El Comercio
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TRES DÍAS DE OCTUBRE
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Luis Arias Argüelles-Meres | 12-10-2017 | 05:46| 0

Del júbilo a las lágrimas entre los independentistas

Víspera de la comparecencia del Presidente  Puigdemont en el Parlamento catalán. Toda la atención puesta en lo que ocurriría 24 horas después no sólo por la importancia del discurso anunciado, sino también por las muchas dudas que había al respecto. Porque, si bien estaba en el guion que se proclamaría la famosa DUI, los acontecimientos de los últimos días daban pie a que pudiera haber sorpresas.

En esa jornada de máxima expectación, se puso de manifiesto una vez más la mediocridad de la mal llamada clase política, acompañada de una ignorancia manifiesta en materia histórica. Verbigracia: las declaraciones del señor Casado en las que advertía a Puigdemont que podía correr la misma suerte que Companys. Claro, se refería a 1934 cuando fue detenido el entonces President de la Generalitat, pero todo el mundo recordó el fusilamiento del que fue víctima el mandatario catalán en 1940. Asimismo, desconocía el señor Casado que en el 34 lo que proclamó Companys no fue la independencia de Cataluña, sino un Estado catalán dentro de España. Un patinazo más que nos lleva a preguntarnos de nuevo si nos merecemos estos políticos.

Y, a propósito  de octubre del 34, nadie tuvo a bien recordar que en aquellos días fue detenido don Manuel Azaña, que había acudido a Barcelona al entierro de un ex ministro suyo, del señor Carner. No había prueba alguna contra don Manuel, ni tampoco se siguió un procedimiento legal. A resultas de su detención, el estadista republicano escribió un excelente libro salpicado de lúcidas reflexiones, “Mi Rebelión en Barcelona”. Su lectura provocaría asombro por la actualidad de muchos de sus planteamientos.

10 de octubre. Día D, en el que la hora H se retrasó, parece ser que como consecuencia de la falta de acuerdo entre los socios del Ejecutivo catalán. Puigdemont, tan pronto declaró la DUI, o hizo atisbos de ello, la suspendió, según sus propias palabras, para abrir el cauce a un diálogo que incluya mediación. O sea, independencia a plazos, independencia en diferido, independencia como un suspiro, también en el tiempo. Estuvo fino el señor Iceta al plantear al Presidente catalán que no se puede suspender una DUI que, al final, no se declaró formalmente.

11 de octubre. No deja se der paradójico que el destino haya querido que precisamente el señor Rajoy le exija a alguien que conjugue el verbo concretar. Al mismo tiempo, se tienen muchas dudas acerca de los derroteros que seguirá la CUP tras el desconcierto que provocó el discurso del Presidente catalán. Por cierto, fue llamativo que la portavoz de la CUP hiciese una reivindicación de la 2ª República española como punto de partida de lo que pretenden crear en Cataluña. Desde luego, no leyó a Azaña la diputada de la CUP. Por su parte, el señor Junqueras descarta que se vayan a convocar de inmediato elecciones en ese territorio.

11 de octubre. En el Parlamento español, Rajoy abre la sesión con un requerimiento a Puigdemont. Lo dicho: el propio don Mariano requiriendo que se conjugue el verbo concretar. A la espera de ello, vendría, se supone, la aplicación o no del artículo 155 de la Constitución. Farragosa intervención de la señora Robles, que escabulló las sombras del PSOE desde la transición a esta parte. Pablo Iglesias, por su parte, más moderado que nunca en el tono, incurrió en la ironía, lo que siempre se agradece, hablando de Rivera y de Aznar como hostiles, en el fondo, a Rajoy.

11 de octubre. Alguien tendría que darse cuenta de que, con el referéndum del día 1 de octubre, no se puede emprender camino alguno, entre otras cosas, porque nadie podrá reconocer que se celebró con las garantías mínimas. Alguien tendría que saber reconducir la situación también desde las instituciones estatales.

11 de Octubre, víspera de la Hispanidad. Bueno sería, incluso fantástico, que resucitase, también en las actitudes de todos, la España plural, con la Cataluña plural dentro. Desde luego, la DUI en diferido no es la desembocadura del conflicto, sino la continuidad, una continuidad que no genera menos incertidumbres que las hasta ahora existentes.

Tres días de octubre. ¿Vísperas de qué?

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Ante la musa del escarmiento
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Luis Arias Argüelles-Meres | 07-10-2017 | 02:49| 0

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“A una colectividad se le engaña siempre mejor que a un hombre”. (Pio Baroja).

Sí, hablo de la musa del escarmiento, la misma que invocó Azaña en uno de sus discursos más sobrecogedores cuando imploraba la paz, la piedad y el perdón. Sí, hablo de esa musa que, en términos históricos, no parece servir de mucho ante el conflicto que se vive en Cataluña. Por ello, ante la incapacidad manifiesta de extraer lecciones de la historia, sólo cabe apelar al escarmiento más reciente, a los tensos momentos que se vivieron el uno de octubre. Escarmiento que debería servirles a los unos y a los otros para percatarse de que el problema en Cataluña no podrá ser resuelto con medidas de orden público y que, sin el diálogo, vamos camino de una encrucijada aún mayor.

Estamos asistiendo a la fractura de una sociedad, a la ruptura de un pacto político que fue operativo durante décadas. Al tiempo que esto sucede, nos vamos acercando peligrosamente a una situación en la que las banderías den paso al odio y a las peleas más pueblerinas. Ese flamear de unas y otras banderas, esos topicazos de los unos contra de los otros. Ese juego tan arriesgado que consiste en valerse de los sentimientos de las personas, sentimientos atávicos y tribales que nos retrotraen a anacronismos funestos.

Tenemos, de un lado, el histerismo de los dirigentes independentistas que están situados en plena “posverdad” en el momento mismo en que el Presidente de la Generalitat se atreve a manifestar que los resultados del referéndum del 1-O son válidos y vinculantes. Frente a ellos, contamos con un Rajoy que sólo supo responder con medidas de orden público y que no tuvo a bien dirigirse a la sociedad catalana con una propuesta mínimamente persuasiva y que, desde hace años, con su torpeza, está colaborando continuamente en que el independentismo catalán se incremente sin cesar. Y, en medio de todos ellos, están los ingenuos que hablan de un federalismo, que no siempre parecen conocer muy bien, como la solución perfecta. A estos últimos, les sugiero un tránsito por la historia para que comprueben que las cosas no son tan simples.

Y, por otra parte, la alocución del Jefe del Estado, en la que no apeló al diálogo, puede que haya servido para acallar los planteamientos que hablaban de su ausencia del conflicto, pero tampoco despeja ningún camino.

Seguramente, esto no haya hecho más que empezar. Seguramente, asistiremos a la declaración de independencia por parte de las instituciones catalanas. Seguramente, habrá más movilizaciones. Y no se vislumbra es escenario alguno de negociación, que calme el histerismo de los dirigentes catalanes y que lleve a las autoridades estatales a otras medidas distintas a las que pusieron hasta ahora en práctica.

¿Hace falta una inteligencia privilegiada para ser conscientes de que el incesante incremento del independentismo en Cataluña no se resuelve sólo con medidas de orden público y con apelaciones a la ley y el orden? ¿Hace falta insistir en el clamor de que lo que toca es la política? ¿Hace falta recordar que aquí se abrió la caja de Pandora irresponsablemente y que  tal cosa les puso las cosas muy fáciles a unos dirigentes independentistas que, en conjunto, no son menos mediocres que los políticos estatales?

Llega la hora de la Política con mayúsculas. Lo peor de todo es que necesitaríamos unos políticos que estuviesen muy por encima de la mediocridad que predomina en este momento.

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Javier Fernández y sus recordatorios
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Luis Arias Argüelles-Meres | 03-10-2017 | 09:00| 0

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En su discurso en el Calatrava, el Presidente de Asturias hizo una loa a la lealtad, se envolvió en sus recuerdos y el pasado no fue un aderezo, sino que constituyó el eje central de sus palabras. Lo llamativo del caso es que, si bien es cierto que fue un ceremonial de despedida como máximo dirigente de la FSA durante los últimos 17 años, todo parece indicar que tiene voluntad de seguir gobernando Asturias hasta el fin de la Legislatura. O sea, fue un ritual de los adioses como líder del socialismo llariego, pero no una retirada como gobernante. Y eso tiene que ser conflictivo no sólo para el propio Fernández en su fuero interno, sino también para su propio partido en Asturias.

Loa a la lealtad, alusión a traiciones, metáfora de navegación con iceberg al fondo, rechazo del maniqueísmo, renuncia a la utopía. Discurso, como casi todos los suyos, muy elaborado, sin renunciar al lucimiento oratorio. Pero, ante todo y sobre todo, expresión de sufrimiento.

No solo habló el líder del socialismo asturiano durante los últimos 17 años, también lo hizo el dirigente socialista que se puso al frente de la gestora estatal, apostando por la opción más conservadora del partido, o, en todo caso, por la más antigua.

Javier Fernández, un político de otro tiempo que transitó desde el bipartidismo hasta el momento actual. Un fin del bipartidismo que en Asturias tuvo su hecho diferencial con la irrupción de Cascos, que, como él, venía de la vieja política. Un fin del bipartidismo que tiene que seguir lidiando con lo que significa Podemos en Asturias y en España.

Por otra parte, ¡qué clarificadora fue la carga emotiva de sus palabras cuando se refirió a Martínez Noval! Porque no hay que olvidar que durante 11 años Javier Fernández apostó por la bicefalia, esto es, siendo el máximo dirigente de la FSA no presidió el Gobierno de Asturias. Daría el salto en 2011, encabezando la candidatura socialista en Asturias y sería investido presidente en 2012 tras el adelanto electoral que decidió Cascos.

Así pues, dos etapas en su mandato al frente de la FSA. Pero a partir de 2011 no solo se rompió el bipartidismo en Asturias, sino que además empezaron los escándalos de corrupción con el ‘caso Renedo’ primero, con la fortuna de Villa después, con los dineros de cursos de formación de la UGT… De todos ellos, lo más doloroso fue lo de Villa, amigo personal y mandamás del partido que lo aupó a la secretaría general de la FSA.

Seis años lleva Javier Fernández soportando que el bipartidismo ya pasó a  la historia, algo que, como bien sabe el propio interesado, es irreversible. La gran incógnita es si los dos años que le restan al frente del Gobierno de Asturias serán de resistencia, de trámite, o si, antes bien, se asomará a un presente en el que no parece sentirse muy cómodo. Lealtad a un pasado cargado de episodios que le duelen. Brega con un presente que no le resulta cómodo.

Sin duda, motivos más que sobrados tiene para la congoja.

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¿Estadistas?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 30-09-2017 | 04:01| 0

Al final del artículo de opinión más influyente de la historia de España, Ortega hacía una invocación a reconstruir el Estado, o sea, a reinventar España. ¿Cómo no recordar el dramático llamamiento del filósofo en la encrucijada que estamos viviendo? ¿Cómo podemos evitar la desolación ante la ausencia de verdaderos estadistas en nuestra vida pública? Por un lado, tenemos la deriva de un independentismo que no ceja en su empeño de celebrar un referéndum que no podría cumplir las más elementales garantías democráticas. Frente a ello, está un Gobierno central que lo deja todo en manos del ámbito judicial y policial, sin espacio para la política. ¿De verdad alguien puede creerse que el problema catalán es un asunto de orden público, solo de orden público?

¿Tan difícil es percatarse del cúmulo de despropósitos y torpezas que hizo que el independentismo aumentase exponencialmente en Cataluña en los últimos años? ¿Tan difícil es caer en la cuenta del escapismo del discurso nacionalista, cerrado a cal y canto a negociar con el Gobierno y los partidos estatales los cambios necesarios para habilitar un marco político que permita salir de la actual situación?

¿No tendría que haberse acordado ya una propuesta conjunta por parte de los partidos estatales para buscar acuerdos con las formaciones políticas catalanas?

¿Cabe albergar la esperanza de que, tras el uno de octubre, la situación se desbloquee? Aún así, en el caso de que llegue a buen término la más favorable de las hipótesis, siempre habrá que lamentar que se haya tenido que llegar a una situación límite para que se entablen unas negociaciones que pongan fin a una situación de bloqueo que se pudo haber evitado.

Lo cierto que, hasta el momento, ni en la política española, ni tampoco entre las formaciones políticas nacionalistas, se percibe la presencia de dirigentes con visión de Estado. ¿Se merece el pueblo catalán estar sometido a estas prisas y a estos desafíos a resultas de la efervescencia de sus dirigentes políticos? ¿Se merece el pueblo español un Gobierno que en momento alguno haya optado por ejercer mínimamente una pedagogía política que plantease a la ciudadanía catalana opciones y argumentos para que el independentismo dejase de incrementarse de la forma en que lo vino haciendo en los últimos años?

Por desgracia, en lo que se refiere a la mal llamada clase política, no hay hecho diferencial entre la política española y catalana. Por desgracia, les aquejan los mismos males, entre ellos, la alarmante mediocridad que exhiben cada día. Por desgracia, para manejar una situación como ésta, se necesitarían dirigentes con talla y hechuras de estadistas.

Cuando, a finales de 1930, Ortega hizo su invocación a reconstruir el Estado, sí había gentes con esas hechuras fuera de lo que el filósofo llamaba la España oficial. Pero  me temo que ahora habría que buscar como Diógenes a gentes con visión de Estado capaces de superar la situación. Y dudo mucho que la búsqueda resultase exitosa.

Hacen falta estadistas en un país en el que no se quiere aprender del pasado, como en su momento advirtió Azaña. Y, a resultas de ese desconocimiento, toca reinventarse una vez más, pero esta vez sin guionistas ni actores que inviten a la esperanza.

La cita con la historia y con la responsabilidad llama a la puerta, será, insoslayablemente, el 2 de octubre.

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¿Había que llegar a esto?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 21-09-2017 | 06:27| 1

La noticia de la detención de 12 cargos de la Generalitat por parte de la Guardia Civil, aparte de la extrema gravedad que ello supone, da cuenta de que hemos llegado a una situación que se antoja casi imposible de reconducir. Dejando de lado las cuestiones legales que han llevado a esto, estamos viviendo un momento histórico de un dramatismo tremendo en lo que se refiere a la situación política del país.

Por favor, no nos confundamos. Lo esencial aquí no es desmontar los argumentos de los políticos de turno, tanto del independentismo como de los más ortodoxos defensores de la unidad patria. Para ambas cosas no hace falta demasiado ingenio. Aquí lo que está en juego es que hay una ciudadanía, la catalana, que cada vez está más por la labor de independizarse de España. Y, para resolver el problema, no basta con que se tomen medidas amparadas en el cumplimiento de la ley.

Sería muy sencillo hacer un pequeño recorrido en el tiempo que plasmase el continuo incremento del independentismo entre la ciudadanía catalana. Y, por otro lado, no deja de ser cierto que esto está siendo aprovechado por quienes buscan su huida hacia adelante intentando tapar sus miserias y corruptelas. Pero, insisto, el busilis no está en una trifulca entre políticos, sino en el sentimiento de una ciudadanía que cada vez se decanta más por el independentismo. Y esto –perdón por la perogrullada– no se puede ignorar y cada vez es más difícil de revertir.

Por otra parte, resulta desolador que una situación como ésta se produzca en un momento en el que la vida pública, a ambos lados del Ebro, está marcada por la mediocridad más ramplona.

Victimismo de unos que, como se dice ahora, rentabilizan políticamente. Inmovilismo de otros que, como viene siendo público y notorio, no tienen a bien hacer pedagogía política dirigiéndose a la sociedad catalana. No basta con aplicar la ley desde Madrid si se pretende evitar el creciente desapego. No vale soslayar ahora que se fomentó el anti-catalanismo buscando obtener con ellos más votos en el resto de España.

Desde luego, las patrañas de uno y otro lado resultan intragables. Desde luego, no se es más de izquierdas por reclamarse más nacionalistas. Desde luego, el llamado derecho a decidir no debe ceñirse en exclusiva a los territorios, sino a otras muchas cosas que marcan nuestro día a día.

Desde luego, el haber mirado hacia otro sitio sin haberse tomado la molestia de poner sobre la mesa argumentos convincentes facilitó y está facilitando la tarea de los independentistas.

Desde luego, pase lo que pase, lo más terrible es que todo esto ya llegó demasiado lejos.

Desde luego, pase lo que pase, cuando llegue el 2’ de octubre el panorama estará muy lejos de verse despejado.

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Carta abierta a Adrián Barbón
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Luis Arias Argüelles-Meres | 19-09-2017 | 05:21| 0

Por mucho que suene a topicazo, toca felicitarle por su triunfo en las primarias recién celebradas, así como desearle suerte en su cometido. Desde la defenestración de Pedro Sánchez, lo que más se debatió en el PSOE fue si tocaba seguir siendo el partido sagastino de esta segunda Restauración borbónica, o si, por el contrario, había que recuperar el legado moral e ideológico de una formación política que fue concebida para luchar contra la desigualdad, apostando por políticas sociales inequívocamente avanzadas. El resultado de ese debate es conocido: Sánchez, abanderando su ‘no’ a Rajoy fue revalidado por la militancia, y, en Asturias, defendiendo tesis similares, acaba usted de salir victorioso.

Sin embargo, me permitirá usted que le plantee mis reservas e inquietudes. Para empezar, el izquierdismo de don Pedro Sánchez fue, de algún modo, sobrevenido tras las elecciones adelantadas de junio de 2016, pues hasta entonces había esgrimido otro discurso y había pactado con la formación política liderada por el señor Rivera. Habrá que ver hasta dónde y hasta cuándo se mantiene en la órbita de la izquierda de don Pedro.

Centrándonos en Asturias, convendrá conmigo en que, habiendo sufrido tantos mazazos relacionados con la corrupción en Asturias, como el ‘caso Renedo’ y el ‘caso Villa’ entre otros, necesitamos ver no solo gestos, sino también políticas que se desentiendan totalmente de las personas que incurrieron en semejantes fechorías.

En Asturias, salvo la legislatura en la que gobernó Marqués y el año incompleto de Cascos, desde la preautonomía, gobernó la FSA. Sería maniqueo negar luces, pero solo desde la ceguera y el cinismo se podrían negar sombras, no pocas y muy alargadas. Toca romper con muchas cosas y con muchas dinámicas totalmente rechazables. Aun suponiéndole la mejor voluntad para ello, no lo tiene usted nada fácil.

Y, por otra parte, teniendo en cuenta las trayectorias de personas como doña María Luisa Carcedo y doña Adriana Lastra, cuesta creer que representen a un nuevo PSOE totalmente desvinculado de lo que vino siendo la FSA durante décadas.

El señor Sánchez y usted se reclaman de izquierdas y reivindican la ideología progresista para su partido. Aquí no es fácil, con un Javier Fernández que cita a Cánovas sin nombrarlo y que pacta antes con el PP que con Podemos.

Y, por otra parte, habrá que ver la composición de su nueva ejecutiva, habrá que ver si en ella están las personas más capaces y más alejadas de lo que vinieron siendo las grandes sombras de su partido.

Fíjese: no solo toca el cambio generacional, toca además que esa nueva generación sea de ruptura.

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Riopedre y sus palabrotas
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Luis Arias Argüelles-Meres | 16-09-2017 | 09:33| 0

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«Bien puede haber puñalada sin lisonja, mas pocas veces hay lisonja sin puñalada». (Quevedo).

Detesto los linchamientos y me parece muy poco estético sumarse a ensañamientos contra el muñeco de pimpampum de turno. Y, en el caso que nos ocupa, está de más decir que Riopedre tiene todo el derecho del mundo a defenderse y a impugnar la sentencia del llamado caso Renedo en lo que a su persona concierne.

Dicho esto, por un lado, cabe recordar que lo que alega el ex consejero no es nuevo, pues se manifestó en términos muy semejantes cuando compareció en la comisión que se creó sobre el caso en el Parlamento autonómico.

Y, miren, me llama mucho la atención que, por así decirlo, ‘confiesa’ haber dicho expresiones inapropiadas, o sea, ‘palabrotas’, y cabe colegir que eso que reconoce se refiere a alguna de las conversaciones telefónicas que se grabaron en las investigaciones sobre el proceso judicial que aquí nos trae.

Y, por mucho que en la sentencia se recoja que parte de sus actuaciones tuvieron como causa la voluntad del ex consejero de favorecer a la empresa de su hijo, don José Luis niega tal cosa, al tiempo que manifiesta que nunca fue sabedor de posibles irregularidades de otras personas. Y, como guinda a todo ello, pone de relieve que lleva un tipo de vida austero, esto es, que no se enriqueció a resultas de su cargo.

Por si todo ello fuera poco, se reclama luchador por la justicia y la democracia, y, en este sentido, la sociedad podría sentirse en deuda con él. No llega al extremo de considerar que la democracia llegó gracias a su actividad política, pero sí afirma que luchó en pro de las instituciones democráticas.

Así las cosas, a través del comunicado enviado a la prensa por el despacho de abogados que se encarga de su defensa, se pretende transmitir la imagen de un combatiente por la democracia y de un hombre austero con una capacidad de resistencia muy estoica.

No hay autocrítica de su gestión, no se siente responsable político de lo que pudieron haber hecho otros cargos de su consejería. Sólo se reconoce, así pues, una posible debilidad: haber dicho palabrotas en conversaciones privadas. O sea, pecados veniales.

¿Nos lo podemos creer?

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Aquiescencia y conciencia
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Luis Arias Argüelles-Meres | 13-09-2017 | 05:45| 0

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«Les juro, señores, que tener una conciencia sobradamente sensible es una enfermedad, una verdadera y auténtica enfermedad». (Dostoievski).

La sentencia del llamado caso Renedo pone claramente de manifiesto que hubo aquiescencia del ex consejero Iglesias Riopedre a la hora de permitir que la señora Otero favoreciese a las dos principales empresas implicadas en este sumario con contratos fraccionados y, en varios casos, sin que se hubiese tenido lugar la publicidad necesaria para que otras firmas pudiesen concurrir. Y, a resultas de los tratos de favor concedidos a las empresas de marras, doña María Jesús recibió determinadas compensaciones. Por su parte, el ex consejero incurrió en tratamientos de favor a Igrafo a cambio de contratos para la empresa de su hijo.

A tenor de los que establece la sentencia, cabe suponer que el ex consejero mirase hacia otro lado en determinadas operaciones de la señora Otero, pues se puede barruntar que esta persona era conocedora de lo que acontecía con la empresa del hijo de don José Luis.

Todo esto acaeció en la consejería responsable de la enseñanza en Asturias, de una consejería a cuyo frente estuvo una persona con una trayectoria política de izquierdas y que siempre se declaró defensor de la educación pública.

Y, por otra parte, la sentencia pone de relieve que la señora Renedo cometió irregularidades, con falsificaciones de firmas y pagos por obras inexistentes, entre otras lindezas.

Aquiescencia y conciencia. Más allá de los recursos que puedan interponerse a la sentencia que hemos conocido ayer, la sensación que produce su lectura es demoledora. No sólo nos preguntamos en manos de quién hemos estado durante casi una década, sino que además se nos deja meridianamente claro cuáles eran los principales afanes y desvelos del señor Riopedre durante el largo ejercicio de su cargo como consejero de Educación.

Parece claro que no sólo fallaron los controles en ambas consejerías, sino que además se utilizaron los cargos en el asunto que nos ocupa, bien para favorecer asuntos de familia, bien para enriquecerse. Y esto, a la vez, indigna y deprime.

Por otra parte, con independencia de que la Audiencia pueda reunirse la próxima semana para decidir si dicta prisión provisional para las personas encausadas, el estupor que venimos padeciendo con esta historia desde que la juez Pandiella tomase sus primeras decisiones, no sólo ha sido permanente, sino que además no dejó de incrementarse conforme se van conociendo más detalles sobre el asunto.

Para mayor baldón, se viene a decir que no es posible cuantificar con precisión el montante económico que ha supuesto para las arcas públicas toda esta historia. Y, en este sentido, nos importa mucho más la restitución material que ninguna otra cosa, aunque no cabe ser muy optimistas al respecto.

Por último, agradecería que, a la hora de esgrimir argumentos en su defensa, no se nos diga que la democracia está en deuda con alguno de los encausados, porque tal cosa supondría pervertir y emponzoñar el concepto mismo de democracia.

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Incertidumbres astures
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Luis Arias Argüelles-Meres | 11-09-2017 | 08:44| 0

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«La inteligencia de un individuo se mide por la cantidad de incertidumbres que es capaz de soportar». (Immanuel Kant).

Se dio la circunstancia de que en el mismo fin de semana coincidieron en Asturias dos grandes acontecimientos deportivos y la fiesta de la autonomía. A ello hay que añadir la convulsión mediática y social que está generando en todo el país el llamado problema catalán, omnipresente en los discursos institucionales llariegos.

En efecto, en la ceremonia de la entrega de las medallas que otorga cada año el Gobierno asturiano, Cataluña estuvo presente en el discurso del jefe del Ejecutivo, lo cual no es ninguna novedad. Por su parte, en el Parlamento autonómico, los grupos políticos también se pronunciaron acerca del contencioso existente entre las instituciones catalanas y el Estado. Don Javier Fernández, en su discurso institucional con motivo del día de Asturias, también se ocupó del conflicto catalán. Y, como colofón a todo esto, en la liturgia en Covadonga, la máxima autoridad de la jerarquía eclesiástica en Asturias felicitó a nuestro presidente por su defensa de la unidad en España.

Así las cosas, en Asturias, la armonía impera en las relaciones entre la Iglesia y Estado, al tiempo que, tras varias décadas de autonomía, en esta tierra no hay una fiesta cívica, al margen de las devociones marianas. Se ve que tal cosa no es apremiante.

En todo momento me pregunté si fue pertinente que el problema catalán tuviese tanto protagonismo en unos actos institucionales en los que tocaba hablar de nosotros mismos, de nuestro presente, de nuestros horizontes, de nuestros problemas, de nuestras esperanzas.

Es insoslayable –y perdón por la obviedad– que el problema catalán es grave, porque, de consumarse la independencia de ese territorio, significaría un estrepitoso fracaso de España como nación, y eso no nos puede resultar ajeno. Por tanto, que se haya hablado de este asunto desde los ámbitos institucionales astures no es en modo alguno extraño, pero eso no tenía que haber llevado a lo que sucedió: hablando de Cataluña, preocupación y dramatismo; hablando de Asturias, ambigüedades y topicazos que ocuparon el tiempo y el espacio de haber abordado los grandes problemas que hay en esta tierra. Incertidumbres astures ante un futuro inquietante mientras no se detenga el declive demográfico, mientras no se despejen las incógnitas del necesario cambio generacional en los partidos políticos tradicionales, mientras no se tenga claro qué proyecto de Asturias tienen todos, también los nuevos partidos.

Y, por otra parte, los días pasados dejaron una lección muy clara: la Asturias oficial iba por un lado, mientras que la Asturias real se hizo notar con su entusiasmo en la etapa de L’Angliru y en el derbi futbolístico. Y, por favor, no me vengan con memeces supuestamente sesudas que desprecian las pasiones por el fútbol y el ciclismo, entre otros deportes, pues tales pasiones dan cuenta de una sociedad que está muy viva y que no sufre letargo alguno, a pesar de la clase política que soporta y que incluso tolera.

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¿Una España plurinacional?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 08-09-2017 | 04:19| 0

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“Pocas cosas hay tan significativas del estado actual como oír a vascos y catalanes sostener que son ellos pueblos <<oprimidos>> por el resto de España. La situación privilegiada que gozan es tan evidente que, a primera vista, esa queja hará de parecer grotesca. Pero a quien le interese no tanto juzgar a las gentes como entenderlas, le importa más notar que ese sentimiento es sincero, por muy injustificado que se repute”. (Ortega y Gasset en 1921).

Mientras se libran continuas batallas en el Parlamento catalán entre los partidarios del referéndum independentista y sus detractores, está sobre la mesa la propuesta de Pedro Sánchez que aboga por una España “plurinacional”, propuesta que también está suscitando polémicas y chanzas, incluso por parte de gentes de su propio partido. Y, en el momento en el que el líder del PSOE planteó, “al menos”, la existencia de tres naciones dentro de la madre España, hay quienes se hacen oír reclamando que sus territorios también lo son, como es el caso de Andalucía.

Antes del famoso “café para todos” de Clavero Arévalo, se hablaba de una España descentralizada con tres grandes autonomías: Cataluña, el País Vasco y Galicia. Pero se optó por un Estado autonómico, en el que unos territorios alcanzarían su techo competencial antes.

¿Cómo no recordar las declaraciones que hizo en su momento Tarradellas en las que puso de manifiesto que “Cataluña no podía ser tratada igual que la Mancha”?  Aquello originó una fuerte polémica, porque se consideró que el planteamiento del líder catalán significaba que unos territorios tendrían más derechos que otros. Y no se interpretó que los derechos de la ciudadanía son per se, es decir, que no tendrían que sufrir menoscabo alguno en función de dónde se gestionan la sanidad y la educación, que lo esencial sería que esos servicios públicos fuesen de calidad.

El hecho fue que la cuestión terminológica se resolvió al dividir los territorios en “nacionalidades” y “regiones”, terminología que trajo su polémica, pero que, con mayor o menor reparo, se acabó aceptando.

Podría haberse construido un modelo territorial con tres grandes autonomías. No obstante, se optó, como sabemos, por el modelo actual cuya base teórica podría relacionarse con las tesis que en su momento defendió Ortega y Gasset en su ensayo “La redención de las provincias”.

Pero ahora, a la espera de lo que vaya a suceder a partir del 1 de octubre,  toca reinventar la llamada vertebración territorial. Y hay motivos sobrados para poner en duda que un cambio terminológico que hable de “naciones” en lugar de “nacionalidades” vaya a resolver la situación.

Serán muchos los territorios que se reclamen “nación”, considerando que no merecer tal consideración significaría aceptar una inferioridad de condiciones que no estarían dispuestos a aceptar.

Sin embargo, la cuestión es mucho más profunda, pues, de entrada, habría que tener muy claro qué se entiende por nación. Escuchemos a Renan: “Tener glorias comunes en el pasado, una voluntad común en el presente; haber hecho juntos grandes cosas, querer hacer otras más; he aquí las condiciones esenciales para ser un pueblo… En el pasado, una herencia de glorias y remordimientos; en el porvenir, un mismo programa que realizar… La existencia de una nación es un plebiscito cotidiano”.

Escuchemos a Ortega y Gasset: “Repudiemos toda interpretación estática de la convivencia nacional y sepamos entenderla dinámicamente. Los grupos que integran un Estado viven juntos para algo: son una comunidad de propósitos, de anhelos, de grandes utilidades. No conviven por estar juntos, sino para hacer juntos algo”.

Pregunta retórica: ¿Están nuestros políticos a la altura de plantear un proyecto de Estado en el que haya sitio para esos anhelos de nación que se respiran en determinados territorios de España? Desde luego, los conceptos que al respecto desliza Pedro Sánchez son, buenas intenciones aparte, simplistas y ñoños.

¿Alguien defiende un proyecto de Estado en el que no se paguen más o menos impuestos en función del territorio donde se vive, en el que, por el desempeño del mismo trabajo, se perciban sueldos diferentes? ¿No habría que discutir y pactar esto?

La idea de nación puede ser aplicada a más territorios de los que propugna Pedro Sánchez, entre ellos, por supuesto a Asturias, sin que esto signifique que, en nuestro caso, haya una voluntad secesionista. Urge resolver el problema territorial, y la agenda de la vida pública así lo marca.

El problema, como ya escribí, no es que haya unos políticos en Cataluña más o menos desnortados, sino que el independentismo fue creciendo en los últimos años en la ciudadanía de este territorio, y eso, desde una óptica democrática, no se puede soslayar.

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