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José María Urbano

Dame buenas noticias

Bron, esto es una broma

Entro en Facebook para ver a quién tengo que felicitar por su cumpleaños y me encuentro con Toni Rodero, a quien le deseo lo mejor como un incondicional seguidor que soy de sus escritos y sus reflexiones y doy al cursor un par de toques hacia abajo y me encuentro con un comentario de Partterson, que dice “Hasta luego ‘gordo'”, ilustrado con unas fotografías en las que sales tú. Y pensé: “este cabrón se acaba de jubilar”. No doy crédito. Ha muerto José Antonio Rodriguez, Bron para todos, ‘Bron cabrón’ para mí, que era el saludo cada vez que nos veíamos, muy poco en los últimos años, esa es la verdad.

“Envíame tus datos y una foto de carné y te hago socio ya, que ya está bien”. Era la despedida cada vez que nos veíamos. Quería que formara parte de la Asociación de la Prensa que él presidió durante años. Nunca le envié nada porque soy alérgico a los carnés, pero siempre estuve al corriente de su actividad profesional, como presidente de los periodistas asturianos y como responsable de Comunicación de la Universidad de Oviedo.

Nos conocimos en La Voz de Avilés, él como estudiante de Periodismo en Madrid, en donde eran famosas sus correrías universitarias, como se encargaban de transmitirnos compañeros de clase, como Mario Bango y otros. Y yo recién llegado a la Redacción. Bron se convirtió en el corresponsal del periódico en Luanco, formando parte de aquella ‘cuadra’ de corresponsales que controlaba Estalo, siempre dispuesto a la mínima bronca en cuanto uno se salía del sujeto, verbo y predicado o no ponía los acentos, o no cambiaba la cinta de la máquina de escribir. Entonces temblaba el universo y sus santos.

De Bron siempre recuerdo con un cariño especial una anécdota, la de un viaje que hicimos juntos en una “misión informativa”, la primera de relieve que seguramente hicimos los dos. Le había llegado al director, Juan Wes, una invitación al periódico para acudir a Santiago de Compostela a la presentación nacional del primer camión con cabina articulada. Y el anfitrión de aquella cita era Daniel Alonso, a través de la antigua Adasa. El director decidió que fuéramos a cubrir la información Bron y yo y convertimos aquella experiencia en una fiesta continua. Viajamos en el ‘dos caballos’ de Bron, él conducía y yo metía las marchas, mientras devorábamos kilómetros y bromas. Nos hospedamos en el Hotel Riazor y compartimos la habitación de la última planta de aquel casi rascacielos frente a la playa coruñesa, con un ventanal inmenso casi a modo de pared. Nos citaron para cenar en ‘El Rápido’ de La Coruña, la mítica marisquería coruñesa que invitaba a dos pardillos como nosotros a quedarnos allí pegados a su escaparate -decían de aquella que el cristal era de aumento para potenciar el tamaño de pescados y mariscos- para disfrutar del espectáculo al que nuestros mermados ‘sueldos’ no podían aspirar ni por asomo. Luego nos fuimos a la habitación, a aquella última planta, y ya de madrugada Bron decidió darse uno de sus paseos por la habitación, ¡¡dormido!! Luego algunos compañeros de Madrid me relataron que le sucedía a veces. No pasó del susto y Bron volvió a meterse en la cama a dormir como un bendito.

Al día siguiente viajamos a Santiago de Compostela, a la explanada del Hotel Peregrino, que fue donde se hizo la presentación de la cabina y en donde se ofreció una comida pantagruélica, a lo gallego exagerado, que luego, años más tarde, recordábamos como algo extraordinario. Vuelta al dos caballos, el conducía, yo metía las marchas, y los dos nos partíamos de risa por cualquier tontería. Esa es la historia de dos periodistas en “misión especial” cuando disfrutábamos de los veintipocos años, el un poco más joven que yo.

Una historia que nos servía para profesarnos un cariño especial, pese a que luego nos vimos en contadas ocasiones, como si en vez de estar él en Oviedo y yo en Avilés, uno de nosotros se hubiera ido a vivir a las Antípodas.

Escribo estas líneas y no puedo creer, ‘Bron cabrón’, que te hayas ido sin haber tenido una última oportunidad para echarnos unas risas y darnos un abrazo. Con incredulidad y enorme tristeza te dedico estas líneas de amigo allá donde estés.

Avilés, 15 de junio de 2018

 

 

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Sobre el autor

José María Urbano. Periodista. Jefe de Redacción de La Voz de Avilés-El Comercio. El relato de los hechos y los fundamentos de la opinión sólo pueden tener su base en el poder de los datos. En un mundo en el que imperan los clics, los shares, las notas teledirigidas, las ruedas de prensa sin preguntas y las declaraciones huecas en busca de un titular, hay que reivindicar el periodismo hecho por profesionales. Política, economía, cultura, deportes... la vida en general, tienen cabida en este espacio que pretende ir más allá de la inmediatez, la ficción y el ruido que impera apoyado en las redes sociales. El periodismo es otra cosa.

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