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Fecha: diciembre, 2013
1914: El año de las grandes efemérides
Luis Arias Argüelles-Meres 31-12-2013 | 2:53 | 0

«Cuando en el fondo de los hogares se nombre a los muertos y se rece por ellos, cada boca tendrá un relato distinto, y serán cientos de miles los relatos, expresión de otras tantas visiones, que al cabo habrán de resumirse en una visión, cifra de todas. Desaparecerá entonces la pobre mirada del soldado, para crear la visión colectiva, la visión de todo el pueblo» (Valle-Inclán).

 

Al cisne modernista le torcerían el cuello. Al arte tradicional, lo deshumanizarían. A Ortega, según Madariaga, se le volvería loca la modelo, es decir, Europa. Con el estallido de la Primera Guerra mundial, el siglo XX comenzaría a llorar en su cuna, y la criatura tuvo una vida muy, pero que muy violenta. Porque el siglo XX no arrancó hasta las vanguardias que sepultaron al XIX.

Y, como el año que ya llama a la puerta, está  destinado a  ser el de las grandes efemérides centenarias, procede que, a modo de recordatorio, demos  algunas pinceladas.

A propósito del estallido de la 1ª Guerra Mundial, entre las muchas cosas olvidadas de lo que aquello, culturalmente hablando,  supuso para España, conviene recordar que hubo destacados intelectuales, como Azaña y Valle- Inclán, que ejercieron como corresponsales de guerra para destacados periódicos de entonces. Las palabras de Valle que encabezan este artículo las escribió como corresponsal de guerra. Esta tarea la ejerció también uno de los asturianos más destacados del siglo XX, el veiguense Augusto Barcia Trilles, diputado republicano  y ministro con Azaña, único asturiano que presidió, aunque sólo durante 24 horas, un Gobierno español, concretamente, en mayo de 1936.

La intelectualidad española era, salvo alguna excepción muy rara, aliadófila. Pues veían en Inglaterra y Francia los baluartes de la modernidad y la democracia que querían traer a nuestro país. Ser aliadófilo en 1914 significaba apostar por el fin del aislamiento español. Azaña lo dijo muy claro hablando contra lo que don Manuel definió como “germanofilia”: “¿A qué reduciríamos la España presente y futura si extirpáramos de ella esa raíz por la cual nos unimos al tronco de la civilización, raíz por la que absorbemos, como savia común, las angustias y  los goces, las aspiraciones y los sinsabores de que participa el género humano? La reduciríamos a un catálogo de cosas pintorescas, peculiares, típicas, sin valor general  porque habríamos ahogado la llama interna”. Esto es, adiós al casticismo.

A propósito de la vida cultural española y asturiana, Julián Marías dejó escrito en su biografía sobre Ortega que 1914 fue el año que en su maestro “se dio de alta en la vida pública”. Es el año en el que publica su primer libro, Meditaciones del Quijote, en el que pronuncia su famosa conferencia Vieja y nueva política en el madrileño Teatro  de la Comedia. Y será en el verano del 14 cuando visite Asturias y entre en contacto con Fernando Vela, que se convertiría en su hombre de máxima confianza, hasta el extremo de que es una figura clave en la creación y en la andadura del más importante proyecto cultural de Ortega, esto es, la Revista de Occidente.

A resultas de aquella visita a Asturias en el verano del 14, Ortega publicaría en El Espectador su ensayo sobre nuestra tierra, certero y hermoso a la hora de describir nuestro paisaje, donde se encuentra además la definición más perfecta que conozco acerca de nuestros hórreos: “Menudo templo, tosco, arcaico, de una religión muy vieja, donde lo fuera todo el Dios que asegura las cosechas”.

Apuntemos, también a propósito de Ortega, que el filósofo militó durante un tiempo en el Partido Reformista de Melquíades Álvarez y que Asturias fue la región española donde el autor de La Rebelión de las Masas tuvo más discípulos.

2014 será un año de grandes efemérides en España y en Asturias. Toca, pues, recordar y rescatar mucho de lo sucedido hace cien años. Tomado en serio, nos resultaría muy, pero que muy provechoso. Y es que, como dijo, Burckhardt, «la Historia es el registro de lo que un período encuentra digno de mención en otro»

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En el centenario de Antón de la Braña (1913-1986)
Luis Arias Argüelles-Meres 29-12-2013 | 11:58 | 2

En la Biblioteca pública de Pravia que lleva el nombre de Antón de la Braña, seudónimo teatral de Manuel Antonio Arias,  acaban de tener lugar unas jornadas de homenaje con motivo del centenario de su nacimiento a este maestro de escuela, natural de  Corias de Pravia, autor de libros de texto escolares, comediógrafo, poeta, etnógrafo y narrador. Las referidas jornadas se celebraron los días 26 y 27 de diciembre, si bien la exposición que muestra muchos de sus libros publicados, así como fotografías y poemas inéditos, se prolongará a lo largo del mes de enero.

Para hacerse una idea del significado de la trayectoria docente y literaria de Manuel Antonio Arias hay que partir en primer término de un contexto histórico muy claro: fue un maestro de la República, que se formó bajo los postulados de la Institución Libre de Enseñanza. Bien mirado, el Estado que se proclamó el 14 de abril del 1931 fue en no pequeña parte la culminación de los afanes pedagógicos de la referida Institución cuyo principal referente fue don Francisco Giner de los Ríos. Y la 2ª República apostó por dignificar las condiciones de trabajo de aquellos maestros tan magníficamente formados.

Habría que resaltar en primer término que Manuel Antonio Arias empieza a destacar muy joven, tanto en sus publicaciones en la prensa regional y nacional como en la temprana edad, antes de cumplir 20 años,  en la que empezó a ejercer como maestro interino en las localidades salenses de Labio y la Arquera, hasta que aprobó las oposiciones de magisterio en plena República. En cuanto a lo primero, es muy significativo que Constantino Suárez lo incluya en su monumental obraEscritores y artistas asturianos. Como muestra de su sorprendente madurez intelectual, habría que destacar su pequeño ensayo La Escuela y la guerra, publicado en 1933.

Su trayectoria docente y literaria, como la de muchos maestros y escritores de su época, se vio truncada tras la guerra civil. Tras un tiempo sin que se le permita ejercer el magisterio, ya en la posguerra, reanuda su actividad como maestro en Cornellana, donde ejercería durante 25 años, y se vuelca en el cultivo del teatro, más concretamente en la comedia asturiana, cuyas obras firma con el seudónimo de Antón de la Braña, entre las que destacan El adiós a la quintana, Xuiciu de faltes yLa última rosa. Por otro lado, se vuelca en las publicaciones escolares, especialmente en las cartillas de lectura “Amiguitos”, que durante décadas tienen una enorme presencia en las escuelas de España. A ello, hay que sumar sus colaboraciones, casi siempre de asunto etnográfico, en el RIDEA, entonces, IDEA.

Las jornadas de homenaje con motivo del centenario de su nacimiento sirvieron no sólo como recordatorio de su andadura profesional y vital, sino que también pusieron de relieve la porosidad de un hombre cuya vida transcurrió entre las aulas y los libros, una vida muy pegada a una realidad social en la que Manuel Antonio Arias quiso influir departiendo e impartiendo conocimiento.

Manuel Antonio Arias Manolo Arias, Manolo el maestro, Antón de la Braña, mi padre.

No sería de justicia terminar este artículo sin hacer mención a la extraordinaria calidad de las ponencias que leyeron Isidro Suárez Menéndez, Alberto Polledo Arias y Pablo Rodríguez Medina. También quiero expresar mi gratitud por la implicación y esfuerzo en estas jornadas de Antonio del Solar, Alcalde de Pravia, de la concejala de cultura Valle Iturrate, del escritor y cronista Pepe Monteserín, de la asociación de vecinos de Corias de Pravia y de la bibliotecaria Cristina Jerez. Todos ellos apostaron por homenajear lo que fueron los trabajos y los días de alguien que hizo de su compromiso con el saber su modo de vida.

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“El sistema soy yo” (Tras el discurso navideño del Rey)
Luis Arias Argüelles-Meres 28-12-2013 | 2:51 | 0

 

En efecto, el guión se cumplió. No hubo sorpresas en el mensaje navideño del Monarca. Un rosario de consignas, no siempre bien hilvanadas, que, por encima de todo, dejaron manifiestamente claro que el actual Jefe del Estado pretende continuar en su puesto, y que no se siente en ninguna medida concernido por el creciente desánimo de  la ciudadanía a  base de continuos mazazos de corruptelas y empobrecimiento.

“El sistema soy yo”, vino a decirnos, incidiendo en el progreso y en la consolidación de las libertades que se produjeron tras la Constitución del 78, pero sin asumir la gravedad del momento presente y sin ofrecer otra cosa que no sea continuismo.

Bien pensado, todos los líderes políticos y sindicales apuestan en la teoría por la regeneración y la transparencia en la vida pública, así como en un reparto más equilibrado a la hora de cargar con las consecuencias de la crisis. Pero nadie admite ser parte del problema. Pero nadie apunta soluciones concretas, más allá de vagas declaraciones retóricas que a nada comprometen. Pero nadie admite la posibilidad de dejar la antorcha en otras manos.

Pues bien, algo muy similar a esto percibí en el mensaje navideño del nieto de Alfonso XIII Todos sabemos muy bien que su credibilidad no es en modo alguno comparable a la que tuvo en los primeros años de su reinado. Y que esa pérdida de credibilidad no es consecuencia de conspiraciones judeo- masónicas,  sino de la propia realidad, de la que se conoce e intuye.

Nadie podrá negar que, en el presente desarme moral, el Rey no es visto por la mayor parte de la sociedad como una esperanza, sino como alguien que forma parte del mencionado proceso.

Miren, para un republicano convicto y confeso como el arriba firmante, el busilis de la cuestión no está en afear a quien representa a la Monarquía, sino en argumentar qué sistema político es más democrático  y racional. Y, aun así, no pretendo ocuparme de ello en este artículo, tan sólo me limito a analizar un discurso que tiene mucho en común con lo que pueden esgrimir los actuales líderes políticos y sindicales, que tampoco son referentes para la sociedad actual, que simplemente los toleran sin entusiasmo alguno.

Fíjense, a día de hoy, como hace cien años le sucedía a la primera Restauración borbónica, el  sistema languidece. Las causas están muy claras. Las responsabilidades (perdón por la obviedad) son compartidas.

Y, en este sentido, el mensaje navideño del Rey puso sobre el tapete dos carencias muy claras. Ni es un gran orador, como bien se sabe, con lo que su capacidad de persuasión no va muy allá, ni tampoco su credibilidad se encuentra en un gran momento.

Con lo cual, “el sistema soy yo”, esto es,  su mensaje, en el mejor de lo casos, produjo escepticismo generalizado, por mucho que los dos grandes partidos se decanten por alabanzas cortesanas.

Mensaje navideño sin épica ni lírica. De consigna en consigna y sigo porque me toca.

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¿Ingobernabilidad astur?
Luis Arias Argüelles-Meres 24-12-2013 | 11:23 | 2

Hablaba Juan Neira en su certero artículo del 22 de diciembre en EL COMERCIO de la debilidad en la que se encuentra el Gobierno que preside Javier Fernández tras el rechazo de sus antiguos aliados parlamentarios a los presupuestos para 2014. Nunca se sabrá, en última instancia, cuáles fueron los motivos que llevaron al Presidente llariego a cerrarse en banda a la hora de llevar a cabo la reforma electoral que le pidieron IU y UP y D. En cualquier caso, cabe dar por hecho que, al tomar esa decisión (o indecisión), tenía que ser consciente del riesgo que corría. Siempre podrá argüir que se trata de negociaciones distintas y que el asunto de las cuentas para el año próximo debería ser analizado y debatido por los grupos políticos sin tener en cuenta otros temas. Pero no hay que perder de vista que todo el mundo tiene derecho a esperar gestos de buena voluntad por parte de quien le va a pedir –velis nolis- su apoyo. Añádase a ello que la actual ley electoral es –perdón por la perogrullada- susceptible de mejora. Y, con respecto a los argumentos esgrimidos de que la tal reforma precisaba de un consenso amplio, casi unánime, no se entiende bien que no se buscase eso mismo para otras cuestiones, no necesariamente menos relevantes.
Sea como fuere, resultaría poco coherente que Javier Fernández decidiese ahora proclamarse víctima del resto de los grupos parlamentarios, pues incurriría con ello en lo mismo que el actual Presidente criticó duramente a Cascos cuando el ex ministro de Aznar estuvo al frente del Gobierno llariego. Y, desde luego, el victimismo colisiona de frente con la normalidad de la que hizo bandera don Javier desde el momento mismo de su investidura.
Cierto es que, puestos a buscar incoherencias, las encontramos en todos los grupos de la Cámara, incluidos, por supuesto, los que hasta hace poco fueron aliados del Gobierno. Lo que pasa es que le corresponde al Ejecutivo dar muestras de mayor responsabilidad política, y no se tiene la impresión de que don Javier y los suyos hayan agotado todas las posibilidades para conseguir el acuerdo presupuestario.
Se diría que, en cierta medida, volvemos al punto de partida, al momento en el que Cascos decidió adelantar las elecciones. Y, aunque no es previsible que tal escenario político vuelva a repetirse, no parece que se haya avanzado tanto ni que la tan cacareada normalidad esté rocosamente sustentada. Bien es cierto que el ambiente es menos bronco, pero acaso eso no resulte suficiente para una estabilidad que, a priori, parece deseable.
Y lo peor de todo no son las consecuencias de la prórroga presupuestaria, ni siquiera el marasmo que se avecina con una falta de entendimiento que, a medida que se vayan acercando las próximas elecciones, promete ir a más. Lo peor es que la ingobernabilidad presente se vislumbra duradera, entre otras cosas, porque el bipartidismo tocó a su fin en Asturias en 2011, anticipándose, en esto sí, a lo que ahora transmiten las encuestas en el resto de España.
Y –entiéndase bien- , de suyo, no es negativo ni preocupante el fin del bipartidismo: lo que sucede es que, en un escenario sin mayorías absolutas, se requiere un clima de entendimiento entre distintas fuerzas políticas que ahora se nos fía largo y casi impensable.
Las relaciones entre los partidos de derechas (suponiendo que el PSOE sea de izquierdas en algo más que en sus siglas) siguen siendo tan irreconciliables en Asturias como en 2011 cuando tenían una mayoría absoluta ciertamente amplia. Y, en cuanto al PSOE y a IU, no hay que perder de vista que en esta coalición la militancia tiene mayor peso efectivo que en otras formaciones. Recuérdese a este respecto que fue esa misma militancia la que se pronunció en contra de que se entrase en el Gobierno de Fernández, tras haber formado parte del último Ejecutivo que presidió Areces.
Por su parte, lo que hasta el momento se puede destacar de UPy D, a la hora de dar o quitar apoyos de Gobierno, es su posibilismo.
De modo y manera que si toca ahora gobernar con prórroga presupuestaria, cabe barruntar que la presente situación podrá fácilmente repetirse en más de un ejercicio durante la próxima Legislatura.
No es fácil ver de otro modo el estado de la cuestión.

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Esos días que pesan
Luis Arias Argüelles-Meres 23-12-2013 | 12:40 | 1

“Es inútil callar la verdad. Todos estamos mintiendo al hablar de regeneración, puesto que nadie piensa en serio en regenerarse a sí mismo”. (Unamuno).

Don Perogrullo sabe que los días pasan siempre, pero acaso no habrá advertido que, en ocasiones, también pesan, y cuánto. Son esas jornadas en las que todo se nos viene encima, desde la incomodidad climática, hasta el flujo de las noticias, pasando por las servidumbres laborales. Todo son inconveniencias, de tal suerte que nos sentimos atrapados y aplastados, sabedores de que los suspiros de alivio tendrán que esperar, como mínimo, hasta el día siguiente. Invito a que nos situemos en una fecha muy reciente. La juez Alaya ordenando el registro de una sede de U.G.T. El Juez Ruz disponiendo lo mismo en la sede central del partido que en estos momentos gobierna España con mayoría absoluta. Y, para mayor baldón, tuvimos noticia de un escandaloso incremento de la tarifa eléctrica que, por fortuna, parece estar reconduciéndose.
Días que pesan, digo. No es precisamente baladí que el sindicato que en su día fundó Pablo Iglesias esté bajo sospecha. No es ninguna fruslería que el partido que sustenta al actual Gobierno del país tenga a un ex tesorero en prisión, al tiempo que un magistrado de la Audiencia nacional parece tener indicios fundados de que el PP no fue muy claro en la forma en que se financiaron determinadas obras de reforma en la sede de su partido.
Y, cuando se difundieron tan ejemplarizantes acontecimientos, perduraban el malestar y la indignación resultantes de las informaciones que se van filtrando en torno a cómo se vino gestionando la entidad bancaria madrileña a cuyo frente estuvo en su momento el señor Blesa.
Días que pesan sobre el ánimo de una ciudadanía que se sabe sin referentes en la política y en el mundo sindical y que no puede no sentirse engañada y exprimida. ¿Con qué autoridad moral pueden dirigirse al país los ex Presidentes González y Aznar, que no consta que hayan renunciado a sus pensiones por el alto cargo desempeñado en su momento cuando reciben retribuciones más que generosas de empresas eléctricas que hacen recaer sobre el conjunto de la ciudadanía el peso de su ambición, con la propuesta de subida del precio de la luz que acaban de hacer? ¿En calidad de qué están los citados ex presidentes ejerciendo como consejeros de empresas de ese sector? ¿Acaso por los muchos acontecimientos que atesoran en la materia?
Días que pesan sobre una ciudadanía que es consciente de que la corrupción en España no es patrimonio de un solo partido político corrupto del que sería muy fácil librarse en la próxima cita electoral. Días que pesan sobre una ciudadanía que asiste a la demostración con hechos de que las reglas del juego que se aplican son injustas y arbitrarias.
El señor Rajoy dice estar tranquilo a pesar del registro ordenado judicialmente en la sede de su partido. Por su parte, don Cándido Méndez no sólo no dimite, sino que ni siquiera tiene a bien sonrojarse por lo que viene sucediendo en su sindicato.
Pesan días así en los que se comprueba que en la vida pública española nadie parece estar dispuesto a regenerarse a sí mismo. Pesan días así en los que la ciudadanía, además de humillada y ofendida, no puede no sentirse estafada.
Encima, la lluvia y el frío parecieron juramentarse para hacer ver que hasta qué punto estamos desprotegidos para combatir sus inclemencias con las tarifas eléctricas que pretenden imponernos. Formaron parte, así, de una puesta en escena de indignante e inaceptable indefensión.

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