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Dalí, más cerca, otra maravilla a golpe de clic

Ventana de la casa de Dalí de Portlligat, utilizada por el artista para una de sus obras más conocidas. La fotografía corresponde a un viaje de 2005.

Ventana de la casa de Dalí de Portlligat, utilizada por el artista para una de sus obras más conocidas. La fotografía corresponde a un viaje de 2005. Foto: JMU.

 

La Fundación Gala-Salvador Dalí acaba de hacer el milagro. Con un clic cualquiera puede tener acceso a 1.000 obras del genial artista, gracias al proyecto puesto en marcha por esa fundación. Se trata, según su propia exposición, del Catálogo Razonado de Pinturas de Salvador Dalí, un proyecto online de catalogación y atribución que reúne, de forma científica y definitiva, las obras que forman parte de la producción pictórica de Dalí comprendida entre los años 1910 y 1983. El proyecto se concibe como un work in progress que periódicamente se modifica y amplía con los datos facilitados por los especialistas de la Fundación Gala-Salvador Dalí y por los estudiosos y las instituciones colaboradoras.

Aquí está el enlace: https://www.salvador-dali.org/es/obra/catalogo-razonado/

Viajar a Girona es una experiencia extraordinaria, como lo es descubrir tantos rincones de este país (España) que te maravilla a cada kilómetro. Pero descubrir la obra de Dalí a través de su museo de Figueras, vivir el encanto de Cadaqués, su casa de Portlligat o el castillo de Púbol, donde está enterrada Gala, es sumergirte en un mundo que te atrapa de tal manera que ya no podrás olvidar nunca.

Ahora, con este catálogo que la Fundación acaba de poner en marcha, Dalí se nos acerca un poco más para ofrecernos su ingente obra, un mundo que sólo puede ser obra de un genio, y que tiene en Girona un espacio tan sorprendente como excepcional.

 

Publicado el día 7 de diciembre de 2017

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Cien abrazos

“Este ha sido el homenaje de los abrazos, no de los saludos”. Me pareció una definición perfecta de lo que viví el pasado viernes, 1 de diciembre, cuando abrí una puerta y cien personas me esperaban, puestas en pie, con un aplauso que me pareció interminable mientras mis manos alisaban mis cabellos y buscaban, nerviosamente, una forma de situarse y mantener el tipo antes de que afloraran las primeras lágrimas.

Esta es la crónica más personal que me toca escribir al término (oficial) de cuarenta y cinco años de profesión periodística ejercida en La Voz de Avilés, con un paréntesis de cinco años en El Comercio como Jefe de Fin de Semana, al que siguieron los últimos diez años de nuevo en Avilés como responsable de la cabecera centenaria, la vicedecana de la prensa asturiana.

El pasado viernes yo formaba parte de un encuentro de amigos, cinco matrimonios, que supuestamente teníamos reservado un comedor privado en el restaurante La Serrana, del complejo hotelero 40 Nudos, en la calle de La Fruta, para celebrar por todo lo alto los 86 cumpleaños de Octavio Granda, un ingeniero gijonés que podría escribir un libro sobre la industria gijonesa y asturiana de la segunda mitad del siglo XX, simplemente porque él fue un actor importante de ese sector. Cuando cumplió 80 años decidimos todos sus amigos que repetiríamos la fiesta de su onomástica cada año. Y en esta ocasión se había decidido que lo haríamos en Avilés.

Tras el encuentro de los cinco matrimonios en el Germán, nos encaminamos hacia La Serrana, en donde de forma un poco “sorprendente” su jefe de sala nos dijo que el reservado no estaba  disponible porque “ha surgido un problema”, con lo que el almuerzo se había pasado a un rincón del salón principal.

Fue entonces cuando se abrió la puerta, cuando mis amigos me dejaron solo, y me vi  ante cien personas que, puestas en pie, no paraban de aplaudir. De aplaudirme. Supe luego que algún amigo llevó una pastilla de cafinitrina “por si acaso”. No hizo falta afortunadamente, pero pasaron unos cuantos minutos hasta que logré reponerme para darme cuenta de la dimensión de lo que Armando Arias, miembros de la Redacción de La Voz de Avilés y la ayuda de mi hija Ángela habían preparado.

Luego me explicaron que Armando Arias lo había explicado a la perfección antes de que yo llegara allí: “Este es un encuentro de amigos de José María. Aquí nadie ha venido en representación de ninguna institución, de ninguna empresa, de ninguna entidad, se trata de personas que durante cuarenta y cinco años han tenido una relación cercana con José María, incluso con discrepancias, pero siempre desde el respeto, la cercanía y el cariño. Personas con las que José María se va a encontrar a gusto”

No se pudo exponer mejor. Eran cien caras con las que, como dije más tarde en el discurso improvisado que me tocó hacer, yo había tenido una historia particular y ellas conmigo.

La lámpara regalada por todos los presentes, en recuerdo de Mieres, mi lugar de nacimiento.

La lámpara regalada por todos los presentes, en recuerdo de Mieres, mi lugar de nacimiento.

Empecé diciendo que estaba en el limbo sobre aquel acto, porque aunque Vicente Álvarez Areces me había insinuado algo unas semanas antes, estaba convencido de que mi mensaje a mis compañeros del periódico, a mi familia y a mis amigos se iba a cumplir: no quería ningún tipo de homenaje, ni de encuentro, ni de almuerzo ni de nada. Y dije que de hecho el único homenaje que me había permitido desde el pasado 1 de noviembre –fecha oficial de mi pase a la reserva- había estado organizado por mí mismo al invitar a comer a mis tres jefes de sección –Alberto Santos, Yolanda de Luis y Nacho Gutiérrez- y al coordinador del Aula de Cultura del periódico en los últimos cuatro años, Armando Arias, porque ellos me ayudaron en todo y me hicieron la vida y mi trabajo mucho más fácil en los últimos diez años al frente del periódico.

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Premios de La Voz de Avilés 2017

Este es el discurso que pronuncié, como Jefe de Redacción de La Voz de Avilés, en el acto institucional de la entrega de los Premios de La Voz de Avilés 2017, celebrado el día 22 de junio en la Casa de la Cultura de Avilés.

 

En el comentario del periódico de este domingo escribí un artículo, bajo el título ‘La importancia de las personas’, en el que describía cómo la responsable de Comunicación de Red Bull nos comentaba a través de un correo, que en sus diez años de experiencia en la multinacional austriaca nunca se había encontrado con una empresa que le hubiese dado tantas facilidades como hizo en Avilés el Grupo Daniel Alonso para poder grabar el último vídeo de promoción a nivel mundial de la famosa bebida. Gracias a ese apoyo, Avilés ha dado ya la vuelta al mundo, con una publicidad impagable.

Y señalaba también que un veterano estibador del Puerto, no un directivo ni un ejecutivo ni un empresario, sino un estibador, me comentaba que la ausencia de Delfín García Novo, el histórico responsable de Alvargonzález en Avilés, jubilado el pasado 31 de diciembre, ya se empezaba a notar en el Puerto.

La conclusión final del comentario era que las empresas, los proyectos, las instituciones funcionan gracias a las personas. Y sobre todo gracias al talento y a la capacidad de algunas personas por convertirse en esa argamasa que logra unir y soldar los diferentes intereses, de forma que parece que todo fluye con naturalidad en beneficio de todos. Y es a veces con su ausencia, cuando se valora de verdad su capacidad y su valía.

La de estos Premios de La Voz de Avilés es una historia de personas, aunque vayamos a distinguir también a entidades y sociedades. Y además creo que es una historia de personas más que nunca.premiados-primera

Hace catorce años inauguramos estos premios de La Voz concediendo el primero de la Iniciativa Empresarial a la entonces Aceralia, viniendo a recoger el galardón su presidente, Jose Ramón Álvarez Rendueles. Y se lo dimos porque pensamos que aquella empresa, heredera de Ensidesa, era en buena medida responsable directa de lo que hoy somos como ciudad y como comarca; casi me atrevería a decir que como comunidad autónoma.

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Muere Camuel, un gran deportista y mejor persona

Ha fallecido Camuel a los 60 años de edad, que es un drama añadido a la muerte. Mis recuerdos de Camuel son los de un gran portero de fútbol de aquí, que triunfó en el Real Oviedo sobre todo. Pero los mejores recuerdos son los de una buena persona por encima de todo, amigo de todo el mundo, socarrón, siempre sonriente, con una palabra agradable y de ánimo para todo el mundo. La vida le puso a prueba en muchas ocasiones, la más dura seguramente cuando su primera esposa perdió la vida en un trágico accidente de tráfico en la Tabaza, un suceso que conmocionó a toda Asturias y que vivió en la iglesia de Trasona una de las manifestaciones de duelo más impresionantes que como periodista me tocó cubrir. Su pub de Trasona fue un referente del mundo futbolístico, pero también del empresarial y sindical. Doy fe de que algunas cosas importantes se gestaron en su local y más de una confidencia se hizo allí. Con Camuel se va una persona a la que podías pasar meses sin ver y en el reencuentro siempre te encontrabas con la persona cariñosa y respetuosa de siempre y con su sonrisa sempiterna. Su legión de amigos le recordaremos siempre.

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Fidel Castro y los prejubilados de Ensidesa

El mandatario cubano rompió en una sonora carcajada cuando Antonio Trevín le explicó en qué consistían las prejubilaciones de la siderurgia

Los periodistas que cubríamos en 1994 el viaje institucional del presidente del Principado Antonio Trevín a Cuba habíamos sido advertidos de que la entrevista con Fidel Castro, en caso de producirse, se nos sería comunicada con solo unos minutos de antelación. El aviso se cumplió con exactitud. Al atardecer, cada uno de nosotros recibió una llamada a su habitación del Hotel Nacional para indicarnos que en cinco minutos seríamos trasladados en un microbús al Palacio de la Revolución. Tantas fueron las prisas que algunos no tuvimos tiempo ni de coger una corbata. Cuestiones de seguridad que se llevan a rajatabla, nos habían advertido.

El microbús, en el que íbamos no más de media docena de personas, nos dejó exactamente delante de la puerta de entrada del Palacio de la Revolución, de forma que no hubiera ninguna posibilidad de que alguien se descontrolara y se perdiera por aquel edificio central de la Plaza de la Revolución que acoge la sede del Gobierno, el Consejo de Ministros y el comité central del PCC.

Cuando los periodistas accedimos al interior fuimos conducidos a través de unas escaleras inmensas, relucientes, al Salón de los Helechos, llamado así por la exuberancia de los helechos que figuran casi como único adorno junto a unos sofás de piel marrones, creo recordar, bastante trasnochados. Luego nos indicarían que este salón es en el que Castro recibía a todos los mandatarios internacionales que le visitaban.

En el centro del salón ya se encontraba el presidente del Principado, acompañado de algunos de los consejeros que habían viajado con él, entre otros el de Agricultura, Santiago Alonso, y el de Hacienda, Avelino Viejo. E inmediatamente después apareció Fidel Castro, junto a un reducido grupo de colaboradores. Se hizo un corro en el centro y lógicamente quien acaparó todo el interés fue el Comandante, vestido con su tradicional traje de campaña verde oliva. A primera vista impresionaba su altura, su potente voz y la naturalidad con la que empezó a departir con los invitados.

Inmediatamente, Castro empezó a preguntar a Trevín por cuestiones como la minería, la agricultura y la ganadería, por la que se mostró especialmente interesado, y finalmente el presidente del Principado le explicó que la región estaba viviendo un momento difícil como consecuencia de la reconversión siderúrgica aprobada dos años antes y que había supuesto para Ensidesa la eliminación de 9.707 puestos de trabajo. Fidel Castro preguntó entonces qué era lo que hacían esos trabajadores tras abandonar la empresa, y cuando Trevín le contestó que la mayoría habían sido prejubilados y que eso significaba que cesaban en su actividad laboral y seguían cobrando en su casa aproximadamente el ochenta por ciento de su sueldo, el dirigente cubano inclinó su cabeza hacia atrás, rompió en una sonora carcajada y llamó por su nombre a uno de sus colaboradores para decirle en voz alta: «Mira lo que me dicen, que en España a los trabajadores de la siderurgia les jubilan y les llevan el sueldo a casa». Fue la anécdota de aquel encuentro.

Minutos después, se accedió a una sala de reuniones en la que los dos equipos tomaron asiento frente a frente, mientras los periodistas fuimos invitados a salir para conducirnos de nuevo al microbús y dejarnos de vuelta en el Hotel Nacional.

Aquella noche, Trevín y sus colaboradores, junto a un grupo de empresarios que habían viajado también desde Asturias, fueron agasajados en el mismo Palacio de la Revolución con lo que nosotros llamamos un vino español, que se prolongó por espacio de ocho horas, concluyendo casi al amanecer. Personas que acudieron a aquella cena comentaron que Castro había hablado con algunos empresarios, entre otros Daniel Alonso, interesándose por sus negocios en Cuba, en un momento en el que el régimen castrista había iniciado una tímida apuesta por la iniciativa privada.

La anécdota de la noche fue comprobar cómo los mandatarios cubanos que asistían a este tipo de actos oficiales aprovechaban para comer cosas a las que habitualmente no accedían. «El hueso de las aceitunas aparecía en los platos como si los hubiesen lijado, no dejaban ni rastro de la aceituna», llegó a comentar uno de los asistentes asturianos.

Ocho horas después concluía una cita en el Palacio de la Revolución en donde había resonado con fuerza la carcajada de Castro a cuenta de los prejubilados de Ensidesa.

 

Publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el día 27 de noviembre de 2016

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Dindurra, tres años después

Hace tres años el histórico Café Dindurra de Gijón cerró sus puertas. Hoy, afortunadamente, la Villa de Jovellanos recuperó un referente de la ciudad. Aquella noticia provocó este comentario que firmé el 23 de noviembre de 2013. No ha perdido actualidad.

Es una pena lo del Dindurra. Y lo de todos los Dindurra de todos los rincones de Asturias, por limitar un poco el espacio. Pero no sé si somos conscientes de que todos lloramos cuando ya no hay remedio. Lloramos por la panadería de al lado que ha cerrado, por aquel bar de gente tan maja, por la zapatería tan moderna, por la sastrería de toda la vida, por la tienda de comestibles de aquel matrimonio tan entrañable, por la imprenta multiservicios, por el periódico que hablaba de nuestra tierra, por la juguetería centenaria.

Lloramos por todos ellos, pero no nos remuerde la conciencia cuando compramos el pan congelado, zapatos italianos, coches alemanes, pedimos moet chandon y no cava, vamos de snobs y probamos vinos chilenos o chardonnay californiano; como en Asturias no hay quesos, elegimos ese azul francés que se extiende tan bien; el libro de Belén Esteban bate récords en tres días, pero ponemos el grito en el cielo por pagar 1,20 euros del periódico, que siempre era “nuestro periódico” el día que cerró; los espárragos, peruanos, no los de Rioja; cierra un cine y montamos una ong, pero el dueño dice que allí solo iba el taquillero. Y ahora cierra el Dindurra, todos los Dindurra, y lloramos y nos flagelamos. A lo mejor teníamos que haber ido más veces, tomar algo más que un café de hora y media mientras leíamos, de gratis, todos los periódicos que se ofrecían, y a lo mejor teníamos que pensar más en los nuestros, en lo nuestro, y dejar de llorar cuando ya no hay remedio. A lo mejor…

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Sobre el autor José María Urbano
José María Urbano. Periodista. Jefe de Redacción de La Voz de Avilés-El Comercio. El relato de los hechos y los fundamentos de la opinión sólo pueden tener su base en el poder de los datos. En un mundo en el que imperan los clics, los shares, las notas teledirigidas, las ruedas de prensa sin preguntas y las declaraciones huecas en busca de un titular, hay que reivindicar el periodismo hecho por profesionales. Política, economía, cultura, deportes... la vida en general, tienen cabida en este espacio que pretende ir más allá de la inmediatez, la ficción y el ruido que impera apoyado en las redes sociales. El periodismo es otra cosa.