El Comercio
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Categoría: PERSONAL
Los perros y mi miedo

Tengo miedo a los perros. Me da igual que sean grandes o pequeños. No los quiero a mi lado, huyo de ellos. Espero que no sea difícil de entender, aunque observando el tsunami reaccionario -y no sólo en este asunto- que tenemos encima ya espero cualquier cosa. Ahora, con más tiempo, uno ha empezado a descubrir sendas para caminar habitualmente, sendas peatonales, para bicis, para disfrutar, vamos. De momento soy un habitual, prácticamente diario, de la senda de La Magdalena (Avilés, “ven porque ni te la imaginas”). La empiezo en la urbanización que Sogepsa realizó en la zona de Buenavista (chapeau por todo, es difícil superarlo) y me encamino por la senda marcada y bien diseñada, y hasta espectacularmente cuidada por los servicios de mantenimiento (hoy mismo he visto a dos operarios, un chico y una chica jóvenes, de rodillas quitando el verdín de las maderas de los puentes peatonales para evitar los resbalones por la humedad de estos días lluviosos, lo que me dejó bastante impresionado) en dirección a la zona de Villa, que es donde termina, justo debajo del viaducto de la autovía.

El problema, mi problema, es que la senda está llena de perros. Perros con sus dueños, generalmente sueltos (los perros), aunque también reconozco que los hay  (los dueños) que llevan a sus mascotas atadas, con lo que vas siempre un poco con la preocupación encima. El miedo no te impide discernir el grado de peligrosidad de los canes, pero si he de ser sincero creo que cada vez abundan más los perros (para mí) gigantes, esos que si un día te dan un “abrazo” son capaces de llegar a tu cabeza y hacerte la raya al medio de un lametazo.

Bueno, pues lo voy a decir ya, se acabaron los prolegómenos: estoy harto de los perros y de algunos dueños. Estoy harto de que venga el perro y empiece a olerme las piernas (y agradecido de que se pare ahí). “No se preocupe, no hace nada, solo quiere jugar”. “Oiga: no es que no me preocupe, es que me pongo de los nervios. Yo no sé si quiere jugar o hacer encaje de bolillos con mis pantorrillas, no tengo el gusto de conocer a su perro, ni tengo el más mínimo interés en entablar una relación con él. Y encima hay otro problema serio: yo no quiero jugar”.

Esta misma mañana, al disponerme a iniciar la segunda parte de la senda de La Magdalena (separada por una carretera local que la cruza para el tráfico rodado) observé que a unos cincuenta metros por delante  iba un perro grande y suelto con su dueño, en plan parsimonioso. Dudé y al final opté por subir por la carretera general hasta Los Sauces, más o menos dos mil metros ida y vuelta, para compensar la distancia de la ruta peatonal (qué bien suena, peatonal!!!!). A la vuelta, al entrar de nuevo en la senda, para iniciar el regreso, observo a otro perro de “metro y medio”, con un dueño mucho más parsimonioso que el anterior, como si fuera observando a ver si había truchas en el caudaloso río de estos días. Así que opté por subir hasta la carretera, en el cruce del Mesón Don Sancho, y dirigirme hasta el pabellón de La Magdalena por la carretera general, una vía estrecha, con muchas curvas, casi de línea continua permanente para el tráfico rodado. He ido por la izquierda, pendiente de tirarme a la cuneta llena de ortigas cada vez que venía un coche de frente y he observado que más de un conductor me ha dirigido una mirada asesina por obligarle a cruzar la raya continua y meterse en la mitad de la calzada: “¡¡¿¿Éste qué pinta aquí, no se enteró todavía de que hay una senda peatonal al otro lado de la carretera”??!!

He subido a continuación hasta el mirador desde el que se divisa medio Avilés (“ven porque ni te la imaginas”) y de repente ha aparecido caminando una mujer de edad con ¡¡¡¡cinco perros atados!!!!

En ese momento sentí que mis ojos se humedecían por la emoción. Estuve a punto de dirigirme a la señora para ver si me dejaba hacerle una fotografía con sus cinco perros atados. Al final desistí porque me pareció un poco atrevido por mi parte, incluso poco después recapacité y pensé que había hecho bien porque seguramente la señora iba a pensar que me había escapado del frenopático.

Yo solo quisiera que alguien tuviera en cuenta mis derechos. Hasta donde yo sé, y al menos hasta ahora, creo que estaban (mis derechos) por encima de los de los perros. Pero bueno, no quiero incordiar mucho no vaya a ser que estas líneas provoquen un comunicado oficial por parte de algún grupo político municipal acusándome de vete a tú saber qué barbaridades. Prometo contarlo si eso sucede.

Sólo quiero, finalmente, hacer un ruego. Que alguien me diga, por favor, que esto no sólo me pasa a mí, que existen otras personas que están en la misma situación que la mía, que ya no saben dónde empiezan las sendas peatonales, los derechos de las personas y los de los perros. Que es que me veo quedándome en casa, en chandal y playeros, eso sí, haciendo “largos” por el pasillo.

 

Avilés, 14 de febrero de 2018

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Dalí, más cerca, otra maravilla a golpe de clic

Ventana de la casa de Dalí de Portlligat, utilizada por el artista para una de sus obras más conocidas. La fotografía corresponde a un viaje de 2005.

Ventana de la casa de Dalí de Portlligat, utilizada por el artista para una de sus obras más conocidas. La fotografía corresponde a un viaje de 2005. Foto: JMU.

 

La Fundación Gala-Salvador Dalí acaba de hacer el milagro. Con un clic cualquiera puede tener acceso a 1.000 obras del genial artista, gracias al proyecto puesto en marcha por esa fundación. Se trata, según su propia exposición, del Catálogo Razonado de Pinturas de Salvador Dalí, un proyecto online de catalogación y atribución que reúne, de forma científica y definitiva, las obras que forman parte de la producción pictórica de Dalí comprendida entre los años 1910 y 1983. El proyecto se concibe como un work in progress que periódicamente se modifica y amplía con los datos facilitados por los especialistas de la Fundación Gala-Salvador Dalí y por los estudiosos y las instituciones colaboradoras.

Aquí está el enlace: https://www.salvador-dali.org/es/obra/catalogo-razonado/

Viajar a Girona es una experiencia extraordinaria, como lo es descubrir tantos rincones de este país (España) que te maravilla a cada kilómetro. Pero descubrir la obra de Dalí a través de su museo de Figueras, vivir el encanto de Cadaqués, su casa de Portlligat o el castillo de Púbol, donde está enterrada Gala, es sumergirte en un mundo que te atrapa de tal manera que ya no podrás olvidar nunca.

Ahora, con este catálogo que la Fundación acaba de poner en marcha, Dalí se nos acerca un poco más para ofrecernos su ingente obra, un mundo que sólo puede ser obra de un genio, y que tiene en Girona un espacio tan sorprendente como excepcional.

 

Publicado el día 7 de diciembre de 2017

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Cien abrazos

“Este ha sido el homenaje de los abrazos, no de los saludos”. Me pareció una definición perfecta de lo que viví el pasado viernes, 1 de diciembre, cuando abrí una puerta y cien personas me esperaban, puestas en pie, con un aplauso que me pareció interminable mientras mis manos alisaban mis cabellos y buscaban, nerviosamente, una forma de situarse y mantener el tipo antes de que afloraran las primeras lágrimas.

Esta es la crónica más personal que me toca escribir al término (oficial) de cuarenta y cinco años de profesión periodística ejercida en La Voz de Avilés, con un paréntesis de cinco años en El Comercio como Jefe de Fin de Semana, al que siguieron los últimos diez años de nuevo en Avilés como responsable de la cabecera centenaria, la vicedecana de la prensa asturiana.

El pasado viernes yo formaba parte de un encuentro de amigos, cinco matrimonios, que supuestamente teníamos reservado un comedor privado en el restaurante La Serrana, del complejo hotelero 40 Nudos, en la calle de La Fruta, para celebrar por todo lo alto los 86 cumpleaños de Octavio Granda, un ingeniero gijonés que podría escribir un libro sobre la industria gijonesa y asturiana de la segunda mitad del siglo XX, simplemente porque él fue un actor importante de ese sector. Cuando cumplió 80 años decidimos todos sus amigos que repetiríamos la fiesta de su onomástica cada año. Y en esta ocasión se había decidido que lo haríamos en Avilés.

Tras el encuentro de los cinco matrimonios en el Germán, nos encaminamos hacia La Serrana, en donde de forma un poco “sorprendente” su jefe de sala nos dijo que el reservado no estaba  disponible porque “ha surgido un problema”, con lo que el almuerzo se había pasado a un rincón del salón principal.

Fue entonces cuando se abrió la puerta, cuando mis amigos me dejaron solo, y me vi  ante cien personas que, puestas en pie, no paraban de aplaudir. De aplaudirme. Supe luego que algún amigo llevó una pastilla de cafinitrina “por si acaso”. No hizo falta afortunadamente, pero pasaron unos cuantos minutos hasta que logré reponerme para darme cuenta de la dimensión de lo que Armando Arias, miembros de la Redacción de La Voz de Avilés y la ayuda de mi hija Ángela habían preparado.

Luego me explicaron que Armando Arias lo había explicado a la perfección antes de que yo llegara allí: “Este es un encuentro de amigos de José María. Aquí nadie ha venido en representación de ninguna institución, de ninguna empresa, de ninguna entidad, se trata de personas que durante cuarenta y cinco años han tenido una relación cercana con José María, incluso con discrepancias, pero siempre desde el respeto, la cercanía y el cariño. Personas con las que José María se va a encontrar a gusto”

No se pudo exponer mejor. Eran cien caras con las que, como dije más tarde en el discurso improvisado que me tocó hacer, yo había tenido una historia particular y ellas conmigo.

La lámpara regalada por todos los presentes, en recuerdo de Mieres, mi lugar de nacimiento.

La lámpara regalada por todos los presentes, en recuerdo de Mieres, mi lugar de nacimiento.

Empecé diciendo que estaba en el limbo sobre aquel acto, porque aunque Vicente Álvarez Areces me había insinuado algo unas semanas antes, estaba convencido de que mi mensaje a mis compañeros del periódico, a mi familia y a mis amigos se iba a cumplir: no quería ningún tipo de homenaje, ni de encuentro, ni de almuerzo ni de nada. Y dije que de hecho el único homenaje que me había permitido desde el pasado 1 de noviembre –fecha oficial de mi pase a la reserva- había estado organizado por mí mismo al invitar a comer a mis tres jefes de sección –Alberto Santos, Yolanda de Luis y Nacho Gutiérrez- y al coordinador del Aula de Cultura del periódico en los últimos cuatro años, Armando Arias, porque ellos me ayudaron en todo y me hicieron la vida y mi trabajo mucho más fácil en los últimos diez años al frente del periódico.

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Premios de La Voz de Avilés 2017

Este es el discurso que pronuncié, como Jefe de Redacción de La Voz de Avilés, en el acto institucional de la entrega de los Premios de La Voz de Avilés 2017, celebrado el día 22 de junio en la Casa de la Cultura de Avilés.

 

En el comentario del periódico de este domingo escribí un artículo, bajo el título ‘La importancia de las personas’, en el que describía cómo la responsable de Comunicación de Red Bull nos comentaba a través de un correo, que en sus diez años de experiencia en la multinacional austriaca nunca se había encontrado con una empresa que le hubiese dado tantas facilidades como hizo en Avilés el Grupo Daniel Alonso para poder grabar el último vídeo de promoción a nivel mundial de la famosa bebida. Gracias a ese apoyo, Avilés ha dado ya la vuelta al mundo, con una publicidad impagable.

Y señalaba también que un veterano estibador del Puerto, no un directivo ni un ejecutivo ni un empresario, sino un estibador, me comentaba que la ausencia de Delfín García Novo, el histórico responsable de Alvargonzález en Avilés, jubilado el pasado 31 de diciembre, ya se empezaba a notar en el Puerto.

La conclusión final del comentario era que las empresas, los proyectos, las instituciones funcionan gracias a las personas. Y sobre todo gracias al talento y a la capacidad de algunas personas por convertirse en esa argamasa que logra unir y soldar los diferentes intereses, de forma que parece que todo fluye con naturalidad en beneficio de todos. Y es a veces con su ausencia, cuando se valora de verdad su capacidad y su valía.

La de estos Premios de La Voz de Avilés es una historia de personas, aunque vayamos a distinguir también a entidades y sociedades. Y además creo que es una historia de personas más que nunca.premiados-primera

Hace catorce años inauguramos estos premios de La Voz concediendo el primero de la Iniciativa Empresarial a la entonces Aceralia, viniendo a recoger el galardón su presidente, Jose Ramón Álvarez Rendueles. Y se lo dimos porque pensamos que aquella empresa, heredera de Ensidesa, era en buena medida responsable directa de lo que hoy somos como ciudad y como comarca; casi me atrevería a decir que como comunidad autónoma.

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Muere Camuel, un gran deportista y mejor persona

Ha fallecido Camuel a los 60 años de edad, que es un drama añadido a la muerte. Mis recuerdos de Camuel son los de un gran portero de fútbol de aquí, que triunfó en el Real Oviedo sobre todo. Pero los mejores recuerdos son los de una buena persona por encima de todo, amigo de todo el mundo, socarrón, siempre sonriente, con una palabra agradable y de ánimo para todo el mundo. La vida le puso a prueba en muchas ocasiones, la más dura seguramente cuando su primera esposa perdió la vida en un trágico accidente de tráfico en la Tabaza, un suceso que conmocionó a toda Asturias y que vivió en la iglesia de Trasona una de las manifestaciones de duelo más impresionantes que como periodista me tocó cubrir. Su pub de Trasona fue un referente del mundo futbolístico, pero también del empresarial y sindical. Doy fe de que algunas cosas importantes se gestaron en su local y más de una confidencia se hizo allí. Con Camuel se va una persona a la que podías pasar meses sin ver y en el reencuentro siempre te encontrabas con la persona cariñosa y respetuosa de siempre y con su sonrisa sempiterna. Su legión de amigos le recordaremos siempre.

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Fidel Castro y los prejubilados de Ensidesa

El mandatario cubano rompió en una sonora carcajada cuando Antonio Trevín le explicó en qué consistían las prejubilaciones de la siderurgia

Los periodistas que cubríamos en 1994 el viaje institucional del presidente del Principado Antonio Trevín a Cuba habíamos sido advertidos de que la entrevista con Fidel Castro, en caso de producirse, se nos sería comunicada con solo unos minutos de antelación. El aviso se cumplió con exactitud. Al atardecer, cada uno de nosotros recibió una llamada a su habitación del Hotel Nacional para indicarnos que en cinco minutos seríamos trasladados en un microbús al Palacio de la Revolución. Tantas fueron las prisas que algunos no tuvimos tiempo ni de coger una corbata. Cuestiones de seguridad que se llevan a rajatabla, nos habían advertido.

El microbús, en el que íbamos no más de media docena de personas, nos dejó exactamente delante de la puerta de entrada del Palacio de la Revolución, de forma que no hubiera ninguna posibilidad de que alguien se descontrolara y se perdiera por aquel edificio central de la Plaza de la Revolución que acoge la sede del Gobierno, el Consejo de Ministros y el comité central del PCC.

Cuando los periodistas accedimos al interior fuimos conducidos a través de unas escaleras inmensas, relucientes, al Salón de los Helechos, llamado así por la exuberancia de los helechos que figuran casi como único adorno junto a unos sofás de piel marrones, creo recordar, bastante trasnochados. Luego nos indicarían que este salón es en el que Castro recibía a todos los mandatarios internacionales que le visitaban.

En el centro del salón ya se encontraba el presidente del Principado, acompañado de algunos de los consejeros que habían viajado con él, entre otros el de Agricultura, Santiago Alonso, y el de Hacienda, Avelino Viejo. E inmediatamente después apareció Fidel Castro, junto a un reducido grupo de colaboradores. Se hizo un corro en el centro y lógicamente quien acaparó todo el interés fue el Comandante, vestido con su tradicional traje de campaña verde oliva. A primera vista impresionaba su altura, su potente voz y la naturalidad con la que empezó a departir con los invitados.

Inmediatamente, Castro empezó a preguntar a Trevín por cuestiones como la minería, la agricultura y la ganadería, por la que se mostró especialmente interesado, y finalmente el presidente del Principado le explicó que la región estaba viviendo un momento difícil como consecuencia de la reconversión siderúrgica aprobada dos años antes y que había supuesto para Ensidesa la eliminación de 9.707 puestos de trabajo. Fidel Castro preguntó entonces qué era lo que hacían esos trabajadores tras abandonar la empresa, y cuando Trevín le contestó que la mayoría habían sido prejubilados y que eso significaba que cesaban en su actividad laboral y seguían cobrando en su casa aproximadamente el ochenta por ciento de su sueldo, el dirigente cubano inclinó su cabeza hacia atrás, rompió en una sonora carcajada y llamó por su nombre a uno de sus colaboradores para decirle en voz alta: «Mira lo que me dicen, que en España a los trabajadores de la siderurgia les jubilan y les llevan el sueldo a casa». Fue la anécdota de aquel encuentro.

Minutos después, se accedió a una sala de reuniones en la que los dos equipos tomaron asiento frente a frente, mientras los periodistas fuimos invitados a salir para conducirnos de nuevo al microbús y dejarnos de vuelta en el Hotel Nacional.

Aquella noche, Trevín y sus colaboradores, junto a un grupo de empresarios que habían viajado también desde Asturias, fueron agasajados en el mismo Palacio de la Revolución con lo que nosotros llamamos un vino español, que se prolongó por espacio de ocho horas, concluyendo casi al amanecer. Personas que acudieron a aquella cena comentaron que Castro había hablado con algunos empresarios, entre otros Daniel Alonso, interesándose por sus negocios en Cuba, en un momento en el que el régimen castrista había iniciado una tímida apuesta por la iniciativa privada.

La anécdota de la noche fue comprobar cómo los mandatarios cubanos que asistían a este tipo de actos oficiales aprovechaban para comer cosas a las que habitualmente no accedían. «El hueso de las aceitunas aparecía en los platos como si los hubiesen lijado, no dejaban ni rastro de la aceituna», llegó a comentar uno de los asistentes asturianos.

Ocho horas después concluía una cita en el Palacio de la Revolución en donde había resonado con fuerza la carcajada de Castro a cuenta de los prejubilados de Ensidesa.

 

Publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el día 27 de noviembre de 2016

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Sobre el autor José María Urbano
José María Urbano. Periodista. Jefe de Redacción de La Voz de Avilés-El Comercio. El relato de los hechos y los fundamentos de la opinión sólo pueden tener su base en el poder de los datos. En un mundo en el que imperan los clics, los shares, las notas teledirigidas, las ruedas de prensa sin preguntas y las declaraciones huecas en busca de un titular, hay que reivindicar el periodismo hecho por profesionales. Política, economía, cultura, deportes... la vida en general, tienen cabida en este espacio que pretende ir más allá de la inmediatez, la ficción y el ruido que impera apoyado en las redes sociales. El periodismo es otra cosa.