El Comercio
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Fecha: diciembre, 2014
Asturias y la gran coalición
Luis Arias Argüelles-Meres 29-12-2014 | 8:38 | 3

Mientras Rajoy remolonea con esa gran coalición del bipartidismo como mal menor ante el pánico que le produce el auge de Podemos, don Pedro Sánchez niega esa hipótesis aterrorizado. Nunca pactará, más allá de algunas cuestiones puntuales, con la formación pepera. Ítem más: se lee en la prensa que son muchos los barones del PSOE que alertan que semejante cosa supondría el fin del partido. Anatema, pues, al menos, de aquí a que se celebren las elecciones. Y, a propósito de esto, me pregunto qué podrá estar pensando nuestro profundo y pacificador Javier Fernández al respecto, tras haber pactado los presupuestos autonómicos con el PP.

Aun dejando de lado que fue en Asturias donde primero empezó a hablarse de una especie de pacto, más o menos soterrado, entre el PP y el PSOE, tras descubrir ambas formaciones que compartían un enemigo común llamado Francisco Álvarez- Cascos, y, a resultas de ello, acordar que el señor Goñi presidiese el Parlamento autonómico, a día de hoy, el patriotismo y la responsabilidad, según declaran las partes contratadas y contratantes, les llevó al pacto presupuestario, eso sí, por el bien de Asturias.

Así las cosas, ¿no cabe la posibilidad de un pacto PSOE-PP en Asturias tras las próximas elecciones autonómicas, en el supuesto, que está por ver, de que entre ambas formaciones alcanzasen la mayoría parlamentaria? Cierto es que don Javier Fernández es un hombre de orden y disciplinado con respecto a la cúpula de su partido, pero no lo es menos que, ante tal disyuntiva, podría esgrimir la excepcionalidad asturiana. Tanto aman a Asturias que no podrían dejarla en manos de desaprensivos como Podemos. Ante todo, el orden, oiga usted.

Por otro lado, tal y como se desarrollaron los acontecimientos tras las elecciones de 2012, quedó claro que a Rajoy le quitaba muchos menos el sueño un Gobierno socialista en Asturias que un Gobierno presidido por Cascos. Y, por su lado, el PP aprueba los presupuestos del PSOE, mientras que rechazó los de Foro.

Se diría que hay algo que va en el guion y es que, ante el ocaso del bipartidismo, sea Asturias el territorio donde se vislumbren mayores posibilidades de pacto, entre otras cosas porque la FSA es la federación más conservadora del PSOE en toda España y también por el hecho de que el PP astur sigue sin reponerse de dos rupturas internas de gran calado: la que se produjo en tiempos de Sergio Marqués y la que tuvo lugar cuando rechazaron a Cascos como candidato a presidir Asturias, rechazo que, internamente, provino de personajes como Gabino de Lorenzo que se pasó años y años alabándolo y que fue también el Alcalde de Asturias que más condecoró al general secretario.

Y, por otro lado, no hay que perder de vista que parecería lógico que una tierra marcada por la decadencia, la despoblación y el caciquismo fuese el territorio destinado a que el bipartidismo se resistiese más a abandonar todos sus poderes, que diría Gil Robles, todos sus poderes y todas sus canonjías.

Estamos expectantes, muy expectantes.

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SOBRE EL ‘EFECTO PODEMOS’ EN LAS IZQUIERDAS NACIONALISTAS
Luis Arias Argüelles-Meres 28-12-2014 | 11:27 | 5

«No me habléis de patriotismo. Un amor que se detiene en la frontera no es más que odio». Rafael Barret.

 

Que nadie se alarme, toda vez que los máximos dirigentes de Podemos a tiempo están de pifiar sus más que esperanzadoras posibilidades que les vaticinan las encuestas. A tiempo están de pifiarla, digo, si continúan con males de altura como el de atribuirse la autoría de aquellos mensajes de texto tras el 11-M que tanta movilización concitaron. Bien es verdad que si prosigue el continuo goteo de escandaleras de la corrupción del bipartidismo, el daño no sería tan grande. Pero a lo que quiero referirme en este artículo es, sobre todo, al barrido que Podemos daría a ciertos nacionalismos de izquierdas según las últimas encuestas, una auténtica galerna que cambiaría el mapa político de todas las Españas.

Punto primero a tener en cuenta: En el País Vasco y Cataluña Podemos heredaría al PSOE, por mucho que el nuevo secretario general de este partido arremeta más contra Podemos que contra el mismísimo PP. La casuística, en este caso, no es nada baladí, puesto que la formación que en su día fundó el linotipista Pablo Iglesias perdería su preponderancia en territorios con tanto arraigo socialista como los referidos.

De no haber surgido Podemos, la caída en picado del PSOE tendría como principales beneficiarios a Bildu y a Esquerra Republicana respectivamente. Pero esta nueva formación política, dejando al margen las muchas incógnitas que en su discurso político plantea, tanto por sus ambigüedades como por las contradicciones en las que viene incurriendo, tiene carácter estatal y no está condicionada por desprestigio alguno, entre otras cosas (perdón por la obviedad) porque no tuvo ocasión de tocar poder.

Lo llamativo del caso es que hay un porcentaje de votantes, tanto en el País Vasco como en Cataluña, que anteponen lo que tradicionalmente se viene conociendo por izquierda a cualquier otra etiqueta. Porque a estas alturas cada vez se tiene más claro que el PSOE sólo es de izquierdas en sus siglas. Y, como es de rigor, ese voto busca sitio. Y ahora le toca a Podemos.

Desde el punto de vista meramente discursivo, esto puede ampliar en gran medida la amplitud de miras ideológica en el sentido de que hay mucho que decir acerca de hasta qué punto pueden ser compatibles el nacionalismo y la izquierda. No seré yo quien diga que tal cosa es imposible, pero, sin duda, es, cuando menos, debatible y discutible. Y siempre es oxigenante agitar el debate ideológico.

Ya digo, como una galerna, está resultando el fenómeno Podemos, tanto para los canovistas y sagastinos (PP y PSOE) como también para las izquierdas nacionalistas que en España están siendo, sin perder de vista que la susodicha galerna también se puede llevar por delante las expectativas electorales de IU y UPyD, como formaciones políticas teóricamente contrarias al bipartidismo, si bien la primera tiene un discurso antisistema y, sin embargo, salvo excepciones, vino funcionando como segunda marca del PSOE, mientras que la segunda hunde claramente sus orígenes en ese bipartidismo del que en teoría abomina.

Sería muy paradójico, de mantenerse el crecimiento que a Podemos le dan las encuestas, que esta formación política supusiese, entre otras cosas, un freno al independentismo en el País Vasco y en Cataluña, freno que, a la larga, conllevaría un sesgo de cohesión territorial que, hasta el momento, está en entredicho.

E insisto, aunque sólo sea por avivar el debate ideológico, lo que ahora mismo plantean las encuestas es de un interés sociológico apasionante. Y, por otro lado, las paradojas por las que tanta pasión sentía Unamuno, sin duda, el vasco más universal de la historia contemporánea, están alcanzando en nuestro país alturas realmente vertiginosas. ¿O no?

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Paciente e indignada Asturias (Ante la inauguración de la autovía del Cantábrico)
Luis Arias Argüelles-Meres 27-12-2014 | 2:53 | 2

Señor Rajoy: Nací en el bajo Narcea, muy cerca de una de las muchas Mesopotamias astures, muy cerca de Cornellana, capital salmonera, cruce de caminos, donde se encuentran el Narcea y el Nonaya, donde, a día de hoy, pueden verse las ruinas de una joya arquitectónica, el Monasterio de San Salvador, y a muy pocos metros del mencionado monasterio, se encuentran los restos de una obra ferroviaria que nunca llegó a concluirse, entre Cangas del Narcea y San Esteban de Pravia. Frente a ello, están las pilastras de la autovía de la Espina, paralizada por don Pepiño Blanco en 2010, en la que su Gobierno pretende inyectar una pedrea en el año electoral que está a punto de comenzar. Y, en una de las vegas más fértiles de Asturias, en la Rodriga, el viajero puede contemplar que lo que tiene ante sí es un basurero que va en aumento. Así las cosas, este entorno al que pertenezco y del que Jovellanos destacó su potencialidad y belleza es el territorio pintiparado de lo que pudo haber sido y no fue, sobre todo, de incumplimientos y paralizaciones que vienen lastrando su progreso y bienestar. Es la metáfora más visible del abandono que viene sufriendo Asturias desde hace muchas décadas, que van desde el franquismo hasta este presente en el que la Restauración borbónica por ustedes tan querida vive sus horas más bajas, su declive, su agonía.

Verá, don Mariano, no le considero a usted muy dado a ciertas metafísicas. Aun así, puedo asegurarle que uno de los mayores problemas de Asturias es su insularidad existencial, éste es nuestro síndrome, casi me atrevería a decirle que es nuestro hecho diferencial. Y esa insularidad existencial que padecemos desde hace tanto tiempo, que se remonta ya al siglo XIX, no ha hecho más que incrementarse a lo largo de las últimas décadas.

Permítame un pequeño recordatorio. Hay un artículo de Clarín que tiene por título ‘Las costas de Asturias’ y que fue publicado en julio de 1882. En él, Alas se quejaba de las 22 horas que entonces duraba el viaje en ferrocarril entre Oviedo y la capital de las Españas, a lo que había que añadir lo que se tardaba con el coche de la ‘Ferrocarrilana’, en la subida y bajada del puerto de Pajares hasta Busdongo. No pierda de vista esto, señor Rajoy, a la hora de tener en cuenta lo importante que sería para Asturias que no se eternizasen las obras de la llamada variante de Pajares. Y, fíjese, esto ya le indignaba a Clarín. Ya ve, don Mariano, lo legendaria que es la frustrada y frustrante voluntad de una geografía por salir del aislamiento.

Y ahora les toca a usted y a su Gobierno inaugurar la llamada autovía del Cantábrico. ¡Ay, don Mariano! ¡Cuánto tiempo esperando por el fin del tramo entre Unquera y Llanes, tapón tan exasperante como peligroso! ¡Ay, don Mariano! ¡Cuánto tiempo de exasperante espera en lo que se llamó en su momento ‘el semáforo del Cantábrico’ en Soto del Barco! ¡Cuántos despilfarros, don Mariano!

Acerca de la referida autovía del Cantábrico, me permito recordarle que, antes de construirla, se llevó a cabo la obra de una vía rápida

que, al cabo de pocos años, quedaron inservibles algunos viaductos como el de la Concha de Artedo que en su momento costaron un dineral, ello por no hablar de la variante de Avilés, de trágico recuerdo para muchos por la cantidad de vidas que se llevó. Tras ella, hubo que construir otra. O sea, despilfarros y retrasos.

Y, mire, señor Rajoy, antes de que se me echen encima algunos pesebreros, bien sé que muchos de estos disparates fueron llevados a cabo por gobiernos sagastinos (quiero decir del PSOE). Pero ustedes tampoco lo están haciendo nada mal. Sólo aceleran un poco cuando las urnas llaman a la puerta del electorado. Y, en todo caso, el bipartidismo se dedicó hasta ahora a un maniqueísmo burdo. Siempre hubo justificación para lo que hacía el partido gobernante en Madrid por parte de la sucursal de turno aquí. Y así nos fue. Y así nos va.

Unquera-Llanes, señor Rajoy, tapón, lata de sardinas, ratonera. Unquera-Llanes, los kilómetros de la desesperación, de la incompetencia y los incumplimientos. Unquera-Llanes, auténtico punto negro para unas infraestructuras que conducen al territorio más turístico de Asturias.

Autovía del Cantábrico, además de problemas medioambientales, además de torpezas en los trazados que costaron su tiempo y dinero, infernal calvario para una Asturias que necesita romper con su aislamiento e incorporarse a la siempre orteguiana altura de los tiempos.

La realidad, don Mariano, no permite triunfalismo alguno. Lo perdido por lo antes citado: incompetencia e incumplimientos es ya irrecuperable. Cuando se corte la cinta, no se pagará la deuda histórica con Asturias, esa deuda que habla del empeño del bipartidismo, empeño logrado, de convertirnos en una geografía del abandono, en el furgón de cola de todas las Españas.

Con la paciencia agotada, con la indignación a flor de piel, afrontamos un presente de decadencia en el que tanto han venido ustedes colaborando. Tendrán, a la hora de cortar la cinta, halagos provenientes de personajes inanes de nuestra política. Tendrán ustedes la oportunidad de percatarse de una ciudadanía lastrada por un síndrome de insularidad en el que el bipartidismo y sus sucursales tanto y tanto han colaborado.

¡Qué triste balance, don Mariano!

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Un discurso regio condicionado y contradictorio
Luis Arias Argüelles-Meres 26-12-2014 | 1:34 | 0

 

Había expectación para escuchar el primer discurso navideño del actual Jefe del Estado, expectación que seguramente condicionó sus palabras. Y había también certezas: la Navidad es una época de topicazos y ñoñeces, y eso también limita forzosamente cualquier discurso político.

Así pues, se trataba de ilusionar sin hacer fisuras en lo políticamente correcto; se trataba también de hacer invocaciones a la esperanza sin incurrir en triunfalismos que serían insultantes en el actual estado de cosas.

En la condena a la corrupción, con el consiguiente reclamo de apelar al regeneracionismo, es difícil estar en desacuerdo. En este sentido, para mí, no fue ninguna sorpresa que no se hiciese mención explícita al caso Urdangarin; lo que, antes al contrario, me llama la atención, es que en la opinión publicada se pensase que iba a hacerlo. Pero, al margen de esto, no es fácil encajar un cuadro de transparencia y ejemplaridad pública en un marco en el que la corrupción generalizada es un día sí y otro también noticia.

Y digo esto no sólo porque fueron muy claros los elogios al marco político consagrado por la Constitución del 78, sino también porque no parece fácil que lleven a cabo una severa tarea regenerativa la mayor parte de los actores públicos que la generaron, empezando por el bipartidismo que vive sus horas más bajas.

Y es que hoy, como hace cien años, el sistema político languidece. Hoy, como hace cien años, se pretende salvar el cuadro en un marco que tampoco encaja. Y eso se parece no poco a la cuadratura del círculo.

¿Y qué decir del problema catalán? ¿Y qué decir de la idea o proyecto de España? Lo obvio es que Cataluña formó parte de España antes del Estatuto surgido a raíz de la Constitución del 78. Lo obvio es que, sin perder de vista los vaivenes que reflejan las encuestas, el desapego de Cataluña hacia el resto del país es manifiesto. Lo obvio es que apelar a los sentimientos de una manera muy optimista se asemeja poco a la realidad. No se puede negar que existe anticatalanismo a un lado del Ebro, con su recíproca respuesta. No todo es amor y fraternidad en este asunto. Cierto es que el Rey reina, pero no gobierna. No lo es menos que eso no le impide pedir que se busque un entendimiento por ambas partes, sin restringirlo todo a un referéndum constitucional en el que muchas cosas, entre ellas, la forma de Gobierno, iban en el lote. Y, si se diese el caso de que la mayoría de la población catalana decidiese independizarse, ¿sería un argumento eficaz y sostenible apelar a la Constitución del 78?

Idea de España, proyecto de España. Sería interesante saber qué conocimientos atesora sobre nuestra historia más reciente la persona que le escribió el discurso al Rey. Pero, en todo caso, son más los fracasos que los logros, más –parodiando a Renan– los remordimientos que las glorias comunes. Y se desaprovechó una excelente ocasión para invitar a la ciudadanía a hacer país.

Sobre los asuntos socioeconómicos, el guión se cumplió: defensa del Estado de Bienestar y lucha contra el paro. Pero, de todos los asuntos abordados, es en éste donde cuentan mucho más los hechos que las palabras.

Por último, hay que insistir en que resulta contradictorio esperar un cuadro poco menos que idílico dentro de un marco que cada vez cosecha más fracasos, decepciones y malestares.

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José Antonio Mases: Pasión literaria y pasión asturiana
Luis Arias Argüelles-Meres 24-12-2014 | 1:04 | 0

José Antonio Mases viene dedicando una gran parte de sus trabajos y sus días a Asturias como editor e investigador. Su otra pasión, la de la obra literaria bien hecha, con ambición narrativa y pulcritud en el estilo, viene dando desde hace décadas sus frutos más que meritorios. Hablamos de un hombre que atesora conocimiento y talento. Hablamos de un hombre que desdeñó siempre rendir tributo a la vanidad. Hablamos, pues, de un personaje con el que Asturias y la literatura están en deuda.

Desde un Madrid luminoso en el que tuvo lugar un episodio de desesperación helador, al leer EL COMERCIO, tengo noticia de que José Antonio Mases ha decidido donar su archivo al Museo del Pueblo de Asturias. Así las cosas, no sólo entregó gran parte de su tiempo a una labor de investigación decisiva para conocer lo más esencial de nuestra tierra, sino que además nos regala un valiosísimo e imprescindible material para seguir ahondando en el conocimiento sobre Asturias. Su generosidad es tan digna de admiración como su capacidad de trabajo y su talento literario. Insisto en que hablamos de un investigador que atesora un saber enciclopédico sobre nuestra cultura, así como de un escritor de raza y brillante. A las gratitudes más que merecidas sobre su labor pública, me permito sumar la mía propia. Nunca olvidaré el tiempo que dedicó a leer manuscritos míos que más tarde se convertirían en libros, haciéndome observaciones que siempre me resultaron muy valiosas. Su magnanimidad le llevó incluso a escribir el prólogo de mi primera novela, en febrero de 1998.

Y, por otra parte, es de justicia poner de relieve que, en un mundillo como el literario y periodístico tan marcado por los egocentrismos, por las actitudes de un divismo que rara vez se corresponde con el talento desplegado, Mases representa justamente todo lo contrario. No me ciega la pasión si digo que estamos ante un narrador de altura y, también, como los lectores de EL COMERCIO pueden comprobar, de un articulista extraordinario marcado por el rigor y la independencia de criterio. Y, sin embargo, jamás malgastó tiempo y energía en dar codazos en busca de vacuas vanidades que, en realidad, suelen esconder miserias y mezquindades. Lo cierto es que en esto último me recuerda mucho a Fernando Vela, pues el autor de ‘El Grano de Pimienta’ jamás mostró debilidad alguna por un afán de notoriedad al que tenía todo el derecho del mundo por la extraordinaria calidad de su obra. Pues bien, lo mismo podría decirse acerca de Mases.

Sin estridencia, sin grandonismos, sin haber avivado jamás ninguna hoguera de las vanidades, José Antonio Mases acaba de aportar a esta tierra que es la suya un conocimiento enciclopédico atesorado con esfuerzo y talento a lo largo de una trayectoria muy amplia a la que merece la pena seguir atentos y disfrutando día a día, artículo a artículo, libro a libro.

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