El Comercio
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Fecha: septiembre, 2014
Del confesonario al diván (En el 75º aniversario de la muerte de Freud)
Luis Arias Argüelles-Meres 30-09-2014 | 12:23 | 0

A veces no queda otra que rebelarse contra ese manto envolvente a menudo, asfixiante y no pocas veces apestoso que está constituido por las crónicas y cronicones de cada día. Porque es innegable que tiende a absorbernos, que nos quita perspectiva y que nos aísla. Lo cierto es que eso a lo que llamamos actualidad no se merece que dejemos pasar la ocasión de hablar, con el pretexto del 75 aniversario de su muerte, de una de las personalidades más influyentes en la cultura contemporánea. Me refiero a Freud. Y no teman. No me voy a dedicar en este artículo a hacer sesudas divagaciones sobre su obra. Se trata de algo mucho menos pretencioso, es decir, de recordar esa influencia –y omnipresencia– a la que acabo de referirme.

Fíjense: con Freud, se pasó del confesonario al diván. En el primero, se obtenía el perdón. En el segundo, se pagaba con la expectativa de que se nos comprendiese. Dicho así, para Unamuno, la diferencia no podría ser muy grande, puesto que don Miguel insistió mucho en que «comprender es perdonar». (Léase ‘Del sentimiento trágico de la vida’). Lo pecaminoso en el confesonario. Los demonios nuestros de cada día en el diván. Liturgias del yo con su solemnidad. Liturgias en las que lo secreto, incluso lo vergonzante, se vestía de largo haciéndose visible.

Sueños y pesadillas como material estético para el arte y la literatura. Lo onírico se hizo arte y encontró su cauce en la palabra. Con ese material tan freudiano, arrancó artística y literariamente el siglo XX. Sólo por eso, sin entrar en otras consideraciones, la importancia de la obra de Freud es gigantesca. Sirvió en bandeja un nuevo modo de expresarse.

Monólogos tan caóticos y discontinuos como los sueños que, al ser recordados, comparecen fragmentariamente, llenos de cabos sueltos. Monólogos, digo, o sea confesiones, otro género que adquirió una enorme importancia en el mundo contemporáneo. Rousseau, muy a su modo, lo recuperó. Amiel, al hacer de su patológica timidez obra de arte, lo elevó a vertiginosas alturas artísticas. Y mucho tienen las confesiones y los diarios íntimos de ese ritual en el que los secretos se reivindican a sí mismos y piden paso para exhibirse.

Del confesonario al diván. Ése es el paso que dio Freud. Y, desde ese diván, más cómodo que el confesonario, no menos solemne, el mundo de lo onírico salió al escenario a reivindicarse. Con independencia del mayor o menor grado de aceptación que puedan tener a día de hoy las teorías de Freud, el paso del que venimos hablando hizo que batallasen el deseo y los complejos, convirtió al erotismo en un referente obligado para entendernos a nosotros mismos, se luchó contra prejuicios y pudores, presentando al ser humano, por decirlo al modo juanramoniano, como alguien y algo deseado y deseante.

Y, en un siglo como el pasado, marcado también por las mezclas de todo tipo, mezclas a veces osadas y difíciles de encajar, la obra de Freud también sirvió para que se reivindicase que no sólo estaba pendiente la liberación de la humanidad en el rechazo a la miseria, en combatir la desigualdad y la explotación, sino que además quedaba otra liberación: la del sexo, al que el cristianismo había convertido, como en su momento advirtió Nietzsche, en una especie de lacra que nos degradaba haciendo de nosotros poco menos que seres infernales. De ahí sobrevino eso que se dio en llamar freudo-marxismo, corriente de pensamiento combatida por filosofías sistemáticas, si bien es cierto que en esa corriente hay autores y obras de enorme influencia en el pasado siglo.

Del confesonario al diván. Seguidores del psicoanálisis, algunos muy ortodoxos con respecto a Freud, están, con sus exageraciones, pero también con grandes atisbos, en nuestras lecturas de cabecera. Hace 75 años que falleció el artífice de este paso del confesonario al diván. Falleció en Londres huyendo de uno de los grandes horrores del siglo XX, huyendo del nazismo.

A día de hoy, muchos de los sueños que inventarió en sus libros, son literatura nada desdeñable. Releer la ‘Psicopatología de la vida cotidiana’ nos convence de que la obra de Freud no es ajena al mundo actual. Confrontar la ‘Psicología de las Masas’, de Freud, con ‘Masa y poder’, de Canetti, resulta tan instructivo como apasionante.

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LA NEGACIÓN DE LA NEGACIÓN (Sobre la imposibilidad de votar contra el candidato a presidente de Asturias)
Luis Arias Argüelles-Meres 26-09-2014 | 10:13 | 2

O sea, que en el Parlamento astur no se puede votar en contra de quien se presente a presidir el gobiernín llariego. PSOE y PP (sagastinos y canovistas) no aceptan el ‘no’ en la sesión de investidura. Esto es, las cosas se quedarán, salvo imprevistos, como estaban. El ‘no’ está proscrito para tal menester. La negación de la negación, pero en este caso Hegel nada tiene que ver en el asunto. A semejantes cimas filosóficas no llegamos. Por estos lares, se vuela muy, pero que muy bajo. Tan bajo se vuela que tampoco se cae en la cuenta de que en nuestro idioma dos negaciones implican afirmación. Pero tampoco es el caso complicarnos las cosas con diva-

gaciones semánticas. ¿Para qué?

Y, miren ustedes por dónde, además, tengo para mí que los artífices de esta decisión no leyeron una de las obras maestras de Alejandro Casona, la que tiene por título ‘La casa de los siete balcones’, cuya fuerza poética es conmovedora. Quien acaso es el personaje principal de esta obra, una mujer aquejada por la locura de sus sueños frustrados, que espera una carta que nunca llega, plantea en más de un momento que la palabra más importante del idioma, la que pone de manifiesto el coraje y la dignidad, es precisamente el término ‘no’. Y es con esa palabra con la que hay que empezar a hablar. ¡Ahí es nada!

Pero, como digo, aquí el vuelo es demasiado bajo. Aquí no cabe el rechazo a ningún candidato o candidata a presidir el Ejecutivo autonómico. Sólo hay lugar para la abstención. Y esto, que no sucede en el Parlamento estatal, tiene que ocurrir aquí. ¿Acaso se necesita estar en posesión de un cráneo privilegiado, que diría el personaje valleinclanesco, para percatarse de que hay opciones políticas tan claramente diferenciadas que, ante una determinada candidatura, por coherencia con las personas a quienes supuestamente se representa, lo que se impone es un ‘no’ rotundo y manifiesto?

¿Y a qué viene eso de que con sólo 13 votos alguien pueda ser nombrado o nombrada presidente? ¿No está semejante dislate muy cerca de lo que pretende el Gobierno nacional del PP con respecto a que se obtenga la Alcaldía de un municipio por el mero hecho de ser la lista más votada, aunque esté muy lejos de la mayoría absoluta?

Lo que apunta IU, en el sentido de que la postura del PSOE y del PP es una muestra inequívoca de la desesperación que vive el bipartidismo, es más que plausible y verosímil. Y sólo un milagro les librará de que aquí en Asturias, como en el resto del país, la composición de los parlamentos será mucho más fragmentada. Ni siquiera tienen claro que entre ambos partidos dinásticos obtengan la mayoría absoluta, ni siquiera en Asturias.

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SE EQUIVOCÓ LA GAVIOTA (Ante los adioses de Gallardón)
Luis Arias Argüelles-Meres 25-09-2014 | 7:25 | 0

 

Se equivocó el PP al pensar que la mayoría absoluta obtenida por Rajoy en noviembre de 2011 suponía que la sociedad española se había vuelto ultraconservadora. No quisieron tener en cuenta que en ese vuelco electoral había un porcentaje no pequeño de afán de castigo al PSOE tras la desastrosa gestión de Zapatero. Y, a resultas de esa equivocación, el Gobierno de Rajoy emprendió una especie de contrarreforma en justicia, en educación, en derechos, en libertades y en casi todo. De todos estos empeños, alguno, de momento, parece por desgracia que va a salirse con la suya como es el caso del ministro Wert con su Lomce. Gallardón, sin embargo, se ha visto obligado a retirarse con todo el equipo al sentirse desautorizado por el mismo Ejecutivo que lo exhortó a llevar a cabo su particular contrarreforma antiabortista.

Se equivocó la gaviota pepera por segunda vez. Cuando Aznar obtuvo su primera mayoría absoluta, el país asistió atónito al espectáculo de una derecha envalentonada y sin complejos que tanto nos abrumó. Visto está que no aprenden, porque Rajoy y su Gobierno interpretaron que la mayoría absoluta lo autorizaba todo, no sólo parlamentariamente, sino también sin generar un rechazo social que pudiera tornarse inquietante. Y con el anteproyecto de Gallardón se vio claramente que gran parte de la sociedad española no estaba conforme, incluso entre sus propias filas había serias discrepancias. Así las cosas, por el momento es Gallardón la primera víctima de esta equivocación del PP en su conjunto. Seguramente, no será la última.

Y es que, por mucho que a más de uno le moleste mi confesa y convicta admiración intelectual por Azaña, convendría que en los cenáculos políticos se tuviese muy en cuenta aquello que don Manuel dejó escrito en su libro ‘Mi rebelión en Barcelona’, que reza así: «Lo más difícil de administrar es una victoria política». Casi ochenta años después se sigue sin tener en cuenta semejante advertencia.

Pero, ya que de equivocaciones hablamos, somos muchos los que no estamos amnésicos y recordamos perfectamente que hubo un momento en que, desde ciertos ámbitos mediáticos, se presentaba a Gallardón como el dirigente pepero menos derechista de la formación popular. A semejante campaña contribuyeron, sin duda, sus abundantes rifirrafes con doña Esperanza Aguirre. Desde luego, quienes incurrieron en semejante error de bulto al que señalan con descaro y frescura las hemerotecas no van a dar acuse de recibo ni reconocerán su error, por mucho que no serán pocos los lectores que se lo recuerden y que, sería de justicia, tomasen nota.

Y en este ceremonial de adioses de Gallardón el componente literario no es poca cosa. ¿Cómo no recordar aquella puesta en escena del entonces alcalde de Madrid amenazando con irse de la política si Rajoy no lo incluía en la candidatura pepera al Congreso en las elecciones de 2008? ¿Cómo no tener en cuenta que, andando el tiempo, su íntima enemiga de partido, Esperanza Aguirre, dejaría la política para volver, mientras que don Alberto se va para siempre? ¿Cómo no caer en la cuenta de que, a día de hoy, doña Ana Botella de Aznar, que lo sustituyó en la Alcaldía de la capital y el propio don Alberto son las dos grandes víctimas políticas de Rajoy en los últimos años?

A propósito de esto, no olvidemos que la derecha española es, además de otras cosas, goyesca, con la particularidad de que, a la hora de hacer de Saturno, hemos podido asistir a relevos sorprendentes y espectaculares. De esto, don Francisco Álvarez-Cascos podría contarnos mucho.

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Javier Fernández y la vieja política
Luis Arias Argüelles-Meres 23-09-2014 | 8:48 | 2

Tras las elecciones anticipadas de  marzo de 2012, Javier Fernández llegó como el pacificador de la política asturiana. Como contrapunto a su antecesor, que no había logrado alcanzar acuerdos con ninguna fuerza política, el actual presidente se estrenó con el respaldo de IU y UPy D que no sólo le dieron la mayoría absoluta, sino que además refrendaron los presupuestos del año siguiente. Cierto es que aquello duró muy poco, pues los presupuestos de 2014 no fueron aprobados por mayoría. Cierto es que, de aquí a las elecciones autonómicas de 2015, va en el guion que sus anteriores apoyos se distancien cada vez más.

Pacificador, se dijo. Hombre de discurso profundo, manifiestan sus hagiógrafos y aduladores. Político triste, rezan los tópicos. Sin embargo, no acierto a entender, en lo que a las etiquetas se refiere, que se haya hablado tan poco de que Javier Fernández representa, sobre todo, la vieja política, aunque, por supuesto, no en exclusiva.

La vieja política de un PSOE que aceptó desde González ser un partido dinástico y turnista, como se decía en la Primera Restauración borbónica. La vieja política de un PSOE que también renunció al marxismo antes de que González presidiese su primer Gobierno. La vieja política, en el caso de Asturias, ligada al sindicato minero que durante tantos años lideró Fernández Villa. La vieja política de la que es acaso la federación más centralista del socialismo español.

¿Cómo no recordar aquel momento en el que Javier Fernández venció al candidato arecista, Álvaro Álvarez, y se convirtió en el principal dirigente de una FSA que logró una cierta pacificación entre los fieles a Villa y el arecismo? ¿Cómo no recordar lo que vino después hasta que Areces quedó desbancado para repetir como candidato, con el ulterior episodio del estallido del ‘caso Renedo’?

En 2012, como dije más arriba, llegó Javier Fernández el pacificador. No sólo consiguió los pactos ya nombrados, sino que, además, con Rubalcaba al frente del PSOE, gozaba del apoyo de la cúspide del partido en Madrid. Lo malo fue lo efímero de todo aquello. En poco tiempo, se terminaron los pactos en Asturias, y Rubalcaba acabó dimitiendo tras el más que rotundo fracaso de las europeas.

Es, a partir de entonces, cuando se queda más al descubierto que Javier Fernández representa la vieja política, con menos peso en la Ejecutiva nacional y con un discurso cada vez más atrincherado. Sin ir más lejos, en el momento en que se postuló como candidato del PSOE a las próximas elecciones autonómicas en Asturias, incurre en la contradicción que supone apostar por combatir  la desigualdad al mismo tiempo que ni se plantea tomar medida alguna que ponga freno a los privilegios de la mal llamada clase política. Y todo lo que se sale de su guion, o bien lo tilda de irrealizable, o bien lo descalifica como demagógico.

Por otro lado, sigue llamando mucho la atención que, se trate de lo que se trate, saque continuamente a relucir su obsesión contra el nacionalismo catalán. Por supuesto, no tiene por qué estar de acuerdo con la deriva secesionista; pero se entiende mal que tenga como principal parte de su discurso tal fijación por encima de los problemas existentes en la Asturias que don Javier gobierna.

Vieja política la de Javier Fernández con respecto a las agrupaciones municipales más anquilosadas y caciquiles en las que, como principal dirigente de su partido en esta tierra, apenas interviene. Vieja política la de Javier Fernández demostrando muy poca sensibilidad con agresiones medioambientales que son objeto de sanción por instituciones oficiales de ámbito estatal y que su Gobierno no está dispuesto a combatir.

Vieja política de la que no parece apearse, persuadido quizá de que en Asturias las cosas se mueven muy poco. Vieja política que tiene como principal resultado el aislamiento de una Asturias a la que su partido gobernó desde 1983 a esta parte, exceptuando la legislatura de Marqués y el brevísimo periodo de Cascos.

Me gustaría que sus corifeos mediáticos le hiciesen ver, aunque fuese velada y cariñosamente, la contradicción que supone el hecho de que un partido que se concibió en su momento con inequívoca vocación de modernidad se haya convertido en las últimas décadas, principalmente aquí en Asturias, en un factor de aislamiento, como mínimo, preocupante.

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Pedro Sánchez: De medios y mensajes
Luis Arias Argüelles-Meres 21-09-2014 | 1:07 | 3

 

El nuevo secretario general del PSOE dice estar en guerra contra el populismo y, sin embargo, sorprendió a propios y extraños con una intervención telefónica en un programa de telebasura. Se diría, pues, que no parece tener muy presente aquello que escribió McLuhan: «El medio es el mensaje». Desde luego, con esa intervención televisiva quedó palmariamente demostrado que su coherencia no es muy consistente.

Y, por otro lado, haría falta conocer a fondo qué entiende el señor Sánchez por populismo. Se diría que pretende hacerse la siguiente composición de lugar: lo que tiene a la derecha es el PP más reaccionario, lo cual es totalmente cierto. Lo que tiene a la izquierda es el populismo, representado casi en exclusiva por Podemos, según su discurso. O sea, que para el nuevo líder del PSOE no existe populismo de derechas, lo cual es, cuando menos, curioso. Y, en cuanto a la formación política emergente liderada por Pablo Iglesias, en lugar de combatirla mediante inequívocas medidas en pro de la regeneración de su partido, lo que hace el señor Sánchez es descalificarla sin argumentos, con unos apriorismos que siembran muchas dudas acerca de la consistencia del discurso del nuevo dirigente socialista.

De medios y mensajes. Debería tener muy en cuenta el señor Sánchez que la credibilidad de cualquier personaje público pasa también por el prestigio que tengan los medios en los que más a menudo comparece. Y, desde luego, si se pretende ganar unas elecciones, no basta sólo la popularidad, máxime en unos tiempos tan chabacanos como éstos.

De medios y mensajes. Ante el delirante circo de nuestra vida pública, el mayor empeño del nuevo secretario general del PSOE sería transmitir rigor y seriedad, requisitos imprescindibles para generar la confianza que su partido necesita ante la continua decadencia que viene sufriendo desde el final de la etapa de Zapatero a esta parte.

¿Tan difícil le resultaría a este señor, si de verdad tiene voluntad de ello, comparecer ante la sociedad española con propuestas muy concretas para combatir el desprestigio y la desafección entre la ciudadanía y la mal llamada clase política? ¿Sería populismo pedirle a Felipe González que renunciara al privilegio que supone cobrar una alta pensión como ex presidente al tiempo que percibe grandes ganancias como consejero de grandes empresas? ¿Sería populismo pedir a determinados personajes de su partido que sólo cobren por un solo cargo y que renuncien a todas las canonjías que disfrutan? ¿Sería populismo defender en serio la enseñanza pública? ¿Sería populismo reivindicar que las cajas de ahorro recuperasen su vocación de servicio público ayudando a la sociedad, como vinieron haciendo desde que fueron fundadas? ¿Sería populismo no renegar del republicanismo como una de las señas de identidad históricas de su partido?

De medios y mensajes. Comparecer en la telebasura en cuanto a lo primero. Ser ambiguo a la hora de transmitir mensajes claros a la militancia y a la ciudadanía. ¿Cree usted, señor Sánchez, que, de esta guisa, el PSOE podrá recobrar el gran respaldo ciudadano con el que contó hasta que Zapatero consiguió hundirlo?

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