El Comercio
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Fecha: julio, 2014
María Antonia Iglesias y los maestros de la República
Luis Arias Argüelles-Meres 31-07-2014 | 3:31 | 1

Coincidí con María Antonia Iglesias el 14 de marzo de 2007 en un acto organizado por la Universidad de Oviedo y la editorial Septem a propósito de su libro sobre los maestros de la República. Podría decirse que la historia, la memoria viva y la ficción se unían para homenajear a un colectivo que fue la vanguardia de un proyecto de país, el de la II República, marcado por un irrenunciable afán pedagógico al que consideraban principal instrumento para la emancipación ciudadana que resultaba imprescindible para que España se pusiera a la altura de los tiempos. La historia de los maestros republicanos la plasmaba ella en su libro. La memoria viva de su significado la representaba Hilda Farfante, hija de unos maestros de Cangas del Narcea, que encontraron la muerte camino de la escuela. Y la ficción la ponía mi novela ‘Parte de posguerra’.

Lo que más me llamó la atención de la periodista recientemente fallecida fue su vitalidad arrolladora. Todo un carácter, acompañado por una información enorme no sólo acerca del libro que acababa de presentar, sino también acerca de la política española más reciente. Y, al mismo tiempo, resultaba muy llamativo que coincidiésemos totalmente a la hora de valorar el significado que tuvieron los maestros republicanos y, sin embargo, en lo concerniente a la época felipista, nuestros puntos de vista fuesen realmente opuestos. Para nadie es un secreto la admiración y devoción que María Antonia profesó siempre por Felipe González y todo su entorno político, lo que le llevó a conocer a fondo aquella época a través de sus principales protagonistas.

De hecho, en un libro suyo publicado en 2003, ‘La memoria recuperada. Lo que nunca nos han contado Felipe González y los dirigentes socialistas’, se ponen de manifiesto no sólo sus simpatías innegables hacia el felipismo, sino también la información de primera mano de la que se sirve para esa especie de ensayo y reportaje periodístico.

Periodista, como digo, privilegiadamente informada, mujer enérgica con inagotable capacidad de trabajo, nunca se anduvo con medias tintas a la hora de plasmar sus filias y sus fobias. También manejó envidiablemente el que es a mi juicio el subgénero periodístico más meritorio y difícil, el de la entrevista.

Al final, el gran público la conoce sobre todo por sus comparecencias en debates televisivos donde el rigor, la elegancia y la objetividad no son los elementos predominantes.

Con todo, con sus luces y sombras, con su prédica que nunca fue equidistante, no se le puede negar a María Antonia Iglesias que fue una gran periodista, parte de cuyas obras serán de obligada consulta para conocer las últimas décadas del siglo XX en España. Y, a la hora de señalar lo más sobresaliente de su trayectoria periodística, no cabe duda de que fueron sus entrevistas en las que consiguió un equilibrio arriesgado y nada fácil: compaginar el sello personal de la entrevistadora con lo esencial de la persona entrevistada.

Descanse en paz una periodista cuya pasión política la alejó de todo sosiego.

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Sobre el papelón de la FSA en la puesta de largo de Sánchez como secretario general del PSOE
Luis Arias Argüelles-Meres 29-07-2014 | 12:40 | 6

No despierta en mí entusiasmo alguno el nuevo secretario general de PSOE, sobre todo porque sólo se prodiga en topicazos y consignas, sin dejar patente que, además de todo eso, tiene un discurso y un proyecto de partido y de país. Tampoco acierto a explicarme la inconsciencia de tantos, desde políticos a analistas de la vida pública, en el sentido de que estamos en vísperas de un nuevo tiempo en la política española que se escenificará tras las próximas elecciones municipales y autonómicas donde el vuelco anunciado no será del PP al PSOE o viceversa, como vino sucediendo hasta ahora, sino que se tratará de muy distinta cosa, de una fragmentación con la que habrá que acostumbrarse a convivir, entre otras cosas, porque el bipartidismo está en horas bajas ante la pérdida más que merecida de credibilidad entre la ciudadanía.

Dicho esto, el papelón que protagonizó la FSA en el Congreso de la puesta de largo del señor Sánchez fue memorable. Miren, me cuesta mucho creer que el nuevo secretario general del PSOE esté decidido a cambiar su partido más allá de cosméticas lampedusianas ciertamente poco fiables. Pero, aún así, le tiene que resultar muy difícil dar preponderancia a la federación socialista más conservadora y anquilosada de España. Porque, miren ustedes, la FSA no está dispuesta ni siquiera a cambios cosméticos.

Don Javier Fernández representa como nadie la vieja política a la que se refirió Ortega justamente hace cien años a propósito de la España oficial de la Restauración. El presidente de Asturias no apuesta decididamente ni por la limitación de mandatos, ni por la eliminación de sinecuras a los políticos, ni por un replanteamiento de ya viejo «café para todos» de Clavero Arévalo, ni por una reforma del sistema electoral. Don Javier es el conservadurismo puro y duro por mucho que los nuevos tiempos en política ya estén llamando a la puerta por mandato de la ciudadanía. Cualquier cambio con apariencia de regeneración lo tilda de demagógico. Y, por otro lado, en el supuesto de que vaya en serio que el PSOE del señor Sánchez se decante por una solución federal, tendrá en frente al mandatario asturiano que quiere que se conserve intacto lo realmente existente en lo que toca a la vertebración territorial de España.

No creo –insisto– que haya en el señor Sánchez una inequívoca voluntad de cambio. Pero es que con don Javier en un puesto decisivo de la nueva Ejecutiva del PSOE ni tan siquiera podría aparentarlo.

Todo un papelón el de la FSA en el Congreso del PSOE. Papelón que empezó mal puertas adentro en los prolegómenos de su representación en Madrid. Papelón que también empezó mal por parte de los aduladores mediáticos del señor Fernández que lo retrataron con una carga de profundidad intelectual equiparable casi a Fernando de los Ríos a Luis Araquistáin, o a Julián Besteiro. Y, dicho sea con todos los respetos, no es, ni mucho menos, para tanto. Papelón que terminó mal aceptando una especie de pedrea que en modo alguno puede empañar un fracaso anunciado.

Mal asunto es para el señor Sánchez haber asignado un cargo relacionado a una representante de la FSA en políticas municipales cuando hubo en Asturias alcaldes de este partido que se hicieron acreedores al recuerdo de la obra de Arniches titulada ‘Los caciques’. Y queda alguno como el actual regidor de Grandas de Salime.

Incorregible FSA y fiel a su conservadurismo a ultranza, jalonado por episodios que casi nadie tiene a bien recordar. Por ejemplo, cuando se produjo la dimisión de González como secretario del PSOE nombrando heredero a Almunia, la intervención de la FSA no se salió del guion hablando de su inquebrantable lealtad a González y a Guerra, sin dar acuse de recibo del cambio que acababa de producirse.

Sánchez se plegó a la voluntad del socialismo andaluz apoyándose en una federación mucho más numerosa. Premio de consolación para un Javier Fernández con el que Zapatero tampoco contó demasiado. Sin Rubalcaba como punto de apoyo, la FSA es tan marginal en el PSOE como lo es Asturias para España.

FSA, reducto de la vieja política de un PSOE que recorre su travesía del desierto desde las elecciones de 2011. FSA, liderada por un secretario general que estuvo casi de vacaciones durante el arecismo y que gobierna Asturias desde 2012 a resultas de las peleas goyescas de la derecha llariega. Que gobierna Asturias con un recetario de vieja política, recetario caduco y trasnochado.

Sánchez se decantó por la aritmética, es decir, por doña Susana, y no se atrevió a poner en primera línea al paradigma de la vieja política.

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España vista desde el noroeste
Luis Arias Argüelles-Meres 27-07-2014 | 1:47 | 1

Tras el Día de Santiago, fiesta de Galicia, Día también del patrono de España, ¿nadie tiene a bien preguntarse sobre la utilidad de cómo es vista España desde y por el noroeste? ¿Nadie se plantea lo saludable que sería, si no la asunción, sí al menos la incorporación de esa mirada escéptica sobre un país que nunca consiguió ser aquello que Ortega definió como «un sugestivo proyecto de vida en común», abordando el concepto de nación que en su momento expuso Renan? Recuerdo el comienzo de la novela «El secreto de la lejía», de la escritora gallega Luisa Castro, donde decía que una de las ventajas de su tierra era el escepticismo con que se encaraba todo, que, a su vez, tenía como ventaja, no rechazar la posibilidad de casi nada.

:: AFP Un peregrino en la santiaguesa Plaza del Obradoiro.Escepticismo gallego y coña asturiana, una mezcla de un potencial extraordinario. A propósito de esto último, Alarcos, a la hora de analizar la poesía de Ángel González, dio completamente en la diana: «Quizás es Ángel González el que mejor representa en la lírica lo que puede llamarse tono asturiano: una mezcla de humor irónico, de melancolía, de sobriedad expresiva, de natural profundidad y poco colorido».

¡Cuántas pasiones inútiles y cuántos patrioterismos desbordados y desbordantes se evitarían con la suma de la retranca asturiana y del escepticismo gallego a la hora de intentar construir un proyecto de país con cabida para todos, sin obligación para nadie y sin amnesias históricas tan imperdonables como dañinas!

Resulta que sobre el apóstol que cierra España hay muchas objeciones históricas sobre su presencia en carne mortal en nuestro país. Resulta que sobre Prisciliano también hay grandes interrogantes. Le coincide a Galicia su día con una festividad netamente española, de una España que poco hizo históricamente por combatir el aislamiento y la pobreza de esa tierra. Y resulta que el despertar de Galicia fue impulsado en no pequeña parte por una escritora que a su vez resultó decisiva en su momento para la modernización de la poesía española, Rosalía de Castro? Resulta que Asturias no se siente en verdad sofocada por la omnipresencia de España, sino que viene haciendo de su insularidad existencial el modo de estar en el mundo. A este respecto, el de la insularidad existencial de Asturias, remito al comienzo de «Doña Berta», de Clarín, de aquel paisaje virgen y aislado que describe a la perfección esto que digo. Y resulta, por otro lado, que el conjunto de eso que llamamos España poco tiene y tuvo en cuenta al noroeste, es decir, a Galicia, a Asturias, a no pequeña parte de León y Zamora.

¡Y qué poco se tiene en cuenta que una cigarrera gallega, la que noveló doña Emilia Pardo Bazán, es justamente, como escribí muchas veces, el contrapunto de la Carmen de Merimée, o sea de la españolada más tópica!

¿Quién recuerda, por otra parte, a día de hoy el iberismo, donde este noroeste desde el que vivimos, tendría un importantísimo asidero para asentar su discurso, en el que Unamuno militó de forma bastante ejemplar para el caso que nos ocupa?

Acaso lo peor de todo sea no sólo el desinterés del resto de España por conocer la mirada desde el noroeste de la que vengo hablando, sino que desde aquí mismo produzca pereza trasladarla, barruntando ese desconocimiento del que casi nadie pretende salirse.

De todos modos, conviene aprovechar ciertas fechas para obligados recordatorios.

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Decadencia salense
Luis Arias Argüelles-Meres 25-07-2014 | 8:58 | 1

Dentro del alarmante bajón demográfico con el consabido envejecimiento de la población que sufre Asturias, Salas no va, ni mucho menos, a la zaga. Dentro del abandono del patrimonio y de las obras paralizadas, así como de agresiones medioambientales, Salas está a la vanguardia. Con tan sólo darse una vuelta por el municipio, se comprueba en qué deplorable estado se encuentran los tramos de la autovía de La Espina que llevan paralizados varios años. Y, por otro lado, la ruina del Monasterio de Cornellana, cayéndose a pedazos, es una muestra inequívoca del desinterés autonómico y estatal ante una joya de nuestro patrimonio al que las instituciones de los susodichos ámbitos están obligadas a cuidar. Si a todo esto añadimos lo que vino y viene siendo la política municipal en los últimos años, el panorama que tenemos ante nosotros es desesperadamente desalentador. Porque, tras tremendos despilfarros acompañados siempre de nepotismos y caciquismos por doquier, envueltos en demagogia y en insufribles cursilerías, por parte de los anteriores equipos de gobierno del municipio, nos encontramos desde la última legislatura con un nuevo alcalde que no acaba de dejar claro el estado de cuentas del Consistorio, que no pidió una auditoría externa para que se supiese el verdadero estado de la cuestión a partir del que nos teníamos que mover.

En efecto, el actual alcalde, Sergio Hidalgo, desde los inicios de su mandato, denunció continuamente un cierto olor a podrido en la gestión de sus predecesores y, sin embargo, no consta que haya denunciado, como anunció más de una vez en la prensa, las presuntas irregularidades. Y, para mayor baldón, la Sindicatura de Cuentas, ante los datos de que dispone, pide severamente rigor y claridad, algo totalmente lógico, pero que no parece que se vaya a alcanzar con prontitud.

Lo cierto es que la vida pública de este concejo resulta deprimente, tanto que el declive no hace más que acentuarse cada vez. Un concejo herido en su paisaje no sólo por las obras paralizadas, sino también por escombros en sus mejores vegas, como es el caso de la Rodriga, donde se viene anunciando un polígono industrial que nunca llega. Muy cerca de esa vega hay todo un monumento a la horterada que dice albergar la llamada casa del Salmón, horterada infame que constó lo suyo. En los pueblos del bajo Narcea anteriores a Cornellana, no hay saneamiento. Un concejo que sufrió despilfarros y prepotencias de todo punto inadmisibles. Un concejo que muchas veces es noticia por deterioros medioambientales. Un concejo en el que el actual equipo de gobierno estaría obligado, de una parte, a clarificar el estado de cosas cuando llegó al gobierno municipal y, por otro lado, a dejar claro cuál es su proyecto más allá de vaguedades que nada clarifican.

Decadencia salense que abruma, indigna y deprime. Dense una vuelta y el mismo paisaje les hablará.

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Sobre la anunciada dimisión de Durán i Lleida
Luis Arias Argüelles-Meres 22-07-2014 | 1:57 | 0

Se viene anunciando, con fecha, la dimisión de Durán Lleida. Ante esa renuncia, que no significa necesariamente irse de la política, doy por hecho que, no obstante, se escribirán innumerables panegíricos, casi uno por periódico. No es el caso de este artículo, tampoco lo contrario. De entrada, sin matices, estoy convencido de que nuestro personaje incurrió en muchos de los grandes males que afectan a la mal llamada clase política. En eso sí que no hay hecho diferencial entre Cataluña y España. Dicho esto, creo que lo verdaderamente destacable del político catalán consiste en haber heredado de Roca un talante negociador inagotable, como representante de un nacionalismo que dio continuas pruebas de tener voluntad de entendimiento con respecto al resto de España.

En este sentido, no cabe otra que relacionar su dimisión como secretario de la formación nacionalista con un momento político en el que no parece fácil que se pueda recuperar la tan recurrida y recurrente conllevancia orteguiana entre Cataluña y España, y viceversa. Derruidos –incluso dinamitados– los puentes, no hay lugar ni siquiera para el diálogo, o, al menos, así lo dicen las apariencias en espera del encuentro entre Rajoy y Mas, del que tampoco se esperan resultados sorprendentes.

Mal asunto es, ciertamente, que ya no haya sitio para negociadores, que tanto los unos como los otros se encierren en posiciones en las que el entendimiento no es fácilmente avistable. No obstante, tampoco conviene perder de vista que se trate más de un ‘hasta luego’ que de una despedida indefinida, es decir, que la escena del diálogo y la negociación, con los cambios de tramoya que van en el guion, vuelva a poder ser representada, incluso repitiendo no pequeña parte de los actores principales.

Para la política española en general, prescindiendo incluso del permanente problema catalán, no sería bueno que se perdiese un gran parlamentario, cualidad ésta que Durán Lleida hereda también de Roca. Y para Cataluña tampoco sería positivo que no tuvieran sitio políticos que representasen la mencionada conllevancia orteguiana.

Durán Lleida, un hombre al que ubicamos sobre todo en el puente aéreo, en los medios de comunicación estatales y en el Parlamento español. Para el nacionalismo conservador catalán, el político del que venimos hablando era ‘nuestro hombre en Madrid’, mientras que para el bipartidismo vendría a ser ‘nuestro interlocutor con Cataluña’.

Todo el mundo puede recordar que estamos hablando de alguien que tuvo un gran protagonismo en las sucesivas coaliciones que alcanzó CiU con el PSOE y con el PP. Tiempos que se quedaron muy atrás en las voluntades políticas de los unos y los otros.

Miren ustedes, con la llamada ‘operación Roca’, es decir, con aquel intento de que un catalán gobernase España, que se saldó con cero diputados, se puso de manifiesto una imposibilidad frustrante de entendimiento entre Cataluña y España. Con esta dimisión anunciada, lo que se escenifica es la inexistencia de un marco de negociaciones, que, entre unos y otros, quedó hecho virutas.

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