntamiento, que dejó sin efecto algunas decisiones tomadas en su día que, dentro de su contexto político y temporal, no dejaron de ser en muchas ocasiones meros gestos protocolarios.

Román Suárez Puerta dio nombre al estadio municipal por ser el alcalde que recibió la cesión de los terrenos por parte de la familia Carbajal –los famosos prados de Carbajal– a la ciudad de Avilés para que se dedicaran a espacios deportivos y el que impulsó la creación del campo. Dicen los que le conocieron y le trataron que Román Suárez Puerta fue un médico otorrino que no cobraba a nadie por su consulta y que incluso a los más desfavorecidos les pagaba de su bolsillo las medicinas. Dicen también que murió casi en la indigencia y que en sus últimos años fue el propio Ayuntamiento el que le nombró médico de la Casa de Socorro para que pudiera cobrar un sueldo. Persona integradora y sin ninguna significación política, ayudó a mucha gente a encontrar un trabajo en obras como la del campo de fútbol precisamente, en tiempos en los que Avilés no daba para más en nuevos empleos. Bajo su mandato se construyeron también las primeras casas del Nodo.

Suárez Puerta, junto con Eduardo Fernández Guerra y Francisco Orejas Sierra –y más tarde Suárez del Villar– fueron los que llevaron el peso de la gigantesca transformación de Avilés en una ciudad que pasó en solo veinte años de 20.000 habitantes a casi 90.000. Fue la etapa heroica de esta ciudad, gracias a los avilesinos y a los que vinieron de fuera, que consiguieron alumbrar una ciudad nueva que precisó de todo lo inimaginable y más para atender las necesidades en vivienda, sanidad y educación y que fueron exigidos por una población que se multiplicó por cuatro en menos de dos décadas.

Eduardo Guerra pasó a la historia como el alcalde que hizo frente a Ensidesa y a la «autoridad», al exigir a la empresa pública que pagara los impuestos correspondientes al Ayuntamiento. Fue cesado.

Y le sustituyó Francisco Orejas Sierra, al que le tocó lo más «duro» de la instalación de Ensidesa, resolviendo como pudo tareas como la de superar el engaño que supuso la construcción del barrio de La Luz –nada que ver con el proyecto aprobado en su día–, pero al que se supo dotar de un instituto, escuelas, un polideportivo y una iglesia. Orejas Sierra, junto con Celestino Graíño, es el artífice de que el entonces director del Instituto Nacional de Industria (INI), Juan Antonio Suanzes, aceptara su petición para conseguir la nueva sede de la Escuela de Maestría Industrial, por donde han pasado desde su inauguración en 1961 hasta el día de hoy miles y miles de estudiantes. Y también fue el alcalde que consiguió «integrar» a Ensidesa en la ciudad, con lo que aquello significó para beneficio de Avilés.

De López-Ocaña, alcalde en dos ocasiones, la primera con la dictadura de Primo de Rivera, se destaca su petición al Gobierno para la creación del Instituto Carreño Miranda, que luego culminaría el también alcalde David Arias. Médico de profesión, también destacan de él su espíritu de colaboración con todo el mundo.

Finalmente, la concejala de IU afirma que hay que retirar el nombre de la calle de Sabino Álvarez Gendín por haber sido «miembro del Tribunal Superior de Justicia franquista». Sabino Álvarez Gendín, nacido en Avilés, fue Rector de la Universidad de Oviedo y está escrito que gracias a su tesón se logró que la Universidad no desapareciera después de la guerra. Fue magistrado del Tribunal Supremo, cofundador del Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA), miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y también miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Y también Procurador en Cortes en Madrid.

Al final, lo que queda de todo esto –salvo, insisto, que la concejala presente pruebas irrefutables en contra de estas personas– es un afán de seguir removiendo historias que la mayoría de los ciudadanos han sabido asimilar tras una Transición que supo poner las cosas en su sitio. Incluidas, como no podía ser de otra forma, aquellas referencias, nombres, imágenes y medallas que no pasaron del puro protocolo «impuesto» por la realidad de una dictadura.

A la concejala de IU no hará falta recordarle que en esta ciudad hay una calle con el nombre de Dolores Ibarruri ‘Pasionaria’ y otra de Brigadas Internacionales. Seguramente habrá personas a las que no les guste ninguna de las dos y tendrán motivos para ello, pero a nadie se le ha ocurrido presentar una moción para que se les retire del callejero.

Ignoro si algunos políticos reflexionan, antes de lanzar propuestas tan exentas de datos como ésta de la concejala de IU, sobre el daño que se hace a tantas familias que de repente se ven sometidas a un juicio de este tipo por el mero hecho de que sus padres, sus abuelos o sus tíos hayan sido, ‘alcaldes franquistas’. Obviamente, todos hasta 1979.

 

Real Avilés
Hoy, desgraciadamente, Avilés será noticia por su equipo de fútbol. Por una situación kafkiana, ridícula, un caso único en el fútbol español. Su propietario sigue sin explicar de verdad porqué.

 

Publicado en La Voz de Aviles-El Comercio el día 20 de agosto de 2017

Sobre el autor José María Urbano
José María Urbano. Periodista. Jefe de Redacción de La Voz de Avilés-El Comercio. El relato de los hechos y los fundamentos de la opinión sólo pueden tener su base en el poder de los datos. En un mundo en el que imperan los clics, los shares, las notas teledirigidas, las ruedas de prensa sin preguntas y las declaraciones huecas en busca de un titular, hay que reivindicar el periodismo hecho por profesionales. Política, economía, cultura, deportes... la vida en general, tienen cabida en este espacio que pretende ir más allá de la inmediatez, la ficción y el ruido que impera apoyado en las redes sociales. El periodismo es otra cosa.