El Comercio
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Fecha: enero, 2015
¿Paseo de la excelencia o alfombra roja?
Luis Arias Argüelles-Meres 31-01-2015 | 2:06 | 0

«Los Álamos es un viejo paseo, dos largas filas de estos finos, esbeltos, sutiles árboles lo bordean. A un lado se extienden unos sombríos jardines. Seis, ocho, diez paseantes marchan lentamente, en silencio, uno de ellos avanza hacia nosotros. -Querido Melquíades, ¿qué pasa en la ciudad?
-Nada, –dice sonriendo el gran orador que viene todos los días a esta alameda–. (Azorín).

 

De modo que se pretende hacer “un paseo de la excelencia” en Vetusta. Y, claro, allí figurarán los nombres de las personalidades más ilustres que visitaron nuestra ciudad a resultas de los Premios Príncipe de Asturias. La primera observación que cabe hacer al respecto es preguntarse si Oviedo no contó con excelsos y notables visitantes con anterioridad a la ceremonia anual en el Campoamor que celebra la citada Fundación.

Porque, en todo caso, nadie podrá negar la excelencia a Unamuno, a Azorín  a Ortega y a Marañón, entre  otras muchas personalidades que se dieron cita en Vetusta en un momento de sus vidas. ¿Sería mucho pedir, en tal sentido, que la nómina de personalidades se ampliase en el tiempo en función de la categoría de los homenajeados? Ello no quitaría esplendor a lo que se pretende. Y, por otro lado, para la Fundación que actualmente dirige doña Teresa Sanjurjo, no sería ningún desdoro esa ampliación.

Miren, mi republicanismo no me impide ser consciente de la admirable categoría intelectual de muchos de los premiados, ni tampoco pierdo de vista que es un honor para nuestra ciudad que  hayan hecho parada y fonda entre nosotros. Pero eso no significa que, puestos a habilitar la puesta en marcha del mencionado Paseo, haya que olvidar lo que sucedió con anterioridad a la existencia de los Premios.

Y, por otra parte, no sólo se trata de personas, sino también de escenarios, porque el Teatro Campoamor fue, entre otras cosas, algo en lo que puso un enorme empeño Clarín. Porque el Teatro Campoamor fue también el enclave en el que Ortega pronunció uno de los discursos más significativos a la hora de manifestar su disconformidad con aquel Estado republicano a cuya proclamación tanto había contribuido con artículos de prensa, discursos y también con su protagonismo en la Agrupación al Servicio de la República fundada meses antes de la citada proclamación.

Porque el Paseo de los Álamos lo transitaron juntos una mañana Azorín, Melquíades Álvarez y Pérez de Ayala.

Porque la que es acaso mejor novela del XIX tiene a Oviedo como inspiración y escenario. Hablamos, claro está, de “La Regenta”.

Porque el poema que Unamuno dedicó a Oviedo es extraordinario.

Porque es de referencia obligada lo que Marañón escribió sobre Feijoo.

¿Qué se pretende hacer con ese Paseo: una especie de alfombra roja rediviva o un punto de encuentro de personalidades cuyas trayectorias están marcadas por la excelencia? Ésta sería, a mi juicio, la madre de todas las preguntas a la hora de perfilar el proyecto. Porque si se piensa más en la alfombra roja que en la excelencia, que se incluya también la visita de doña Isabel II, de la que da cuenta, con elegante ironía, Juan Antonio Cabezas en su memorable biografía de Clarín.

 

Que no falte la ironía, también la de Pérez de Ayala, a la hora de hablar de nuestra ciudad: «Te hallas, amigo, ahora, en mi amada Vetusta / la noble, la sarcástica, la devota, la augusta. / Acaso sientes que esta mi ciudad te convida / en su tácito seno a afincar de por vida”.

Y que no falte tampoco la excelencia que supone la captación poética que hace Xuan Bello de uno de los rincones más queridos de nuestra ciudad, pues, al hablar del Campo San Francisco escribió: “Presentí que caminaba más que por un parque por el interior de un poema que había escrito, en un sofoco de amor, el dios del lugar».

Amplitud de miras, por favor, para todo. También para esta especie de libro de oro de visitas a nuestra ciudad, que se desplegará en Paseo de la Excelencia.

Y no perdamos de vista que en ese Paseo lucirán más las masas encefálicas que los modelos de alta costura, que los escotes palabra de honor y que los tacones de vértigo.

Habría que concretar, por tanto, si lo que se pretende es un ceremonial de besamanos más o menos virtual o un espacio para la memoria de nuestros visitantes más insignes. Digo yo.

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Hablemos claro, señor Postigo
Luis Arias Argüelles-Meres 29-01-2015 | 12:18 | 3

Mire, cuando vi las imágenes del episodio que protagonizó a la salida del Parlamento asturiano, tras su comparecencia en la comisión que se ocupa del origen de la fortuna de Fernández Villa, sentí, a un tiempo, bochorno, asombro e indignación. No está usted, obviamente, obligado a manifestar si, de un tiempo a esta parte, se comunicó o no con Villa. Es más: a nadie le sorprendería que optase por el silencio ante la pregunta que le formuló Xuan Cándano. Pero su salida de tono, don José Antonio, fue tremebunda. Con ello, lo único que demostró, señor mío, fue su zafiedad. Y no sólo se limitó a contestar, en primer término, una chorrada hiperbólica, sino que se permitió calificar la pregunta de estúpida. Hablar de estupidez desde la estulticia, señor Postigo, es, se lo aseguro, tocar techo. Jamás pensé, señor mío, que la vida pública asturiana llegase a tal extremo de degradación. ¿Se ha parado a pensar por un momento hasta qué extremo representa usted algo que supone una afrenta y un ultraje contra la grandeza del movimiento obrero en Asturias? ¿Quién podría haberse imaginado, incluso en su peor pesadilla, que, en un momento dado, determinados mandamases de un sindicato minero como el SOMA se viesen obligados a comparecer en un Parlamento a dar cuenta de las fortunas que amasaron?

Mire, don José Antonio, por lo común, suele llegar más lejos en sus miserias el imitador que el original a quien emula. No le voy a pedir lo imposible: que se lea usted a Valle-Inclán, y que vea cómo los hijos del personaje teatral que tiene por nombre don Juan Manuel Montenegro superan a su padre en los defectos y no heredan sus supuestas cualidades. Pero sí le diré que usted va de bochorno en bochorno, y el lance que protagonizó el lunes no hace más que poner de relieve la podredumbre de nuestra vida pública.

¿No cae usted en la cuenta, señor Postigo, de que negarse a declarar en la Junta, por mucho que la legalidad lo permita, supone una burla a la representación política ciudadana? ¿No alcanza su cerebro a entender que su bravuconería con el periodista le hizo a usted incurrir en un ridículo espantoso, que nos abochornó a casi todos?

Y, mire, muchos no podemos dejar de preguntarnos cómo es posible que en la vida pública asturiana proliferen personajes como usted. Cada vez son más las personas jóvenes que tienen que abandonar esta tierra ante la falta de posibilidades laborales, pero, eso sí, gentes como usted que insultan a la inteligencia, al idioma y al decoro tienen su lugar en la vida pública, disfrutan de unos privilegios que, desde luego, no responden al esfuerzo ni a meritocracia alguna más allá de haberse dedicado a los codazos a unos y a los halagos a otros.

En un día como el martes, tuvimos noticia no sólo de su esperpéntico lance, sino también de la petición de pena que plantea la fiscalía sobre el señor Riopedre por sus actuaciones como consejero de Educación. Sindicalistas que no clarifican el origen de sus fortunas. Políticos que se reclaman de izquierdas a los que se les incrimina desde el ámbito judicial por haber utilizado su cargo indebidamente. ¿El movimiento obrero y la izquierda eran esto? ¿Cuándo se nos jodió el sindicalismo? ¿Cuándo se nos jodió la izquierda?

¿Hasta cuándo, hasta dónde y hasta qué extremo se va a seguir emponzoñando la vida pública?

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Tras las primarias de IU en Asturias
Luis Arias Argüelles-Meres 27-01-2015 | 3:55 | 5

«¡Qué cosa más extraña que la de haber vivido y sentirse tan lejos de un tiempo que aún reputamos como presente! El tiempo no es sino el espacio entre nuestros recuerdos» (Amiel).

 

Tras la victoria de Llamazares en las primarias de IU, son varias las cosas que se plantean. La primera de ellas es que su periplo por la política nacional lo alejó de la etapa en que la coalición de izquierdas fue en Asturias una especie de segunda marca del arecismo. Por otro lado, salvo imprevistos, se dará la paradoja de que el Parlamento asturiano, en estos tiempos de cambio de ciclo, contará con la presencia de políticos de largo recorrido como son Cascos, Javier Fernández y el propio Llamazares. Es decir, seguramente mayor veteranía que en el resto del entramado autonómico. La principal incógnita, en el caso de Llamazares, será ver hasta dónde llega su apuesta por la renovación generacional en la lista que encabece, si bien, a lo que parece, no sólo le corresponde decidir a don Gaspar tal cosa. Y llama la atención también su planteamiento, nada más conocerse los resultados, de integración de los partidos de izquierda, por mucho que Podemos diga desvincularse de tal etiqueta.

A decir verdad, confieso que resulta un tanto desolador ver a Llamazares rodeado de la vieja política de IU que estuvo al frente de consejerías con Areces y que no abandonaron los sillones ni siquiera cuando se produjo el estallido del ‘caso Renedo’. Y deseo que su regreso a su Arcadia política no sea para desdecirse de lo que en su momento representó aquí.

Lo cierto es que el ciclo de IU como fuerza de apoyo al PSOE se puede dar por finalizado, entre otras cosas, porque no parece probable que entre ambas fuerzas puedan conformar una mayoría parlamentaria. Y, además, porque muchos votantes de IU no verían con buenos ojos que su apuesta en las urnas se tradujese en un apoyo a un PSOE que sigue apostando por las políticas de derechas con siglas de izquierda. Y eso lo sabe bien Llamazares.

De todos modos, la otra alternativa en las primarias, la de Orviz, también está marcada por los tiempos de apoyo de IU a Areces. Y, desde mi punto de vista, la capacidad discursiva de Gaspar es mucho mayor.

Ante la casi absoluta certeza de que Podemos tendrá una representación importante en el Parlamento asturiano, va a ser interesante ir viendo el mayor o menor grado de entendimiento entre IU y Podemos. De decantarse Llamazares por ese entendimiento, favorecería mucho que, también en Asturias, tuviese lugar el cambio de ciclo político, un cambio de ciclo generacional necesario. La regeneración no va a ser posible si no se facilita el cambio generacional. Las nuevas generaciones son cada vez más conscientes de que la política es algo demasiado importante para dejarla en manos de quienes están demostrando no saber hacer frente a la crisis con eficacia y con dignidad.

Todo parece indicar que la política asturiana no va seguir estando en manos de los mismos de siempre. Y sería todo un detalle que, desde la veteranía política, se habilitasen puentes de entendimiento y confluencia con un futuro que será, también y sobre todo, de los que ahora se incorporan a la vida pública con sus proyectos y con sus discursos.

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Ese curioso tándem: Rajoy y Aznar
Luis Arias Argüelles-Meres 25-01-2015 | 11:07 | 3

‘‘El mayor enemigo de la verdad no es la mentira, sino la convicción” (Nietzsche).

Aznar lleva muchos años perdonando la vida a todo el mundo, especialmente a los suyos, sobremanera a Rajoy. Se creyó que las Azores eran Yalta. Se creyó Américo Castro cuando dio una perorata plagada de topicazos en una Universidad de Estados Unidos. Se sigue creyendo el salvador de España, que, si llega el caso de la desesperación, la salvaría. Se cree que obró el milagro del progreso económico en España por haber gobernado en un ciclo favorable. Pocos personajes hay en nuestra vida pública que se quieran tanto a sí mismos. Y, por supuesto, llegado el caso, salvará a un tiempo a la patria y a su partido. Aznar, reina madre del PP. Aznar, que ve en Rajoy un heredero que ni está, ni puede estar a su altura. Vino a decir en la convención que su bienamado partido estaba sin pulso, sin rumbo. O sea, entre el regeneracionismo de Silvela y el ritmo de un bolero. ¡Qué tierno!

¿Y Rajoy? Paciente, siempre paciente, como si la indolencia lo tuviese en continua calma. En apariencia, no se altera por mucho que Bárcenas le acuse, por muchos que sean los escándalos alrededor de su partido en Madrid. Se diría que sólo se desmelena un poco si Aznar lo zarandea retóricamente y si alguien osa, como Podemos, poner en duda que estamos en el mejor de los mundos posibles. Así se manifestó en su discurso más reciente: tenemos sanidad pública, enseñanza pública desde la primaria hasta la Universidad, libertades consolidadas, derechos sociales. ¿Qué sistema pueden querer esos desagradecidos que arremeten contra el actual estado de cosas? De entrada, no tiene don Mariano inconveniente alguno en considerarse a sí mismo uno de los principales artífices de nuestros derechos y libertades, lo cual es, como mínimo, pretencioso, y, de otro lado, todo lo que pueda estropear su triunfalismo lo obvia: sea el paro, sean los desahucios, sea la corrupción. Estamos en el mejor de los mundos posibles, oiga usted.

¡Qué tándem, Dios mío, qué tándem! Un Aznar crecido hasta lo exultante e insultante. Un Rajoy que parece asombrarse ante cualquier crítica, bien sea al sistema en el que estamos, bien sea a sus políticas. El héroe de las Azores y su indolente protegido que, llegado el caso, reacciona para contentar, aunque regresa pronto a su beato sillón en el paradisíaco mundo del marasmo.

Sabe don Mariano que si España llega a correr serio peligro, su valedor volverá para salvarnos. Pero no se producirá, barrunta el señor Rajoy, semejante situación. Con tranquilidad, todo se soluciona. Cuando Aznar lo arenga, Rajoy sabe que llueve y que no tardará en parar. De paso, don José María es feliz por hacer de patrón y de faro. Va en el guion ese disfrute del hacedor.

El tándem del que venimos hablando es tan exasperante como grotesco. Pero ahí está como una parte del circo público que hasta el momento no cambió su repertorio.

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Omnipresente Bárcenas
Luis Arias Argüelles-Meres 24-01-2015 | 2:25 | 0

“De este modo el hombre injusto intentará cometer delitos correctamente, esto es, sin ser descubierto, si quiere ser efectivamente injusto: en poco es tenido quien es sorprendido en el acto de delinquir, ya que la más alta injusticia consiste en parecer justo sin serlo”. (Platón. Libro II de ‘La República’).

Omnipresente Luis Bárcenas. Dice haber cumplido la consigna que le dio Rajoy de ser fuerte. Lo cierto es que, paradójicamente, lo que este notabilísimo ciudadano pone de relieve es la insultante fragilidad en la que se sustenta nuestra vida pública. Lo que este señor representa es una de las mayores miserias del sistema político en el que estamos, es decir, la financiación de los partidos políticos. Cierto es que nadie puede creerse que la susodicha financiación irregular le corresponde sólo al PP. Pero no lo es menos que estamos hablando, a día de hoy, de la formación política que sustenta por una holgada mayoría absoluta al Gobierno actual.

Y, en todo caso, lo que don Luis Bárcenas está poniendo a prueba es la catadura moral de un partido y de unos gobernantes que, ante todo lo que está sucediendo, resisten sin dimitir de sus cargos. ¿Cómo es posible que ningún dirigente del PP conociese los manejos que se vinieron haciendo durante el mandato de Bárcenas en la tesorería del partido? Si de verdad ignorasen esto, tendrían que dimitir también en bloque por una demostración palmaria de una incompetencia hiperbólica.

Y, miren ustedes por dónde, resulta que en un mismo día coinciden la  excarcelación Bárcenas y una convención del PP cuyo acto inaugural corre a cargo de Aznar. Es el pasado que llama, el pretérito más que imperfecto de un partido político que no dejaba de mandar mensajes de regeneración en aquel trienio del griterío (93-96) en el que la vida pública daba cuenta de continuas corruptelas de un felipismo que agonizaba entre ininterrumpidas escandaleras. La regeneración fue al PP de Aznar lo mismo que el cambio al PSOE del 82 con su irrepetible victoria.

Omnipresente Bárcenas. Innombrable e inaudible para el PP. Artillería pesada para el resto de los partidos. Pero, por mucho que se soslaye y se obvie su caso por parte de Rajoy y compañía, todas las huestes peperas saben muy bien que no podrán desasirse de él, que no podrán borrar tan imborrable borrón.

Pero, en lo que a la puesta del PP respecta, nada de catarsis, nada de bochorno.  Esto último queda para el resto, para una ciudadanía cada vez más desafecta, cada vez más convencida de que a nuestra vida pública le son ajenas la ética y la estética.

La pregunta no está tanto en lo que irá señalando el dedo acusador y desesperado de Bárcenas, sino en todo lo que vino sucediendo para que disponga de una información tan explosiva y letal.

Omnipresente Bárcenas, acusado y acusador, testigo de cargo de una maquinaria de poder que arrasa el decoro y la decencia. Y que fulmina la moral pública.

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