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José María Urbano

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Nicolás de Abajo, como antes lo hizo Daniel Alonso, reafirma las claves para que Avilés aproveche sus capacidades para convertirse en un referente mundial de I+D

Con dieciocho años conocí a Daniel Alonso, enviado por Juan Muro de Zaro a su despacho. Cuarenta y seis años después recuerdo hoy el mismo discurso de entonces, que ha venido repitiendo siempre el que posiblemente haya sido el empresario más relevante de esta región, el que sin apenas estudios, mas allá de la enseñanza obligatoria y de alguna clase particular de algún maestro amigo de la familia, por imposición de su madre, ha tenido las ideas más claras sobre dónde hay que encontrar las claves del éxito.

Trabajo, trabajo y trabajo. A él se lo van a contar, que todavía hoy va de visita a los talleres de su grupo para adivinar «esa desviación de milímetros» en una pieza o la forma de diseñar un nuevo modelo de soldadura. Con todo, cuando empezaba a obtener el éxito de su esfuerzo con contratos firmados con multinacionales, siempre tuvo presente su lema: «Hay que adelantarse con productos novedosos, que no haga nadie, y aprovechar esa singularidad durante un tiempo hasta que venga alguien que va a hacer lo mismo que tú y a lo mejor más barato».

Un sabio sin títulos universitarios. Pero con todos los diplomas que le dieron la experiencia.

Ahora llega otro sabio, con la misma modestia que él, que acaba de ser coronado como una de las personas más importantes del mundo en I+D, y nos lanza el mismo mensaje.

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Nicolás de Abajo, un ingeniero de 48 años que en forma de billete de lotería nos tocó a los asturianos cuando se puso al frente de los centros de I+D de ArcelorMittal en Avilés, y más tarde en el País Vasco, y que acaba de ser nombrado responsable máximo de los trece centros de innovación y desarrollo de la multinacional siderúrgica, repartidos en siete países, noticia adelantada en exclusiva mundial por LA VOZ DE AVILÉS, nos acaba de repetir, actualizado, el mismo mensaje que Daniel Alonso envió hace casi medio siglo.

Dice Nicolás de Abajo que el futuro de Asturias pasa por «su capacidad de innovar y de crear cosas nuevas que creen riqueza en el entorno».

En la entrevista concedida a LA VOZ DE AVILÉS en el día de ayer De Abajo nos dijo, textualmente: «Estamos en el inicio de un crecimiento tecnológico exponencial en áreas como la nanotecnología, 3D y todas aquellas áreas que se apoyan en los sistemas digitales. Hemos visto todo lo que se ha adelantado en este sentido en los últimos veinte años y nos parece increíble. Pero es que todos estos elementos son hoy el fundamento de un siguiente paso tecnológico, aunque realmente es difícil anticipar lo que vamos a ver en los siguientes veinte años. Yo creo que va a haber un crecimiento muy fuerte de la fabricación adictiva de la impresión 3D, en donde estamos viendo casi cada día evoluciones, lo mismo que en el mundo de las comunicaciones; y en el de la propia digitalización vamos a seguir viendo un crecimiento exponencial. Y en temas asociados como pueden ser los nanomateriales o los materiales en sí, incluso, también vamos a ver materiales que hoy son solo un sueño, pero en quince o veinte años podrán formar parte de los procesos industriales y también con los que desarrollaremos nuestra vida cotidiana».

En Avilés, afortunadamente, seguiremos contando con Daniel Alonso, con su grupo, como ejemplo de otros empresarios líderes en el mundo metalmecánico, como se encargan de demostrar cada día liderando sectores innovadores y de futuro . Y seguiremos con Nicolás de Abajo, con su equipo, liderado a partir del 1 de julio por Pedro Prendes y Roberto Suárez, en Avilés, y por Susana Peregrina (no Cristina, como por error publiqué el viernes en estas mismas páginas) en el País Vasco.

Pero conviene recordar que el Ayuntamiento de Avilés, es decir, esta ciudad, también viene trabajando en este campo de una forma decidida y hasta ejemplar. Desde luego de una forma envidiable para buena parte de las ciudades y capitales de provincia de este país. Es una pena que a nivel local lo que trascienda sean «les pincelaes» del concejal de Somos/Podemos, Xune Elipe, cuando trata de pontificar en el Pleno sobre lo innecesario de que el Centro Niemeyer tenga patronos privados, o que el PP tenga el descaro de presentar un plan antitransfuguismo en el Ayuntamiento de Avilés, cuando un mínimo decoro obligaría a este partido a pasar de largo por esta cuestión, que con su notabilísima aportación tanto ha avergonzado a la política española.

Avilés –insisto: como pocos lugares de este país– cuenta con un proyecto singular, el de la Isla de la Innovación Parque Tecnológico, como uno más de los que hoy vertebran el sistema de innovación español con 7.700 empresas y 26.000 millones de euros de facturación. Y gracias a una tradición industrial que heredamos del siglo XIX; gracias al puerto y al ferrocarril; a la Innovación, con los centros de ArcelorMittal como referente mundial; su presentación como un espacio industrial de calidad, con infraestructuras tecnológicas de investigación al servicio de las empresas, dotadas con grupos punteros de investigación reconocidos internacionalmente y acuerdos de cooperación con la Universidad; una localización clave, con el puerto, su red ferroviaria y la cercanía al aeropuerto; una población altamente preparada; multinacionales a pleno rendimiento; una Escuela de Superior de Arte y el Centro Niemeyer como eje de una oferta cultural internacional de primer orden.

El efecto arrastre de las multinacionales, y más en concreto de los centros referencia del acero en el mundo, abre todo un mundo de posibilidades para poder acceder a todas las fórmulas de colaboración público-privada que nos sitúen en la vanguardia de la investigación y en el desarrollo de nuevos productos. Ni siquiera tenemos que buscar una referencia, porque ya contamos con ella: la Manzana del Acero, un proyecto único en el mundo, que en cuanto se ponga en marcha a finales del verano nos dejará la fórmula del éxito, la conjunción de la labor realizada por ArcelorMittal, el ITMA, empresas asociadas y el Principado. Y sobre todo el talento de cientos de investigadores y técnicos, representados en este caso por Nicolás de Abajo, que han sido capaces de situar a Avilés en el mapa. Sí, lo mismo que hizo el Centro Niemeyer en su día, en tiempos de Natalio Grueso, aunque los de la boina sigan poniendo el grito en el cielo, clamando «qué hay de lo mío».

Avilés –no me atrevo a decir Asturias para no alimentar la vergonzosa lacra de los localismos, como estamos viendo estos días–, incluso España, debería interiorizar como algo propio todo lo que está sucediendo en esta ciudad en torno a la industria y a la investigación y el desarrollo, y a todo lo que queda por llegar, pronto, que va a ser espectacular.

Cuando un referente mundial de I+D como es Nicolás de Abajo –ahora todavía más reforzado dentro de su propia empresa, la multinacional líder mundial de la siderurgia– dice que esta ciudad y esta región reúnen todas las condiciones para alcanzar el futuro, uno cierra los ojos y desea que el espectáculo casi diario de estos políticos que padecemos no sea, una vez más, el freno de un futuro y de un presente que, pese a ellos, se va abriendo camino.

 

Publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el día 6 de mayo de 2018

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Sobre el autor

José María Urbano. Periodista. Jefe de Redacción de La Voz de Avilés-El Comercio. El relato de los hechos y los fundamentos de la opinión sólo pueden tener su base en el poder de los datos. En un mundo en el que imperan los clics, los shares, las notas teledirigidas, las ruedas de prensa sin preguntas y las declaraciones huecas en busca de un titular, hay que reivindicar el periodismo hecho por profesionales. Política, economía, cultura, deportes... la vida en general, tienen cabida en este espacio que pretende ir más allá de la inmediatez, la ficción y el ruido que impera apoyado en las redes sociales. El periodismo es otra cosa.

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