El Comercio
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¿GIRO A LA IZQUIERDA O CEREMONIA DE LOS ADIOSES?
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Luis Arias Argüelles-Meres | hace 13 horas| 0

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¡Cuánto daría de sí un análisis perspicaz del lenguaje gestual de Javier Fernández en el último pleno de la Junta! Mientras, hacía su propuesta de «pacto de izquierdas», planteando un número de acuerdos nemotécnico, esto es, siete, faltaban pocas horas para que se hiciese pública la ‘dimisión’ de Belén Fernández y para que uno de sus hombres de máxima confianza pasase del Parlamento al Gobierno, o sea, Fernando Lastra, que se encargará de la consejería a la que le toca gestionar los asuntos medioambientales y las infraestructuras. Seguro que su pulso no temblará.

Atrás se quedó la etapa al frente de la gestora del PSOE. Atrás se quedaron también aquellos años de vino y rosas en los que en la FSA las discrepancias, como mucho, eran anecdóticas. En el momento presente, la militancia socialista asturiana se pronunció mayoritariamente en contra de la candidatura preferida de don Javier. Otro PSOE, pero, sobre todo, otro tiempo.

Y, en esa cuenta atrás nunca reconocida explícitamente, don Javier fue fiel a sí mismo, repitiendo su voluntad de pactar con las fuerzas de la izquierda asturiana, aun a sabiendas de que el entendimiento con Podemos es poco menos que imposible, aun a sabiendas de que, a pesar de la buena voluntad de Llamazares, hay cosas que la coalición de izquierdas no puede apoyar.

Vayamos, telegráficamente, a los siete pactos: presupuestos, fiscalidad, regeneración, área central, demografía, política estatal y la situación en el Ayuntamiento de Gijón. En cuanto al primero, hay una experiencia reciente de fracaso; sobre la fiscalidad, lo acordado con el PP acerca de la rebaja del impuesto de sucesiones hace difícil considerarlo viable. Sobre la llamada área central, habría que ser más ambiciosos, buscando un pacto más amplio, y no perder de vista que tal cosa no podría acarrear el abandono de las restantes comarcas. En el asunto demográfico, el declive es imparable en los últimos años y habría que concretar si existe un proyecto más allá de declaraciones retóricas. ¿Y qué decir en torno a la regeneración de la vida pública? Habría que preguntarse hasta dónde está dispuesto a llegar el presidente en asuntos como las puertas giratorias, las sinecuras, los nombramientos a dedo, y un largo inventario de asuntos que, sin ser ilegales, habría serios reparos que oponer a su supuesta legitimidad.

Que Moriyón sea la regidora de Gijón es algo que no soportan ni la FSA ni el propio don Javier. ¿Pero hay argumentos para demostrar que, en lo social, sería más avanzado e igualitario un equipo de gobierno liderado por el candidato socialista? ¿Estaría dispuesto Fernández a tener la misma generosidad que demostró Taboada en Oviedo, o sea, a que gobernase la izquierda, aunque no fuese el grupo municipal de la lista más votada? O sea, una declaración de intenciones, «sin esperanza, con convencimiento», parafraseando al poeta.

Y, por otro lado, le tocó una crisis en el Gobierno autonómico, con dos consejeros dimitidos.

En medio de todo esto, declaración de intenciones que no puede ocultar una sensación de cuenta atrás con su hartazgo y agotamiento.

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A propósito del concejo de Salas
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Luis Arias Argüelles-Meres | 23-06-2017 | 12:31| 0

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La presidenta del Foro Asturias, según leo en EL COMERCIO, se personó por estos parajes para anunciar una enmienda de su partido a los Presupuestos Generales del Estado encaminada a que se pongan de nuevo en marcha las obras del tramo entre Cornellana y Salas perteneciente a la autovía del Occidente. Conviene recordar que las tales obras llevan paralizadas desde julio de 2010, cuando Pepiño Blanco vino a inaugurar el tramo Grao-doriga y, de paso, mandó parar. (Entre paréntesis: nunca olvidaré que, tras el ceremonial de cortar la cinta, el entonces diputado socialista en la capital del Reino, don Álvaro Cuesta, escanciaba sidra con entusiasmo para el entonces ministro de Fomento).

Así pues, de llevarse a cabo esa reanudación del tramo referido, se haría tras siete años de parálisis, tras siete años de bajón demográfico en el concejo de Salas, tras siete años de abandono no solo en la infraestructura de la que venimos hablando.

El concejo de Salas, al que, como ya tengo escrito, no se le incluye ni en eso que llaman «área metropolitana» de Asturias, ni tampoco en el plan del Suroccidente, continúa siendo el fiel reflejo de la particular geografía del abandono que viene sufriendo el Occidente de Asturias desde hace Dios sabe cuántas décadas.

Esta autovía del Occidente que, teóricamente iba a estar en servicio en 2009, era el instrumento perfecto para que, de un lado, el municipio de Salas se acercase al área central, y también para vertebrar las comunicaciones en el Occidente de Asturias. Pero, como se sabe, los retrasos no hicieron más que incrementarse, y, en el mejor de lo casos, podría estar terminada en su totalidad en 2020, o sea, once años de retraso. No me negarán que no está nada mal.

En fin, hablamos de  años y años de retraso, que, en realidad, son muchos más si se piensa en que el proyecto de esta autovía tendría que haberse puesto sobre el tapete mucho antes, lo que, sin ser la panacea para resolver todos los problemas, hubiera evitado tanta despoblación, tanto abandono y tanto declive.

Como coda, una pregunta a todos los grupos parlamentarios de la Junta: ¿Les parece de recibo a todos ustedes que el concejo de Salas, grande en extensión y en recursos, se quede en tierra de nadie, que sus habitantes sean, no ya de segunda, sino de tercera, al no estar incluido en ningún proyecto?

¿Alguien se atreverá a responder?

Prometo estar muy atento.

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¿Un “nuevo” PSOE?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 19-06-2017 | 05:30| 0

«Con el comienzo de la década de los 80, los socialistas estrenaron un nuevo lenguaje político, cuyos conceptos claves no eran ya la clase obrera como sujeto histórico, el socialismo como nueva sociedad ni la República federal como forma de Estado, sino la modernización de la Administración pública, la consolidación de la democracia y la redistribución de la riqueza». (Santos Juliá).

En el 39º Congreso del PSOE, las viejas glorias del felipismo se quedaron fuera de juego y, con ellas, Susana Díaz, que basó su candidatura a las primarias en la continuidad de las políticas que se fueron llevando a cabo en los 21 años de gobiernos socialistas. Hay otra razón más para hablar de «un nuevo» PSOE, y es el cambio generacional.

En la opinión pública, se da por hecho que el centro izquierda se quedará atrás y que se apostará, nítidamente, por políticas de izquierda. Primero, habría que ver si don Pedro tendrá la oportunidad de llevarlas a cabo. Y, en segundo lugar, no hay que perder de vista que el flamante e indiscutible ganador de las primarias se fue escorando a la izquierda tras los resultados de las pasadas elecciones generales de junio. Hasta entonces, se había venido decantando por lo políticamente correcto.

Este partido dejará de estar en manos de baronías y de notables y tendrá un protagonismo muy grande la militancia. Y hay una importante lección aprendida: hacer políticas de derechas con siglas de izquierdas es un salvoconducto a la irrelevancia, tal y como acaba de suceder en Francia.

Ante el problema catalán, que se vino incrementando desde el famoso Estatuto que tumbó el Constitucional, hace falta, sobre todo, plantear propuestas a la ciudadanía de ese territorio que, mayoritariamente, está votando a partidos independentistas. Lo que Pedro Sánchez propone es la famosa declaración de Granada. No sé si podría servir como punto de partida, pero sospecho que es momento de concreciones y no de generalidades, y que el mencionado problema les viene demasiado grande a los políticos actuales.

Cunde el escepticismo cuando se ve que entre las personas de confianza del nuevo secretario general, hay también profesionales de la política que no destacaron precisamente por discursos brillantes ni tampoco por una coherencia a prueba de hemeroteca. Sin ir más lejos, podríamos poner como ejemplo a más de una persona del PSOE de Asturias que forman parte de la nueva Ejecutiva.

Y, al final, si el PSOE quiere recuperar la credibilidad perdida y paralizar su continuo declive, no necesita extremismo alguno, sino claridad, coherencia y proyecto de país, partiendo de planteamientos irrenunciables en una formación que se reclama de izquierdas: combatir desigualdades, ahondar en derechos y libertades y redefinir la vertebración territorial de España, eliminando privilegios, también en ese sentido.

No nos confundamos, aquí no hay un nuevo ‘largocaballerismo’, sino un cambio generacional, que está por ver si cumple su misión, o si va a ser una decepción más.

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Tras la moción de censura
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Luis Arias Argüelles-Meres | 17-06-2017 | 10:10| 0

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Irene Montero, desde la indignación, desplegó todos sus argumentos para dejar claro que el PP, salpicado de continuo por casos de corrupción, no debe continuar en el Gobierno. Pablo Iglesias, además de abundar en lo mismo, planteó las líneas básicas de lo que sería su proyecto de país. Además, se percibió claramente una diferencia en el tono. Pasaron de la asamblea o el mitin al discurso parlamentario propiamente dicho.

Y, a la hora de valorar lo que supuso la moción de censura, es obvio que no se trata de considerar que fracasó por el hecho de haber cosechado muchos menos votos a favor que en contra. Lo que hay que preguntarse es si el líder de Podemos se ha ganado mayor confianza entre la ciudadanía.

Por otro lado, el señor Ábalos no solo no defraudó, sino que además sus planteamientos acerca de la Transición facilitaron un debate muy necesario, precisamente en un momento en el que se cumplen cuarenta años de aquellas primeras elecciones democráticas del 15 de junio de 1977. No le faltó razón cuando habló de lo que era el afán de aquel momento: la necesidad de reconciliación de aquellas dos Españas de las que había hablado Machado en un memorable poema, poema que, por cierto, citó. Distinta cosa es que, a pesar de aquel afán de reconciliación, sin duda alguna necesario, el sistema político que se vino construyendo haya permitido la desafección política que ahora padecemos, así como un desprestigio creciente de la mal llamada clase política. Y, por otra parte, ni el señor Ábalos –ni ningún líder socialista– puede desconocer que el PSOE permitió y alentó una forma de hacer política que, en determinados episodios, trajo corrupción y enfangó la vida pública. No lo pueden desconocer, pero tampoco es previsible que lo reconozcan.

En otro orden de cosas, cuando tuvo lugar el enfrentamiento dialéctico entre Pablo Iglesias y Albert Rivera, se confirmó una vez más la falta de entendimiento entre los dos líderes de los partidos que, sobre el papel, encarnan la nueva política, por mucho que compartan la urgencia de regenerar nuestra vida pública. Va en el guion que no se pongan de acuerdo en cuestiones socioeconómicas, pero cabría esperar que hubiese una mayor sintonía frente a la llamada vieja política.

Por último, la intervención del señor Hernando no solo fue inoportuna, sino que contribuyó a agriar y a crispar innecesariamente. Su falta de elegancia solo puede volverse en su contra. ¿Tan difícil es mantener las formas?

Tras la moción de censura, se intuye un mayor entendimiento entre el PSOE y Podemos a la hora de hacer frente al PP, lo que no significa que desparezcan los recelos y los antagonismos entre dos partidos que compiten por los votos del mismo espectro político. Y se pone también de manifiesto que toca hacer propuestas para intentar desbloquear los abismos que hay en lo que se refiere a la vertebración territorial del país.

No fue solo circo. Y tampoco cabria hablar de éxito, pero sí de expectativas.

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A propósito de Juan Goytisolo
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Luis Arias Argüelles-Meres | 10-06-2017 | 13:29| 0

Juan Goytisolo, fotografiado en la Biblioteca Nacional dos días antes de recibir el Premio Cervantes de manos de los Reyes en 2015 (abajo). «Las razones para indignarse son múltiples y el escritor no puede ignorarlas sin traicionarse a sí mismo», leyó en su discurso al recoger el galardón, que cerró con un «digamos bien alto que podemos».

Más allá de los tópicos que se vienen publicando a raíz de la muerte del autor de “Señas de Identidad”, acaso convenga recordar que, por mucho que se apure y se sintetice una necrológica, conviene no dejar en el tintero aspectos que, además de ser relevantes, dan cuenta de lo más genuino de una obra literaria.

Y es que no sólo estamos hablando, como tanto se insiste, de uno de los principales novelistas que en los años sesenta hicieron profundos cambios en las técnicas narrativas, sino que hay otras cuestiones en la obra de Goytisolo  que no tienen menor transcendencia. Y, por otra parte, cuando se habla de su pensamiento  parece no tenerse en cuenta que no es algo monolítico y firme. Pero vayamos por partes.

Por ejemplo, hay un libro suyo, “La Chanca”, que data de 1962, pero que no se publicó en España hasta casi 20 años después, concretamente, hasta 1981. De “La Chanca”, habría que destacar no sólo la deslumbrante belleza de muchas descripciones, sino también la denuncia de la miseria que se sufría en la España de los años sesenta, concretamente, en la provincia de Almería. Goytisolo denuncia y, al mismo tiempo, no renuncia a una voluntad de estilo que recorre este libro de principio a fin. Miseria de un territorio que hoy vive tiempos muy distintos.

Por otra parte, sin que ello suponga menoscabo alguno para la importancia de su talla como literato, hay que decir que, en lo que se refiere al cultivo de las nuevas técnicas narrativas, el escritor que nos ocupa no sólo no fue el único en ponerlas en práctica, sino que acaso haya que plantear que tampoco nos encontramos ante el novelista más importante en cuanto a esas innovaciones tan decisivas en el género. Y habría que añadir a este respecto que la principal aportación de la novela “Señas de Identidad” no radica en esas nuevas técnicas narrativas, sino en la ruptura social y cultural del autor con su entorno catalán, así como con la clase social a la que pertenecía, novela de búsqueda individual y colectiva, que, a su vez, sería susceptible de incorporarse al manido “tema de España” de nuestra literatura contemporánea.

Y, en otro orden de cosas, cabría hablar también del atractivo que para Goytisolo supusieron determinados literatos que cabrían ser insertados en lo que en su momento Menéndez y Pelayo definió como “heterodoxos”.

En este sentido, la “Reivindicación del Conde don Julián” no sólo es una original interpretación del personaje histórico, sino que, entre digresión y digresión, aprovecha para arremeter contra figuras como Unamuno y Ortega, a los que somete a críticas muy severas.

Y, siguiendo con su pasión por la heterodoxia, habría que referirse también a lo que Goytisolo escribió sobre Blanco White(1775-1841), un escritor español que se mostró comprensivo con los movimientos independentistas que empezaban a brotar en lo que entonces se llamaban colonias de Ultramar.

Y, más tarde, el encuentro entre Américo Castro y Goytisolo, cuyo epistolario fue publicado por la editorial Pre- Textos, tiene un enorme interés y demuestra  la admiración que nuestro novelista sintió hacia una de las principales figuras que estudiaron a fondo nuestra historia desde una pasión intelectual que, al mismo tiempo, sobrecoge y deslumbra.

Y, en 2004, se produce el último gran encuentro de Goytisolo con la heterodoxia, al publicar un ensayo sobre Azaña, titulado “El Lucernario” y que tiene como subtítulo “La pasión crítica de Manuel Azaña”, cuyas tesis, a decir verdad, no son originales, pero que, a pesar de ello, se trata de una reivindicación justa y lúcida de la gigantesca talla intelectual de una figura histórica que sigue siendo odiada por el más rancio reaccionarismo español y que, por otro lado, continua siendo, en lo que a su pensamiento se refiere, un desconocido en la España de hoy a resultas de una amnesia fraguada y programada desde antes de la muerte del dictador.

Y, en otro orden de cosas, no hay que perder de vista que Goytisolo fue también un excelente escritor de periódico, que publicó artículos memorables sobre lo que dio en llamar la censura comercial, y que se pronunció con frecuencia sobre el mundo árabe, sin ocultar su pasión por Marruecos, y –todo hay que decirlo- sin analizar con la profundidad que cabría esperar la barbarie de un terrorismo que nos sigue amenazando y conmocionando.

En definitiva, no hay que quedarse, a mi juicio, con el topicazo de un novelista técnicamente innovador, sino con el conjunto de una obra que, por otro lado, tiene sus desequilibrios, pues publicó en los últimos años novelas que nada aportaron.

En todo caso, su pasión por la heterodoxia, la calidad de novelas como “Señas de Identidad”, su faceta polemista como escritor de periódicos, su lucha por la paz y su inconformismo permanente hacen de Goytisolo un escritor imprescindible y con muchas aristas.

Los tópicos en las necrológicas de urgencia son tan inútiles como empobrecedores.

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La “Operación Hulla” en Oviedo
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Luis Arias Argüelles-Meres | 02-06-2017 | 11:40| 0

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“El castigo del embustero es no ser creído, aun cuando diga la verdad”. (Aristóteles).

Operación Hulla’. La capital de Asturias como escenario judicial. Se diría que, para sus protagonistas, puede ser algo parecido a la peor pesadilla de aquella ‘operación jaula’ que buscaba votos y adhesiones mediante empadronamientos acelerados y amontonados.

La imagen de un Villa decrépito que tiene que apoyarse en familiares suyos para cada paso que da. El enfado de su abogada, la escandalera mediática, los silencios clamorosos de quienes podrían pronunciarse ante lo que está aconteciendo. El bochorno generalizado de una ciudadanía que se levanta y se acuesta con escándalos de corrupción que no parecen tener fin.

Detenidos que hicieron el trayecto desde las dependencias de la Benemérita de Oviedo hasta los calabozos de la Audiencia a la espera de que la magistrada encargada del caso les tome declaración.

La ‘Operación Hulla’ en una ciudad como Oviedo, en la que las distancias son cortas, resulta inevitable pensar en la cercanía que existe entre la sede de Hunosa y las dependencias judiciales por donde están desfilando los investigados y detenidos.

¡Qué tremendo tienen que resultar pasar del poder casi omnímodo a ser investigado judicialmente! La pena antes de la condena, es decir, el desprestigio, es decir, aquello que desbarata por completo discursos falaces que el mostachudo sindicalista y sus secuaces vinieron esgrimiendo durante décadas.

Y todo ello en la sociedad del espectáculo que nos toca padecer y vivir, sociedad del espectáculo en la que un registro o una detención acaparan una atención mediática mayúscula y que, andando el tiempo, se diluyen con los mecanismos y engranajes legales que suelen aplazar los juicios definitivos mucho más tiempo del que es posible para que sigan siendo noticia.

Alargada sombra la de esta operación que llega hasta Murcia. Alargada sombra que pone en entredicho tantas y tantas cosas, entre ellas, los fundamentos discursivos de nuestra vida pública, pues maese Villa contó durante décadas con un poder casi ilimitado en Asturias, al tiempo que mantuvo muy buenas relaciones con teóricos antagonistas ideológicos.

Fondos mineros encaminados teóricamente a reindustrializar Asturias, pero, a lo que se ve, el uso y el abuso que se hizo de ellos estuvo muy alejado de tales fines.

Día soleado en vísperas de lluvia. Vetusta como escenario de un día que no formará parte de las glorias de nuestra historia más reciente.

Y, en los aledaños de los principales escenarios, hubo percances que estuvieron, sin saberlo sus protagonistas, entre el sainete y el esperpento.

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Todo el poder para el SOMA
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Luis Arias Argüelles-Meres | 31-05-2017 | 05:21| 0

«Y la vida es uno mismo y uno mismo son los otros». (Juan Carlos Onetti).

Si, como en su momento se dijo, Rafael Fernández fue –mutatis mutandis- nuestro Tarradellas, Villa vendría a ser nuestro Pujol, esta vez sin herencia del abuelo como pretexto. Y nuestro mostachudo sindicalista vuelve a ser noticia a resultas de una operación llevada a cabo por la Fiscalía anticorrupción de Madrid y la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil. Y vuelve a serlo en compañía de otros, entre ellos, del señor Postigo, cuya comparecencia en la comisión parlamentaria que pretendió investigar el caso Villa fue memorable.

¡Qué indigno y desolador resulta que un líder sindical se encuentre en el punto de mira de las fuerzas de orden público a resultas de presuntas corruptelas económicas! ¡Qué triste epígono de una organización obrera que, con sus luces y sombras, no fue concebida para el enriquecimiento de nadie, sino para y por todo lo contrario!

No obstante, con lo que está cayendo sobre Villa, no sólo hay que tener en cuenta sus presuntas trapacerías, sino que esto obliga a una catarsis a la sociedad asturiana en general. Todo el poder para Villa pareció ser el lema, no explícito, durante décadas en nuestra tierra. No sólo hablamos de quienes se lo deben casi todo en su carrera política, sino también de quienes lo elogiaron hasta el sonrojo propio y ajeno, y no sólo por parte de miembros de su partido y sindicato, sino también de sus amistades con casi todo el espectro político astur, incluidos los líderes más poderosos que tuvo la derecha llariega.

Y ahí está, con su aspecto decrépito, de juzgado en juzgado, de titular en titular. Y hablamos del personaje que tanto y tanto decidió en su partido, que tanto clientelismo atesoró, que se reclamaba de izquierdas, que se erigía en principal defensor del sector minero. Frente a ello, la realidad, con la justicia llamando a su puerta, con sus dineros que son objeto de investigación.

Todo el poder para el SOMA, todo el poder para el jefe, todo el poder para Villa.

¡Qué escalofriante resulta percatarse de que el poder político en Asturias se asentó en gran parte sobre este personaje y su demagógico y falaz discurso!

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LOS ADIOSES DE JAVIER FERNÁNDEZ Y OTRAS DESPEDIDAS
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Luis Arias Argüelles-Meres | 29-05-2017 | 05:24| 0

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En noviembre se cumplirán 17 años de aquel cónclave de la FSA en el que Javier Fernández, tras un excelente discurso, tal y como acaba de recordar Juan Neira en este periódico, se convirtió en el líder del socialismo astur, cerrando una crisis que pudo haber dado al traste con el partido en Asturias. Estaba muy cerca en el tiempo aquella tremenda ruptura en la derecha asturiana en la que Cascos y otros dirigentes entonces muy afines al que fuera secretario general del PP le declararon la guerra a Sergio Marqués. La susodicha crisis en el partido conservador fue duramente castigada por la ciudadanía astur en las elecciones autonómicas y municipales de 1999. A resultas de ello, Areces consiguió su mejor resultado electoral. Pero empezó con muy mal pie su andadura como gobernante al enfrentarse al sector villista del partido con la destitución del señor Menéndez como presidente de Cajastur. No hay que olvidar aquella derrota parlamentaria que sufrió Tini con los votos en contra de muchos parlamentarios de su partido. Y entonces llegó Javier Fernández, cerró la crisis del socialismo llariego y el señor Menéndez volvió a su puesto. Y, poco a poco, las heridas se fueron cerrando y se abrieron puentes de diálogo y acuerdo entre los dos sectores del socialismo asturiano.

Vicente Álvarez Areces estaría al frente del Gobierno asturiano hasta 2011. Y, cuando se decidió que el candidato de los socialistas a presidir el Ejecutivo autonómico, no estalló una nueva crisis en el partido, si bien quedó muy claro que la voluntad de Areces era volver a presentarse.

Y, en 2011, el conservadurismo astur vivió otra ruptura, cuando Cascos fundó un nuevo partido. Dos ingenieros, dos políticos de la misma generación, Fernández y Cascos, Cascos y Fernández, se enfrentaron electoralmente. Y volverían a hacerlo al año siguiente, cuando el ex ministro de Fomento decidió adelantar las elecciones, adelanto que le sirvió a Javier Fernández para ganar aquellas elecciones y ponerse al frente del Gobierno con los apoyos de IU y del único diputado autonómico del partido de Rosa Díaz. Y hay que decir que los muchos enfrentamientos que protagonizaron ambos personajes en la Junta subieron el listón de los debates parlamentarios en Asturias.

En ese mismo año, en el ámbito estatal, comenzaría el declive, hasta ahora imparable, del PSOE. Javier Fernández contó siempre con el apoyo y simpatía de Rubalcaba. Llegaron las primarias del PSOE y en Asturias se apostaba por Madina. No obstante, se mantuvieron las formas hasta que en septiembre del pasado año se produjo la defenestración de don Pedro. Acto seguido, don Javier se puso al frente de la gestora.

Y, como escribí recientemente, esa etapa marcó el canto del cisne en la trayectoria de nuestro presidente autonómico. Con la abstención parlamentaria que promovió, no se convocaron nuevas elecciones, y fue la referencia del partido en los ámbitos estatales.

Y ahora se va. En realidad, también estamos asistiendo a un cambio generacional en la política. En realidad, nos toca presenciar el final de un bipartidismo, en Asturias y en España, hacia el que nos dirigimos, aunque con mayor lentitud de la que cabría esperar.

Y, más allá de las sombras, a veces gigantescas, del periodo en el que Javier Fernández estuvo al frente de la FSA, no puedo dejar de preguntarme por la desorientación que tienen que estar padeciendo sus corifeos mediáticos que tanto lo adularon a lo largo de estos años, pues, de momento, no tienen claro a quién deben dirigir sus loas.

Por otra parte, está claro que Javier Fernández representa al sector más conservador del PSOE y, con ello, a la vieja política, lo cual no quiere decir que sus principales antagonistas dentro de su partido en Asturias atesoren un discurso creíble ni sostenible, pues también representan, en determinados casos muy conocidos, lo que viene siendo la vieja política. Pensemos, por ejemplo, en Adriana Lastra y en María Luisa Carcedo.

Un adiós que significa también un cambio generacional. Unas despedidas de quienes se eternizaron en la vieja política. Unas llegadas que, en algunos casos, presenciamos con escepticismo.

Javier Fernández, profundo según sus aduladores, conservador dentro del socialismo llariego y estatal. Su ceremonia de los adioses no oculta ni puede ocultar sombras, grandes sombras, frente a algún discurso muy trabajado.

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Francisco Blanco y su estética de la dimisión
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Luis Arias Argüelles-Meres | 27-05-2017 | 06:03| 0

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Bien sabemos que las dimisiones son infrecuentes en nuestra vida pública, por muchas y clamorosas que sean las razones para ello. En este caso, se dan dos circunstancias estadísticamente atípicas. En primer término, el ya ex consejero de Empleo no dimitió a resultas de un escándalo de corrupción. En segundo lugar, tuvo la elegancia de dejar el puesto sin estridencias ni actitudes melodramáticas. Y, más allá de las razones que le pudieron mover a la decisión que tomó, que, según leo en EL COMERCIO, pueden tener mucho que ver con posibles desacuerdos con otras consejerías y también con el proceso de primarias del PSOE, cuando no hizo de palmero en los actos de Susana Díaz, lo cierto es que nunca olvidaré una intervención parlamentaria suya en la que arremetió con toda claridad contra lo que fue el proceso de privatización de las cajas de ahorro. Es más, en la susodicha intervención llegó a hablar de «expolio» hacia el patrimonio asturiano.

Pues bien, la referida intervención me sorprendió mucho, toda vez que la FSA no se opuso a aquella privatización de las cajas que fue llevada a cabo gobernando Zapatero y siendo presidente del Banco de España un señor conocido como MAFO, o sea, Miguel Ángel Fernández Ordóñez. Fue tocar techo en la incoherencia que se decidiese acabar con la finalidad social de las cajas de ahorro desde un partido con siglas de izquierdas. Y, desde luego, en el caso de Asturias, el partido hegemónico en nuestra tierra no se opuso a semejante medida. De modo y manera que me sorprendió gratamente aquella intervención parlamentaria del consejero de empleo que acaba de dimitir.

Y, por otra parte, si pesaron sus discrepancias a la hora de decidir su marcha, me llama mucho la atención que estemos ante un episodio que se condujo de forma opuesta al de algunos exconsejeros de Javier Fernández que, en su momento, apoyaron, al menos con su presencia, a Pedro Sánchez, porque el actual presidente del Gobierno asturiano no fue más de izquierdas en la pasada legislatura que ahora.

No es lo mismo irse por discrepar, que discrepar después de ser cesados o cesadas, que de todo hubo. Y, en este sentido, parece mucho más coherente la postura de Francisco Blanco. Además, estamos hablando de alguien cuya vida profesional no es solo la política. En este caso, se trata de un docente universitario que tiene un destino laboral al que regresar.

Sea como sea, y respetando sus silencios y discreción, lo que, ante todo, cabe poner de relieve en el caso que nos ocupa es la elegancia y la coherencia. Algo de lo que no andamos muy sobrados.

Acabamos de recibir una lección de aquello Kant dejó escrito acerca del uso público de la razón privada, aunque mucho me temo que tal cosa se ignora casi por completo en nuestra vida pública.

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¿El canto del cisne en la trayectoria de Javier Fernández?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 24-05-2017 | 05:39| 0

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Leo en EL COMERCIO que los ‘sanchistas’ astures, tras el resultado de las primarias del domingo, 21 de mayo, pretenden liderar la FSA y que, así las cosas, presentarán su candidatura en el Congreso regional. De confirmarse tal noticia, no solo estaríamos hablando de un relevo generacional, por otra parte, lógico, sino también de que en esta tierra el partido que fundó Pablo Iglesias sintonizaría con el cambio de rumbo que marcó su militancia en las primarias, también en Asturias.

Se diría que la etapa de Javier Fernández al frente de la gestora del PSOE fue una especie de canto del cisne de su trayectoria política. Por un lado, la mencionada etapa le sirvió para ser más conocido y reconocido allende Pajares. Por otra parte, al haber sido el principal muñidor de la abstención en la investidura de Rajoy, representa justo lo contrario de lo que Pedro Sánchez, enarboló con su repetido ‘no es no’ ante el líder conservador.

Canto del cisne, digo, su etapa al frente de la gestora del PSOE. En este momento en el que regresa de lleno al ámbito político asturiano, no solo tiene que seguir bregando al frente de un Gobierno que está en franca minoría con menos de un tercio del Parlamento autonómico, sino que además lidera una federación cuya militancia apostó mayoritariamente por una candidatura claramente enfrentada a sus propios postulados.

Cierto es que anunció hace tiempo que no volvería a presentarse como candidato del PSOE a gobernar Asturias. Sin embargo, no estaba claro si deseaba o no continuar al frente de la FSA. Y parece obvio que, en el caso de optar a ello, no lo tendría muy fácil.

Desde luego, las caídas desde lo alto pueden tener en ocasiones su épica y hasta su lírica, si bien, en este caso, lo que Javier Fernández representa es una época de un partido con no pocas sombras, algunas gigantescas, como los episodios de corrupción que tienen que ver con Villa y con el llamado ‘caso Renedo’. Y, por otro lado, hablamos de una de las federaciones socialistas más conservadoras del conjunto del país.

¿Cómo no recordar aquel congreso de la FSA regional en noviembre de 2000 en el que Javier Fernández salió victorioso y, con él, el entorno de Villa, frente al candidato Álvaro Álvarez, que sigue prestando grandes servicios a Asturias desempeñando un cargo público? Llegada la hora del relevo político y generacional, habrá que ver cómo se traduce todo ello en hechos. Desde luego, también hay vieja política entre determinadas personas del socialismo astur que se alistaron en las filas de Pedro Sánchez. Desde luego, no es descartable que haya negociaciones para que sigan en la pomada algunos dirigentes socialistas cercanos al actual presidente. Pero, en cualquier caso, soplan vientos de cambio y de relevos, no sólo generacionales.

Javier Fernández, el profundo líder de la FSA al decir de sus corifeos mediáticos, puede que acabe abandonando la escena pública derrotado políticamente por otro sector de su partido. Seguro que no sería un desenlace deseado.

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