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José María Urbano

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CULTURA Y SILENCIOS (Y II)

No sólo no se han buscado nuevos patronos para la Fundación Niemeyer, sino que nadie se preocupa de buscar ‘aliados’ internos para el proyecto cultural más importante de Asturias

 

En el mes de mayo de 2011, todo estaba preparado para que LA VOZ DE AVILÉS se convirtiera en el primer patrono de la Fundación Niemeyer  ligado a los medios de comunicación. La negociación la había llevado yo personalmente con Natalio Grueso y en mi empresa se comenzó a trabajar en el encaje de aquella presencia en el patronato, de forma que posiblemente constara además EL COMERCIO y el Grupo Vocento. Nada nuevo. Vocento figura en el patronato del Guggengheim con ‘El Correo’ desde el primer momento, mientras que en el apartado de medios de comunicación benefactores de ese mismo patronato constan nada menos que veinte compañías en representación de las empresas de comunicación más importantes de este país.

En el caso del Centro Niemeyer, habría que imaginarse en aquel momento lo que podría suponer para la difusión informativa y hasta publicitaria de todas sus actividades por parte de trece periódicos regionales del Grupo Vocento, líderes en sus respectivas autonomías, más el ABC, más una agencia de noticias como Colpisa, más un suplemento semanal, el XL Semanal, líder en este país, distribuido por 23 cabeceras. Es decir, desde una institución local como LA VOZ DE AVILÉS, a la posibilidad de encontrar aliados en prácticamente todos los rincones de España. Y cabe imaginarse que a partir de ahí, como sucedió en el Guggenheim con la participación inicial de ‘El Correo’ y Vocento, detrás vendrían todos los demás grupos.

Por aquellas fechas, Gonzalo Urquijo, el único directivo español presente en el consejo de administración de ArcelorMittal, se disponía a llevar a una próxima reunión del consejo la propuesta de aprobación para la entrada de la multinacional siderúrgica en el patronato de la Fundación Nimeyer, algo que se había reclamado tres años antes sin demasiada fortuna. Todo parecía indicar, y así lo publicó este periódico, que en aquella ocasión se contaba ya con la luz verde del consejo.desayunosblog

Son solo dos ejemplos concretos de lo que estuvo a punto de cerrarse en el inicio del verano de 2011, aunque luego todo se viniera abajo por las razones sobradamente conocidas, al menos en esta ciudad, y que no merece la pena volver a repetir. Si acaso, sí conviene recordar que el entonces presidente de la Fundación Niemeyer, Manolo Díaz, compositor, cantante, productor, consultor de industrias audiovisuales en Estados Unidos e Iberoamérica, tenía avanzadas algunas gestiones para sumar patronos a la fundación de la talla del Banco de Santander o el grupo de empresas del empresario mexicano Carlos Slim.

Siete años después, ¿en qué se ha avanzado para buscar aliados del Centro Niemeyer? Si nos fijamos en la composición del patronato, la conclusión es fácil: absolutamente en nada. Siguen los mismos patronos institucionales y los dos privados del principio, Asturiana de Zinc y el Grupo Daniel Alonso. Se ignora si se han hecho gestiones al respecto, pero hasta ahora no han fructificado en nada, siempre con la disculpa de que la crisis del equipamiento avilesino ahuyentó a las empresas. ¿Siete años después se puede seguir argumentando lo mismo?

En los últimos tiempos escuchamos a los responsables del centro y a los de la fundación que ahora no se lleva lo de los patronos, sino lo de los patrocinios, es decir, exposiciones o conciertos que pueden ofrecer grandes compañías. No nos engañemos. Una cosa son los patrocinios puntuales de exposiciones que esas grandes compañías montan y hacen rodar por la geografía nacional, sin más compromiso que el de ceder ese hito durante un espacio de tiempo corto, y otra diferente la de los patronos, que deciden establecer un compromiso real con la marcha del centro, con su funcionamiento y con todas sus actividades, y por supuesto con el territorio, con la ciudad. Y es con sus aportaciones económicas con las que se puede alcanzar el grado de excelencia en su programación que debe figurar como primer objetivo. Nada de eso ha sucedido en una ciudad rodeada de multinacionales y de empresas potentísimas del sector industrial.

Pero es que cabe hacerse otra pregunta. ¿De qué forma se está buscando en el propio Avilés, en Asturias, ese grado de complicidad de la sociedad, tan necesario para que el Centro Niemeyer vuelva a ser visto como algo propio de los avilesinos, de los asturianos, y que figure como lo que es: el proyecto cultural más importante de esta región con diferencia sobre cualquier otro?

Decir que no se han hecho progresos en la programación de actividades sería injusto y faltar a la verdad. Pero la sensación que se tiene mayoritariamente es que la gestión actual no logra conectar con la calle, con la ciudad, con unos ciudadanos que observan que esa plaza que Oscar Niemeyer definió como la gran plaza abierta al mundo, está vacía casi permanentemente; o que ese maravilloso espacio arquitectónico está desaprovechado, seguramente porque en ese afán de cuadrar los números como objetivo básico, se estén dando pocas opciones para que empresas, promotores, artistas, organismos de todo tipo, asociaciones o compañías de publicidad escojan el Centro Niemeyer para sus actividades. Es más, a algunos se les ha ahuyentado con peticiones extemporáneas. Nada extraño cuando el propio director general del equipamiento dice públicamente que lo de los visitantes y el turismo de Avilés no es cosa suya, como si el centro fuese una isla ajena a la ciudad.

Y por ahí, por esa falta de cercanía a la sociedad, es por donde llega la desafección y el alejamiento. Con un ejemplo se entenderá mejor. Todo el mundo conoce y alaba los desayunos cardiosaludables que la Cofradía del Colesterol lleva a cabo con los escolares. Tras conseguir una serie de patrocinios, son los miembros de la propia cofradía los que se encargan de prepararlos y servirlos en una labor que ya ha traspasado fronteras. Pues bien, en un momento determinado se vio la oportunidad de organizar alguno en la torre del Centro Niemeyer, cerrada hoy al público, de forma que los escolares no solo tuvieran la opción de asistir a ese desayuno, sino que a la vez iban a tener la oportunidad de conocer el centro cultural por dentro, que parece una buena fórmula para buscar esa complicidad necesaria para que los niños empiecen a «querer» un equipamiento del que deben sentirse orgullosos.

Se hicieron dos desayunos, uno con sesenta escolares y otro con cincuenta, aproximadamente. La sorpresa llegó cuando la dirección del Centro Niemeyer le pasó la factura a la Cofradía del Colesterol por cada uno: 263 euros, más el 21 por ciento de IVA, total 318 euros. La experiencia le costó a la cofradía avilesina 636 euros. No se volvió, claro. Los desayunos siguen saliendo gratis porque un hotel de la ciudad, el 40 Nudos, ha cedido sus instalaciones de forma desinteresada.

Mientras tanto, la torre del Niemeyer sigue cerrada, en lo que constituye un caso único en España, en donde todos los museos y centros culturales de relieve tienen un espacio para el servicio de restauración de un cierto nivel, además de la cafetería general.

En fin, el espacio manda. Habrá que volver en otro momento a la programación del centro, que daría para otro capítulo completo. Y habrá que volver a la cultura de Avilés, a su concejalía, en donde la cuesta abajo de las programaciones y de los comportamientos con promotores y artistas locales, incluso los de relieve internacional, parece imparable.

 

Publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el día 15 de abril de 2018

 

 

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Sobre el autor

José María Urbano. Periodista. Jefe de Redacción de La Voz de Avilés-El Comercio. El relato de los hechos y los fundamentos de la opinión sólo pueden tener su base en el poder de los datos. En un mundo en el que imperan los clics, los shares, las notas teledirigidas, las ruedas de prensa sin preguntas y las declaraciones huecas en busca de un titular, hay que reivindicar el periodismo hecho por profesionales. Política, economía, cultura, deportes... la vida en general, tienen cabida en este espacio que pretende ir más allá de la inmediatez, la ficción y el ruido que impera apoyado en las redes sociales. El periodismo es otra cosa.

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