El Comercio
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Categoría: OPINIÓN
¿Hay alguien ahí en el Gobierno?

Póngase cómodo en el sofá, encienda el televisor y dispóngase a ver ‘Informe Semanal’, uno de los clásicos de TVE. A la hora prevista comprueba que el programa no acaba de iniciarse y en cambio poco después aparece un texto que dice: “Hoy, en vista de la situación política que vive el país con el asunto de Cataluña, no hay programa, no tenemos ganas de hacerlo”.

Tras el fundido en negro, usted no da crédito, al principio piensa que es una broma o una forma original de empezar el programa. Pero no, pronto se dará cuenta que ese día no habrá ‘Informe Semanal’. Y se imaginará en ese momento que al día siguiente rodarán cabezas, empezando por la del director general de TVE, porque un escándalo de ese calibre usted no lo había visto ni en la época de Franco –lógico, nadie quería ir a Carabanchel-, pero tampoco en la televisión del régimen del 78, que ha sido el periodo de mayor libertad vivido en este país hasta nuestros días, aunque ahora alguno de los que ha crecido y hasta medrado en todos los aspectos de su vida gracias a ese ‘régimen’, trate de denostarlo y borrarlo.

¿Surrealista, verdad? ¿Cómo va a suceder eso, a quién se le va a ocurrir?

Jueves, 2 de noviembre de 2017. El programa Polònia, de TV3, la televisión pública de Cataluña que lógicamente pagamos todos, exactamente igual que TVE, decide que, debido a los encarcelamientos de los autores de un golpe de Estado en Cataluña (esto lo digo yo) no van a emitir el programa. Y sale un rótulo con el siguiente mensaje: “Hoy no hay programa, no tenemos ganar de reír”.

Polònia es un programa satírico, dirigido por Toni Soler, puesto al servicio de los independentistas, en donde tachar al Gobierno de Mariano Rajoy de nazi es algo habitual. Sirva como mero apunte.

¿Ha pasado algo? ¿Ha habido alguna modificación en TV3? ¿Ha sido suspendido Polònia?

Dicen que el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, exigió que la aplicación del 155 no afectara para nada a TV3, que se la dejara campar a sus anchas, con sus informativos, sus tertulias y hasta sus programas de humor lanzados unidireccionalmente para servir de soporte al circo montado por ese gobierno que Puigdemont abandonó como las ratas ante el hundimiento del barco, sólo que olvidó lo que es el honor y la dignidad, y el primero en huir fue él.

Pedro Sánchez es ese señor que sigue buscando cuál es su sitio y que tras la mascarada y la ilegalidad del llamado referéndum de Cataluña salió al día siguiente diciendo que pediría en el Congreso explicaciones a Soraya Sáenz de Santamaría para que diera cuenta de la actuación policial, hasta que alguien en su propio partido debió decirle que se había pasado de frenada y optó por “aplazar sine die” la propuesta. Quedará en nada seguramente.

¿Dónde está el Gobierno de Rajoy ante esta provocación de TV3?

Ni el PP ni el PSOE han parecido enterarse de que son los dos grandes responsables de que en Cataluña se hayan dilapidado en los últimos años miles de millones de euros en crear un relato independentista, basado en el ‘España nos roba’, que ha inundado las escuelas, los medios de comunicación públicos, muchos medios privados, que vergonzantemente dieron marcha atrás una semana antes del referéndum, y en general una sociedad que optó, o por subirse a ese carro de una independencia en la que no creían ni siquiera los que la promovieron (los Pujol, Mas, Puigdemont y su cuadrilla, ERC, la señora ‘Ambigua Colau’, la derecha pudiente catalana), o callar, en esa postura cómoda de “mientras a mí no me afecte…”.

Convocadas las elecciones del 21D en Cataluña, a las que extrañamente van a acudir los independentistas, pese al ‘España nos roba’, se ha iniciado la escalada verbal que de momento ha liderado Marta Rovira, la señalada por Junqueras para que sea la aspirante a ser la próxima presidenta de la Generalitat -todo muy democrático-. Y sólo se le ha ocurrido decir que “según sus fuentes”, que no va a revelar, el Estado amenazó con muertos en la calle si se producía la Declaración Unilateral de Independencia (DUI).

¿Dónde está el Gobierno de Mariano Rajoy ante una acusación de esa naturaleza? ¿No hay una Fiscalía que actúe de oficio para obligar a esta señora a dar explicaciones sobre unas gravísimas acusaciones que sólo pueden generar un ambiente permanente de confrontación?

Voy a hacer una revelación y espero que no tenga consecuencias. Hace unos días recibí una notificación del entorno de Marta Rovira en la que se me amenazaba de muerte, a mí y a mi familia, por haber llamado payaso a Puigdemont en un reciente artículo. Lógicamente no voy a dar las fuentes, faltaría más. Entre otras cosas porque soy periodista y las fuentes son sagradas. Fueron comentarios públicos hechos en mi entorno, según escuché en un par de cafeterías mientras me tomaba una caña de cerveza. ¿No se lo creen?

Hace unos días, la Fiscalía belga trasladó al Gobierno de España una serie de preguntas antes de decidir sobre el futuro de Puigdemont, si se aprueba o no su entrega a España para su entrada inmediata en la cárcel, no porque lo diga el Gobierno de Rajoy, sino porque fue lo que firmó la jueza de la Audiencia Nacional en su requerimiento a la justicia belga para su extradición.

Entre las preguntas, según trascendió a los medios de comunicación, figuraban las condiciones de la cárcel a la que se conduciría a Puigdemont, las medidas de la celda, el tipo de comida, la seguridad del patio a donde deberá salir, la atención sanitaria…

¿Es posible que el Gobierno de Mariano Rajoy no haya presentado todavía una queja formal ante la Comisión Europea por el intolerable tono de la Fiscalía de un estado miembro de la UE, como es Bélgica?

Curiosamente, el informe del mes de julio pasado del Comité para la Prevención de la Tortura y el Tratamiento o Castigo Inhumano o Degradante (CPT) del Consejo de Europa señalaba que España cumple con todos los estándares de calidad que exige el propio Consejo de Europa.

En cambio, ese mismo informe mostraba su “profunda preocupación” por el estado de las cárceles de Bélgica, que calificó de “intolerables”.

Existe una coincidencia general en señalar que el movimiento independentista catalán –al margen de apoyos exteriores, de los que se habla ahora- fue mucho más inteligente y supo trasladar mucho mejor su relato y su posición, interna y externamente, frente a un Gobierno español y unos partidos constitucionalistas que se vieron sorprendidos por el pulso de toda la organización independentista, teniendo que ir a continuación a remolque de una situación que ha provocado un destrozo incalculable en Cataluña y en el resto del Estado español.

Ahora, mientras el Gobierno de Rajoy no tome la iniciativa para desmontar las barbaridades de Marta Rovira, la TV3 o la posición belga, se corre el riesgo de asistir a una campaña electoral en Cataluña que sólo va a aportar más crispación, más daño general y menos salidas hacia la normalización del país.

 

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¿Y ESTE ODIO?

Lluís Llach fue durante muchos años un referente de la ‘Nova cançó’ catalana y algo más: fue el banderín de enganche de miles de españoles, de miles de universitarios que veían en sus canciones y en el movimiento en el que participaba una forma más de protesta contra la dictadura franquista.  Es cierto que Llach fue protagonista de hitos que han quedado para la historia, como su L’Estaca o su concierto en el Olimpia de París, su exilio y sus conciertos a la vuelta a España, pero tampoco es que pueda arrogarse para sí algo distinto a todos los que participaron en aquel movimiento: Els Setze Jutges, Escamilla, Nuria Feliú, Raimon, Guillermina Motta, Pi de la Serra María del Mar Bonet, y por supuesto el grande: Joan Manuel Serrat.

Serrat el facha, según los descerebrados que como Lluis Llach se han arrogado el derecho de otorgar carnés de catalanes puros, que es el primer paso hacia el fascismo puro y duro.

Luis Llach, hijo de terratenientes carlistas y de origen extremeño, es hoy uno de los diputados de Junts pel Si, que lo mismo habla de España como ‘Ñ”,  que no se corta en insultar a “esos cerdos españoles”, traicionando así a todos aquellos “cerdos españoles” que le aclamaron, le siguieron y ayudaron a engordar su cuenta corriente.

Lluís Llach. Foto Laura Gómez.

Lluís Llach. Foto Laura Gómez.

Lluis Llach acaba de declarar que el MHP (Molt Honorable Presidente) de la República Catalana viajó a Bruselas para denunciar la opresión española,  como si este país fuese el mismo que él combatió a partir de los 60-70, cuando se encontraba secuestrado por una dictadura.

El MHP (según Luis Antonio Alías, el ‘Muy Hijo de Puta’), el escapista, el cobarde,  ha dejado en ridículo a ridículos como Lluis Llach, que se erigieron en salvadores de una República de circo en el que él y por supuesto el MHP Puigdemont encarnan el papel de payasos. Payasos que deshonran a los payasos. Con una salvedad: este ridículo tiene un precio gravísimo. En primer lugar, la quiebra en la sociedad catalana; la quiebra entre la sociedad catalana y la española; el coste de una aventura que ya se ha cifrado en 12.000 millones de euros que tenemos que pagar todo el país, sí, también los “cerdos españoles”; el ridículo de este país ante la UE…

Sería de agradecer que Lluis Llach y tantos Lluis Llach como han aparecido en los últimos tiempos nos explicaran a todos los españoles (no sólo a los catalanes) de dónde ha salido ese odio que desde hace un tiempo ha florecido contra una ciudadanía que luchó por una sociedad más justa en la que se supieron agradecer movimientos como el de la ‘Nova cançó’, que auparon a gente como Lluis Llach y que al final consiguieron el objetivo máximo: un país moderno, democrático, que lucha por la igualdad, que figura por derecho propio entre los más destacados del mundo y que, gracias a esos logros,  hasta permiten que un idiota como Lluis Llach nos insulte a todos impunemente.

 

 

 

 

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Avilés debe decir basta

Avilés fue China durante muchos años medioambientalmente hablando. Desde que en los años 50 se levantó la antigua Ensidesa esta ciudad asistió y consintió una degradación que tuvo su máximo exponente en la destrucción de una ría idílica y en una atmósfera que provocó los titulares que nos hicieron famosos en todo el país: las enfermedades pulmonares, las placentas negras, la declaración de Zona de Atmósfera Contaminada, la destrucción de la vida marina… Todo ello, consentido por una reglamentación inexistente y, no lo olvidemos, dado por bueno porque a cambio aquí llegaron miles de familias de toda España, en donde encontraron cobijo y trabajo, asegurando su futuro y el de sus hijos.

Es la historia de Avilés, nos guste más o nos guste menos. Sólo a partir los años setenta y ochenta, con el advenimiento de la democracia, se empezó a tomar conciencia del problema que supone una actividad industrial altamente contaminante, sin ningún tipo de regulación ni de obligación.

Avilés pasó a ser la ciudad más contaminada de España a la ciudad más controlada mediombientalmente del país. Y sólo cuando de verdad se tomó conciencia del problema –con un Colectivo Ecologista al que hay que reconocerle su liderazgo en la labor de denuncia permanente, más allá de algunas exageraciones–, la ciudad empezó a recuperarse. Y así se sucedieron los planes de Valliniello, Zeluán, el cierre de Productos Dolomíticos, la eliminación de los lodos siderúrgicos, la recuperación de la ría, el saneamiento integral –aún inacabado de una forma que nos avergüenza a todos por falta de voluntad política– y sobre todo el cierre de una cabecera siderúrgica que nos liberó de los hornos altos y de todo su proceso productivo, incluido el de sinterización.

De aquella vieja cabecera siderúrgica sólo nos quedó como legado las Baterías de cok, en plena fachada de un paseo de la ría recuperado, unas instalaciones que en la Europa de hoy difícilmente tienen cabida en sus actuales condiciones, aunque aquí, una vez más, se aceptó como el mal menor que nos permitía mantener una plantilla de trabajadores en activo –menos numerosa de la que siempre vendieron los sindicatos y se jaleó desde otros ámbitos– y durante un tiempo un negocio exportador del que se beneficiaba el puerto.

Pero ahora, con una prórroga que viene de 2007, con un nuevo convenio que la asegura hasta 2017 e incluso la puede llevar hasta 2020 –aunque haya sido la propia empresa la que haya fijado su cierre para 2019– Avilés debe decir basta. Ya no hay tiempo para inversiones en mejoras de la instalación. Así que ni ArcelorMittal, ni ninguna Administración puede pensar que un hecho grave como el del lunes va a poder repetirse. La multinacional siderúrgica tiene el remedio: a lo mejor tiene que cargar sus necesidades de cok a su cuenta de resultados, vía importación. Pero ya nunca jamás a la de la salud de los avilesinos.

 

Publicado en La Voz de Avilés el día 26 de abril de 2017

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Mucho más que un sindicalista

 José María Guzmán Pacios, secretario general de la Unión Comarcal de CC OO de Avilés, presidió el XII Congreso del sindicato, en el que fue relevado por José Manuel Rodríguez Baltar, tras una dilatada carrera al frente del sindicato, en donde se erigió como una de las personas que más aportó a la ciudad de Avilés para su salida de la crisis de los 80 y los 90. 

La credibilidad de los sindicatos figura entre los daños colaterales que provocó el tsunami financiero que, de Lheman Brothers abajo, acabó en 2008 con buena parte de las certezas que nos habían mantenido en una posición más o menos holgada desde finales del siglo XX hasta ese momento. La gravísima crisis que arrasó con todo, derechos incluidos, hizo que el populismo y una buen dosis de sectarismo se apoderara, sobre todo a través de las redes sociales, de un discurso en el que prima el decirle a la gente lo que quiere oír. Ofrecer argumentos es mucho más cansado, porque obliga a detenerse, reflexionar y estudiar. Demasiada tarea para muchos.

José María Guzmán Pacios. Foto: Marieta

En ese ambiente es muy difícil hoy hilvanar un discurso que valore la labor de los sindicatos, que pagan también sus propias culpas por comportamientos poco edificantes de algunos de sus miembros.

La Unión Comarcal de Comisiones Obreras de Avilés celebra hoy su XI Congreso, en el que José Manuel Rodríguez Baltar va a coger el testigo de José María Guzmán Pacios, uno de los  sindicalistas más importantes que ha tenido CC OO en Asturias en las últimas décadas. En Avilés, aunque algunos quieran reescribir la historia y piensen que todo empezó con ellos, nadie nos tiene que explicar lo que significaron los años de plomo de las reconversiones industriales y la gravísima crisis que asoló a esta ciudad y a esta comarca.

Y fue en esos tiempos en los que sindicatos como CC OO y UGT no sólo se conformaron con atender a su «clientela» natural, la de los trabajadores en general y sus afiliados en particular, sino que se pusieron también al frente de la manifestación para reivindicar, y hasta proponer, una serie de actuaciones que perseguían las claves de la reconversión industrial, pero también la apuesta decidida por nuevas infraestructuras o el apoyo a nuevas políticas que consiguieran sacar a la ciudad y a la comarca de su aguda recesión.

José María Guzmán Pacios ha sido, desde 1995, el año en que fue elegido por primera vez secretario general de CC OO de Avilés, uno de esos sindicalistas que no ha cejado en su empeño de pelear por esta ciudad, sin olvidar sus obligaciones como máximo responsable del sindicato. En 2004 dio el salto a la dirección de CC OO de Asturias, como secretario de Acción Sindical y Política Industrial, y seguramente hubiese seguido en una carrera ascendente de no haber recibido el encargo de volver a Avilés para poner orden en un sindicato que llegó a contar con cuatro secretarios generales en el espacio de cuatro años. Pacios no sólo admitió el encargo, sino que corrigió errores, enderezó el rumbo de una nave que estaba un poco a la deriva y ha conseguido acabar 2016 como el sindicato líder en representación en la comarca.

Cuando esta mañana entregue el testigo a Rodríguez Baltar -su secretario de Organización, por lo que la seriedad y el trabajo están garantizados-, Pacios podrá despedirse con el orgullo de haber participado, con otra mucha gente, en la dedicación y el esfuerzo por sacar esta ciudad adelante, sin haberse olvidado nunca de su principal tarea: la de devolver a los trabajadores los derechos arrasados por aquel tsunami de 2008.

 

Publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el día 24 de marzo de 2017

 

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Negociar ya, única salida

En el momento de redactar estas líneas continúa en el salón de plenos del Ayuntamiento de Avilés el encierro sindical que se mantiene desde hace unos días como medida de presión para forzar una negociación que permita desbloquear varios asuntos pendientes, el más importante, sin duda, el de la fórmula que debería aplicarse a la provisión de plazas. Concurso o concurso-oposición. De ello depende de que se prime o no a aquellos empleados municipales que llevan años ocupando de forma interina su puesto de trabajo.

Todos los protagonistas de esta pugna municipal entre el equipo de gobierno y los sindicatos tienen la suficiente experiencia como para saber de qué va esto. Como en las representaciones teatrales, nos enfrentamos al escenario habitual en estos casos: planteamiento, nudo y desenlace.

Los sindicatos optan por mantener un encierro en el interior del Ayuntamiento buscando con ello dos objetivos fundamentalmente. De un lado, llamar la atención para que la opinión pública conozca su problema, el de la plantilla municipal. Y de otro, forzar a la «parte empresarial» a que se avenga a negociar. Incluso hay una tercera finalidad, ésta más de consumo interno: escenificar ante los trabajadores municipales que sus representantes están dispuestos a llegar hasta donde haga falta en defensa de sus intereses. Y el equipo de gobierno, tras encajar el primer impacto, muestra su disposición a hablar, aunque lógicamente también pone una condición: que se acabe el encierro para negociar sin presiones.

 Típico y tópico, nada que no se sepa en esta ciudad, escenario de mil batallas laborales.

Llegados a este punto, hay que exigir ya que se pase a la última fase, la del desenlace, simplemente porque por delante hay una convocatoria de paros que a los que más va a perjudicar es a los trabajadores municipales. Y también porque los sindicatos han logrado sus objetivos básicos: su problema ya es sobradamente conocido entre la opinión pública; ya han conseguido toda clase de apoyos –alguno un poco hipócrita, de gente que no puede hacerse ahora de nueva con un asunto que ha pasado por sus manos sin que se conozca ninguna propuesta al respecto en años–; y sobre todo tienen encima de la mesa una propuesta del equipo de Gobierno que atiende once de sus quince peticiones para iniciar una negociación inmediata. En pocas ocasiones se ha asistido en esta ciudad a un punto de partida de negociación similar a ese. Uno de los sindicatos, Usipa, ha llegado a calificar la propuesta de «muy buena» y ha señalado que mantiene el encierro actual por «no romper la unidad sindical».

Por parte del equipo de gobierno, ayer mismo profundizaba aún más en su oferta, mientras mantenía como condición sine qua non la de acabar con el encierro.

Es decir, ahora se dilucida quién dobla la voluntad de quién, sin darse cuenta de que los tiempos han cambiado y de que determinadas presiones, en una y otra dirección, ya no tienen mucho sentido cuando ya existe una amplia base para la negociación. Y en todo caso, nada que no se pueda recuperar en un momento determinado si se ve que se vuelve a los callejones sin salida.

El equipo de gobierno y los sindicatos no hace falta que escenifiquen ningún pulso más, sino que se sienten a negociar sin más dilaciones. De forma discreta, pactando la comunicación, si es que la debe haber, a solas, buscando un mediador.., pero sabiendo que sólo cabe una salida: negociar ya.

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Dedazo tumbado por un juez

El Conservatorio de Avilés, otra vez en el ojo del huracán por culpa de una política equivocada de la concejalía de Cultura

Dice el magistrado-juez Juan Carlos García López, del Juzgado de lo Contencioso Administrativo nº 1 de Oviedo que en el caso del Conservatorio no hay excusa sobre -y esto lo digo yo- el «dedazo» de la concejala de Cultura para nombrar al director  del centro que sustituyera a Raquel García. Dice el juez que no hubo la previa y preceptiva publicidad y llama la atención al Ayuntamiento de que recurra al procedimiento del artículo 137 de la Ley de Educación previsto para caso de «ausencia de candidatos», señalando al respecto que, hombre, es que ese artículo viene detrás de los anteriores en donde se estipula claramente el procedimiento y la obligatoriedad de la publicidad. ¿Cómo va a haber candidatos a una oposición si nadie sabe de su existencia? Y el final de la sentencia es conocido: «disconformidad a derecho de ese acto» y «su nulidad, dejando sin efecto el nombramiento».

Conocida el lunes, llama la atención la rapidez con la que la concejala de Cultura, Yolanda Alonso, anunció esa misma tarde que la sentencia sería recurrida «porque nuestros servicios jurídicos» lo ven factible. Esperemos que «nuestros servicios jurídicos» no sean tan maleables como el jefe de servicio de la Fundación de Cultura del Ayuntamiento -nombrado en su día por el mismo procedimiento y por la misma concejala-, capaz de ver en su informe de situación blanco donde 24 horas antes veía negro.

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Sobre el autor José María Urbano
José María Urbano. Periodista. Jefe de Redacción de La Voz de Avilés-El Comercio. El relato de los hechos y los fundamentos de la opinión sólo pueden tener su base en el poder de los datos. En un mundo en el que imperan los clics, los shares, las notas teledirigidas, las ruedas de prensa sin preguntas y las declaraciones huecas en busca de un titular, hay que reivindicar el periodismo hecho por profesionales. Política, economía, cultura, deportes... la vida en general, tienen cabida en este espacio que pretende ir más allá de la inmediatez, la ficción y el ruido que impera apoyado en las redes sociales. El periodismo es otra cosa.