El Comercio
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Fecha: diciembre 5, 2017
Cien abrazos
José María Urbano 05-12-2017 | 1:36 | 0

“Este ha sido el homenaje de los abrazos, no de los saludos”. Me pareció una definición perfecta de lo que viví el pasado viernes, 1 de diciembre, cuando abrí una puerta y cien personas me esperaban, puestas en pie, con un aplauso que me pareció interminable mientras mis manos alisaban mis cabellos y buscaban, nerviosamente, una forma de situarse y mantener el tipo antes de que afloraran las primeras lágrimas.

Esta es la crónica más personal que me toca escribir al término (oficial) de cuarenta y cinco años de profesión periodística ejercida en La Voz de Avilés, con un paréntesis de cinco años en El Comercio como Jefe de Fin de Semana, al que siguieron los últimos diez años de nuevo en Avilés como responsable de la cabecera centenaria, la vicedecana de la prensa asturiana.

El pasado viernes yo formaba parte de un encuentro de amigos, cinco matrimonios, que supuestamente teníamos reservado un comedor privado en el restaurante La Serrana, del complejo hotelero 40 Nudos, en la calle de La Fruta, para celebrar por todo lo alto los 86 cumpleaños de Octavio Granda, un ingeniero gijonés que podría escribir un libro sobre la industria gijonesa y asturiana de la segunda mitad del siglo XX, simplemente porque él fue un actor importante de ese sector. Cuando cumplió 80 años decidimos todos sus amigos que repetiríamos la fiesta de su onomástica cada año. Y en esta ocasión se había decidido que lo haríamos en Avilés.

Tras el encuentro de los cinco matrimonios en el Germán, nos encaminamos hacia La Serrana, en donde de forma un poco “sorprendente” su jefe de sala nos dijo que el reservado no estaba  disponible porque “ha surgido un problema”, con lo que el almuerzo se había pasado a un rincón del salón principal.

Fue entonces cuando se abrió la puerta, cuando mis amigos me dejaron solo, y me vi  ante cien personas que, puestas en pie, no paraban de aplaudir. De aplaudirme. Supe luego que algún amigo llevó una pastilla de cafinitrina “por si acaso”. No hizo falta afortunadamente, pero pasaron unos cuantos minutos hasta que logré reponerme para darme cuenta de la dimensión de lo que Armando Arias, miembros de la Redacción de La Voz de Avilés y la ayuda de mi hija Ángela habían preparado.

Luego me explicaron que Armando Arias lo había explicado a la perfección antes de que yo llegara allí: “Este es un encuentro de amigos de José María. Aquí nadie ha venido en representación de ninguna institución, de ninguna empresa, de ninguna entidad, se trata de personas que durante cuarenta y cinco años han tenido una relación cercana con José María, incluso con discrepancias, pero siempre desde el respeto, la cercanía y el cariño. Personas con las que José María se va a encontrar a gusto”

No se pudo exponer mejor. Eran cien caras con las que, como dije más tarde en el discurso improvisado que me tocó hacer, yo había tenido una historia particular y ellas conmigo.

La lámpara regalada por todos los presentes, en recuerdo de Mieres, mi lugar de nacimiento.

La lámpara regalada por todos los presentes, en recuerdo de Mieres, mi lugar de nacimiento.

Empecé diciendo que estaba en el limbo sobre aquel acto, porque aunque Vicente Álvarez Areces me había insinuado algo unas semanas antes, estaba convencido de que mi mensaje a mis compañeros del periódico, a mi familia y a mis amigos se iba a cumplir: no quería ningún tipo de homenaje, ni de encuentro, ni de almuerzo ni de nada. Y dije que de hecho el único homenaje que me había permitido desde el pasado 1 de noviembre –fecha oficial de mi pase a la reserva- había estado organizado por mí mismo al invitar a comer a mis tres jefes de sección –Alberto Santos, Yolanda de Luis y Nacho Gutiérrez- y al coordinador del Aula de Cultura del periódico en los últimos cuatro años, Armando Arias, porque ellos me ayudaron en todo y me hicieron la vida y mi trabajo mucho más fácil en los últimos diez años al frente del periódico.

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Sobre el autor José María Urbano
José María Urbano. Periodista. Jefe de Redacción de La Voz de Avilés-El Comercio. El relato de los hechos y los fundamentos de la opinión sólo pueden tener su base en el poder de los datos. En un mundo en el que imperan los clics, los shares, las notas teledirigidas, las ruedas de prensa sin preguntas y las declaraciones huecas en busca de un titular, hay que reivindicar el periodismo hecho por profesionales. Política, economía, cultura, deportes... la vida en general, tienen cabida en este espacio que pretende ir más allá de la inmediatez, la ficción y el ruido que impera apoyado en las redes sociales. El periodismo es otra cosa.