El Comercio
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Y LUEGO LOS LAMENTOS
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José María Urbano | 19-11-2017 | 18:44

Avilés padece los retrasos de la obra de las baterías de cok de Gijón y de la política cada vez más contestada del Centro Niemeyer con la organización de congresos

Asturias siempre ha tenido fama de tender a la melancolía, un poco al lamento permanente. Y de ahí a la queja, como bien sabemos, solo queda un paso. Avilés no iba a ser menos y además hubo etapas en las que esa queja estaba más que justificada cuando hasta no hace tanto tiempo estaba incrustada en un emparedado que dominaban Oviedo, Gijón y las Cuencas. Afortunadamente aquella fue una etapa superada, fundamentalmente porque Avilés supo afrontar las mil y una crisis que le vinieron encima y a la vez encontrar su camino, algo en lo que ya se ha insistido tanto que no merece la pena incidir sobre ello.
Las fortalezas de Avilés y comarca –un concepto este último a la baja, con unas responsabilidades que tienen nombre y apellidos y sobre las que un día habrá que extenderse– están muy claras desde las plasmación de muchas de las cuestiones que se plantearon en el último Plan General de Ordenación Urbana, que logró cambiar no solo la fisonomía de la ciudad, sino que marcó las pautas por las que se debían regir esas políticas para alumbrar la nueva ciudad del siglo XXI.
No le fue ni le va mal a Avilés en ese sentido –todo parecerá siempre poco, eso es natural–, pero no queda otra que vivir en una alerta permanente si no se quiere naufragar en esa travesía continua que no suele conceder segundas oportunidades.
La ciudad ha asistido esta semana a dos planteamientos que deberían hacer recapacitar a los responsables políticos: el retraso en la concesión de los permisos de obra de las nuevas baterías de cok de ArcelorMittal en Gijón –con el perjuicio que ello ocasiona a Avilés– y la denuncia del congreso de ergonomía sobre las trabas que ha encontrado en el Centro Niemeyer para poder desarrollar su actividad.grossman-blog
En el primer caso volvemos a darnos de bruces con esa inmensa maquinaria burocrática que no solo dilata los procesos de una forma desesperante, sino que en ocasiones frustra y hasta destruye proyectos empresariales que, o no pueden soportar financieramente determinados retrasos, o simplemente se cansan de esperar y deciden abortarlos o cambiarlos de ubicación.
En esta misma sección se denunció en su día los dos años y medio que tuvo que esperar un empresario avilesino, uno de los ‘grandes’, para que alguien resolviera sobre un charco de agua en mitad de la parcela en la que se quería actuar como zona logística y sobre unas ramas diminutas de brezo. Eso sí, la factura que tuvo que pagar el empresario por cada año de retraso fue de casi 300.000 euros.

Bien, pues con las baterías de cok que ArcelorMittal quiere construir en Gijón pasa lo mismo. Se trata de un proyecto presentado en 2011, congelado luego por culpa de la crisis hasta 2015, y pendiente desde entonces de que el Principado, la Confederación Hidrográfica y el Ayuntamiento de Gijón aprueben definitivamente todos los permisos para que puedan comenzar unas obras que ya fueron adjudicadas en 2016 a la ingeniería luxemburguesa Paul Wurth. Un proyecto de 150 millones de euros, que su sola ejecución significará para Asturias empleo y riqueza. Y una vez en servicio asistiremos a un nuevo ‘contrato de adhesión’ del líder mundial de la siderurgia con Asturias, como mínimo para otros 25 años.

Paradójicamente, son los aspectos medioambientales los que al parecer están retrasando este proyecto, pero a la vez se ignora que las nuevas baterías están llamadas a solucionar el grave problema de contaminación que supone la actividad de las baterías de Avilés, llamadas cerrar en 2018 precisamente por la entrada en servicio de las nuevas en Veriña.

Ignoro al respecto dos cosas: si el Principado, Ayuntamiento de Gijón y Confederación son conscientes de lo que significa ese retraso para la empresa; y dos, ignoro también cuál es la capacidad de aguante de Lakshmi Mittal, que cualquier día se levanta con el pie izquierdo y decide que esa inversión se vaya a Lieja o a Bremen o a Dunkerke. Y a partir de ahí, vayamos olvidándonos poco a poco de esa especie de idilio que el magnate indio vive con Asturias en los últimos años.

Y por último, existe otra ciudad damnificada por esos retrasos: Avilés. Una ciudad que ya está en otra onda respecto a las baterías de cok, pidiendo a la SEPI el inicio del proyecto de descontaminación de los suelos y su puesta en valor. De esos 400.000 metros cuadrados que se van a liberar va a depender en buena medida el impulso definitivo que Avilés debe dar en la disposición de terrenos industriales y en el apuntalamiento de todo lo que tiene que ver con el Parque Tecnológico Isla de la Innovación.

Los retrasos en la instalación de Gijón son palos en las ruedas del desarrollo de Avilés y eso haría falta hacerlo notar en el Principado, en la Confederación y en el Ayuntamiento de Gijón.

 

¿Queremos congresos?

Para palos en las ruedas fijemos nuestra mirada también en el Centro Niemeyer, en donde una vez más han llegado quejas sobre la cantidad de trabas y ‘sorpresas’ que los organizadores de congresos se están encontrando a menudo con la dirección del centro.

La última queja llega del reciente 7º Congreso Internacional de Ergonomía y Psicosociología Aplicada, que reunió en Avilés a cerca de doscientos profesionales. El presidente de la Asociación Española de Ergonomía hizo la denuncia en estas mismas páginas, refiriéndose solamente a un súbito cambio de emplazamiento de la exposición, trastocando todos los planes que se habían hecho para poder disponer de todas las ventajas del auditorio. Pero hay más. Existe también una cuestión económica no prevista, que hubo que resolver veinticuatro horas antes del inicio del congreso.

En definitiva, los organizadores mostraron su malestar y en el runrún de las quejas ya se habló de la posibilidad de trasladar el congreso del año que viene… a Santander. Justo a Santander, en donde la actual alcaldesa, Gema Igual, ya dio muestras más que suficientes de lo que era la promoción de su ciudad cuando oficiaba anteriormente de concejala de comercio y turismo.

La alcaldesa de Avilés, Mariví Monteserín, debería tomar cartas en el asunto –y además es vicepresidenta de la Fundación Niemeyer– para recabar datos de lo que está pasando en este sentido. Porque esto no es nuevo, y basta recordar lo que sucedió con Ficarq, el Festival de Cine y Arquitectura, que casualmente también encontró cobijo en Santander. Pero es solo otro ejemplo.

Ya no se trata de hablar de la programación del Centro Niemeyer, sino de analizar una de las patas de ese equipamiento: el de servir como referente para la atracción de congresos a Avilés, objetivo número uno de la promoción turística y económica de la ciudad. Una actividad que no debería atender únicamente a los ‘intereses’ económicos de la dirección del Centro Niemeyer, sino, justo lo contrario, a los intereses de Avilés. Y ahí es donde la alcaldesa debe tener la última palabra para evitar que a continuación lleguen los lamentos.

 

Publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el día 19 de noviembre de 2017

 

Sobre el autor José María Urbano
José María Urbano. Periodista. Jefe de Redacción de La Voz de Avilés-El Comercio. El relato de los hechos y los fundamentos de la opinión sólo pueden tener su base en el poder de los datos. En un mundo en el que imperan los clics, los shares, las notas teledirigidas, las ruedas de prensa sin preguntas y las declaraciones huecas en busca de un titular, hay que reivindicar el periodismo hecho por profesionales. Política, economía, cultura, deportes... la vida en general, tienen cabida en este espacio que pretende ir más allá de la inmediatez, la ficción y el ruido que impera apoyado en las redes sociales. El periodismo es otra cosa.