El Comercio
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Fecha: junio, 2014
¿Nuevos tiempos en el PSOE?
Luis Arias Argüelles-Meres 29-06-2014 | 1:37 | 0

«Porque hay todavía gentes en España que no se sienten gobernadas si el que manda no les manda a puntapiés. Y existen los otros, los que echan la mano por el hombro confidencial y amistosamente y dicen al oído: ‘¿Te dejas corromper?’. Con ninguna de estas dos castas de españoles tenemos nosotros nada que hacer en la República». (Azaña, en 1933).

 

Rubalcaba anuncia que abandonará el Parlamento en septiembre. Y, por otra parte, en la campaña por liderar el PSOE, resulta curioso que haya sido Pedro Sánchez el que más avales logró, cuando se da el caso de que se trata del candidato con menos discurso y más topicazos. Le sigue en esa carrera Eduardo Madina, que se dedicó en su campaña a buscar titulares periodísticos y no a concretar qué partido quiere y, con ello, qué proyecto de país propone. Por su parte, Pérez Tapias, que en todo momento reivindicó la memoria del partido y que se acompañó siempre de su tono profesoral, es el que menos vales consiguió de los tres, lo que no significa necesariamente que no pueda haber sorpresas en las primarias. El antecedente que supone Borrell es una referencia inexcusable al respecto.

Pero, incluso emplazándonos en el mejor de los supuestos, es decir, que venciese un candidato firmemente decidido a regenerar el partido que en su día fundara Pablo Iglesias, la tarea que tiene por delante no es nada fácil. ¿Se puede acabar de un plumazo con todo el caciquismo que se aloja en las casi innumerables agrupaciones locales de esta formación política? ¿Se puede desterrar de tantos y tantos dirigentes la convicción tan íntima como inconfesa de que ellos son casta privilegiada y pueden atesorar más derechos y riquezas que el resto de la ciudadanía? Por supuesto, que ambos problemas no son exclusivos del PSOE, pero los tiene y muy arraigados.

Y, en otro orden de cosas, un partido que, desde el 82 a esta parte, gobernó este país durante 21 años no puede no sentirse corresponsable en no pequeña proporción de los grandes problemas que tiene hoy España: desde esa mentalidad servil que denunciaba Azaña allá por 1933, y que recuerda a quienes daban vivas a las cadenas en los episodios galdosianos, y que aún no fue desterrada del todo, hasta una corrupción generalizada que está muy lejos de atajarse.

Y es que, aun en el caso de que el PSOE que salga del próximo Congreso, esgrimiese un discurso coherente y con un proyecto de país acorde con lo que se supone que es un partido de izquierdas, seguiría teniendo un problema de credibilidad que sólo podría ser superado con hechos, unos hechos que difícilmente podrían plasmarse si la ciudadanía no les concede la oportunidad de gobernar, bien sea ayuntamientos, bien sea autonomías, bien sea el Gobierno de España.

¿Nuevos tiempos para el PSOE? No les queda otra que reencontrarse con su legado histórico como un partido que no puede renunciar a una sociedad más justa, más libre y mejor instruida. Y, desde ese reencuentro, dar respuestas a los desafíos de hoy.

Desde el 82 a esta parte, el PSOE dilapidó lo que Santos Juliá llamó con acierto «la didáctica» de Felipe González: «A este compromiso global de cambiarlo todo sin revolucionar nada se añadía un mensaje moral: los socialistas eran portadores de una nueva ética política, de un proyecto de regeneración moral del Estado y de la sociedad. Había que acabar de una vez con la corrupción que ha permitido a la derecha dedicarse permanentemente al reparto de las prebendas en vez de gobernar. Moralizar la vida pública y erradicar la chapuza constituyeron motivos centrales de la didáctica de Felipe González».

Cuánto se dilapidó y se malbarató desde el 82 a esta parte! Eso es lo que ahora le toca recuperar al PSOE, proyecto de país incluido. Tal recuperación se antoja poco menos que milagrosa, pero, si se quiere evitar que el declive siga yendo a más, es necesaria para sobrevivir políticamente hablando, dejando atrás tantas renuncias y tan indigeribles renuncios.

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“Fame d´ amor”, una novela poderosamente clásica
Luis Arias Argüelles-Meres 28-06-2014 | 1:35 | 0

Fame d’ Amor’, último premio Xosefa Jovellanos de novela, bebe en la tradición picaresca, sobre todo en Quevedo. Novela también lupanaria, con continuos guiños a Pérez de Ayala, que tienen el interés añadido de tratarse de una novela escrita en asturiano, llingua en la que Ayala hizo sus pinitos sin llegar nunca a dejar atrás la diglosia, pero demostrando técnica y conocimiento para desplegar un potencial con el que, sin duda, contaba.

Lo quevedesco con episodios descacharrantes, como el que se desata en un intento inocente de desbloquear la cremallera de una falda, como un malogrado polvo en el que comparece el alma de un gato que tenía por nombre Calígula, como la situación que se crea cuando unas señoras indignadas van a buscar a sus respectivos maridos a un prostíbulo en el que se encuentran en ese momento los personajes principales de la novela. Como las perversiones de un notario que es el principal cliente de otro de los lupanares en los que recalan.

Pero no sólo nos encontramos ante una novela con marcados guiños a la tradición literaria a los que hay que sumar un importante inventario de situaciones hilarantes. Además, hay un manejo de los recursos narrativos digno de admiración, que nos dirigen, entre otros emplazamientos, a un mundo universitario decadente y, en no pequeña medida, esperpéntico.

‘Fame d´ Amor’ es, asimismo, la continuación de otra novela ‘Vivir ensin probalo’, que se publicó en 2009, lo que no impide que pueda ser leída sin necesidad de acudir a la anterior en busca de cabos sueltos. Y es, sobre todo, una suerte de educación sentimental del protagonista, que cuenta sus experiencias amatorias de fracaso en fracaso, que explica sus lances eróticos como una historia de frustraciones que provocan en el lector, al mismo tiempo, risas y ternura.

Tras un primer matrimonio, asfixiante y castrador, Casiano Casanueva busca en su día a día un relato que dé sentido a su vida, a una vida marcada por la pasión literaria y por esa búsqueda de la que venimos hablando.

Novela, digo, poderosamente clásica, escrita con oficio. No se pierdan la entrada en la historia de la profesora alemana que llega a Oviedo en busca de los escenarios de las novelas de Pérez de Ayala. No se pierdan tampoco la relación que se establece entre el narrador-personaje y una alumna suya que asiste a un taller literario en busca de lecturas decisivas. No se pierdan las idas y venidas de Casiano por un mundo en descomposición del que pretende refugiarse mediante la docencia, la lectura y unas cuantas desventuras que no pueden no enternecernos.

No se pierdan la andadura por el discurrir narrativo de una novela escrita con una voluntad de estilo más que lograda, voluntad de estilo que encuentra cauce expresivo en una llingua a la que tantos ‘bien- pensantes’ le quieren seguir firmando su partida de defunción, pero que sigue dando muestras de que con ella es posible y plausible la buena e incluso excelente literatura.

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Hedores continuos en la vida pública española
Luis Arias Argüelles-Meres 27-06-2014 | 3:20 | 2

«En los comienzos del año 1880, hízose más patente la invasión del positivismo en las almas de los afortunados políticos que entonces estaban en candelero. El sabio consejo de un estadista francés que dijo a sus contemporáneos ‘enriqueceos, que ningún hombre público agobiado por la pobreza puede hacer la felicidad de su Patria’, fue tomado al pie de la letra por los que aquí pastoreaban el rebaño nacional» (Galdós. ‘Cánovas’).

 

En un mismo día, se hace pública la petición de procesamiento de la infanta Cristina por parte del juez Castro, dimiten Magdalena Álvarez y Willy Meyer, la primera renuncia a su cargo en el Banco Europeo de Inversiones (BEI), mientras que el segundo deja su escaño europeo, tras descubrirse su suscripción a un particular fondo de pensiones en Luxemburgo, fondo de pensiones al que, según parece, renunció también doña Elena Valenciano. (Entre paréntesis: el precandidato a liderar el PSOE Alberto Sotillos se manifestó a favor de que dimitan los eurodiputados socialistas que se acogieron a este fondo de pensiones tan favorable a la hora de exoneraciones impositivas). Por su lado, doña Rosa Díez reconoció haberlo suscrito en sus tiempos de eurodiputada. Como guinda de tan exquisito pastel, la juez Alaya sigue incrementando el listado de autores de facturas falsas en el ‘caso de los ERE’ andaluces, y, aun así, don Cándido Méndez no sabe y no contesta. ¡Qué ejemplaridad para un líder obrerista!

De toda esta catarata de acontecimientos tan virtuosos, sólo el eurodiputado de IU reconoció haber dimitido por un comportamiento nada acorde con el discurso político esgrimido por su formación política y también por el propio interesado.

Por su parte, doña Magdalena Álvarez declaró que su dimisión se debía al acoso y derribo del Gobierno de Rajoy y no a los autos de la juez Alaya. Como ataque a la inteligencia, no está nada mal. Podría haber añadido la ex ministra de Fomento que desempeñó el cargo del que acaba de dimitir para poner su valía al servicio del interés general y que estaba perfectamente cualificada para ello, que no se trató de un nombramiento por favoritismo. Y que, por supuesto, es víctima de una conjuración judeo masónica. ¡Ay!

Y, doña Rosa, muy regeneracionista ella, se salió por peteneras.

Todo esto, como digo, en un solo día. ¿A alguien puede sorprenderle que haya tanta desafección hacia la política? ¿Tan extraño les puede resultar a algunos que la abstención en las convocatorias electorales sea creciente? Y, sobre todo, ¿hay argumentos serios para considerar que la indignación ciudadana se pueda circunscribir a lo que algunos pretenden llamar gentes antisistema? No habrá una nueva era, ni monárquica ni republicana, mientras continué la misma clase política al frente del país. La actual podredumbre no se va a regenerar a sí misma.

Aquí huele mucho más a podrido que en la Dinamarca de Hamlet. Aquí, no puede haber mayor hartazgo ante el hecho de un día sí y otro también la crónica política y la crónica de sucesos vayan tan acordes.

Aquí, nadie se extraña al encontrarse con noticias de corrupción y nepotismo. Nadie se extraña, pero eso no quiere decir que se asuma con indiferencia.

¿Nadie quiere darse cuenta de que cada vez da más la impresión de que, en lugar de haber proyectos de país, lo que existen son intereses personales y clientelares, que algo tan clásico como aquello de la mujer del César, ya no reza para nadie, ni siquiera para muchos miembros del Tribunal de Cuentas que no se sonrojan por el gran número de familiares que tienen en la susodicha institución su puesto de trabajo?

¿De verdad se puede esperar que la corrupción desaparezca de un día para otro y por el juego de birlibirloque mientras la regeneración no sea una apuesta que vaya en serio y empiece a avalarse con hechos?

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ESTÉTICA DE LO INFORMAL (EN EL CIERRE DEL BAR ALKOR)
Luis Arias Argüelles-Meres 24-06-2014 | 7:30 | 2

¿Cómo es posible que podamos llevar dentro de nosotros mismos lugares en los que nunca hemos estado o que, como mucho, sólo hayamos visitado fugazmente? Es, entre otros, el caso del bar Alkor, en el que sólo entré una vez a saludar a una persona. Sin embargo, siendo adolescente, ya sabía de la existencia de este establecimiento, toda una estética de lo informal, obligada cita para huir de lo solemne. Fíjense ustedes hasta qué extremo fue una estética de lo informal que se sumó a la provocación fonética y conceptual que en tantos y tantos casos supone la ‘K’. Se sumó y, en gran medida, se anticipó.

Transcurrieron los años, y durante los veranos de los últimos cursos de facultad, pasaba por delante de ese bar camino de una academia en la que di clases. Pasaron los años, y muy cerca del bar Alkor también estuvo siempre un pub que es todo un clásico de la noche vetustense, por al que todos acudimos con mayor o menor frecuencia. Pasaron los años, y durante varios cursos transité la calle donde siempre estuvo ubicado ese bar camino del colegio de La Gesta a buscar a mi hijo. Pasaron los años y el Alkor siempre estuvo ahí.

Cantaban los loros, se sabía que el consumo de pipas era importante. Se iba a deshora en el caso de no pequeña parte de un estudiantado que acudía allí con irreverencia del cumplimiento del horario lectivo.

Toda una estética de lo informal, insisto, tan necesaria y oxigenante. No era un lugar para el sibaritismo. Lo que lo convertía en parada obligatoria para tantos y tantos era la necesidad de pasar un tiempo lejos de convencionalismos, lejos de actitudes hieráticas, lejos de toda seriedad, lejos de toda trascendencia.

El cierre del bar Alkor supone el fin de no pequeña parte de la intrahistoria de Oviedo, supone el punto de no retorno para un lugar de referencia de nuestra educación sentimental, supone pena en el momento presente y asegura nostalgia futura, una nostalgia que ya va tomando forma en todos nosotros.

Y es que no se prodigan mucho los lugares en los que toca reírse, en los que toca burlarse de toda rigidez, en los que toca dislocar toda seriedad, en los que toca liberarse de tanto formalismo. Toca reírse de casi todo, toca sonreírse con sorna. Y para todo ello hace falta un lugar al que acudir, unos compañeros de viaje con quienes compartir tales necesidades.

Nunca visité el altillo del bar Alkor del que tanto se habla. Pero me cuesta poco imaginarlo. Reloj de la cotidianidad que, parodiando el bolero, no contaba las horas, sino que las burlaba. Horas –y muchas– que pasaron, sin la compañía empalagosa de sentimentalismos ñoños. Pasaban porque tenía que pasar volviéndole la espalda a la rutina, a la vida reglada.

Tiempo, mucho tiempo. Años, muchos años. Longevo bar que se contagió, estoy convencido de ello, de la larga vida de los loros, que, en otra etapa, habrían tenido un dueño pirata.

Piratas de lo cotidiano los frecuentadores del bar Alkor. Piratas que quisieron y pudieron disfrutar de algo tan adorable como la informalidad.

¡Larga vida al bar Alkor! ¡Larga vida a sus moradores que nunca querrán perder sus encuentros con toda una estética de la informalidad!

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¿Qué nos cabe esperar?
Luis Arias Argüelles-Meres 22-06-2014 | 1:41 | 3

“Otro tiempo vendrá distinto a éste/. Y alguien dirá: / «Hablaste mal/. Debiste haber contado/ otras historias’’. Ángel González.

 

Relevo en la Corona, proceso de primarias en el PSOE, que vive una imparable deriva de decaimiento que llevó a Rubalcaba a anunciar un congreso extraordinario tras el descalabro sufrido en las elecciones europeas que, de paso, también le dieron un tremendo varapalo al bipartidismo. Nuevos tiempos si se piensa que el ocaso del actual sistema político no puede ser mayor. Declive por la mediocridad manifiesta de la mayor parte de los dirigentes de la vida pública. Declive por un grado de corrupción tan intolerable como hediondo. Declive por el fracaso que supone el creciente independentismo en una Cataluña que cada vez se siente más incómoda en el actual modelo político territorial. Declive por la ceguera y sordera de una mal llamada clase política que sólo parece tener fuerzas para protegerse a sí misma, al tiempo que desatiende demandas ciudadanas que son clamores que no pueden no ir a más.

El Monarca recién coronado se comprometió en su discurso a que su institución sea ejemplar. Y, más allá de otras muchas consideraciones que podrían hacerse al respecto, si el reto de su padre consistió en hacer de España un país democrático, el envite que tiene ante sí su heredero es, además de legitimarse democráticamente, mostrar la utilidad de su reinado en la medida en que el país se regenere. No lo tiene fácil, ciertamente.

Y, al tiempo que sus retos están ahí, con demandas ciudadanas que no permiten grandes esperas, los clamores republicanos se hacen oír.

Y es que, se quiera o no, un tiempo nuevo ha comenzado ya en el que la ciudadanía no va a seguir tolerando tanta corrupción y tanta mediocridad, en el que la ciudadanía se ve obligada a elevar el listón de su exigencia, en el que la ciudadanía no sólo se cuestiona la forma de gobierno, sino también el actual Estado autonómico, tal y como está conformado, en el que la ciudadanía se sabe con derecho a ser escuchada, en el que la ciudadanía demanda que los partidos tengan de verdad un proyecto de país más allá de las consignas y obviedades que insultan a la inteligencia y que son de una inutilidad manifiesta.

El nuevo Monarca no sólo tiene que legitimarse demostrando con hechos que va en serio su apuesta por la regeneración y la ejemplaridad pública, sino que además también debe hacerlo dando paso a que deje de ser un tabú el debate sobre la forma de gobierno.

La actual Constitución, que facilitó el relevo en la Jefatura del Estado, tendrá que ser –velis nolis– reformada. No es de recibo que se plantee que es, como los antiguos Principios del Movimiento, permanente e inalterable.

¿Qué nos cabe esperar en este tiempo nuevo en el que el país, azotado por la crisis, con un desapego e indignación crecientes, no está, parodiando a Dickens, para grandes esperanzas, sino para expectativas irrenunciables que no podrían verse satisfechas con maquillajes lampedusianos ni con cosméticas improvisadas?

Toca convencer con hechos al Monarca, a los partidos y a los sindicatos. La asignatura pendiente se llama regeneración. Y toca superar esa prueba. Todo lo demás será alargar una agonía que llevamos padeciendo demasiados años.

Lo importante y lo irrenunciable es hacer de España un país respirable. Toca ir en serio a todos, poniendo sobre el tapete sus ideas y proyectos. Toca que todo pueda ser debatido democráticamente. Todo lo demás sería la prolongación de una decadencia cuyo único destino es la indignación y el desapego crecientes en una ciudadanía que ya comenzó a dar avisos de su hartazgo.

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