El Comercio
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¿Puigdemont tiene un plan?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 09-12-2017 | 05:07| 0

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¿Habrá leído Puigdemont a Hegel? ¿Entre sus asesores, alguien le habrá explicado lo que significa «el espíritu objetivo» dentro del sistema del pensador alemán? ¿Se dará cuenta el sucesor de Artur Mas de que, a fuerza de repetir la expresión ‘Estado español’, como algo opresivo y tiránico, está incurriendo en el error democrático de considerar que el Estado viene a ser un lastre para los derechos y libertades?

Desde luego –y perdón por la perogrullada– hay Estados totalitarios. Desde luego, cualquier Estado democrático es manifiestamente mejorable. Pero estar contra el Estado sin matices solo es sostenible desde el anarquismo, lo que no creo que tenga mucho que ver con la ideología del señor Puigdemont.

Y, a este propósito, la arenga de Puigdemont en Bruselas, apostando por la Europa de los ciudadanos, frente a los Estados, aparte de la carga demagógica que ello implica, pone de manifiesto que parece desconocer por completo cuál es el papel del Estado, democráticamente entendido, como garante de los derechos y libertades. ¿Cuántos Estados fuera de la Unión Europea son un modelo de perfección democrática? O dicho de otro modo: ¿acaso los Estados de la Unión europea, con todos sus defectos y limitaciones, no son democráticos? ¿Acaso encontraría Cataluña su democracia pluscuamperfecta fuera de la Unión Europea?

¿Puigdemont tiene algún plan que vaya más de improvisar continuamente? ¿En algún momento piensa tomarse la molestia de explicar a la sociedad catalana por qué se volvió atrás a la hora de convocar elecciones, lo que habría evitado la aplicación del famoso artículo 155? Si va a hacer su campaña electoral desde Bruselas, ¿regresará a Cataluña cuando le toque tomar posesión como diputado del Parlament? ¿O lo hará antes con lo que conseguiría una baza importante para el victimismo?

Por otra parte, da la impresión de que Puigdemont no solo no reconoce sus errores, sino que además – lo que es aún mucho peor– no parece haber aprendido gran cosa de ellos. Si la hoja de ruta es la independencia, o, en todo caso, consiste en que la ciudadanía catalana en su conjunto tenga la oportunidad de pronunciarse acerca de su continuidad en España, queda un largo camino por recorrer. Y, de entrada, de nada sirve enrocarse en argumentos a todas luces inconsistentes, sobre todo, seguir sosteniendo que en el referéndum del día 1 de octubre el pueblo catalán se manifestó claramente por la independencia. El problema de ese referéndum no fue solo su ilegalidad, sino también las condiciones en que se celebró, condiciones que no permiten considerarlo válido democráticamente. Lo único que se puede argüir al respecto es que el Gobierno de Rajoy se negó a negociar sus condiciones y celebración.

Lo dicho: a Puigdemont y a todo el independentismo catalán les queda un largo camino por recorrer, y no es de recibo reanudar la hoja de ruta con actuaciones circenses, con negación de los errores y con silencios injustificables a la hora de explicar derivas y bandazos.

Mientras tanto, sería muy conveniente que Puigdemont se documentase sobre «el espíritu objetivo» del que habló Hegel.

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Malestar en la docencia
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Luis Arias Argüelles-Meres | 05-12-2017 | 15:16| 0

Profesores y alumnado de los institutos Vallín, Jovellanos y Jimena se concentran a las puertas de este último centro. / CITOULA

«En nuestro país, haría falta que el maestro fuera el primer hombre de la aldea, que supiera responder a todas las preguntas del mujik, que los mujiks reconocieran en él una fuerza digna de atención y de respeto, que nadie se atreviera a gritarle, a humillarlo como lo hacen todos: el policía, el tendero rico, el pope, el comisario y este funcionario al que llaman inspector de escuelas, pero que sólo se preocupa de si se cumplen escrupulosamente las circulares de su distrito y no de mejorar la educación» (Extracto de una carta de Chéjov a Gorki).

Leo en EL COMERCIO que el profesorado asturiano se moviliza reivindicando que se regrese a la situación anterior a 2012 en lo que se refiere a las horas lectivas semanales que le toca impartir a cada docente. Y es que, por mucho que hasta ahora se siga hablando de recuperación económica, sus consecuencias no se tradujeron en eliminar los recortes que el primer Ejecutivo de Javier Fernández aplicó en consonancia con lo dictado por el Gobierno central.

¿Cómo olvidarnos de aquellos recortes que, entre otras cosas, supusieron pérdidas de puesto de trabajo de docentes, además de un aumento en muchos centros del número de alumnos por aula? Así pues, sobraron profesores, pero no cargos políticos digitales. ¡Faltaría más!

Y, a propósito de ese aumento de carga lectiva que se lleva soportando en los últimos seis cursos académicos, incluido el actual, siempre me pregunté cómo llevarían esto nuestros supuestos representantes sindicales, exonerados de dar clase, pues todo el tiempo del mundo es poco para defendernos. Seguramente, ampliaron también en dos horas su presencia en los despachos, porque, en la mayor parte de los casos, apenas van por los centros y cuando lo hacen suelen desearnos suerte vendiendo lotería de sus respectivos sindicatos. No todo iba a ser defensa laboral, también el espíritu calvinista debe ser compartido. ¡Qué bien!

Asimismo, según leí en este periódico, se cuadriplican las amenazas y agresiones a nuestro colectivo. Esto completa la situación límite que se vive en la docencia. O sea, en 2010, al igual que al resto de los empleados públicos, se nos bajó el sueldo, que estuvo congelado a partir de ahí unos cinco años. En 2012, como acabamos de consignar, se aumentó la carga lectiva. Y, por si todo ello fuera poco, las condiciones de trabajo no dejan de empeorar.

Así las cosas, sin ánimo de incurrir en victimismo, es lógico que se viva un malestar creciente y que haya un hartazgo grande al ser tratados profesionalmente como el muñeco de pimpampum.

Por otro lado, alguien tendría que preguntarse qué se puede esperar de una sociedad que dispensa un trato cada vez más desfavorable a su profesorado, qué se puede esperar de la mejoría de un sistema educativo en el que, además, no se cuenta con el criterio de los docentes. Y, por otra parte, no deja de ser desolador que un Gobierno que se reclama de izquierdas no solo haya aplicado los recortes, sino que, cinco años después, a pesar de pintarnos un panorama optimista de estar remontando la crisis, no tenga a bien eliminar esos recortes, ni tampoco se esmera a la hora de defender los acosos y ataques crecientes que padece el colectivo de la tiza.

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A propósito de la obra última de Manuel Neila Lumeras
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Luis Arias Argüelles-Meres | 25-11-2017 | 14:24| 0

Una prosa aguda que excluye la estridencia. Una obra poética de largo recorrido desde que García Martín lo incluyó en la antología “Las voces y los ecos”, en 1980, hasta “El Camino original”, que recoge poemas desde 1980 hasta 2012, publicada por la editorial Renacimiento en 1914. Un cultivador reincidente del género aforístico que, además, oficia como editor de este género. A todo esto hay que añadir su faceta como traductor. Y, en fin, estuvo al frente de ediciones críticas de obras de Montaigne, Machado y de José García Vela, hermano de Fernando Vela, el ovetense que fue el alma de la “Revista de Occidente”.

Manuel Neila Lumeras, aunque extremeño de nacimiento, está muy vinculado a Asturias, pues pasó su infancia en el Entrego y Sotrondio y estudió Magisterio y Filología en la Universidad de Oviedo.

A propósito de su vinculación a Asturias, acaba de estar en nuestra tierra presentando sus últimos libros, “Bajo el signo de Atenea”, “Cristóbal Serra en su laberinto” y “La levedad y la gracia”. El primero de estos volúmenes es una selección de aforismos de diez autoras contemporáneas. En cuanto al segundo título, en él se pueden encontrar una serie de cartas que el autor mallorquín remitió a Neila. Cristobal Serra, fallecido en septiembre de 2012, fue un claro ejemplo de lo que se entiende por “escritor de culto”, con pocos lectores, pero admirado por críticos de la categoría de Rafael Conte y por literatos como Octavio Paz. Por su lado, “La levedad y la gracia” puede ser considerado como una especie de manual del género aforístico en el que tienen cabida los grandes maestros contemporáneos del género en lengua española.

Entre los últimos libros publicados por Manuel Neila, es obligado ocuparse  de “Clima de Riesgo” donde se dan cita los viajes, las lecturas, la crisis que en el año 2012 alcanzó una crudeza extrema, los recordatorios a la huelga minera de Asturias del 62, vivida por el autor cuando contaba con doce años de edad. Y, sobre todo, habría que destacar las reflexiones sobre las falacias que van en detrimento de los derechos y libertades. Se trata de un texto ensayístico, que sintetiza en pocas líneas, magistralmente escritas, unos planteamientos para los que otros utilizarían varios párrafos, por lo común, farragosos.

Como el punteo de guitarra, que estremece, como el verso logrado que asombra, como la sentencia moral, que no moralina de refranero, que da en el clavo, buscando la complicidad del lector inteligente. Continuos destellos que nos despiertan señalando claves para entender nuestro mundo y nuestro tiempo, escritos con una envidiable y lograda voluntad de estilo.

Por eso me atrevería a decir que “Clima de Riesgo” es una de las obras cumbres de Neila.

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La campaña electoral catalana
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Luis Arias Argüelles-Meres | 21-11-2017 | 15:23| 0

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Podría decirse que ya estamos en vísperas del comienzo de la campaña electoral en Cataluña, de unos comicios autonómicos que surgen a partir de la aplicación del famoso artículo 155, que cuentan con un ex presidente de la Generalitat de Cataluña fugado en Bruselas, que cuentan también con varios exconsejeros en prisión y que, en fin, habría que añadir a todo ello las declaraciones de la señora Rovira, auténticamente explosivas, una declaraciones que se hacen sin aportar datos que muestren credibilidad.

Serán, así las cosas, las elecciones del artículo 155 y también las elecciones de la ‘posverdad’. Se puede dar por hecho que, a medida que el tiempo avance, según nos vayamos acercando al 21 de diciembre, seguirá habiendo petardazos declarativos, y habrá que ver si los candidatos que ahora están fugados o en prisión terminen por incorporarse a la campaña habiendo dejado atrás la situación actual. Todo se andará.

Y, por si todo esto fuera poco, las encuestas que vamos conociendo tampoco aclaran demasiado las cosas. No hay que descartar que vuelva a producirse una mayoría parlamentaria independentista, aunque, aun en ese caso, estaría por ver si llegan a un acuerdo todas las fuerzas políticas soberanistas. Tampoco hay que excluir la posibilidad de que, al final, se configure un Parlamento que, por falta de acuerdos en cualquiera de los frentes, haga ingobernable Cataluña y haya que repetir las elecciones. Y, en ese supuesto, el esperpento continuará.

Se puede asegurar que quienes condujeron a la actual situación no están dispuestos a hacer autocrítica. Me refiero, sobre todo, a los partidos soberanistas, pero también a Mariano Rajoy en el sentido de que el exponencial crecimiento del independentismo en Cataluña se debe, en parte, a no haberse tomado la molestia de combatir los argumentos de los partidarios de la secesión, o, al menos de haberlo intentado.

Y, por otra parte, habrá que ver cómo afrontan los independentistas su fracaso en política internacional, su DUI virtual, efímera y simbólica y su sentido de la realidad. ¿Con qué discurso se dirigirán a quienes confiaron en ellos, a quienes creyeron que su proyecto saldría adelante y sería apoyado internacionalmente?

Más que épica, lo que hay es comedia bufa. Y –lo que es aún peor– ni en las previsiones más pesimistas se podía prever que Cataluña y España, que España y Cataluña tuvieran que llegar a vivir una situación tan bochornosa que, me temo, está lejos de terminar.

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Para después de un debate
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Luis Arias Argüelles-Meres | 18-11-2017 | 09:55| 0

Acaso hayamos asistido al Debate de Orientación Política más atípico de los últimos años. Primero, con un presidente del Gobierno cuya despedida ya está anunciada. Segundo, con un nuevo secretario de la FSA que, aunque presente en la sesión, y siguiendo lo esperado, hizo de convidado de piedra. El cambio generacional que representa en la FSA el ex alcalde de Laviana supone, entre otras cosas, aparcar para la nueva legislatura un programa político que, al menos sobre el papel, será sustancialmente distinto al que intenta seguir Javier Fernández. Tercero, desde el primer momento, dio la impresión de que por parte del actual presidente hay un intento, al menos retórico, de desandar el camino e intentar de nuevo un pacto entre las tres formaciones de izquierdas que suman en la Junta una mayoría abrumadora que probablemente no se repetirá en lo sucesivo.

Mientras esto sucede, se pone claramente de manifiesto la desconfianza de Podemos e IU con respecto a los planteamientos de Javier Fernández. Desconfianza que, en el caso de la formación morada, no es ninguna novedad, pues desde el comienzo mismo de la legislatura se vio una falta de entendimiento total con la FSA; pero, en el caso de IU, podría decirse que esta desconfianza se vino forjando desde entonces, pues, según manifestó el propio Llamazares, el llamado pacto de investidura no fue cumplido por el Gobierno de Javier Fernández.

Aún así, al menos en materia presupuestaria, son posibles una serie de pactos que hasta ahora no se habían alcanzado, si bien, por parte del grupo parlamentario que apoya al Gobierno, está claro que ponen muchas reservas a la gratuidad de las escuela de 0 a 3 años, y que discrepan aún más con las propuestas del partido morado en materia sanitaria.

Por otro lado, el PP solo contó con el apoyo de Ciudadanos en su propuesta de rechazo a la oficialidad del asturiano.

Dos grandes soledades, la de un Gobierno que se va y la de un PP que ni siquiera tiene el apoyo de Foro Asturias en una de sus propuestas más rotundas en este debate.

No habrá oficialidad del asturiano mientras gobierne Javier Fernández, pero, ante la nueva ejecutiva de la FSA, también se descarta que el PP y el PSOE repitan su pacto presupuestario.

Lo que pudo haber sido y no fue, la imposibilidad de un gran pacto entre los partidos de izquierda, una atmósfera de ritual de despedidas.

A todo ello hay que sumar la incertidumbre en torno a modelos de financiación autonómica que se están pergeñando fuera de aquí.

Para después de un debate. Asignaturas pendientes que pasan su trámite de examen, sin esperanza y sin convencimiento.

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¡QUE CEDAN ELLOS!
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Luis Arias Argüelles-Meres | 15-11-2017 | 05:53| 0

Un aire frío que cortaba; un cielo luminoso que, sin embargo, no servía para crear un ambiente cálido. A la puerta de la Junta, protestas de los bomberos contra el partido gobernante. Intramuros, todo en orden, para escuchar el discurso de un presidente que, sobre todo en el tono de su perorata, parecía estar ya con un pie en el estribo.

Desde ese planteamiento, advirtió al resto de los grupos parlamentarios que se acababa el tiempo para alcanzar acuerdos. Tal mensaje iba sobre todo dirigido a los partidos de izquierdas. Tras haber pactado con el PP los presupuestos en el ejercicio anterior, invocó a Podemos y a IU a que esta vez el acuerdo fuese entre ellos. Ahora bien, no parecía muy dispuesto a ceder en lo que a su programa electoral se refiere. Se diría que les tocaba a los otros renunciar, si bien se mostró dispuesto a aceptar una de las propuestas de Podemos referida a la puesta en marcha de una Unidad Anticorrupción. Veremos.

Desde luego, las invocaciones a la consecución de acuerdos fueron continuas. También es cierto que, aun con autocomplacencias en la letra que no compaginaron mucho con el tono, no eludió enumerar los problemas más graves de Asturias, entre ellos, el declive demográfico. A este respecto, habló de las propuestas de su Gobierno, que, esperemos, tengan utilidad, porque lo cierto es que hasta ahora la despoblación sigue aumentando y cada vez son menos los alumnos que se matriculan en los centros docentes.

Sin necesidad de que lo reconozca, lo cierto es que, año tras año, perdemos población. Pues bien, si en el año y medio largo que le queda al frente del Gobierno lograse paralizar el referido declive, podría darse por satisfecho. Desde luego, fácil no lo tiene.

También se refirió a la necesidad de estructurar el área metropolitana, algo que está en la mente de todo el mundo, pero que ahí sigue como asignatura pendiente. Para ello, no solo habría que contar con el apoyo mayoritario del Parlamento autonómico, sino también con los ayuntamientos implicados. Y esto debería llevarse a cabo sin menoscabo de las alas. El equilibrio al respecto no está nada fácil.

Por otro lado, me parece muy optimista considerar que es historia el aislamiento de Asturias en lo que se refiere a las infraestructuras, del mismo modo que se echó de menos que fuese un poco más autocrítico en materia de políticas medioambientales, teniendo en cuenta no solo las alarmas por contaminación, sino también que, al mismo tiempo, se pretende promocionar Asturias como el Paraíso Natural del que tanto se viene hablando durante décadas.

Y, en fin, Javier Fernández, ya con un pie en el estribo, se quiere ir de la política pactando con la izquierda, con una izquierda que desconfía de su discurso. No tuvo a bien reconocer que pudo formar Gobierno gracias a IU, ni tampoco se tomó la molestia de admitir la incoherencia que supuso haber pactado con el PP los presupuestos.

Por último, una mera cuestión de cómputo. Al asturiano le dedicó unas pocas palabras, a la autocrítica, diría que ninguna, mientras que con la cuestión catalana se explayó a gusto.

Pues eso, ¡que cedan ellos!

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EL LARGO CAMINO DE LA OFICIALIDÁ DEL ASTURIANO
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Luis Arias Argüelles-Meres | 14-11-2017 | 14:54| 0

La oficialidad del asturiano vuelve a demandarse en el Día de Les Lletres

Si no recuerdo mal, fue en 2008 cuando se planteó la oportunidad de modificar el Estatuto de Autonomía de Asturias, planteamiento que no fue más allá de una mera declaración de intenciones, pues la referida reforma no llegó a hacerse. No obstante, en las primeras reuniones de aquella tentativa, se acordó que el asturiano fuese considerado «patrimonio lingüístico». Como se ve, la originalidad de tal aserto es deslumbrante.

Pues bien, en pleno ecuador de lo que será la última legislatura de Javier Fernández al frente del Gobierno llariego, la nueva Ejecutiva que salió de la FSA se marca como objetivo que la ‘oficialidá’ del asturiano llegue a tener carta de naturaleza. Entre otras cosas, está muy claro que tal cosa no ocurrirá durante el mandato del actual presidente del Ejecutivo autonómico, que nunca estuvo a favor de la ‘oficialidá’. Y, más allá de cualquier otra consideración, el cambio que esto supone en el discurso de la FSA da muestras del final de un ciclo político, que se remonta a los inicios de nuestra autonomía, pues, como bien se sabe, el PSOE viene siendo el partido hegemónico en Asturias. Y, según las últimas noticias que vamos conociendo, esa oficialidá tendrá un largo camino antes de que llegue a ser aprobada.

Ciertamente, a estas alturas, lo único que no hay al respecto es prisa, y sería muy deseable que ello no suscitase agrias polémicas y que fuese el resultado del mayor acuerdo posible. Tengo escrito en muchas ocasiones que, con respecto al asturiano, sobran prejuicios. No hay ningún motivo para considerar inapropiado que tenga carácter oficial una lengua que está tan cerca del latín y que su uso se encuentra tan cercano a nosotros en el tiempo. Y, desde luego, la mejor manera de evitar su desaparición es la ‘oficialidá’.

Sobran prejuicios, digo. Quienes argumentan que el asturiano académico no existe, tendrían que preguntarse antes cómo es posible que se hayan escrito novelas, relatos, poemas y obras teatrales, parte de ellas de gran calidad literaria, en un idioma inexistente. Ante quienes aducen la variedad del asturiano, hasta en los libros de texto de la ESO y Bachillerato, se habla de las diferencias diatópicas que se producen en cualquier idioma.

Ante quienes arguyen que es mucho más práctico aprender inglés que asturiano, convendría que reparasen en el hecho de que en las comunidades autónomas en las que existe cooficialidad, los alumnos no tienen un nivel inferior en su manejo de cualquier lengua moderna por el hecho de estudiar también su lengua autóctona. Los datos están ahí.

Ante quienes ponen el grito en el cielo advirtiendo de los enormes costes que provocaría la ‘oficialidá’, estaría bien que echasen un vistazo a los territorios con dos lenguas oficiales, comprobando que en ninguno de ellos la cuestión lingüística causa bancarrota en sus cuentas.

Prejuicios aparte, dado que el camino será largo, sería deseable que, en lo posible, se evitasen las polémicas enconadas, sin perder de vista que la ‘oficialidá’ del asturiano no tiene por qué seguir al pie de la letra lo que está legislado en otras comunidades autónomas. Se trataría de buscar el acuerdo internamente.

Y, como punto de partida, desde mi punto de vista, habría que dejar muy claro desde el principio que el castellano es tan nuestro como el asturiano, es decir, no se trata de confrontaciones, sino de sumas.

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¿INDEPENDENTISMO DE FICCIÓN?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 07-11-2017 | 09:53| 0

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Vicente Verdú, en el ensayo que tiene por título ‘El estilo del mundo’ (‘La vida en el capitalismo de ficción’), plantea que el capitalismo, desde la caída de la antigua Unión Soviética, aspira, sobre todo, a fabricar realidad, una realidad que sirva para el entretenimiento, que no está marcada en modo alguno por el rigor ni por la veracidad. Y lo cierto es que esta tesis podría extrapolarse, sin demasiado esfuerzo, al independentismo catalán. No sería en modo alguno inapropiado hablar de un independentismo de ficción, ficción en la que muchas personas han creído y siguen creyendo.

Se viene hablando del «relato independentista». ¿Relato? Si aceptamos el término, habría que añadir que tiene un componente muy fuerte de mito y de leyenda. Un territorio sofocado por un Estado asfixiante y que además se muestra intolerante con su lengua, con sus tradiciones, con su identidad. Como guinda, un Estado que es injusto a la hora de hacer balances económicos. Esto en el presente. Y, en cuanto al pasado, tienen referentes a la hora de hacer comparaciones, sobre todo la figura de Companys.

Todo parecía ir en serio, especialmente en el Gobierno de la Generalitat y en el Parlament. Todo desembocó en esa DUI tan rocambolesca que, al final, no la proclamó el Ejecutivo presidido por Puigdemont, sino el Parlament en una votación supuestamente secreta.

¿Y la realidad? Más allá de la aplicación del famoso artículo 155 de la Carta Magna, que suspendió al Gobierno de la Generalitat y que convocó elecciones, más allá de la fuga del señor Puigdemont a Bruselas, más allá de los encarcelamientos de Junqueras y otros consejeros, encarcelamientos que favorecen el llamado relato independentista, ¿qué se espera que acontezca a partir de las elecciones de diciembre?

Desde luego, el llamado relato independentista no llegó, ni mucho menos, a su fin. Desde luego, todo parece indicar que se trata de un relato sin desenlace, en el mejor de los casos, con un final abierto, que, antes de que concluya, se parece mucho más a un culebrón.

Desde luego, el nacionalismo catalán, históricamente hablando, tuvo sus héroes y su épica, pero aquello no era ficción, no era relato, sino tragedia. Y ya se sabe lo que puede pasar con la tragedia en el caso de que la historia se vuelva a repetir: más bien, una comedia bufa o un culebrón.

Puigdemont en Bruselas, probablemente candidato de su partido para presidir el Gobierno de la Generalitat. Exconsejeros en prisión, no sabemos durante cuánto tiempo. Clamores independentistas en las calles de Cataluña. Todo ello alentado por un independentismo de ficción que se viene fabricando desde hace décadas.

El ‘relato’ continuará. Servirá para que se hable menos de corrupción generalizada en toda la piel de toro. Servirá para fabricar héroes y villanos, que se intercambian sus papeles a ambos lados del Ebro. El ‘relato’ continuará, la comedia bufa también, usurpación de mitos, apropiación indebida de admirables personajes históricos. Para ellos, la historia y la realidad política no van en serio, pues forman parte de la ‘posverdad’.

¿Habrán leído a Gil de Biedma? ¡Ay!

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¿Deconstrucción o reconstrucción en Cataluña?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 31-10-2017 | 07:20| 0

Desde que Rajoy compareció dando noticia de que el 21 de diciembre habría elecciones en Cataluña, a resultas de la aplicación del artículo 155 de la Constitución, la madre de todas las preguntas consistía en saber si los partidos independentistas se presentarían a esos comicios convocados, dada la excepcionalidad de la situación, por el Gobierno de España. Y, tanto ERC como el PDeCAT, ya confirmaron que, en efecto, concurrirían. Sobre la CUP, siempre es pronto para saber algo definitivo.

Y era la madre de todas las preguntas porque, de no concurrir a las elecciones las formaciones independentistas, se antojaría casi imposible la más mínima esperanza del retorno a la normalidad política en Cataluña.

Aun así, las incógnitas son muchas. De entrada, habrá que ver cómo reaccionan los miembros del Gobierno autonómico cesados por la aplicación del mencionado artículo de la Constitución, sin perder de vista el proceso judicial al que se enfrentarán.

Será, sin duda, una campaña electoral muy atípica, marcada por los acontecimientos que vinieron sucediendo. Y, en todo caso, hasta que se conozcan los resultados, solo habrá, en el mejor de los casos, un compás de espera.

¿Deconstrucción o reconstrucción? No es fácil asimilar, socialmente hablando, haber vivido una situación ficticia. No es fácil que quienes no fueron capaces de alcanzar acuerdos cambien su disposición y se vuelvan dialogantes. No es fácil recuperar el sentido de la realidad y reconstruir la convivencia social.

Y no hablo solo de los puentes rotos entre Cataluña y España, sino también del conflicto interno dentro de Cataluña. No hay que descartar el descontento social de quienes pueden llegar a sentirse engañados. No hay que perder de vista que no se puede llevar a cabo una secesión con una mayoría parlamentaria exigua y atípica.

Sería muy deseable que todos hayan aprendido algo para que el problema no se agrande ni se enquiste. Se llegó demasiado lejos, se incurrió en algo quimérico. De un sueño de muchas personas, antes de convertirlo en pesadilla, hicieron un folletín, o, si se prefiere, un culebrón. Se jugó con fuego, sacando a relucir odios de los unos de los otros. Se puso de manifiesto la capacidad de tomar como asidero algo tan inconsistente como el resultado del referéndum del 1-0, de tan triste recuerdo para unos y para otros.

Es hora de recuperar la cordura, el diálogo y el respeto.

Cataluña es algo muy serio, algo muy importante, y no es de recibo convertir su vida pública y su futuro más inmediato en un galimatías que roza lo esperpéntico.

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Por la escalera de incendios
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Luis Arias Argüelles-Meres | 28-10-2017 | 03:50| 0

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Tras continuas idas y venidas del  Presidente de la Generalitat, el Parlament de Cataluña aprobó la resolución para declarar la famosa DUI. Lo han hecho, sí, pero la actitud de Puigdemont  fue, en el mejor de los casos, pusilánime, optó por zanjar el asunto saliendo por la escalera de incendios. Acalló, eso sí, a quienes podían reprocharle que al final los había traicionado. Pero, con su actitud hamletiana, a lo que da paso es a la incertidumbre y al caos.

No es de recibo declarar una DUI cuando los votos que representan sus partidarios no superan la mitad de los sufragios. No es de recibo afirmar que el referéndum de 1-O refleja la voluntad de la mayoría del pueblo catalán, entre otras razones, porque no se dieron ni de lejos las condiciones mínimas para considerarlo válido. Se podrá argüir que tampoco se les permitió hacerlo. Pero entonces tocaría abrir un periodo de negociaciones en busca de acuerdos mínimos. Lo que resulta insufrible es esa cerrazón de aferrarse a una falacia.

Tampoco cabe tomar como pretexto la aprobación de la puesta en marcha encaminada a aplicar el famoso artículo 155 de la Constitución. Cuando esto no estaba aún sobre la mesa, el discurso era el mismo.Se sabe que la DUI no sería efectiva. Pero es indudable que, con ella, la conflictividad  está garantizada.

Por la escalera de incendios se salió Puigdemont. Quienes apostaron por la independencia se sirvieron del descontento que no sólo es fruto del desapego entre Cataluña y España. Y se condujeron con un frenesí apabullante y abrumador hasta un extremo que hacía muy difícil reconducir la situación hacia un escenario de diálogo. Cuando fueron a darse cuenta, ya era muy difícil retroceder. Y, así, se decantaron por lo fácil, sin grandeza alguna.

En efecto, estamos viviendo la mayor crisis desde la muerte de Franco a esta parte. Y además esto sucede en un momento en el que la mal llamada clase política es más mediocre que nunca.  Todos –unos más que otros- nos han conducido al atolladero en que nos encontramos.

De todas las opciones disponibles, sin duda, la mejor hubiera sido convocar elecciones por parte del Ejecutivo catalán, unas elecciones con garantías, que, desde luego, tampoco garantizarían la resolución del conflicto, pero, al menos, nos hubiéramos ahorrado huidas hacia adelante como las protagonizadas por todo el bloque independentista y también la situación excepcional que se creará a partir de ahora con la aplicación del artículo 155 de la Constitución.

Me gustaría creer que no se va a seguir jugando con los sentimientos de las personas, que no se va a enfrentar a una sociedad, que de esta situación límite saldremos fortalecidos. Pero no hay motivos fundados para el optimismo, cuando el principal responsable político de Cataluña no da la cara tras continuos titubeos, cuando en el ámbito estatal la torpeza no está ausente.

Seguiremos asistiendo a continuos desencuentros, que sería deseable que al menos sirviesen para que el electorado tomase la palabra poniendo a cada cual en su sitio. Pero está por ver hasta cuándo se va a seguir celebrando la ceremonia de la confusión, hasta cuándo se va seguir esperando para que la ciudadanía recupere su protagonismo.

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